Una estampida de estudiantes se abre paso en la Universidad de Guayaquil. En uno de los salones, otros bloquean la puerta ante la inminente irrupción, quizás armada. Son escenas aupadas por rumores y desinformación que calan en un Ecuador en pánico por la guerra narco. Ambos casos fueron registrados en videos compartidos miles de veces en redes sociales desde el 9 de enero, cuando una arremetida de bandas narco llevó al presidente ecuatoriano, Daniel Noboa, a declarar un conflicto armado interno.

Pero nadie persiguió ese día a los estudiantes de la importante universidad de Guayaquil, ni hubo encapuchados armados intentando entrar a las aulas. “Fue un ataque de pánico generalizado”, dijo a la AFP el docente Héctor Hugo, de la facultad de Jurisprudencia de ese centro. “Se produjo algún sonido en los exteriores, algunos entraron corriendo y el mensaje se distorsionó al pasar de boca a boca. En redes se habló incluso de un secuestro, pero no hubo tal cosa”, añadió.

En un comunicado, la universidad rechazó las “informaciones falsas difundidas” en plataformas digitales. Pero la desinformación encontró tierra fértil en el país asolado por un narco envalentonado, que en una semana deja una veintena de muertos, cientos de rehenes en las cárceles, fugas de reclusos y ataques con explosivos.

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“Narrativa del terror”

Desde el inicio de la crisis, desatada por la fuga de Adolfo Fito Macías, líder de la mayor banda conocida como Los Choneros, las redes sociales se inundaron de noticias falsas que multiplicaron el miedo. Imágenes verdaderas como la transmisión en directo de una irrupción armada a un canal de televisión en Guayaquil se mezclaban con otras falsas que circulaban al tiempo: un supuesto secuestro masivo en el metro de Quito o una espectacular persecución con disparos frente a la embajada de Israel, que en realidad fueron escenas de simulacros organizados en 2023 y 2018, respectivamente.

“En entornos de alta conflictividad e incertidumbre, es natural que uno de los frentes de batalla también sea el de la información. Empieza a desarrollarse una guerra que busca imponer una narrativa del terror”, dijo Albertina Navas, directora de Comunicación de la Pontificia Universidad Católica de Ecuador.

El equipo de verificación digital de la AFP también detectó la difusión de mensajes sobre supuestos tiroteos, asesinatos en cárceles y otros violentos ataques que en realidad no ocurrieron o corresponden a hechos antiguos. Para la docente Saudia Levoyer, de la Universidad Andina Simón Bolívar, ese tipo de desinformación “es una estrategia de comunicación, hay alguien detrás de esta difusión de contenidos falsos o manipulados”.

Sembrar un clima de caos “es una de las estrategias favoritas de estas bandas”, dice la investigadora, “porque ahí se hace más difícil el control”. Desde el 8 de enero rige un estado de excepción por 60 días en todo el país, incluidas las penitenciarías, y un toque de queda de seis horas, desde las 23:00 locales (4:00 GMT).

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Desestabilizar

Además de infundir terror, la desinformación tiene objetivos políticos, dice Patricia Hidalgo, directora de la Escuela de Comunicación de la Universidad Internacional del Ecuador. A poco más de un año de las presidenciales, “se trata también de desestabilizar”, añadió. Noboa asumió en noviembre para gobernar por unos 18 meses hasta terminar el periodo de su antecesor. El expresidente Guillermo Lasso dio un paso al costado y llamó a elecciones anticipadas para esquivar un juicio político por corrupción.

El actual mandatario, de 36 años, considera participar en los comicios de 2025 y expertos aseguran que está en una suerte de “precampaña”. Ante la desinformación, el gobierno y las Fuerzas Militares reaccionaron en redes sociales y canales oficiales con balances de allanamientos, capturas, “terroristas abatidos”, policías liberados y presos sometidos.

El domingo, un operativo en la penitenciaría de Esmeraldas se divulgó con imágenes de los internos boca abajo en el piso, atados de manos a la espalda y rodeados por decenas de militares. “Empezaron las campañas de gobierno donde van mostrando qué es lo que están haciendo en las zonas más violentas y peligrosas, eso hace contrapeso”, indicó Levoyer. El mandatario otorgó estatus beligerante a las bandas -que se convierten así en objetivos militares-, y desplegó 22.400 efectivos en todo el país. “Creo que vamos a ganar y no dejaré de pelear hasta conseguirlo”, dijo Noboa a la BBC.

Además, tiene un plan de construir dos prisiones de “súper máxima” seguridad con capacidad para más de 3.000 personas y planea instaurar buques cárceles, con el objetivo de aislar a los reclusos más violentos. Ecuador fue durante muchos años un país a salvo del narco, pero se ha ido transformando en un nuevo bastión del tráfico de droga hacia Estados Unidos y Europa con bandas enfrentadas por el control del territorio y unidas en su guerra contra el Estado.

Fuente: AFP.

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