El ministro de las Fuerzas Armadas de Madagascar reconoció el domingo como nuevo jefe del ejército a un oficial elegido por una unidad militar que se unió a los manifestantes que exigen la renuncia del presidente Andry Rajoelina. El general Démosthène Pikulas fue investido durante una ceremonia oficial en presencia del ministro Manantsoa Deramasinjaka Rakotoarivelo, quien declaró: “Le doy mi bendición”.

El general fue designado por la unidad CAPSAT, que se amotinó el sábado y se sumó a las protestas antigubernamentales que sacuden de esta isla situada frente a la costa sureste de África desde el mes pasado. Ese mismo día, Rajoelina denunció un “intento de toma del poder ilegal”.

Pikulas reconoció ante la prensa que los acontecimientos recientes han sido “imprevisibles” y afirmó que “el ejército tiene la responsabilidad de restablecer la calma y la paz en todo Madagascar”. Consultado sobre los llamados a la dimisión del presidente, el nuevo jefe del ejército se negó a “hablar de política dentro de una instalación militar”.

Antananarivo, la capital de esta isla del océano Índico, vivió el sábado las mayores protestas desde que comenzó el movimiento de contestación liderado por jóvenes de la Generación Z. Las manifestaciones empezaron por los cortes de agua y de electricidad, aunque poco a poco fueron incluyendo denuncias contra la corrupción, los responsables políticos y la falta de oportunidades en el país. Soldados se unieron el sábado a los manifestantes y pidieron a las fuerzas de seguridad que rechazaran “las órdenes de disparar” contra la población. También condenaron la represión policial.

Los manifestantes los recibieron con vítores y expresiones de agradecimiento mientras ondeaban la bandera del país. Antes de abandonar su base militar en el distrito de Soanierana, en las afueras de Antananarivo, los soldados del CAPSAT habían llamado a la desobediencia. En 2009, esta base lideró una rebelión durante el levantamiento popular que llevó al poder al actual presidente.

Desde que empezó en septiembre este movimiento de protestas se han registrado al menos 22 muertos y más de un centenar de heridos, según un informe de Naciones Unidas. Rajoelina desmintió el miércoles lo que consideró “cifras erróneas” y estimó en 12 el número de fallecidos, todos “saqueadores, vándalos”, según señaló.

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La bandera de One Piece

Con su sombrero de paja y sonrisa desafiante, Luffy --enemigo de gobierno corruptos y héroe de One Piece, el manga más vendido de la historia-- se ha convertido en símbolo de protesta juvenil global contra el mal gobierno dondequiera que exista. De Perú a Nepal, de Filipinas a Francia, la bandera que representa a Luffy y a su tripulación —una calavera sonriente con sombrero de paja y dos tibias cruzadas, como la clásica Jolly Roger pirata— ha ondeado recientemente en manifestaciones antisistema en todo el mundo.

Quienes la enarbolan la ven como un emblema contra la opresión y la corrupción, y también como una señal de unión generacional entre los veinteañeros que crecieron con One Piece, la serie que data de 1997. “Crecí con One Piece, como la gran mayoría de los de la Generación Z, así que se ha convertido en un símbolo para nosotros”, dijo Kai, un joven de 26 años que se unió a manifestaciones en Madagascar que comenzaron hace dos semanas debido a los constantes cortes de agua y electricidad que acabaron con la paciencia de los locales.

Para Kai --es su seudónimo-- la serie lleva un mensaje claro de lucha contra los “gobiernos opresores”. Lo mismo dice el estudiante peruano Wildar Lozano, de 19 años, quien explicó a AFP que la bandera representa a Luffy y a su tripulación, quienes “van de pueblo en pueblo liberándolos [a los ciudadanos] de un gobierno corrupto, de un gobierno que no les representa, un gobierno autoritario”.

“En el Perú los políticos se llenan hasta sus anchas del dinero del pueblo. Y es lo que se ve hasta ahora. Hay políticos que no pueden representar bien, por lo que yo creo personalmente”, agregó Leonardo Muñoz, de 19 años y estudiante en la Pontificia Universidad Católica del Perú, país en donde también se han registrado en las últimas semanas protestas antigubernamentales y contra la ola de extorsiones y asesinatos del crimen organizado.

La bandera de Luffy y su tripulación fue vista por primera vez ondeando sobre las cabezas de jóvenes manifestantes durante protestas anti gubernamentales en Indonesia a finales de agosto pasado y hasta el Gobierno amenazó con prohibirla.

Contra el ‘Gobierno Mundial’

En la serie de culto del artista japonés Eiichiro Oda --de más de 100 libros--, Monkey D. Luffy navega los mares luchando por convertirse en el Rey de los Piratas. En su viaje, Luffy se detiene en varias islas --inspiradas en países reales, incluyendo Egipto, España y Japón-- y lucha por poner fin al reino opresivo del Gobierno Mundial. Los libros también llevan un mensaje ecológico.

La historia es una búsqueda épica “universal”, según Phedra Derycke, autora del libro “One Piece: Lecciones de Poder”. “Es una serie que ha durado más de 20 años, ha vendido cientos de millones de copias en todo el mundo y transmite ideales de sueños y libertad,” dijo Derycke.

“Detrás de la aventura pirata accesible a todos, Oda desarrolla muchos temas políticos: una casta gobernante que explota al pueblo, esclavitud, discriminación, racismo”, explicó Derycke, quien ve ecos de escenas de One Piece en las recientes manifestaciones antigubernamentales como las de Nepal, Indonesia, Madagascar o Perú. La bandera de Luffy, explicó Derycke, es un símbolo “despolitizado” que se adapta a protestas en una variedad de escenarios.

Manga “unificador”

El emblema también apareció recientemente en protestas en Francia y fue una cara nueva entre las familiares insignias de los sindicatos laborales. Un maestro que llevaba la bandera de Luffy en la ciudad de Lyon, Julien Dubon, de 45 años, dijo que estaba compartiendo lo que “la juventud de Asia (...) comenzó”.

El emblema “llegará a mucha más gente que esas banderas que ves detrás de mí”, dijo Dubon en referencia a los estandartes de los sindicatos. “Esas (banderas) le hablarán más a ciertas generaciones (mayores) y quizás menos a otras” generaciones, agregó.

La antropóloga Elisabeth Soulie, autora de un libro sobre la Generación Z, ve la bandera de Luffy como un emblema “emocional” y “unificador” de jóvenes que típicamente se movilizan colectivamente por las redes sociales, sin un liderazgo claro. Esas mismas redes, dijo Derycke, pueden amplificar la popularidad de la bandera pirata en protestas futuras en todo el mundo.

Fuente: AFP.

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