El volcán Kliuchevskoi, situado en el extremo oriente de Rusia, entró en erupción este miércoles horas después del terremoto que provocó evacuaciones y alertas de tsunami en la costa del Pacífico, informó el Servicio Geofísico de Rusia. “El Kliuchevskoi está en erupción en estos momentos”, señaló el servicio en Telegram, donde publicó fotos de una llamarada naranja en la cima del volcán. “Se observa lava al rojo vivo fluyendo por la ladera occidental. Un potente resplandor por encima del volcán y explosiones”, agregó el organismo, que no precisó se registraron daños.
El Servicio Geofísico ruso no relacionó el potente sismo ocurrido frente a las costas de Kamchatka con la erupción del Kliuchevskoi. Con sus 4.750 metros, el Kliuchevskoi es el volcán más alto de Eurasia y, de los que hay activos en el mundo, uno de los más grandes.
Forma parte de la treintena de volcanes activos que hay en la península de Kamchatka, un territorio prácticamente deshabitado. El sismo, de magnitud 8,8 --el más potente registrado en la región en casi 73 años--, provocó alertas por tsunami y de evacuación en Rusia y otros países de la cuenca del Pacífico, como Estados Unidos, México y Colombia.
De momento, ninguno de los países afectados reportó muertos. Medios locales informaron de heridos leves en el Extremo Oriente ruso, donde se ubica la península de Kamchatka, cuyas autoridades anunciaron el levantamiento de la alerta por tsunami decretada tras el terremoto.
Fuente: AFP.
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Gael Jesús, el bebé que nació en plena tragedia sísmica en Venezuela
Los médicos le habían dicho a Eliana García que su primer hijo tendría que nacer por cesárea. Pero cuando las contracciones se adelantaron mientras se resguardaba junto a su familia del violento doble sismo que sacudió Venezuela, no le quedó más remedio que parir. García, embarazada de 38 semanas, corrió a un campo de béisbol la tarde del 24 de junio, cuando dos potentes terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 golpearon el estado La Guaira, en la costa venezolana.
Allí buscaron refugio junto a decenas de personas que evitaban las calles bordeadas de edificios que se desplomaban como un pesado dominó, cuando la joven de 19 años sintió un líquido escurriéndole entre sus piernas. Los médicos le habían dicho a la madre primeriza que no podía parir de forma natural por tener la pelvis estrecha. Una cesárea estaba programada para una semana después, pero comenzaron las contracciones.
“Sentía como ganas de hacer pipí. Pero pujaba y pujaba y como no salía nada entendí que el bebé venía”, dice García a la AFP en un refugio. La acostaron sobre la única sábana que lograron sacar en medio de la estampida, en un reflejo de protección por su avanzado embarazo.
Era la madrugada del 25 de junio. A oscuras y descalza, su cuñada Julia Di Giuseppe fue en busca de ayuda. A su alrededor, la ciudad costera que en otras circunstancias habría seguido las celebraciones de San Juan, era un hervidero de gritos, llantos, socorristas escalando las ruinas para auxiliar a personas atrapadas en edificios y motos zigzagueando entre los escombros.
Sin agua ni luz
Nadie atendió las súplicas de Di Giuseppe, quien regresó al campo de béisbol justo para escuchar que su cuñada estaba dando a luz. “Ahí le rogué a una paramédica que estaba buscando a sus familiares entre las ruinas, y ella, pues, se puso a ayudar”, cuenta la mujer de 37 años. Sin agua ni guantes, y apenas con alcohol en gel, la paramédica asistió el parto alumbrada por las linternas de los teléfonos que aún tenían batería.
García, rodeada por decenas de personas que olvidaron por unos segundos sus dramas personales, comenzó a pujar... entre las réplicas del doble sismo. El bebé, varón para sorpresa de la familia que esperaba una niña, nació pero no lloró. Una salva de aplausos lo habría hecho llorar, o al menos así lo recuerda Di Giuseppe.
“Ahí no teníamos cómo cortar el cordón, y la gente comenzó a quitarse las colitas del cabello y lo amarramos en dos extremos, con mucho alcohol” para cortarlo con unas tijeritas de uñas. García no recuerda nada más a partir de entonces. Sus familiares la cargaron como pudieron, primero en brazos, luego en una carreta motorizada, y finalmente en una ambulancia que la dejó en un hospital público.
Desbordados por los heridos de los terremotos, los médicos la atendieron, pero no había vacunas para inmunizar al bebé. Toda la familia fue reubicada en un colegio público que sirve como refugio en La Guaira, la región costera más golpeada por el doble sismo que ya acumula más de 3.600 muertos, según cifras oficiales. Di Giuseppe rompe en llanto al ver al bebé mientras su madre lo amamanta: “Lo salvamos a él, pero perdimos a nuestras dos sobrinas”.
Las niñas, de 14 y 11 años, fueron encontradas entre los escombros del edificio popular en el que vivían. Desfiguradas por toneladas de concreto, su padre las reconoció apenas por la pulsera plateada que la mayor llevaba en el brazo. La madre de las pequeñas, que es hermana de García, y un sobrino están desaparecidos, algo que no da paz a la familia.
Eliana García ya había decidido el nombre de la que creía sería su primogénita. Aunque si los pronósticos fallaban y nacía varón, pensaba llamarlo Daniel Eduardo. “Pero mi hermana siempre me decía que le pusiera Gael”, solloza la joven. “Así que por ella decidí llamarlo Gael Jesús. Es mi forma de tenerla aquí”.
Fuente: AFP.
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Venezuela: el modesto edificio de tres pisos frente al mar que resistió a los terremotos
En una manzana hecha ruinas, un modesto edificio de tres pisos sigue en pie. El ingeniero que ayudó a construirlo lloró de alegría al ver que resistió los dos violentos terremotos que dejaron más de 3.500 muertos en Venezuela. El estado La Guaira, un popular balneario con costas celestes y atardeceres de ensueño ubicado a unos 40 km de Caracas, es el más golpeado por la furia del doble sismo de magnitud 7,2 y 7,5 el 24 de junio.
Construcciones quedaron hechas añicos en una tragedia tras la que miles de sobrevivientes viven en la calle o en precarios e improvisados albergues. Cerca del aeropuerto internacional de Maiquetía, las residencias Puerto Viejo están rodeadas de montañas de escombros. “Venía por todo el camino viendo destrucción, cuando vi este en pie, le di gracias a Dios”, confiesa Elías Eduardo Chayeb, ingeniero de 37 años, quien ayudó en la construcción del edificio junto a su padre Elías Chayeb, de 86 años.
El edificio tiene tres pisos y seis apartamentos. Sus ventanales, escaleras y columnas están intactos. “La altura tuvo que ver aquí, esos ‘metricos’ de más o de menos nos cambiaron la vida”, dice por su parte el arquitecto estructurista con más de seis décadas de experiencia. Aunque algunas paredes se resquebrajaron, sus bases siguen firmes y nadie sufrió lesiones. “El edificio pasa el examen”, indica aliviado el veterano arquitecto, con 400 obras con su firma.
Durante sus años activo, Chayeb dice que se negó a construir edificios muy altos porque no son aptos para suelos como el de La Guaira. El estado costero sufrió en 1999 uno de los peores deslaves de su historia con miles de víctimas. Encumbrados edificios residenciales y hoteles cayeron en segundos mientras grietas irregulares abrieron la tierra. La mayoría sucumbió sin que sus ocupantes tuvieran oportunidad de escapar, un síntoma que refleja negligencia en varias de estas construcciones, consideran los expertos.
En teoría, deberían agrietarse para liberar la energía durante un sismo sin colapsar, para dar tiempo a evacuaciones, según Elías Eduardo.
Riesgo “tácito” de terremotos
En el litoral de La Guaira los terrenos en su mayoría son inestables. El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) estimó que el doble sismo se originó en un sistema de fallas geológicas que se “extendió hacia el este hasta Caracas y La Guaira”.
“Esa falla no la quita nadie”, advierte Elías padre. Por ello, todo cambió, “inclusive hay que revisar por completo la zonificación”, recomienda el arquitecto estructurista.
Afirma que llegó a recibir ofertas de proyectos que implicaban edificaciones superiores a los seis pisos, pero las rechazó por el riesgo “tácito” de terremotos como el ocurrido en 1967 que impactó a Caracas con fuerza.
“Muchos de los edificios que me plantearon y rechacé se vinieron al suelo”, dice, al señalar una colina con vista al mar Caribe donde edificios de más de 10 pisos se desplomaron.
Tal fue la magnitud de los terremotos que el lecho marino, superficie terrestre bajo los océanos, cambió en La Guaira. De ahora en adelante “hay que tomar decisiones con esas variables”, advierte Elías Eduardo al tomar el testigo de su padre.
Ingrid Palacios, de 61 años, salió ilesa junto a sus vecinos y familia de las residencias Puerto Viejo, construido por los Chayeb. “Este edificio aguantó la pela (golpes), si ven en los alrededores los demás no lo aguantaron”, dice.
La Guaira, como la conocía, “desapareció”. “Ahora va a ser una nueva Guaira, ahora van a ser edificios de tres pisos, ‘chalecitos’, cosas muy pequeñas, ya no van a ser edificios de ocho pisos, once pisos, quince pisos”, espera.
Fuente: AFP.
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Venezuela subió el balance a 3.535 muertos y 16.740 heridos por terremotos
El número de muertos por el doble terremoto que azotó Venezuela el 24 de junio subió el lunes a 3.535, mientras que el de heridos se mantuvo en 16.740, informó el gobierno venezolano en un comunicado. Las autoridades evitan hablar de desaparecidos, pero las Naciones Unidas estiman que el número podría llegar a 50.000, aunque algunas proyecciones apuntan a una cifra cercana a los 10.000.
En la Guaira, estado vecino de Caracas y el más afectado por los sismos, sigue la búsqueda de cuerpos con la esperanza de darles un entierro digno. El domingo, las autoridades comenzaron a enterrar fallecidos no identificados. Más de 150 víctimas sin identificar fueron sepultadas en el cementerio La Esperanza, en el municipio de Catia La Mar, constataron periodistas de AFP.
Las hileras de tumbas se extienden en la tierra seca de una zona apartada del cementerio. Los rectángulos son delimitados con piedras blancas. En cada tumba hay un pequeño ramo de flores al pie de una cruz blanca, con una placa que lleva la inscripción “Identificación especial” y la fecha del fallecimiento, 24 de junio de 2026.
Búsqueda de desaparecidos se intensifica
Los equipos de rescatistas internacionales están empacando y las retroexcavadoras retiran los escombros que dejó el doble terremoto en Venezuela. Sin embargo, para Raúl Alvarado la búsqueda continúa. Observa a los voluntarios rebuscar en su edificio de 12 pisos, esperando encontrar a su madre, su padre y su hermano mayor.
Su departamento estaba en el tercer piso del edificio OPP 26 en Caraballeda, en uno de los distritos más afectados por los sismos, pero ahora se encuentra a la altura de los ojos, sepultado bajo montones de losas de concreto aplastadas y retorcidas. Desde el 24 de junio, cuando ocurrió el desastre, se contabilizan más de 3.500 muertos, y familias como la de Alvarado están en una carrera contra el tiempo para encontrar a sus seres queridos. Decenas de miles de personas aún figuran como desaparecidas. Doce días después de los sismos, el tiempo se acaba.
Máquinas limpian zonas del complejo OPP, un multifamiliar de personas de bajos recursos. Hacen remecer las ruinas, mientras los voluntarios y familiares intentan excavar en busca de los cuerpos enterrados. “Estaban juntos los tres, abrazados”, dijo Alvarado al recordar el último momento en que vio a su familia.
Él logró salir de los escombros porque estaba en otra habitación. “Este edificio estaba lleno. Mi vecino tiene cinco nietos, todos quedaron atrapados ahí”. Apresados entre capas de los pisos quedaron un horno de microondas, colchones, cajas de cerveza como únicas señales de la vida anterior que hubo en ese edificio. Cerca, una gran excavadora hunde su pala en las ruinas de otro edificio.
La ONU estimó que unas 50.000 personas podrían haber desaparecido por lo que se considera uno de los peores terremotos ocurridos en América Latina. El gobierno evita hablar de eso. Pero el complejo OPP es solo uno entre los cerca de 200 edificios destruidos o colapsados con los sismos de magnitud 7,2 y 7,5. La mayoría de estas edificaciones están en la costa de La Guaira, la más golpeada por los temblores.
Alrededor del edificio de Alvarado todo es destrucción. Algunos bloques de departamentos quedaron sin fachadas. Otros se derrumbaron, con las losas de los pisos pegadas unas a otras. Otros simplemente han desaparecido entre los escombros. Docenas de familias de desaparecidos esperan en la cima de montañas de escombros de los edificios que una vez se erigieron ahí.
Voluntarios y bomberos cavan pequeños túneles a través de los pisos de concreto para llegar a los departamentos más bajos. Algunos se sientan bajo refugios improvisados; otros utilizan picos y taladros que funcionan con generadores. Dentro de uno de los hoyos yace atrapado el cuerpo de una niña cubierto de cal. Alny Pacheco, una voluntaria trabaja en uno de los túneles, dice que desde el día de los terremotos han recuperado 12 fallecidos. Ayer lunes su equipo encontró otro cuerpo. “Hoy vamos por el primero”, señala.
Páginas web de desaparecidos
Después de los temblores, aparecieron registros en internet para ayudar a encontrar a los desaparecidos. Uno es “Desaparecidos terremoto Venezuela” con más de 31.400 nombres de personas no localizadas. Otro es “Venezuela te busca” que ha registrado 25.000 localizados y 18.200 sin encontrar. “El alto número de personas reportadas como desaparecidas en las plataformas en línea sigue siendo horrible”, dijo a AFP Jens Laerke, portavoz adjunto de la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU (OCHA).
“Eso no significa que todos estén bajo los escombros, pero ilustra la magnitud del desastre que enfrentan las familias”. El presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, dijo que las imágenes tomadas por drones, los registros y los testimonios de los familiares indicaron que había unas 30.000 personas en La Guaira. Según él, alrededor de 19.800 lograron escapar o fueron rescatadas.
El profesor Katsu Goda, del departamento de ciencias de la tierra de la Western University, en Canadá, señaló que la combinación de este inusual terremoto doble y la posible vulnerabilidad de los materiales de concreto de las construcciones podrían haber contribuido al elevado número de desaparecidos.
El primer sismo pudo debilitar muchas estructuras, mientras la segunda sacudida probablemente causó colapsos adicionales antes de que la gente pudiera escapar. Como resultado, el daño fue amplificado, dijo a AFP. “Cuando los edificios construidos de concreto se derrumban, a menudo generan enormes volúmenes de escombros densos que son extremadamente difíciles y peligrosos de rastrear”, dijo.
“En algunos casos, los derrumbes progresivos o en ‘capa por capa’ pueden atrapar a los ocupantes entre capas comprimidas de escombros, lo que hace que las operaciones de rescate y la identificación de las víctimas sean particularmente difíciles”. Daniela Álvarez busca a su hermana, sus sobrinas y su cuñado en un bloque del OPP. “Quieren demoler, pero ellos están acá abajo porque estaban en el piso 7. No queremos que saquen la máquina. Porque van a salir a demoler sin saber si hay gente abajo”, señala. “Nuestros familiares van aquedar en pedazos”, dice Álvarez.
Fuente: AFP.
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Venezuela: los rescatistas de cuatro patas que salvaron vidas con su olfato
Sisu enfrentó su primera misión de búsqueda entre los escombros que dejaron los dos sismos en Venezuela con la misma determinación y energía con las que persigue su juguete favorito, una pelota naranja y azul. Con su arnés negro, esta inquieta labradora retriever marrón se adentra entre los escombros de los edificios que se desplomaron con los terremotos ocurridos el 24 de junio. Busca sobrevivientes sin más herramientas que su olfato.
Esta integrante del Florida Task Force 2 resulta clave para encontrar personas con vida en una carrera contra el reloj. Los primeros en actuar son los perros cuando un equipo llega a un lugar donde se sospecha que hay víctimas vivas. “El trabajo de ellos se basa en detectar dónde hay humanos” identificando la temperatura, el olor corporal y el dióxido de carbono que exhalan las víctimas, explicó a AFP Alexander Parada, también de la Florida Task Force 2, junto a la labradora retriever Piper, que rescató a dos personas en esta, su primera misión.
“Hacen un trabajo que nosotros no podemos hacer”, agregó Parada. Cuando un perro indica alguna alerta, los socorristas envían a un segundo animal para confirmar el hallazgo, añadió Sylvia Arango, responsable de Sisu y guía canina desde 1998. A partir de ahí, radares o cámaras afinan las coordenadas de dónde podrían estar las víctimas. Con su olfato, los caninos de búsqueda agilizan las labores de rescate al inspeccionar grandes áreas con rapidez, dijo Parada, algo crucial dado que las posibilidades de encontrar gente con vida se reducen a medida que transcurre la ventana inicial de 72 horas.
“A salvo”
Sisu fue una de los más de 120 rescatistas de cuatro patas de una docena de países desplegados para agilizar las labores de rescate en varias comunidades de La Guaira, la región costera más impactada por los potentes terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 que sacudieron a Venezuela. Algunos, como el local Tsunami, un border collie con un ojo azul y otro marrón, conmovieron a los venezolanos con su historia de superación: de ser un animal rescatado de sufrir maltratos a salvar la vida de otros.
Como sus compañeros humanos, trabajaron rotándose en turnos de 12 horas en misiones peligrosas. Estos animales operaron bajo las altas temperaturas de La Guaira, exponiéndose a deshidratación y a abrasiones en el pelaje, algo visible en el cuello de Sisu. También se abrieron paso entre los derrumbes, incluso en estrechos túneles formados en el amasijo de paredes, columnas y vigas quebradas en busca de sobrevivientes. Las operaciones les causaron a algunos heridas, fracturas y secuelas emocionales. Pero el riesgo forma parte del trabajo. “En el momento en que subimos a esos montones de escombros, no hay ninguna garantía de que vayamos a estar a salvo”, dijo Arango.
“Recibir amor”
Pero, ¿qué cualidades debe tener un perro para convertirse en rescatista? Mucha energía, pero también capacidad de desenvolverse sin miedo en entornos inestables. “En general, se llama fortaleza de carácter, es como cuando los llevas a ver algo raro y dicen ‘¡oh!’, y luego quieren investigarlo”, señaló Arango. El género no supone diferencias.
Aunque los caninos de este equipo estadounidense son en su mayoría labradores retriever, también hay border collies, golden retrievers, pastores belga malinois y pastores alemanes. El sábado, diez días después de los terremotos que dejan ya casi 3.000 muertos, misiones brasileñas y españolas continuaban inspeccionando zonas destruidas junto a sus perros. Pero para Sisu y Piper era hora de empacar sus juguetes y prepararse para volver a casa. Al cierre de las operaciones, Arango destacó que lo que más le emocionó de la primera misión de Sisu fue verla traer alegría en un mar de tristeza. “Es una situación devastadora”, afirmó Arango.
“Pero cuando se acerca alguien que está sufriendo, nuestros perros pueden hacerles sonreír, y los niños tienen la posibilidad de acercarse a ellos y acariciarlos”, prosiguió. “Es también una oportunidad de (...) tratar por un momento de no pensar en los horrores que están viviendo, y simplemente recibir amor de un cachorro feliz”.
Fuente: AFP.