Por Anne-Pascale Reboul, Aurélie Carabin, Philippe Grelard.
La decisión de Meta (Facebook, Instagram, WhatsApp) de poner fin a su programa de verificación de información en Estados Unidos preocupa a medios de comunicación en todo el mundo. ¿Qué futuro les espera a estas prácticas de verificación en un contexto de proliferación de noticias falsas?
Convertido en un formato periodístico por derecho propio, el fact-checking se desarrolló a principios de la década de 2000 en Estados Unidos, impulsado por internet y medios interesados en confrontar las declaraciones de figuras políticas con la realidad. Ejemplo de esto es el sitio PolitiFact, lanzado en 2007 y ganador del premio Pulitzer en 2009.
Desde la corrección de cifras en tiempo real en televisión hasta artículos en línea etiquetados como “verdadero o falso”, el método se extendió rápidamente por todo el mundo. Sin embargo, hubo un punto de inflexión en 2016 con la elección de Donald Trump y el referéndum del Brexit.
Ante la avalancha de noticias falsas y teorías conspirativas en redes sociales, gigantes tecnológicos como Meta promovieron programas de verificación más allá de la política, asociándose con medios que veían en esto una oportunidad financiera en un contexto económico difícil.
Diez organizaciones se ven afectadas por la decisión de Meta, que por ahora solo se aplica en Estados Unidos. Algunas dependen completamente del gigante tecnológico, como Check Your Fact, según el medio estadounidense Business Insider. Otras, como PolitiFact, parecen menos vulnerables, obteniendo poco más del 5 % de sus ingresos de esta asociación, según The New York Times.
La Agence France Presse trabaja con el programa de verificación de contenidos de Facebook en 26 idiomas. Facebook paga para usar las verificaciones de unas 80 organizaciones a nivel global en su plataforma, así como en Whatsapp e Instagram. “Estamos evaluando la situación”, señaló la dirección.
La situación es especialmente delicada en África. “Existen modelos económicos totalmente dependientes de Facebook”, como Africa Check en Dakar y Data Check en Camerún, señaló Laurent Bigot, miembro de la Red Internacional de Fact Checking (IFCN). Advirtió que si Meta retira su financiación en el continente, “este trabajo de verificación no se hará en ningún otro lugar, y la desinformación mata todos los días en esos países”.
Como argumento para esta decisión, el presidente de Meta, Mark Zuckerberg, afirmó que los verificadores “han estado demasiado politizados y contribuyeron a reducir la confianza más que a mejorarla, especialmente en Estados Unidos”. Según él Meta busca “restaurar la libertad de expresión en sus plataformas”.
Propietario de X (antes Twitter) y cercano al presidente electo Donald Trump, Elon Musk, junto con varios políticos republicanos, lleva años acusando a los programas de fact checking de “censurar” voces conservadoras.
Angie Holan, directora de la IFCN, que agrupa a 137 organizaciones, respondió que este periodismo “nunca censuró ni eliminó publicaciones”. Los verificadores “agregan información y contexto a afirmaciones controvertidas siguiendo principios transparentes y no partidistas”.
En períodos electorales, las presiones y amenazas contra equipos de verificación digital suelen intensificarse, como ocurrió en 2024 en India, Corea del Sur y Croacia. Con la nueva política de Meta, Reporteros Sin Fronteras expresó su preocupación por una “deriva antiperiodística”.
Una situación anómala
La periodista filipina y premio Nobel de la Paz María Ressa advirtió que Facebook permitirá “que las mentiras, la ira, el miedo y el odio infecten a cada persona en la plataforma”, lo que podría llevar a un “mundo sin hechos”.
“El anuncio de Meta solo pone fin a una situación anómala”, afirmó Bigot. Según este experto en comunicación de la Universidad de Tours, “las plataformas son grandes vehículos de desinformación que intentan limpiar su imagen con estos programas”.
El diario francés Libération abandonó su asociación con Meta en 2021. Según Cédric Mathiot, jefe de la sección Checknews, estos contratos pueden ser “un soporte económico útil”, pero también pueden “frenar” la revitalización de la verificación de información. Sin Meta, “paradójicamente esto podría empujar al fact checking a ser más ambicioso”, con investigaciones más profundas y temas más variados, insistió.
La impunidad en los asesinatos de periodistas sube al 86 %, según alerta la Unesco
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La impunidad en los asesinatos de periodistas aumenta por primera vez desde 2012, alertó la Unesco en un informe publicado el lunes, con motivo del Día Internacional para Poner Fin a la Impunidad de los Crímenes contra Periodistas. Este año, “la tasa global de impunidad por los asesinatos de periodistas ha aumentado un punto porcentual hasta alcanzar el 86 %”, señala el reporte, lo que supone que seis de cada siete autores escapan a la justicia.
Este índice, que abarca los homicidios cuyas investigaciones no han concluido o siguen en curso, venía disminuyendo desde 2012, pasando entonces del nivel récord del 95 % al 85 % en 2024. “Las investigaciones y los procesos judiciales relacionados con los asesinatos de periodistas en zonas de guerra siguen siendo particularmente insuficientes”, destacó ante la prensa Mariya Gabriel, subdirectora general de Comunicación e Información de la Unesco.
Si bien esta agencia de Naciones Unidas “no es un tribunal de justicia”, la responsable precisó que ejerce “presión para que se haga justicia”. El informe, que sale a la luz cada dos años, contabilizó el asesinato de 189 periodistas, trabajadores de los medios y creadores de contenido que realizaban actividades periodísticas en 2024 y 2025, entre ellos 14 mujeres.
Se trata del bienio más mortífero para los periodistas de la última década. Dos tercios de ellos (67 %) fueron asesinados en zonas de conflicto, como los Territorios Palestinos, Yemen o Ucrania. “Esto marca un cambio importante en el panorama mundial de los riesgos para los periodistas”, expresó Gabriel.
La Unesco también destaca el uso cada vez mayor de “vehículos aéreos no tripulados o drones”, responsables del 26 % de los homicidios en 2024 y 2025. Además, insiste en que los periodistas siguen siendo asesinados en sus casas o vistiendo un chaleco que identifica su profesión.
“El Estado de Palestina volvió a registrar el mayor número de casos” en 2025, “con al menos 32 homicidios”, subraya el informe. En total, 1.641 periodistas fueron asesinados en el mundo desde 2006, fecha en la que la Unesco comenzó su registro. Esto representa, en promedio, una muerte cada cuatro días.
Algunas de las cifras presentadas en este informe difieren de las publicadas por el Comité para la Protección de los Periodistas o Reporteros sin Fronteras. La Unesco argumentó estas diferencias por “las circunstancias de un deceso que a veces son difíciles de evaluar debido a la constante evolución de los conflictos”.
La gestión de datos gana espacio en la producción agropecuaria
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La incorporación de herramientas digitales comienza a transformar la manera en que los establecimientos agropecuarios administran sus actividades, con mayor disponibilidad de información para controlar procesos, anticipar escenarios y mejorar la productividad. El uso de tecnología aplicada al campo se presenta como un factor cada vez más relevante para fortalecer la competitividad del sector.
El presidente de la Federación de Cooperativas de Producción (Fecoprod), Alfred Fast, señaló que actualmente los productores cuentan con recursos como GPS, imágenes satelitales y estaciones meteorológicas, que permiten tomar decisiones con mayor precisión. En comunicación con La Nación/Nación Media, explicó que también se impulsan sistemas de información destinados a rubros como la producción lechera y cárnica.
Uno de los avances en esta materia es el desarrollo de plataformas que permiten registrar y analizar información de los establecimientos. En el ámbito lechero, Fecoprod cuenta con el Sistema de Control Lechero y Gestión de Tambo (Siscole), que reúne datos sobre alimentación, reproducción y producción, facilitando el seguimiento técnico de cada unidad productiva.
La digitalización también alcanza a la actividad ganadera y agrícola mediante herramientas de gestión como BIGCAMPO, un software desarrollado por la federación para administrar establecimientos y organizar información productiva. Estas soluciones apuntan a que los productores puedan contar con registros más precisos para evaluar el funcionamiento de sus actividades.
Fast también mencionó las oportunidades que ofrece la inteligencia artificial para el sector, aunque remarcó que su incorporación debe realizarse con criterio. La disponibilidad de herramientas tecnológicas, sostuvo, no reemplaza la experiencia ni el conocimiento de quienes trabajan en el campo, sino que permite complementarlos para mejorar el análisis de la información.
En este escenario, el desafío pasa por ampliar el aprovechamiento de estas herramientas y fortalecer las capacidades técnicas de los productores, de manera que la información se convierta en un recurso para elevar la eficiencia y sostener el desarrollo de las cadenas agropecuarias.
Barak Obama (65). El 4 de noviembre de 2008 fue electo presidente de los Estados Unidos. “Yes, we can” fue el lema que envió a millones por SMS. Con el que produjo sentido para que la ciudadanía lo llevara a la Casa Blanca
Obama, Brexit y Lula. Claramente, en las redes también se hace política
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Ricardo Rivas
Periodista
X: @RtrivasRivas
Fotos: Gentileza
Los ecosistemas digitales, como las inteligencias artificiales y la informática cuántica, fueron, son y serán como la humanidad en su conjunto. No son buenas ni malas. No pueden ser distintas y, en las redes, también se hace política.
En algún momento del atardecer del 4 de noviembre de 2008, en los Estados Unidos el candidato a presidente de ese país por el Partido Republicano, senador John McCain (1936-2018), supo que fue derrotado por el –también senador– Barak Obama (65), postulante por el Partido Demócrata.
McCain, veterano de Vietnam, ex-POW (Prisionero of War) entre 1967 y 1973, después que el avión que piloteaba fuera derribado y años después condecorado como “héroe de guerra” por el Congreso, supo aquella tarde aciaga que tres palabras –apenas nueve caracteres– que decían, una y otra vez, “Yes, we can” (Sí, podemos), enviadas en SMS (Short Message Service) por Obama, dieron por tierra con su profundo deseo de ser habitante de la Casa Blanca durante cuatro años.
Pese a su disgusto –hombre de honor– públicamente expresó su admiración por el triunfador. McCain destacó públicamente que admiraba profundamente a Obama por “haber inspirado esperanza a millones de estadounidenses que antes creían erróneamente que tenían poco en juego o poca influencia en la elección de nuestro gobierno”. Inmediatamente, exhortó a sus votantes para que dejaran atrás las diferencias y brindaran a quien sería jefe de Estado desde el 20 de enero de 2009 “toda su buena voluntad y esfuerzo sincero” en pos de los Estados Unidos. Fue palabra de John McCain, después de la derrota.
Más tarde, retornó al Senado, en Capitol Hill, donde trabajó como servidor público hasta expirar. Sobre un total de 131,3 millones de votantes (61,6 % del total empadronado), Obama logró que 69.498.516 (52,93 %) lo votaran. Por su parte, en McCain confiaron 59.948.323 (45,65 %).
EL BREXIT
Es historia. En el atardecer de un día agitado, el 23 de junio de 2016, apenas poco más de una década de Obama presidente, en la tan maltratada aldea global supimos que la ciudadanía del Reino Unido de la Gran Bretaña (UK) decidió el Brexit (acrónimo en inglés de Britain Exit). Salir de la Unión Europea (UE).
Sobre un total de 46.501.241 votantes, de los cuales 33.578.016 (72,2 %) concurrieron a votar. Por “abandonar la UE” se expresaron 17.410.742 (51,9 %) personas, en tanto que por “permanecer” lo hicieron 16.141.241 (48,1 %). El entonces primer ministro, David Cameron (60), convocó para ese referéndum que no aparecía como riesgoso. Tenía la más profunda convicción de que las y los ciudadanos se expresarían mayoritariamente por permanecer en el bloque. Ese era también su deseo. Su partido, el Conservador, se pronunció por la neutralidad. Los opositores, el Unionista Democrático, la Voz Unionista y el Partido de la Independencia se opusieron. El resto del espectro político lo acompañó.
Las encuestas, con solo una excepción, proyectaban triunfo de la opción “permanecer”. No fue así. Derrotado, Cameron dimitió. Poco tiempo después se hizo público que Facebook, junto con la consultora Cambridge Analytica y algunas otras empresas recolectoras de datos personales en las redes –sin contar con la aprobación de millones de usuarios que no se sabían espiados– diseñaron y emitieron mensajes masivos (por qué no categorizarlos como SPAM) para operar sobre las voluntades humanas en favor de la salida de la UE.
La novedad escandalizó. Mucho más cuando quien por entonces era el director de investigación de Cambridge Analytica, Christofer Wylie, declaró ante el Parlamento británico y luego ante diario El País que “el Brexit no hubiera sido posible sin el uso de tácticas de manipulación de datos”. ¡Escándalo! De tan alto impacto global fue lo sucedido que hasta Mark Elliot Zuckerberg (42), como consecuencia de esa operación de espionaje y manipulación ciudadana con fines políticos, tuvo que comparecer ante una comisión del Congreso norteamericano.
Facebook, propiedad de Mark Zuckerberg, recopiló datos de millones de usuarios que luego fueron manipulados a través de mensajes segmentados. “El Brexit no hubiera sido posible sin el uso de tácticas de manipulación de datos”, denunció Christofer Wylie, exdirector de Investigación de Cambridge Analytica
EL BALOTAJE
Es historia. Una semana atrás, en el sur del llamado Sur Global, seis mil quinientos sesenta y cuatro días después de aquel 4 de noviembre de 2008, en el atardecer del 25 de octubre de 2026, también cuando la jornada electoral finalizaba, el senador de la República Federativa del Brasil Flavio Nantes Bolsonaro (45) supo que con frases muy breves que llegaron una y otra vez al teléfono de cada ciudadana o ciudadano, su sueño de ocupar el despacho principal del Palacio de Planalto, en Brasilia, se le escurrió como agua entre los dedos.
Sobre un total de 128,23 millones de sufragantes, Luiz Inácio Lula da Silva (81) logró que 64.256.232 (51,79 %) lo votaran. Por su parte, en Bolsonaro confiaron 59.826.041 (48,21 %). Aunque inconclusa (o, en desarrollo, como se suele categorizar por estos tiempos a lo que sucede y no deja de suceder) es historia. Reciente, pero… es historia. Y miles de microhistorias –verdaderas y/o falsas, también “en desarrollo”– que inevitablemente y en algún momento conoceremos en su totalidad.
André y Scott podrían ser solo dos nombres que, a no dudarlo, son los que llevan millones de personas en el mundo, por cierto. Sin embargo, entre 2008 y este 2026 que corre tan de prisa, se encuentran –convergen– coinciden, acuerdan y hasta desacuerdan. Cada uno a su manera y con sus culturas a cuestas. Es muy probable que no se conozcan personalmente. Que no se hayan visto nunca. Pero, desde algún momento de sus vidas son consultores en comunicación política. Y, en ese contexto, quiero creer que André (Luiz Gaspar) Janones (42) y Scott Goodstein (52), a lo largo del tiempo y, especialmente, entre comunicólogos profesionales y consultores especializados en comunicación política, serán mencionados como los que planificaron y gestionaron para que Luiz Inácio Lula da Silva y Barak Obama, cada uno en su momento histórico, lograran ser electos para ser presidentes en Brasil y en los Estados Unidos, respectivamente.
Veamos. En 2006, los ecosistemas digitales tenían un desarrollo sorprendente por entonces, pero a la luz de lo que es poco tiempo después aquello era el paleolítico. Y, entre quienes se aventuraban en esos territorios desconocidos, estaba el joven Scott Goodstein, quien como director Externo On Line de la campaña Obama America 2008 creó estrategias novedosas con las que intervino en las incipientes redes sociales y comunicaciones móviles de entonces.
RESULTADO EXCEPCIONAL
El resultado fue excepcional, hasta aquel momento. La participación electoral alcanzó alto nivel de concurrencia a las urnas. Los celus eran analógicos. Pero, aun así, el lema y mensaje de Obama, senador y candidato presidencial –“Yes, we can”– a través de millones de SMS le fue entregado a otros tantos millones de ciudadanas y ciudadanos que esa misma frase la escucharon de boca del postulante, cuando las pronunciara durante las primarias del Partido Demócrata en New Hampshire.
Todos y todas, cuando lo leían, sabían que votándolo apuntaban a superar el “cinismo político”; la “división”; la “duda”; para transformar “la frustración colectiva en un movimiento de esperanza y cambio social”. Sencillo, contundente, inspirador para “millones de estadounidenses”, como destacó su adversario por aquellos días y admirador después, el republicano conservador John McCain, condecorado con la Medalla de Oro del Congreso por su heroísmo en Vietnam.
Es historia. Y Goodstein, con sus ideas y propuestas –a su manera– con sus acciones novedosísimas de comunicación política avanzó en la democratización exitosa de esa no territorialidad todavía inexplorada que se desarrolla en los ecosistemas. “La política también es sentimientos”, recuerdo me dijo en alguna de nuestras enriquecedoras y extensas charlas el querido amigo-hermano, colega periodista y maestro Augusto dos Santos (66).
André Janones, desde la medianoche del domingo anterior, crece como sujeto noticiable con el más alto reconocimiento. “Soy mariscal en el ejército del general Janones”, dijo Lula, el presidente en ejercicio y reelecto de Brasil que el próximo 5 de enero iniciará su cuarto mandato no consecutivo como jefe de Estado de ese país que –también el año próximo, según el Fondo Monetario Internacional (FMI)– será la octava economía del mundo, por encima de Italia y Rusia. Lula gobernará hasta 2031.
MILLENNIAL PREMATURO
Y Janones es –tal vez– el más relevante jugador en la marcha exitosa hacia el balotaje que, finalmente, lo habilitó para ello. Como Scott Goodstein lo hiciera con Obama en 2008 en los Estados Unidos. Abogado, milita en el PT (Partido de los Trabajadores) desde 2003. Hombre de sólidas convicciones, en 2012 se alejó del PT con críticas públicas. Sin ser “nativo digital”, André, nacido en 1984, bien puede ser categorizado como “Xenial”, esa microgeneración transicional que la sociología constituye entre la Generación X y los millennials.
Sin temor a la imprecisión, se lo podría llamar “millennial prematuro” que transitó una infancia analógica y, desde la pubertad, trashuma los ecosistemas digitales. ¿Adoptivo digital? ¡Me gusta! ¿Por qué no?, me pregunto como “baby boomer temprano” nacido en 1951. Pero el caso es que, desde la territorialidad de ese NO territorio (al que también suelo llamar “realidad mixta”), André desde 2018 es diputado por Minas Gerais.
Fue reelegido en 2022 y el 4 de octubre último. La digitalidad es parte de la NO territorialidad que habita. Y allí también se hace política. Janones aceptó ese escenario que le planteó el Partido Liberal que lideraba hasta su fuga de Brasil Flavio Bolsonaro para batirse con las derechas. Y allí volcó todas sus experiencias. Las mismas a las que se refiere, cuenta y reseña en “Janonismo cultural”, el libro que publicó en 2023. “Não é a Chapeuzinho Vermelho”, respondió con audio a través de Signal –otra plataforma de mensajería– un bien querido amigo brasileño desde mis tiempos periodísticos en Gazeta Mercantil, cuya identidad mantendré en el anonimato cuando sencillamente le pedí que me hablara de André. Sé que no lo es ni pretendo que lo sea.
De hecho, el Tribunal Superior Electoral (TSE) brasileño desde el inicio de la campaña marcó tan celosamente sus acciones en red como bien podrían haberlo hecho Cafú o Dani Alves, cuando vistieron “a verde-amarela”. Porque sus adversarios y adversarias lo denunciaron y señalaron por desinformar y desarrollar acciones coordinadas de acoso digital. Por ello, en algún momento su canal en Whatsapp fue formalmente dado de baja y luego –apelaciones mediante– restablecido.
El Exército de Lula, en el inicio, solo reclutó 50 mil seguidores. Desde la madrugada del 5 de octubre hasta la medianoche del 24 pasado sus huestes sumaron 11 millones de adhesiones. ¡Joder! Con ese respaldo popular no dudó en denunciar a X y Meta (Mark Zuckerberg) de sesgar a través de Meta la información electoral del PT (Lula) en beneficio del Partido Liberal (Flavio).
En EE. UU., en 2008, Scott Goodstein planificó y gestionó comunicación política en las redes para que Barak Obama fuera presidente. En 2026, en Brasil, André Janones trabajó intensamente en el ecosistema digital para que Lula da Silva fuera reelectotidad
¡ALTO IMPACTO!
Meta y X lo negaron, aunque reconocieron algunos fallos técnicos que podrían haber generado inconvenientes como los denunciados. Pero, pese a esas negativas, no pudieron evitar que los senadores Jeanne Shaheen, Tim Kaine y Peter Welch, en el Comité de Relaciones Exteriores del Senado norteamericano se hicieran eco de esas denuncias. Pidieron formalmente explicaciones al secretario de Estado Marco Rubio. “Esta fue una elección en la que tuvimos que vencer la intromisión que vino desde afuera a través de las plataformas digitales”, denunció Lula en San Pablo en la madrugada del 26 de octubre, cuando saboreaba la victoria. “Quiero agradecer a Janones, nuestro general, que tuvo un papel exponencial en esta campaña para levantar diariamente la moral de nuestra tropa”, destacó inmediatamente después.
“Yes, we can”, recordé. Brexit también es un recuerdo fuerte. Gestionar en la territorialidad NO territorial de los ecosistemas también importa el derecho humano de elegir y/o ser elegido. No habrá marcha atrás ni involuciones. Dicen dos de mis más respetados maestros. “La comunicación no solo es una cuestión de ideologías. También es una cuestión de culturas” (don Jesús Martín-Barbero 1937/2021).
“La política también es sentimientos”, dice Dos Santos. Los ecosistemas digitales, como las inteligencias artificiales (IA) y la informática cuántica, fueron, son y serán como la humanidad en su conjunto. No son buenas ni malas. No pueden ser distintas y, en las redes, también se hace política.
Fronteras y continuidades entre periodismo y literatura
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Carlos Oliveira
Foto: Imagen generada con IA
La literatura y el periodismo son formas complementarias de aproximarse a la realidad. Escribir no es una actividad que se agote en el ejercicio estético ni una forma de evasión frente al mundo. La literatura constituye, ante todo, una manera de comprender la vida y de comunicarse con los demás. También una posibilidad de imaginar aquello que la realidad, con sus limitaciones y contradicciones, no siempre permite alcanzar.
El empeño de la humanidad en producir y consumir ficciones quizá responda a la disconformidad con el mundo que nos rodea y la necesidad de establecer otra relación con él. La literatura permite, entonces, representar la vida no solamente como es, sino también como podría ser.
En esa búsqueda, la frontera entre ficción y realidad se vuelve menos rígida de lo que suele suponerse. Aunque el escritor trabaja con elementos imaginarios, sus historias encuentran, por lo general, un punto de partida en la experiencia concreta. El periodismo, por su parte, procura describir los acontecimientos y reconstruir los hechos desde la realidad verificable. Sin embargo, ambas disciplinas participan de una misma necesidad: narrar la experiencia humana y encontrar una forma de hacerla inteligible.
El periodismo y la literatura son territorios capaces de dialogar y enriquecerse mutuamente. Más que una oposición rígida entre ambos oficios, cabe reconocer una continuidad: la escritura como instrumento para explorar el mundo, interpretar sus conflictos y transmitir una experiencia a los otros.
La diferencia entre contar lo que sucedió e imaginar lo que pudo haber sucedido no elimina la responsabilidad de quien escribe. La ficción puede transformar los materiales de la realidad, pero no necesariamente se aparta de su verdad profunda. El periodismo, a su vez, no se reduce a la enumeración de datos: también necesita una mirada, una estructura narrativa y una sensibilidad capaz de reconocer aquello que los acontecimientos revelan sobre la condición humana.
UNA TÉCNICA DE CONOCIMIENTO
La literatura es, por eso, mucho más que entretenimiento o testimonio de una época. Es una manera de mirar, una forma de conocimiento y una vía de comunicación. El escritor no escribe únicamente para sí mismo, sino para los demás, con la posibilidad de ampliar sus horizontes y enriquecer la experiencia cotidiana.
La literatura, desde esta perspectiva, no tiene por qué ocultar las zonas incómodas de la experiencia ni silenciar las emociones que contradicen los relatos convencionales. La verdad histórica no se fortalece mediante la eliminación de sus contradicciones, sino a través de una aproximación que permita comprenderlas.
Pero el compromiso con la verdad no se limita a la reconstrucción del pasado. También alcanza la relación del escritor con su presente y con las instituciones políticas y culturales en las que desarrolla su trabajo.
Durante décadas, el debate sobre las relaciones entre creación artística e ideología ha enfrentado a quienes defienden la autonomía estética de la obra y quienes consideran que la escritura debe asumir una responsabilidad explícita ante la sociedad. La discusión, con sus distintas variantes, ha atravesado buena parte de la historia intelectual del siglo XX.
COMPROMISO Y EVASIÓN
Allí surge la pregunta de si una obra nacida de un compromiso explícito puede alcanzar verdadera complejidad literaria. La literatura hecha desde una determinada convicción ideológica, según una objeción frecuente, corre el riesgo de convertirse en una pieza esquemática, subordinada a una tesis previa y desprovista de la riqueza que nace de la exploración libre.
El problema, sin embargo, no reside necesariamente en el compromiso, sino en la forma en que este se incorpora a la escritura. Una obra puede partir de una convicción política y, aun así, explorar las ambigüedades, los conflictos y las contradicciones de la experiencia humana. Del mismo modo, la pretensión de escribir al margen de toda posición ideológica no garantiza por sí sola la complejidad ni la calidad literaria.
Por ello, muchas veces la separación entre literatura comprometida y literatura de evasión carece de sentido porque la escritura nace de una experiencia en la que lo personal y lo colectivo resultan inseparables. No se trata de incorporar desde afuera una doctrina a la ficción, sino de reconocer que la vida del escritor ya está atravesada por las circunstancias históricas en las que se desarrolla.
Entonces, ¿por qué escribimos ficciones? ¿Para qué contamos historias? Quizá porque la realidad, por sí sola, no siempre alcanza a revelar el significado de lo que vivimos. Necesitamos narrarla, reconstruirla y encontrar las palabras que permitan compartirla con otros.
MIRADA AMPLIA
La ficción no anula la realidad del mismo modo que el periodismo no puede reducirse a una reproducción mecánica de los hechos. Ambas formas de escritura requieren una mirada capaz de seleccionar, relacionar e interpretar. Allí donde una cronología ofrece una sucesión de acontecimientos, la narración puede revelar sus tensiones, sus consecuencias y su dimensión humana.
La literatura, entendida de este modo, no constituye un territorio aislado de la vida. Es una forma de habitarla y de interrogarla. El escritor transforma sus experiencias en relatos, pero también vuelve sobre ellas para descubrir sentidos que quizá no pudo reconocer cuando sucedieron. En ese movimiento, la memoria deja de ser una simple evocación del pasado y se convierte en una herramienta para comprender el presente.
Tal vez allí resida la continuidad entre el periodismo y la ficción: en la necesidad de contar, en la responsabilidad de mirar de frente los acontecimientos y en la búsqueda de una verdad que no se confunda con la comodidad de las versiones establecidas. Cambian los procedimientos, las convenciones y los recursos narrativos, pero permanece la voluntad de comprender la experiencia humana y hacerla comunicable.
Si la literatura busca explorar la experiencia humana en sus múltiples expresiones y contradicciones, esa búsqueda comienza precisamente allí donde el escritor se niega a separar la historia que vivió de la necesidad de contarla.