El papa León XIV ha ampliado los permisos remunerados de paternidad y algunos derechos de los padres de hijos con discapacidad para los empleados del Vaticano, según ha informado Vatican News.
Así se ha publicado en el Rescripto, firmado por el prefecto de la Secretaría para la Economía, Maximino Caballero Ledo, y aprobado por el pontífice, que introduce algunas novedades sobre los permisos de paternidad: cinco días de permiso remunerado para los empleados del Vaticano con motivo del nacimiento de un hijo; y tres días al mes de permiso remunerado para los padres de hijos con discapacidad.
Entre las novedades del Rescriptum, que modifica algunos párrafos del Texto Único de las Medidas a favor de la familia y las normas para la concesión del subsidio familiar, destaca en primer lugar la relativa al permiso de paternidad.
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“El empleado tiene derecho a cinco días de permiso remunerado con motivo del nacimiento de un hijo. Los cinco días de permiso, entendidos como días laborables, pueden disfrutarse de forma continuada y/o fraccionada en días completos y no en horas, en un plazo máximo de treinta días a partir de la fecha del nacimiento, so pena de perder el derecho”, se lee en el documento.
Lo que establece
El padre trabajador tiene derecho, durante los cinco días de permiso, a “una remuneración equivalente al 100 % del salario, computada a todos los efectos relacionados con la antigüedad en el servicio”.
En cuanto a las familias con hijos con discapacidad “en situación grave comprobada”, se establece que “los padres, alternativamente, tienen derecho cada mes a tres días de permiso remunerado, que pueden disfrutarse también de forma continuada, siempre que el niño no esté ingresado a tiempo completo en centros especializados”.
La concesión de este permiso implica para el empleado que no pueda realizar ninguna otra actividad laboral, con el objetivo de facilitar una mayor disponibilidad de tiempo para el cuidado del familiar discapacitado.
La evaluación clínica de la discapacidad y de su gravedad, especifica el Rescriptum, la realiza un Colegio Médico, basándose en tablas de evaluación emitidas por la Autoridad Superior a propuesta de la Dirección de Salud e Higiene del Governatorato. El dictamen de dicho Colegio es “inapelable”, apunta el documento.
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Finalmente, en lo que respecta al subsidio familiar, el Rescritto aclara que los beneficiarios son las familias con “hijos legítimos o legitimados o equiparados, mayores de 18 años cumplidos”; si son estudiantes, “en el período de estudios secundarios hasta la edad máxima de 20 años cumplidos” o durante toda la duración de los estudios universitarios o de estudios reconocidos como equivalentes por la Santa Sede, hasta la edad de 26 años.
Fuente: Europa Press
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Plantarán más de 411 toneladas de semillas de papa en nueva campaña agrícola
Con una provisión de 411 toneladas de semillas de papa, para beneficiar a 1.193 productores de los distritos de La Colmena, Acahay, Ybycuí, Ybytymí y General Bernardino Caballero, el Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG), realizó este miércoles el lanzamiento oficial de la campaña de siembra de papa de la zafra 2026.
Durante el acto, el ministro de Agricultura y Ganadería, Carlos Giménez, destacó que la entrega de semillas se realiza en el momento oportuno para garantizar una buena campaña agrícola, cumpliendo el compromiso asumido por el gobierno del presidente Santiago Peña con los productores del sector.
La iniciativa representó una inversión de G. 6.699.300.000 por parte del gobierno del Paraguay, a través del MAG, con el objetivo de fortalecer la producción nacional de papa y mejorar los ingresos de las familias productoras. “Estamos llegando en el momento preciso para realizar la siembra. Este Gobierno está al lado del productor y trabaja para brindar las herramientas necesarias que permitan mejorar la productividad y generar más oportunidades para las familias rurales”, expresó en el lanzamiento.
Giménez detalló el trabajo realizado por los técnicos de la institución para asegurar la calidad de las semillas, las cuales fueron conservadas bajo condiciones adecuadas de refrigeración, garantizando así mejores perspectivas para la presente campaña iniciada.
La campaña de siembra de papa 2026 forma parte de la estrategia del MAG para impulsar la producción hortícola nacional, promover la sustitución de importaciones y fortalecer la seguridad alimentaria, generando mayores oportunidades de desarrollo para las familias de la agricultura familiar.
A su vez, el ministro instó a los productores a trabajar en la producción y conservación de semillas propias, fortaleciendo la autonomía de las organizaciones y garantizando la sostenibilidad de la actividad en el tiempo. Mencionó que el MAG continuará impulsando la mecanización de la producción, con la incorporación de herramientas y equipos que permitan reducir costos, mejorar la eficiencia y aumentar la competitividad del sector.
También recordó los avances logrados mediante ruedas de negocios y acuerdos con cadenas de supermercados, permitiendo a los agricultores contar con canales de venta más estables y previsibles para sus productos. Por último, dijo que el desafío no solo pasa por aumentar la producción, sino también por avanzar hacia una mayor organización de los productores, el fortalecimiento de las asociaciones y la consolidación de mercados seguros para la comercialización.
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El papa afirma que “todos, de algún modo, somos migrantes” en el último día de su visita a España
“Todos, de algún modo, somos migrantes”, defendió el papa León XIV durante su discurso en un centro de acogida en la isla de Tenerife, en Canarias, en el último día de su viaje a España, con un gran foco en la cuestión de la inmigración.
“Todos, de algún modo, somos migrantes, todos somos peregrinos en camino a la patria celestial. Ayudémonos a hacer de esta travesía un lugar más humano para todos”, remarcó el pontífice en su intervención en el centro de acogida “Las Raíces”, ante centenares de migrantes y voluntarios.
Tenerife es una de las islas Canarias, situadas en el océano Atlántico, que se han convertido en una importante puerta de entrada para los inmigrantes irregulares que llegan a España y Europa.
Un poco más tarde, León XIV debe reunirse con asociaciones religiosas y laicas que ayudan a los migrantes, antes de celebrar una misa al aire libre en el puerto de Santa Cruz de Tenerife frente a decenas de miles de personas.
Tras visitar Madrid y Barcelona a principios de semana, el papa llegó el jueves a otra isla del archipiélago, Gran Canaria.
En ella condenó la “indiferencia” hacia los migrantes y arrojó una corona de flores al mar en el puerto de Arguineguín en homenaje a los miles de ellos que murieron al intentar llegar a las islas.
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“La dignidad humana no tiene pasaporte”, aseguró en el muelle antes de bendecir una cruz azul descolorida hecha con madera de una barcaza de inmigrantes.
“Hoy existen monstruos que acechan estos mares: mafias que trafican con la desesperación, tratantes que esclavizan mujeres y niños y la indiferencia de muchos que permiten que los pobres sean tragados por la explotación o por el olvido”, dijo el papa, de 70 años.
Cerca de 1.200 personas murieron o desaparecieron en la ruta de África a las islas Canarias el año pasado, según la Organización Internacional para las Migraciones, lo que la convierte en una de las rutas migratorias más mortíferas del mundo.
Europa, donde los gobiernos han endurecido sus políticas bajo la presión de la extrema derecha, “no puede proclamar la dignidad humana y acostumbrarse a que el Mediterráneo y el Atlántico sean cementerios sin lápidas”, afirmó.
León XIV señaló que la tragedia debe apelar a “la conciencia” de los países de origen y de tránsito, de donde los migrantes huyen de la pobreza y los conflictos y caen en manos de bandas de traficantes.
Desde Tenerife, el santo padre volará a Roma y se espera que hable con los periodistas en el avión.
Fuente: AFP
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La encíclica de León XIV y la IA: oportunidades y desafíos de una nueva era
En esta edición del programa “Expresso”, del canal GEN/Nación Media, Augusto dos Santos recibe al filósofo José Fernando Duarte y al economista Jorge Daniel Duarte, rector de la Universidad Tecnológica Taiwán Paraguay. Estos dos profesionales del ámbito académico reflexionan sobre la encíclica del papa León XIV, “Magnifica humanitas”, relativa a la inteligencia artificial y los desafíos que plantea a las sociedades contemporáneas en todos los ámbitos.
- Fotos: Pánfilo Leguizamón
–En estos días de la encíclica, se recordó mucho que el León XIII suscribió “Rerum novarum” y es un poco una mirada respecto de la Revolución Industrial y sus grandes desafíos. ¿Esto de la inteligencia artificial les parece a ustedes que tiene una dimensión parecida a un cambio de época tan profundo?
–JFD: Sí, sin lugar a dudas es un cambio de época, una irrupción muy fuerte. La “Rerum novarum” cristaliza la doctrina social de la Iglesia católica. Es un documento muy importante, que ha inspirado no solamente a la Iglesia. Ha inspirado, a mi juicio, la doctrina social del Partido Colorado, por ejemplo, en el siglo XX y de tantas otras fuerzas políticas, porque ahí se planteaba una posición social muy clara, que desafiaba las dicotomías ideológicas de la época y se mostraba con claridad que la cuestión social podría ser pensada de un modo alternativo a las propuestas, en ese momento, emergentes del totalitarismo, del liberalismo a ultranza que sacraliza al individuo por encima del bien común, y también del colectivismo que lo oprime. Esta irrupción pone en tela de juicio aspectos no solamente relacionados a lo social, el trabajo, el vínculo, la dinámica de la productividad, la eficiencia, sino que pone en tela de juicio la condición humana. ¿Qué quedará o qué puede seguir siendo o qué debe ser el ser humano a la luz de la tradición de la Iglesia católica y sus lineamientos?
–JDD: Efectivamente estamos en un cambio de época y para la Iglesia genera una advertencia importante, porque la Iglesia se plantó de una manera muy firme frente a los totalitarismos del siglo pasado, donde esos totalitarismos eran fruto un poco de una concepción de qué es el ser humano y cuál es su relación con dios. Hoy en día hay un cambio con la inteligencia artificial, ya no hay una voluntad como superior del ser humano, sino hoy en día hay una inteligencia que le supera al ser humano. Entonces, como que las dos potencias, inteligencia y voluntad, de alguna manera están en juego. La absolutización de la voluntad humana en el siglo pasado y hoy en día con la inteligencia artificial una absolutización de la inteligencia de la máquina. Entonces, ambos extremos llaman a un examen de lo que es el ser humano. La inteligencia artificial puede ir en contra mismo del ser humano porque es una inteligencia superadora.
HERRAMIENTA NO NEUTRA
–¿La Iglesia, dentro de todo, sigue siendo una organización que puede plantear un tema con la fuerza que no tendrían las Naciones Unidas u otras organizaciones supranacionales?
–JFD: Sin lugar a dudas. Y es una tradición de la Iglesia, hay que ver también todos los documentos anteriores del papa Francisco, con lo que yo creo que hay una continuidad, sobre todo, con “Laudato si”, que también es una crítica muy fuerte a la tecnocracia respecto a toda la gestión medioambiental, como eso es retomado por la encíclica actual, porque finalmente hay también, más que una ilusión, un no advertir que la inteligencia artificial no es una cuestión mágica, como se dice en la encíclica, descansa en bases materiales bien concretas. La explotación de minerales raros, los recursos hídricos, el etiquetado de datos, la gente que trabaja en estas tareas tiene remuneracionesbajas. Hay un mundo y hay una casa común, como dice la encíclica, que no puede ser olvidada. La inteligencia artificial, como señala el papa, no tiene ninguna neutralidad, porque hay corporaciones, conglomerados y toda la discusión es en torno a eso, qué entretelones, qué juegos de poder sostienen esto y cómo la Iglesia se posiciona anteesto y cómo las naciones se posicionan.
–JDD: Si bien estamos hablando de corporaciones, también estamos hablando de una cosmovisión y una antropología. Y me quiero remontar más a la geopolítica actual. Hoy en día los dos grandes bloques que compiten tecnológicamente son China Popular y Estados Unidos. Son bloques fuertísimos, donde la concepción antropológica es diametralmente opuesta. Una China que lo que busca es un control total de su población, donde el individuo como tal es inferior a la colectividad y donde el Estado tiene la potestad de cercenar todo tipo de libertades individuales en vistas a un ethos colectivo superador. Y del otro lado, los Estados Unidos, que tiene una cosmovisión más liberal, donde hay una serie de consensos respecto a la voluntad individual, la libertad.
–¿Cómo se ubica Paraguay en este escenario?
–JDD: Si nosotros pensamos en una inteligencia artificial que sea útil para Paraguay y para el sector productivo, hay muchísimo margen de mirar de manera esperanzadora todo el trabajo que podemos hacer a través de la inteligencia artificial para nuestro sector productivo. Para nosotros es una oportunidad muy grande usar la inteligencia artificial para mejorar nuestra competitividad en esa área donde no somos competitivos, pero incluso en las áreas que son competitivas, como el agro, la pecuaria. Podemos digitalizar esos sectores de una manera muy superior a lo que tenemos hoy y meter inteligencia artificial para dar todavía mayor productividad y mayor competitividad internacional y mejorar en nuestra nuestra producción. El Gobierno firmó un acuerdo con Taiwán para el desarrollo de un centro de inteligencia artificial, una base de datos. Esto nos va a permitir que nosotros podamos digitalizar nuestros sectores productivos y poner esa capacidad de procesamiento de datos con inteligencia artificial y aplicaciones mejorar nuestra productividad, siendo nosotros soberanos de esos datos.
DESAFÍOS
–¿Cuáles son los desafíos de este prodigio que genera valoración e incertidumbre para la política?
–JFD: Uno de los puntos claves de la encíclica es que hay un eje programático y una definición política que quizás no esté sumamente desarrollada, pero resuena. Cuando la encíclica, justamente, se posiciona ni a favor de la exaltación del individuo sacralizado ni la absorción completa del individuo en un régimen totalitario. ¿Qué significa el principio de subsidiariedad? Que el Estado tiene que ser capaz de dejar a los cuerpos intermedios cierta libertad de organización local, pero eso no puede significar indiferencia hacia la suerte de los desvalidos, de los enfermos, de los que están en condiciones de explotación. Tiene que haber una conjunción con un principio de solidaridad. Ahí tenemos una definición clara del Estado y además hay un llamado a ejercer la responsabilidad política y a no dejar el destino de los pueblos en manos de la razón algorítmica, en manos de Babel, que es la figura de la dispersión, de la fragmentación. Y pensar una política que, contrariamente a la fragmentación, a la dispersión de Babel, tenga que ver con la comunión, con la construcción de consensos, de acuerdos, pero siempre bajo un horizonte del bien común.
–Hoy en día estamos con un asunto de concentración de poder y cómo administrar eso a partir de esta industria de la inteligencia artificial, ¿no?
–JDD: Hay un principio que claramente lo subraya el papa al hablar del destino universal de los bienes. O sea, hay un principio de la doctrina social de la Iglesia donde todo lo creado, finalmente, está destinado al ser humano como en su totalidad. Entonces, apropiaciones de estos recursos naturales, pero también hoy León habla de que los bienes también estamos hablando de los algoritmos, estamos hablando de los datos, de la capacidad de procesamiento de datos, que tiene que estar al servicio de la comunidad. Entonces, apropiaciones de usar estos algoritmos y estos datos en contra, justamente, de la comunidad humana, atendiendo a intereses corporativos, atendiendo a intereses autocráticos, atenta contra la dignidad humana.
LA CUESTIÓN DEL BIEN COMÚN
–¿Pero qué es el bien común en esta materia?
–JDD: El bien común respecto a la inteligencia artificial y a las nuevas tecnologías es que tienen que estar al servicio de la libertad humana, de la solidaridad humana y de la construcción de comunidad y la capacidad también de pensar libremente. Si la inteligencia artificial nos va a condicionar nuestras preferencias, nuestras libertades, nuestras maneras de pensar y nos va a fragmentar las comunidades, porque finalmente la inteligencia artificial también lo que hace es generar una falsa sensación de que uno es un ser humano autónomo, libre y si querés independiente de la comunidad. Y eso te fragmenta la cohesión social y lo que hace es generar unas sociedades tan individualistas que colapsa el ser humano. Y solamente en la interrelación personal el ser humano entiende quién es y se hace libre.
–JFD: Hay una historia y una genealogía del bien común que se remonta al concepto central de la definición clásica de la política. Esa definición tan conocida del zoon politikón en realidad, más que significar animal político, significa animal social, inseparable de la polis, del lugar donde delibera con otros y toma decisiones con otros. Entonces, no puede haber realización individual si no hay un presupuesto. Ese presupuesto es la vida en común y esa comunidad no es el efecto de una construcción interindividual, es el presupuesto para que existan individuos que vivan libremente. Es urgente retomar esta concepción si queremos pensar la política más allá de la simple lógica de enfrentamiento de intereses.
–Otra crisis que me parece importante tiene relación con el individuo y las comunidades, que es el asunto del trabajo. ¿Cómo analizan?
–JDD: Con el advenimiento de la sociedad moderna y la especialización del trabajo, uno hace una sola función superespecializada, donde se fragmenta tanto y esa persona se pierde, se atomiza en la colectividad. Con la inteligencia artificial se fragmenta todavía 0más y el valor del individuo que le da un estatus frente a la comunidad se pierde, colapsa. Entonces, ¿qué hacemos con eso? Es una pregunta que tengo que resolver.
–¿Qué hacemos con eso?
–JFD: Hay una cuestión totalmente abierta respecto al futuro del trabajo, de las relaciones laborales y el impacto que la inteligencia artificial puede tener. Hay grandes utopías que plantean un mundo finalmente soñado desde la izquierda por (Karl) Marx, que escribía en “La ideología alemana” que el sueño de la realización de su propio proyecto era trabajar unas horas a la mañana, pescar de tarde, escribir unos versos y leer de noche. Si esto sale bien, y si esto produce una liberación del tiempo y una posibilidad de que hagamos lo que nos complace y contemplemos el mundo, esa es la salida ideal, pero está la salida de terror con la IA profundizando las brechas, las diferencias, que sea objeto de una apropiación de una élite tecnocrática, que tiene una visión transhumanista, transhumanismo para unos, miseria, explotación, sobreexplotación para otros, ese es el peligro y es yo creo el miedo más fuerte al que se reacciona.
EL PAPEL DE LA EDUCACIÓN
–¿Qué hace la educación frente a estos nuevos desafíos?
–JDD: Paraguay está muy desprotegido, aunque hay una crisis mundial en términos de educación. Nosotros teníamos un sistema familiar donde las relaciones primarias eran muy fuertes y quizá no teníamos esa educación formal, pero esas relaciones primarias hacían que se transmitan valores, el sentido comunitario era muy fuerte. Yo creo que, a partir del 2000, lo fuimos fragmentando como familia, como sociedad, con fenómenos migratorios se fue desmembrando la familia. Y yo creo que hoy estamos en un proceso de cambio social muy fuerte, donde lo que antes nos servía de sostén cultural, que era la familia, quizá hoy se va fragmentando por cuestiones de migración urbana, incluso internacionales. Y eso concomitante viene con la crisis nuestra de la educación básica inicial, básica media, que nos genera una vulnerabilidad a ser víctimas de todo este proceso de influencias ideológicas y políticas a través de las redes sociales.
–JFD: La encíclica tiene un programa educativo claro. Hay una frase que a mí que me parece totalmente relacionada con esto de la encíclica, que es impulsar una higiene de la atención. La reflexión, la lectura, el pensamiento crítico no se da en cualquier contexto. Necesita un tiempo, una disposición, necesita detenerse, necesita concentrarse. O sea, necesita toda una habitualidad y una serie de prácticas a contracorriente del mundo que tenemos hoy. Y yo soy muy crítico de los paradigmas dominantes en materia de aprendizaje, que se fueron consolidando como un mainstream, como un consenso a lo largo de estos años. Me refiero al pedagogismo, al vaciamiento de los contenidos, a la supremacía de las fórmulas, a esta idea de que ciertas competencias a adquirir como habilidades pueden desprenderse de contenidos fundamentales para orientar la vida y dar sentido a la existencia. Debemos volver a las grandes lecturas, debemos reivindicar de vuelta la memoria, tan descalificada en la época.
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León XIV. “Magnifica humanitas”. IA y la continuidad jurídica del Estado Vaticano
- Ricardo Rivas
- Periodista
- X: @RtrivasRivas
- Fotos: AFP
Desde una perspectiva sociocultural y sensorial me animo a sentenciar que la digitalidad es envolvente e inmersiva. Y lo es tanto que mucha de esa virtualidad (algunas veces aumentada) la percibimos como auténtica.
“La IA (inteligencia artificial) es ya un ambiente en el que estamos inmersos y un poder que debemos afrontar. Por eso, no basta con regularla; es necesario desarmarla y hacerla acogedora”. Es palabra del papa León XIV (70). Claro, preciso y un indicio vehemente de que aborda reflexivamente ese tipo de sistemas desde largo tiempo. Seguramente, también opera algunos de ellos. Parece saber (y asumir) que –como una suerte de deidad impura y disruptiva– la IA avanza con posibilidades ciertas de estar en todas partes, en todo tiempo y en todo lugar o, más grave aún, de percibirla omnipresente.
“Es demasiado tarde para lágrimas”, podría decir que se planteó León parafraseando al escritor y poeta argentino Alejandro Dolina ante la inevitabilidad de la IA que, en verdad, no es una sola. No. Hay muchas inteligencias artificiales y, con algunas de ellas, interactuamos incluso inadvertidamente cuando transitamos los ecosistemas digitales que supimos (aunque no siempre quisimos) conseguir. Como millones soy un adoptivo digital más que convive con apenas dos generaciones –hasta el momento– de nativos y criados en la digitalidad, por decirlo de alguna manera.
Desde una perspectiva sociocultural y sensorial me animo a sentenciar que la digitalidad es envolvente e inmersiva. Y lo es tanto que mucha de esa virtualidad (algunas veces aumentada) la percibimos como auténtica. A tal extremo que alguno o alguna de quienes habitamos esas virtualidades podríamos creer que estamos de vuelta de todo sin haber ido a ninguna parte.
DILEMÁTICO
¿Qué es real? ¿Qué es virtual? ¿Qué es lo que es o… lo que creemos que es y no lo es, aunque sí lo es porque es parte activa de una suerte de neosocialización que pareciera socializar sin ser social porque hasta hoy pareciera que tiende a la individuación y, por qué no decirlo, a la fragmentación, a la desigualdad, a la inequidad… porque poco más de tres mil millones de personas en la tan maltratada aldea global no puede acceder a la internet (a la red de redes) por múltiples imposibilidades? Sobre eso reflexiona León y por ello propone “afrontarla” no solo para “regularla”, sino para comprenderla, “desarmarla y hacerla acogedora”. No será fácil. ¿Hay algún desafío que lo sea?
Sobre el mediodía del pasado lunes 25, en Roma, en el Aula del Sínodo de la Ciudad del Vaticano, el pontífice (en latín “pontifex”, el hacedor de puentes) rubricó públicamente y dio a conocer su primera carta encíclica a la que llamó “Magnifica humanitas”, con la que hace foco sobre “la protección de la persona humana frente a la inteligencia artificial”.
La reflexión papal, volcada en ese texto, hay quienes la inscriben dentro del marco de otra encíclica, “Rerum novarum”, que el 15 de mayo de 1891 el papa León XIII (1810-1903) dio a conocer frente al inicio de la que históricamente conocemos como Segunda Revolución Industrial.
A la hora de presentar “Magnifica humanitas”, el secretario de Estado Vaticano, cardenal Pietro Parolin, precisó que el texto no hace foco sobre la IA, sino que aborda lo que esos sistemas tecnológicos significan para la humanidad “en una época marcada por transformaciones rápidas, profundas y responsables”.
Por su parte, el prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, cardenal Víctor Manuel Fernández, destacó que el pontífice categoriza como “magnífica” a la humanidad pese a la capacidad que evidencia tener para hacer el mal frente a cada ser humano que posee una dignidad infinita y sublime capacidad para amar.
PREOCUPACIÓN
A su tiempo, el cardenal Michael Czerny, prefecto del Dicasterio para el Servicio de Desarrollo Humano Integral, destacó –como preocupación– que si bien la IA “es un gran logro humano (…), su rápido avance supera la capacidad de asimilación social” porque tiene impacto en nuestra “casa común”.
Pero más allá de los decires de los relatores mencionados, la encíclica de León XIV es de alto contenido ético y social porque a pesar de las inequidades y desigualdades crecientes; a la emergencia de múltiples violencias; a la desprotección del medioambiente y al aceleramiento de la deshumanización que percibe el líder de la Iglesia de Roma, aboga por el respeto de la dignidad humana, que es “infinita” y a pesar de ello se encuentra amenazada porque la humanidad transita “una crisis antropológica” que subordina a la persona a los diseños económicos que priorizan la productividad con el propósito de optimizar la rentabilidad, lo que “produce soledad, desigualdad y violencia estructural” a la vez que exclusión y “descarte”.
Tengo claro –muy claro– que son muchos los domingos en los que en estas dos páginas de La Nación abordamos como tema –como objeto noticiable– las inteligencias artificiales y sus eventuales consecuencias para la humanidad. Y, desde ese lugar, ha llegado la hora de preguntar, de preguntarme y de preguntarles si acaso sabemos, creemos saber o imaginamos… ¿qué es la IA?
Uno de los “padres de las IA” dice que son sistemas que “se cultivan sobre una estructura modelada a partir del cerebro, alimentados por una enorme herencia de pensamiento y lenguaje humano”. En ese contexto, es mucho más complejo de entender la IA para la humanidad que cualquier otro desarrollo tecnológico. Preocupan, además, los que podrían ser sus efectos sociales colaterales o… tal vez, no deseados, para llamarlos de alguna manera (quizás inexacta, pero) posiblemente comprensible para todos y todas.
Pero… ¿es necesario que el papa León XIV y su antecesor Francisco (1936-2025), líderes religiosos de las y los católicos, se preocupen (y ocupen) por las inteligencias artificiales? ¿Es un tema doctrinario… de fe?, algunas y algunos plantean con mirada crítica.
INCENTIVOS Y RESTRICCIONES
Tomo posición y respondo. Claramente sí porque, según un relevante operador en ese ecosistema tecnológico, “todos los laboratorios de inteligencia artificial de vanguardia operan dentro de un conjunto de incentivos y restricciones que a veces pueden entrar en conflicto con hacer lo correcto. (Porque) para mantenerse comercialmente viables, (por) permanecer en la vanguardia de la investigación, (por) la presión geopolítica, (por) el orgullo y la ambición, (…) por más sinceramente que cualquiera de nosotros intente hacer lo correcto, siempre estaremos influenciados por esos incentivos”.
El papa Francisco (1936-2025), en Apulia, Italia, el 14 de junio de 2024, ante el G7, hasta donde llegó invitado por la primera ministra italiana Giorgia Meloni, sostuvo que “la Sagrada Escritura atestigua que Dios ha dado a los hombres su Espíritu para que tengan ‘habilidad, talento y experiencia en la ejecución de toda clase de trabajos’”. Las y los desarrolladores y financistas más influyentes de la aldea global lo escucharon con atención.
“La ciencia y la tecnología son, por lo tanto, producto extraordinario del potencial creativo que poseemos los seres humanos”, agregó y, desde su creencia, impetró: “La inteligencia artificial se origina precisamente a partir del uso de este potencial creativo que Dios nos ha dado”.
Prosiguió. La IA, “como sabemos, es un instrumento extremadamente poderoso, que se emplea en numerosas áreas de la actividad humana: desde la medicina al mundo laboral, desde la cultura al ámbito de la comunicación, desde la educación a la política. Y (justamente por ello) es lícito suponer, entonces, que su uso influirá cada vez más en nuestro modo de vivir, en nuestras relaciones sociales y en el futuro, incluso en la manera en que concebimos nuestra identidad como seres humanos”.
Con precisa narrativa añadió: “El tema de la inteligencia artificial, sin embargo, a menudo es percibido de modo ambivalente: por una parte, entusiasma por las posibilidades que ofrece; por otra, provoca temor ante las consecuencias que podrían llegar a producirse (dado que) estamos atravesados por dos emociones: somos entusiastas cuando imaginamos los progresos que se pueden derivar de la inteligencia artificial, pero, al mismo tiempo, nos da miedo cuando constatamos los peligros inherentes a su uso (porque) ciertamente, la llegada de la inteligencia artificial representa una auténtica revolución cognitivo-industrial, que contribuirá a la creación de un nuevo sistema social caracterizado por complejas transformaciones de época (que) podría permitir una democratización del acceso al saber, el progreso exponencial de la investigación científica, la posibilidad de delegar a las máquinas los trabajos desgastantes; pero, al mismo tiempo (y en tono de advertencia preocupante, sostuvo que) podría traer consigo una mayor inequidad entre naciones avanzadas y naciones en vías de desarrollo, entre clases sociales dominantes y clases sociales oprimidas, poniendo así en peligro la posibilidad de una ‘cultura del encuentro’ y favoreciendo una ‘cultura del descarte’”.
Luego, el papa Francisco exhortó a “una reflexión a la altura de la situación”. En ese contexto ubico a “Magnifica humanitas”.
APRENDIZAJE AUTOMÁTICO
IA… ¿qué son estos sistemas? Son el resultado de las investigaciones que se desarrollan “del aprendizaje automático (ML)” que es “un campo de estudio de la inteligencia artificial que se ocupa del desarrollo de algoritmos estadísticos capaces de aprender de los datos y generalizar (nuevos) datos desconocidos para realizar tareas sin necesidad de programación explícita, explican coincidentes publicaciones especializadas en tecnología”.
Christopher Olah (33), canadiense, en 2025 fue incorporado al ranking de archimillonarios que publica la revista Forbes. Por entonces –si se quiere unos pocos meses atrás– su fortuna alcanzaba a los 1.200 millones de dólares. El 10 de marzo pasado la misma publicación reportó a Christofer en el puesto 567 entre las personas más ricas del mundo, con un “patrimonio neto en tiempo real” de 7.000 millones de dólares.
Forbes consigna además que “es cofundador y director de investigación sobre interpretabilidad en Anthropic, empresa que desarrolla sistemas de inteligencia artificial a gran escala”. Detalla también que “en 2021, cofundó Anthropic junto con otros seis exempleados de OpenAI” (otra firma del sector) y que “los inversores privados valoraron (a la nueva empresa) en 380.000 millones de dólares”.
Corría febrero pasado cuando el editor de esa biografía corta de Olah puntualiza que Anthropic “tiene acuerdos de colaboración con Alphabet, la empresa matriz de Google, y con Amazon”. Pero, antes de ello, en OpenAI, este joven ganó experiencia cuando se “desempeñó un cargo similar” y “fue investigador en Google Brain”. Precisa luego que Christopher Olah “no fue a la universidad”. ¿En qué trabaja profesionalmente? Investiga el aprendizaje automático (ML).
REDES NEURONALES
¿Qué es la interpretabilidad de las redes neuronales (NN)? “Es un modelo computacional inspirado en la estructura y las funciones de las redes neuronales biológicas” (como las que tiene cualquier humana y/o humano) y, dentro de ese desarrollo, procurar “la interpretabilidad mecanicista” con la que se apunta a “comprender el funcionamiento interno de las NN”.
Christopher Olah, el pasado lunes 25, estaba junto a León XIV y, junto al él (y con él) justificó su presencia desde una perspectiva ética a la que definió como “nuestro deber hacia los pobres del mundo” para luego detallar tres de sus preocupaciones porque “existe una posibilidad real de que la inteligencia artificial desplace el trabajo humano a una escala enorme”.
Pausadamente, prosigue, “si eso ocurre, apoyar a quienes resulten desplazados será un imperativo moral de proporciones históricas”. Advierte luego que “esta tarea será bastante difícil”, pero va más allá para hacer público que lo “preocupa que gran parte del diálogo actual ignore un desafío aún mayor (como lo es que) el desarrollo de la inteligencia artificial está concentrado en un pequeño número de naciones ricas”.
Así las cosas, Olah lanza un interrogante que inquieta: “¿Cómo podemos garantizar que los beneficios de la inteligencia artificial se compartan globalmente?” y, sin dilación, responde: “No tenemos un mecanismo para ello. Es un problema sin resolver y es precisamente el tipo de problema que históricamente la Iglesia se ha negado a permitir que el mundo ignore”.
INTERPELACIÓN
Con serenidad prosigue para hacer pública “la necesidad de imaginación y ambición moral respecto a (lo que él llama) florecimiento humano”. Desde ese lugar, entonces, uno de los “padres de la IA” reflexiona e interpela a la aldea global en alta voz.
“Si los modelos de inteligencia artificial van a estar ampliamente presentes (en la cotidianidad), ¿cómo será una vida floreciente para las personas, las familias y el mundo? Hoy, los padres ya están preocupados por la mente de sus hijos; las personas, por el futuro de su trabajo. (Y) Estas no son preguntas que un laboratorio pueda responder”, advierte. “Son preguntas que tradiciones como la suya (dice mirando al papa León) han sostenido durante milenios, y necesitamos que sigan sosteniéndolas en este nuevo momento de la historia”.
Sin resuello Christopher Olah sostiene que “la tercera necesidad” ante las IA es la de “discernimiento sobre la naturaleza misma de los modelos de inteligencia artificial”. Con perfume de autocrítica el joven expresa lo que interpreto como sus temores.
“Soy científico”, precisa. “Dirijo un equipo de investigación que estudia la estructura interna de estos modelos, lo que realmente sucede dentro de ellos. Y (en tono confesional revela) seré honesto: seguimos encontrando (en nuestro trabajo) cosas misteriosas, incluso inquietantes. (Porque) Encontramos estructuras que reflejan resultados de la neurociencia humana. Encontramos evidencia de introspección. Encontramos estados internos que funcionalmente reflejan alegría, satisfacción, miedo, dolor e inquietud. (Y) No sé qué significa eso, pero creo que merece un discernimiento continuo”.
Sinceridad conmovedora. León XIV, el pontífice en su rol de jefe de Estado, como en 1891 León XIII frente a la Segunda Revolución Industrial y, tal vez, Eugenio IV frente a la irrupción de la imprenta de tipos móviles de Johannes Gutenberg en la ciudad de Maguncia, del Sacro Imperio Romano Germánico, se ubicó junto con las y los vulnerables. Nada nuevo. Simplemente, renueva el principio de continuidad jurídica de los Estados.