Senadores mexicanos se trenzaron a golpes este miércoles, tras un acalorado debate sobre supuestos llamados de la oposición para que Estados Unidos intervenga militarmente contra los cárteles del narcotráfico.
La pelea fue protagonizada por el líder oficialista del Senado, Gerardo Fernández Noroña, y su colega opositor Alejandro Moreno, quienes días atrás se enfrentaron verbalmente por acusaciones de narcotráfico contra el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro.
Moreno, del minoritario PRI, denunció a Maduro ante la Fiscalía General por supuestos nexos con los cárteles mexicanos e insinuó que el mandatario está ligado a presuntas actividades ilegales del oficialismo de izquierda. Fernández Noroña rechazó esas afirmaciones.
Tras la sesión de este miércoles, Moreno subió a la tribuna y encaró furioso a Noroña por no haberle dado la palabra. Lo empujó varias veces y le dio un manotazo en el cuello, y tiró al suelo a un hombre que se le interpuso.
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La discusión legislativa se enardeció porque la amplia mayoría oficialista acusó al PRI y al conservador PAN de pedir una intervención militar de Estados Unidos, lo que estos partidos niegan.
La izquierda basa su señalamiento en una reciente entrevista de la senadora conservadora Lilly Téllez con el canal Fox News, en la que denunció que los cárteles han infiltrado al gobierno de México.
Moreno enfrenta un posible proceso de desafuero por presunta corrupción cuando gobernó el estado de Campeche (2015-2019), mientras Noroña es blanco de críticas luego de que la prensa divulgara que posee una casa valorada en unos 640.000 dólares. “No tengo obligación personal de ser austero”, se defendió en estos días el presidente del Senado.
Hace dos semanas, medios estadounidenses aseguraron que el presidente Donald Trump ordenó a las fuerzas armadas combatir a los cárteles latinoamericanos designados por Estados Unidos como organizaciones “terroristas” globales.
- Fuente: AFP
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Hallan muerto por herida de bala a diputado de México
El cuerpo sin vida de un diputado federal mexicano fue hallado este viernes por las autoridades, que indicaron que tenía un disparo de arma de fuego.
El legislador Zenyazen Escobar estaba a bordo de su vehículo y cerca de él se encontró un arma de fuego, informó en rueda de prensa el secretario de Gobierno del estado de Veracruz, que declinó adelantar si se trató de un asesinato o un suicidio.
“El fallecimiento fue por un arma de fuego, no podemos ampliar” hipótesis, dijo el secretario Ricardo Ahued sin adelantar si se trata de un asesinato o un suicidio.
Descartó por el momento en que el vehículo haya sido atacado u obligado a detenerse.
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“No fue un atentado porque el carro está a un lado, no se nota que haya habido mayor agresión al vehículo, fue interno”, detalló Ahued, al señalar que la fiscalía del estado ya inició las investigaciones.
El cuerpo de Escobar, que tenía 42 años, estaba del lado del conductor del auto hallado a un lado en la carretera.
En imágenes difundidas por medios locales se alcanza a observar un arma de fuego entre las piernas del legislador. La policía acordonó la zona.
Escobar era maestro de profesión, fue líder magisterial y secretario de Educación de Veracruz (2018-2021). Llegó a la Cámara de Diputados en septiembre de 2024.
- Fuente: AFP
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Aleyda, la joven de 21 años que protegió a un niño y murió intentando salvar a la familia de Jonathan Meléndez
En medio del brutal ataque que terminó con la vida del músico mexicano, su esposa embarazada, su pequeña hija y una trabajadora, una joven tomó una decisión que permitió que un niño de seis años sobreviviera. Aleyda Romero escondió al pequeño y salió de la habitación para intentar ayudar. Ya no volvió.
Mientras la investigación intenta esclarecer por qué una visita terminó en una tragedia que dejó cuatro víctimas, también emerge la historia de una joven que, en medio del horror, tuvo apenas unos segundos para decidir entre protegerse o intentar salvar a otros. Se llamaba Aleyda Romero. Tenía 21 años.
Trabajaba con la familia de Jonathan “Honas” Meléndez, tecladista de Camilo Séptimo, y también colaboraba en el cuidado de los niños. Según el relato publicado por la revista Poder de México, quienes la conocían la recuerdan como una joven cariñosa, responsable y especialmente protectora con los pequeños.
El 1 de septiembre, cuando dentro del departamento comenzó a ocurrir algo que escapaba de toda normalidad, Aleyda entendió que el niño de seis años corría peligro. Y actuó.
“Escóndete y no salgas”
De acuerdo con el relato difundido por Poder, Aleyda le pidió al pequeño que se escondiera dentro de una habitación y que no saliera, pasara lo que pasara afuera. El niño obedeció. Se escondió. Y esa decisión, tomada en medio de una situación de extremo peligro, terminó salvándole la vida.
Aleyda, en cambio, salió de la habitación. Lo hizo para intentar ayudar a Ana Paola, esposa de Jonathan, quien tenía cuatro meses de embarazo, y a la pequeña hija de la pareja, de apenas tres años. Ya no pudo regresar. La joven fue asesinada durante el ataque.
Cuatro víctimas
El crimen que conmociona a México dejó cuatro víctimas: Jonathan Meléndez, su esposa Ana Paola, la pequeña hija de ambos y Aleyda. Pero detrás de la cifra hay una historia que merece ser contada. La de una joven que, ante el peligro, pensó primero en un niño que estaba bajo su cuidado.
Aleyda tenía apenas 21 años. Tenía una vida por delante, sueños y proyectos. Sin embargo, en cuestión de minutos quedó atrapada en una escena de violencia que terminó arrebatándole la vida.
Este jueves, el cuerpo de Aleyda llegó finalmente a Chalco, en el Estado de México, donde su familia pudo recibirla para darle el último adiós, según publicó la revista Poder. La despedida tiene ahora un significado todavía más doloroso para sus seres queridos.
Aleyda no será recordada solamente como una joven de 21 años que trabajaba con una familia y ayudaba a cuidar a sus hijos. Será recordada por lo que hizo en sus últimos momentos. Cuando pudo haber intentado salvarse, protegió a un niño.
La investigación sobre el crimen continúa y las autoridades deberán determinar las responsabilidades y el móvil del ataque.
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Abrió la puerta de su casa y encontró la muerte: la traición que terminó con la familia del músico mexicano Jonathan Meléndez
Jonathan Meléndez sabía que recibiría a un hombre que le generaba desconfianza. Lo que no podía imaginar era que aquella visita terminaría con su vida, la de su esposa embarazada, su pequeña hija y una trabajadora de la familia. La investigación apunta a una disputa económica con un hombre que conocía y en quien habían confiado.
Una advertencia enviada horas antes. Una puerta que se abrió porque quien estaba detrás era conocido. Una mujer embarazada y una niña de apenas tres años sometidas dentro de su propia casa. Un niño de seis años obligado a esconderse para intentar sobrevivir.
Y después, el horror. El asesinato del músico Jonathan “Honas” Meléndez y de su familia conmociona a México y deja una pregunta que todavía busca respuesta: ¿cómo una disputa económica pudo terminar en una tragedia de semejante crueldad?
La principal línea de investigación de la Fiscalía General de Justicia del Estado de México conduce hacia Diego Sebastián Rosen Ferlini, empresario argentino de 51 años, detenido como principal sospechoso del multihomicidio ocurrido en un penthouse de la exclusiva Zona Esmeralda, en Atizapán de Zaragoza.
Pero detrás de la investigación hay un dato que vuelve el caso todavía más estremecedor: el señalado no sería un desconocido que irrumpió desde afuera. Era alguien cercano a la familia.
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“Si dejo de responder, pedí ayuda”
Horas antes del crimen, Jonathan habría advertido a un amigo que recibiría en su casa a un hombre al que describió como “muy intenso”. No se quedó allí. Según el relato difundido sobre el caso, le hizo un pedido inquietante: si dejaba de responder, debía pedir ayuda.
La persona que esperaba sería, de acuerdo con las pesquisas, Rosen Ferlini, a quien Jonathan conocía por su relación comercial y personal.
Su esposa también lo conocía. Por eso, cuando llegó, no hubo una puerta cerrada ni una alarma que se activara ante un extraño. Ella le abrió. La mujer estaba embarazada de cuatro meses. Su hija tenía apenas tres años.
Y en algún momento, dentro de aquella vivienda que debía ser el lugar más seguro para la familia, todo se convirtió en una escena de terror.
Único sobreviviente
Mientras el hombre habría sometido a la mujer y a su pequeña hija, la trabajadora doméstica se percató de que algo no estaba bien. Intentó proteger al niño de seis años. Le dijo que se escondiera debajo de una cama. El pequeño obedeció. La trabajadora no tuvo la misma posibilidad de escapar. Fue asesinada. El niño sobrevivió.
Es uno de los detalles más dolorosos de un caso en el que una familia quedó expuesta a una violencia que, según la investigación, habría sido dirigida contra personas que confiaban en quien ingresó a su hogar.
Cuando Jonathan regresó, la situación habría tomado otro rumbo. Según la hipótesis investigativa, el sospechoso le exigió que dijera dónde estaba el dinero. Y allí aparece una posible clave del crimen.
Una deuda que terminó bajo la lupa
La Fiscalía investiga una deuda de 300.000 pesos mexicanos, unos US$17.500, además de diferencias vinculadas a la sociedad comercial que ambos mantenían en el rubro de alquileres vacacionales de lujo. Ese conflicto económico aparece actualmente como una de las principales líneas para establecer el móvil, de acuerdo a lo informado por Telemundo.
Rosen Ferlini, además, habría sido objeto de señalamientos y denuncias públicas por presuntos fraudes vinculados a negocios turísticos. Tales antecedentes forman parte del contexto que rodea al sospechoso, pero deberán ser esclarecidos por las autoridades.
Lo que la investigación intenta determinar ahora es si la disputa económica fue realmente el detonante de la masacre y si el ataque fue planificado. Porque hay algo que resulta difícil de ignorar: no se trataría de un encuentro casual ni de una víctima elegida al azar.
La tragedia detrás de los números
Una deuda puede escribirse en una hoja. Puede convertirse en una demanda, una negociación o un conflicto comercial. Pero en este caso, la investigación intenta determinar cómo una cifra de 300.000 pesos pudo terminar vinculada a una tragedia que destruyó una familia.
Jonathan fue asesinado. Su esposa, embarazada de cuatro meses, también. Su hija de tres años no sobrevivió. Una trabajadora que intentó proteger a un niño fue asesinada. Y ese niño quedó con vida, pero con el recuerdo de una jornada que ninguna infancia debería conocer.
La Fiscalía deberá reconstruir cada minuto, establecer responsabilidades y determinar el verdadero móvil.
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“Temo por mi vida”: denunció que fue atacada a golpes en plena calle sin conocer el motivo
Una ciudadana identificada como Verónica Giménez relató a La Nación/ Nación Media que fue perseguida y agredida junto a su hermana cuando se dirigían a un centro médico en horas de la mañana. Afirma que los agresores golpearon su vehículo, rompieron un retrovisor y luego las atacaron físicamente. Asegura que también recibió amenazas de muerte y que actualmente recibe asistencia psicológica por estrés postraumático. El caso está en manos de la Fiscalía.
Una salida cotidiana rumbo al trabajo se convirtió en una experiencia que, un mes después, todavía le cuesta contar. La ciudadana denunció haber sido víctima de una violenta agresión en plena vía pública, luego de que dos personas que circulaban en una motocicleta comenzaran a perseguirla, golpear su vehículo y posteriormente atacarla físicamente junto a su hermana.
El episodio ocurrió el 30 de julio, alrededor de las 6:00, cuando la mujer se trasladaba por la avenida Fernando de la Mora. Antes de dirigirse a su lugar de trabajo debía llevar a su hermana a realizarse unos estudios médicos. Según su relato, al aproximarse a la zona de una estación de servicios de Bruno Guggiari, una motocicleta con dos ocupantes se acercó al vehículo. La víctima identificó a los mismos como Blas Antonio Barrios y Jessica Paola Rojas Cardozo.
“Comenzaron a golpear mi vehículo. Pensé que nos estaban intentando asaltar y levanté rápidamente las ventanillas, tratando de seguir. No quería enfrentarme con nadie, quería salir de ahí”, relató. Sin embargo, aseguró que los ocupantes de la motocicleta continuaron siguiéndolas, colocándose delante del automóvil, gritándoles y pateando el vehículo.
Ante la situación, su hermana comenzó a grabar con un teléfono celular. En las imágenes, según explicó la denunciante, quedó registrado el momento en que uno de los involucrados golpea el retrovisor del automóvil hasta romperlo.
Bajaron buscando una explicación
La situación llevó a las hermanas a detenerse cerca de un conocido local comercial ubicado en las inmediaciones de General Santos, al observar la presencia de un agente policial.
La mujer explicó que decidió bajar del vehículo porque consideró que la presencia del uniformado podía brindarles seguridad y, sobre todo, porque quería conocer el motivo del ataque. “Quería saber realmente por qué nos estaban atacando, porque no había tenido ningún percance antes, ningún tipo de accidente ni nada en absoluto”, manifestó.
Pero, según su denuncia, fue entonces cuando la situación escaló. La mujer aseguró que fue agredida físicamente y recibió golpes en el rostro y distintas partes del cuerpo. Su hermana también habría sido atacada cuando intentó intervenir.
De acuerdo con el relato, ambas sufrieron lesiones en el rostro, estómago, brazos, muñecas y manos. “Sin mediar muchas palabras me agredieron físicamente”, afirmó.
La denunciante también señaló que los agresores las llamaban “asesinas” y que intentaron quitarles los teléfonos celulares con los que estaban registrando lo ocurrido. En ese momento, personas que se encontraban en el lugar intervinieron para ayudar a las mujeres y evitar que les quitaran sus teléfonos.
“Les estoy profundamente agradecida porque, en medio de una situación desesperante, decidieron ayudarnos”, expresó.
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“Nunca supe a quién supuestamente había matado”
Uno de los aspectos que más desconcierta a la víctima, según su testimonio, es que hasta ahora asegura desconocer cuál habría sido el motivo del ataque.
Durante el episodio, los agresores supuestamente hacían referencia a que ella había salido de determinados lugares y la señalaban como “asesina”. La mujer sostiene que no tuvo ningún incidente durante el trayecto y que tampoco tuvo contacto previo con los denunciados.
“Saliste en el Mestizo”, recuerda que le decían, aunque asegura que no logró comprender con claridad las acusaciones debido a los gritos y la violencia del momento.
Incluso plantea como una posibilidad que se haya producido una confusión o que los agresores hayan tenido algún inconveniente con otra persona y posteriormente hayan seguido a su vehículo. “Conmigo no fue, ni un rasguño les dejé”, sostuvo.
La mujer tampoco descarta que se haya tratado de un ataque oportunista al verla circulando sola con su hermana.
Denuncias cruzadas y actuación policial
Tras el episodio, las hermanas solicitaron la intervención del sistema de emergencias. Cuando finalmente llegó una patrullera, fueron trasladadas hasta una comisaría y posteriormente la víctima formalizó su denuncia. También tuvo que recibir atención médica por las lesiones sufridas.
La denunciante afirma que los ocupantes de la motocicleta llegaron antes a la comisaría y permanecieron durante aproximadamente dos horas realizando una declaración que, según su testimonio, fue radicada en una dependencia de violencia intrafamiliar. “Me denunciaron por violencia a la mujer”, señaló.
La mujer indicó que todavía no pudo acceder al contenido de esa denuncia y que sus abogados trabajan con la Fiscalía para conocer exactamente qué fue lo que los otros involucrados manifestaron.
“Temo por mi vida”
Pero la consecuencia más profunda, según la víctima, no se limita a las lesiones físicas. A un mes de lo ocurrido, asegura que todavía tiene miedo de salir sola y que perdió la sensación de seguridad que tenía antes del ataque. “Temo por mi vida”, manifestó.
La mujer denunció además que durante la agresión recibió amenazas de que sería descuartizada. Sostiene que, por el nivel de violencia que experimentó, teme que los involucrados puedan volver a atacarla. “Con el grado de violencia que manejan estas personas tengo miedo que me hagan más daño”, expresó.
El impacto psicológico también continúa. La víctima contó que actualmente acude a una profesional de salud mental debido al estrés generado por lo ocurrido.“Me voy a la psicóloga porque estoy con estrés postraumático”, afirmó.
El caso se encuentra actualmente en manos de la Fiscalía, mientras la víctima, a través de su representación legal, busca esclarecer lo ocurrido y determinar las responsabilidades correspondientes.