‘Mis hijos están en casa’ es la frase que gritó una madre y así culminó la lucha para liberar a su familia secuestrada por Hamás.
Tras el regreso de sus hijos retenidos en la Franja de Gaza por el grupo terrorista Hamás, esta madre argentina puede descansar tranquila y mirar hacia un futuro brillante junto a su familia reunida y una nueva adición.
El 13 de octubre fue un suspiro de alivio para la argentina-israelí Silvia Cunio. La madre de 65 años, quien luchaba por la liberación de sus dos hijos secuestrados por los terroristas durante dos años, pudo volver a respirar. Sus hijos estaban a salvo.
“No vivía. No respiraba. Era un cansancio eterno… así era mi vida, hasta que volvieron. Y volví a respirar”, cuenta Cunio a la estudiante de periodismo norteamericana, Ángela Osorio, quien realizó un recorrido por Israel, semanas atrás, justamente con la intención de recoger testimonios de familiares de secuestrados por Hamás.
Ahora, con la llegada de su octavo nieto, Cunio espera un nuevo futuro para su familia reunida, después de dos años de dolor, tragedia y resistencia.
DOS HIJOS, DOS AÑOS Y UNA ETERNIDAD DE ESPERA
David, de 35 años, y Ariel, de 28, fueron llevados por la fuerza por terroristas de Hamas, quienes ingresaron al kibutz Nir Oz el 7 de octubre de 2023, quemando casas, asesinando a residentes y llevándose a rehenes.
David, Ariel y sus hermanos Eitan y Lucas vivían en el kibutz con sus familias, cerca de la frontera con Gaza. Los terroristas se llevaron a David junto a su esposa, sus dos hijas, su cuñada y su sobrina —quienes fueron liberadas 52 días después—, y a Ariel con su novia, quien fue liberada en enero.
Hasta que Hamás devolvió a sus hijos el 13 de octubre, junto a los otros 18 rehenes vivos que quedaban, esos dos años fueron una lucha para la madre Cunio, quien no descansó hasta volver a verlos.
“Se me vinieron 20 años encima, y gracias a Dios me los pude sacar de encima cuando volvieron mis hijos”, dice Cunio. De los ocho miembros de la familia que fueron tomados, todos regresaron, lo cual Cunio llama un milagro.
LA PESADILLA DEL 7 DE OCTUBRE
Las alarmas empezaron a sonar en el kibutz Nir Oz el 7 de octubre a las 06:49 de la mañana. Cunio recibió un mensaje aterrador de su hijo Ariel: “Hay terroristas en el kibutz”. Miró hacia la ventana y vio a tres terroristas afuera, robándose el auto de su hijo mayor, Lucas.
Corrió a la habitación de seguridad con su esposo, quien aseguró la puerta con una bufanda y un aparato de ejercicio para trabarla.
“Cuatro veces intentaron entrar a mi casa… pero no pudieron entrar a la pieza de seguridad”, recuerda Cunio. “Para mí, mi marido es mi héroe”.
Los padres no fueron los únicos escondidos
David se metió a la pieza de seguridad con su esposa, Sharon, sus mellizas de tres años, la hermana de Sharon y su hija. Los seis esperaron allí durante cuatro horas, asfixiándose cuando los terroristas prendieron fuego a su casa.
Cuando David intentó sacar a su familia, se encontraron con los terroristas.
No se sabe mucho del secuestro de Ariel: lo último que la familia recibió fue un mensaje de WhatsApp que le envió a Eitan: “Entramos a una película de terror”.
“DEVUÉLVANLOS A CASA YA”
Cunio se volvió activa tras la captura de sus hijos, protestando por la liberación de los rehenes y compartiendo la historia de su familia en diversas redes nacionales e internacionales.
Asistió a manifestaciones en la Hostages Square de Tel Aviv, exigiendo el regreso de sus hijos.
Para ella, estar activa era su manera de afrontar el dolor. “La incertidumbre fue muy grande: el no saber nada de tus hijos, si están con vida”, recuerda.
“Y lo único que hice fue hablar y hablar, y no parar de hablar. Porque eso es lo que me hizo bien… me ayudó a seguir adelante y seguir luchando por la vida de mis hijos hasta que nos los devolvieron”.
LA REUNIÓN
Exactamente 738 días después, Cunio respondió una videollamada de David el 13 de octubre. Iban de camino a casa. Horas después, en la base de Reim, al sur de Israel, Cunio abrazó a sus hijos en una reunión emotiva, junto a Eitan, el hermano mellizo de David, su esposa Sharon y la novia de Ariel. La familia estaba unida una vez más.
LAS HERIDAS DE LA CAUTIVIDAD
Al principio, Cunio notaba a sus hijos un poco distantes, pero luego empezaron a volver a la vida social. “De a poquito están… volviendo a la normalidad, porque somos una familia muy unida”.
Aunque no le contaron mucho acerca de su tiempo en cautividad —y ella no se los preguntaba—, dice Cunio que sus hijos regresaron cerca de la muerte. Bajaron mucho de peso y volvieron con infecciones y marcas en la piel.
David perdió la audición en un oído, llegó a pesar 40 kilos y fue obligado a excavar su propia tumba.
“Él es una persona fuerte, gracias a Dios, y lo pudo superar”. David pasó un tiempo en los túneles con su mejor amigo, Yarden Bibas, mientras Ariel estuvo solo durante su cautiverio.
En junio, los padres recibieron la noticia de un oficial de inteligencia de que su hijo Ariel había sido herido de gravedad. Al final, no estaba herido y salió vivo de Gaza.
“Cinco meses estuvimos pensando que mi hijo estaba muy malherido… Las cosas que se te pasan por la cabeza son impresionantes”, recuerda Cunio.
SIGUIENDO ADELANTE
A pesar del regreso de David y Ariel, los Cunio decidieron no volver a su querido kibutz. Para la madre, era demasiado doloroso regresar a un lugar con tantos seres queridos fallecidos. “Cuatro personas con las que trabajé durante 18 años, más o menos, fueron asesinadas… ¿cómo puedo volver a un lugar así?”
Además, Nir Oz sigue en reconstrucción. Por ahora, la familia vive temporalmente en Kiryat Gat. “Tenemos planes de vivir en otro kibutz, cerca de donde estamos viviendo actualmente”, dice Cunio.
UNA NUEVA ESPERANZA
Aunque ya fueron liberados los 20 rehenes vivos, la obra aún sigue, dice Cunio, con los dos cuerpos que quedan en manos de Hamás.
Por ahora, los residentes sobrevivientes de Nir Oz – aunque ya no viven juntos – siguen en comunicación y comunidad.
“Nos mantuvimos unidos, tratándonos de ayudar unos a los otros … tanto físico como mental”, dice Cunio.
Con la llegada de su octavo nieto, el hijo de Eitan, Cunio espera que la nueva adición a la familia crezca en un tiempo de paz.
“Le voy a contar todo lo que sufrimos y todo lo que pasaron sus padres … y que haya paz, y que no haya guerras … que trate de servir a la humanidad y que sea una persona noble”, explica Cunio.

