Doce personas han muerto tras estrellarse una avioneta poco después del despegue en la región brasileña de Río Branco, estado de Acre, en la Amazonía, según han informado las autoridades.
El aparato se ha estrellado cerca del Aeropuerto de Río Branco por causas que están siendo investigadas. Todos los pasajeros del aparato han fallecido, ha informado el gobierno de Acre, citado por el diario ‘Folha de Sao Paulo’. Entre los pasajeros había nueve adultos y un bebé, además de dos tripulantes, el piloto y el copiloto. Por el momento no han trascendido sus identidades.
Era un vuelo privado fletado por la empresa ART Taxi Aéreo y tenía como destino el municipio de Envira, en el Amazonas. La Agencia Nacional de Aviación ha confirmado que tanto la empresa como la aeronave tenían la documentación en regla.
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Fuente: Europa Press
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Hallan dos campamentos irregulares donde capotó avioneta boliviana en Concepción
La Fuerza Aérea Paraguaya encontró una avioneta de nacionalidad boliviana sin tripulantes, que cayó y estaba totalmente incinerada en el departamento de Concepción. En el lugar se encontraron dos presuntos campamentos narco abandonados, bidones de combustibles y otras evidencias.
Los intervinientes recibieron el aviso de la Dirección Nacional de Aeronáutica Civil (Dinac), después que el equipo de Búsqueda y Rescate (SAR) detectara la señal de una baliza de emergencia proveniente de la aeronave C-210 con matrícula boliviana CP-3187, ubicada en la zona de la estancia Toldo Kué.
Para realizar la inspección se desplegó la aeronave T-27 Tucano, que hizo un vuelo de reconocimiento y confirmó que la avioneta mencionada había caído en la zona. Se dio aviso y se dirigió al sitio un helicóptero del Comando de Operaciones de Defensa Interna (CODI), transportando un equipo táctico.
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En el predio de la estancia, los militares lograron constatar la presencia de la aeronave incinerada, dos campamentos en los que se encontraron rastros de víveres incinerados, bidones de combustible vacíos y cargados, entre otro elementos. Se convocó al Ministerio Público y a la Secretaría Nacional Antidrogas (Senad).
“Desde el centro de control de Bolivia nos confirmaron que esa aeronave tenía plan boliviano de vuelo para trasladarse de una localidad, no así a territorio paraguayo. Consideramos que estaba haciendo un vuelo irregular”, dijo el general Julio Fullaondo, comandante de las Fuerzas Armadas, en Telefuturo.
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Operativo Escudo Guaraní: tucano interceptó avioneta ilegal y obligó al piloto a descender
En la zona del departamento de Concepción, la operación Escudo Guaraní, compuesta por aviones tucanos de la Fuerza Aérea Paraguaya, interceptó un vuelo ilegal y obligó al piloto a descender en una propiedad privada.
La fiscal de la zona, Carolina Quevedo, se trasladó en el sitio con una orden de allanamiento e ingresó a la propiedad y logró incautar varios elementos probatorios.
De acuerdo a los primeros reportes, Quevedo entró al predio donde fue obligada a aterrizar la avioneta ilegal e incautó bidones de combustible de aviación y un bidón con supuesta acetona, material para preparar droga.
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Del mismo modo, las autoridades lograron la detención de dos ciudadanos brasileños que estaban en dos vehículos y en cuyo interior se encontró gran cantidad de armas presumiblemente de gruesos calibres.
Gracias al trabajo de Inteligencia y a los aviones tucanos se pudo lograr la interceptación de la aeronave y obligar al piloto a descender en una propiedad donde ya están las autoridades realizando los primeros procedimientos de rigor.
La aeronave AT-27 Tucano realizó patrullaje aéreo en coordinación con el radar de la Prefectura Aeronáutica. El tucano interceptó la aeronave irregular y procedió a la fase de identificación, posteriormente se intentó establecer comunicación en múltiples ocasiones, sin obtener respuesta alguna.
Actualmente, las aeronaves A-29 Super Tucano y dos helicópteros UH-1H continúan sobrevolando el sector, realizando labores de búsqueda en coordinación con el equipo táctico de tierra del Codi.
La operación Escudo Guaraní sigue en curso, reafirmando el compromiso de las Fuerzas Armadas en la lucha contra el crimen organizado transnacional y las organizaciones terroristas internacionales.
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¿Quién suelta a “Juan Rojo” en la selva amazónica?
Juan Rojo es un viejo conocido de grandes terratenientes y pequeños ganaderos de la Amazonía brasileña. Es un amigo que les limpia el pasto, pero también un enemigo que destruye su tierra y los bosques, amenaza el futuro de su negocio y el de la mayor selva tropical del planeta. Juan Rojo es su nombre en la jerga local. Fuera se le conoce como el fuego.
La práctica está tan anclada en el modelo económico de la ganadería en la región que para muchos es muy difícil desistir, como constató la AFP al adentrarse en el municipio de Sao Félix do Xingú, tierra de vaqueros en el norte de Brasil. Las llamas arrasaron en 2024 casi 18 millones de hectáreas de la Amazonía brasileña, atizadas por una inédita sequía vinculada al cambio climático.
Eso hizo que la deforestación, que el gobierno de Lula prometió erradicar para 2030, creciera 4 % en la última medición de 12 meses hasta julio, un retroceso tras la caída de 30 % del año anterior. Por primera vez ardió más bosque tropical que pasto. Pero la mayoría de los incendios partió de tierras ganaderas y se propagó a través de la vegetación seca.
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Los ganaderos de Sao Félix lo vivieron de primera mano: el municipio registró el mayor número de focos de Brasil, más de 7.000. “El fuego es una forma barata de mantener el pasto. La mano de obra es cara, el pesticida es caro. Aquí no tenemos ningún financiamiento público”, explica bajo su sombrero de tela Antonio Carlos Batista, propietario de un rebaño de 900 cabezas.
Al realizarse en periodo seco, gasolina y una cerilla bastan. Cuando alguien va a prender fuego, dice, “¡Voy a contratar a Juan Rojo!”, afirma Batista, de 62 años. En Amazonía, hoy “el gran desafío es la deforestación por incendios”, dice a la AFP la ministra de Medio Ambiente de Brasil, Marina Silva. Para invertir la tendencia son necesarios más bomberos, más sanciones y sobre todo un cambio de cultura, explican quienes conocen el tema en Amazonia y Brasilia.
Tierra de vaqueros
Sao Félix se halla en el estado de Pará, en cuya capital, Belém, se celebrará en noviembre la COP30 de la ONU, la mayor reunión sobre cambio climático del mundo, y la primera en la Amazonía.
Del tamaño casi de Portugal y con solo 65.000 habitantes, este municipio posee el mayor rebaño bovino de Brasil, con 2,5 millones de cabezas, en parte para exportación.
Genera también el mayor número de emisiones de CO2 debido a la deforestación.
En 2019, tuvo un papel protagónico en el llamado “Día del fuego”, cuando terratenientes provocaron una ola de incendios de manera deliberada para apoyar las políticas climatoescépticas del entonces presidente Jair Bolsonaro, lo cual desató indignación internacional.
Sao Félix es tierra de vaqueros y haciendas, de grandes extensiones deforestadas que pueden seguirse por kilómetros a través de polvorientas carreteras.
Las principales propiedades tienen sus sedes directivas en lejanas ciudades como Sao Paulo.
Muchas se hacen discretas con apenas una cerca de madera, a veces sin un rótulo que las identifique.
Es el caso de la hacienda Bom Jardim, con 12.000 cabezas.
Recostado en una silla bajo el porche del establo, sombrero negro y gran hebilla plateada en la cintura, el capataz Gleyson Carvalho admite que usar fuego en la hacienda es cada vez más peligroso.
“Por un lado es bueno” porque permite renovar el suelo y que el pasto sea más nutritivo.
“Por otro, malo”. El año pasado, “lo devoró todo: faltó comida, el ganado adelgazó. Debimos batallar mucho para evitar que ningún animal muriera”, recuerda el joven capataz.
Según datos satelitales de la red de monitoreo Mapbiomas analizados por AFP, más de dos tercios de la hacienda ardieron. El fuego vino de fuera, asegura Carvalho.
La propiedad pertenece al exalcalde de Sao Félix Joao Cléber, multado reiteradamente por deforestación y otros delitos medioambientales.
Situada a orillas del río Xingú, linda con una aldea indígena kayapó, cuyas familias sufrieron las nubes de humo tóxico de los incendios.
“Hubo días en que no se podía ni respirar (...) Durante la noche era difícil dormir porque las sábanas, la cama, todo olía a humo”, recuerda Maria de Fatima Barbosa, profesora en la escuela.
Según un informe de Greenpeace de 2021, la hacienda vendía indirectamente ganado a los grandes frigoríficos brasileños Frigol y JBS, que a su vez exportan al extranjero parte de su carne, especialmente a China en el primer caso.
Impunidad
Al sobrevolar Sao Félix en periodo seco, es posible ver nubes de humo sobre rectángulos negros de pasto quemado.
“Es muy triste porque uno llega a una región donde es todo verde y viene el fuego y lo destruye todo”, explica Jose Juliao do Nascimento, un pequeño ganadero de 64 años, en el barrio rural de Casa de Tabua, al norte de Bom Jardim.
Llegó a la Amazonía desde el sur, como muchos compatriotas a partir de la década de 1960-1970, alentados por el régimen militar a derribar el bosque para explotar la tierra y enriquecerse.
“Una tierra sin hombres para hombres sin tierra”, rezaba el eslogan de la época.
El año pasado el fuego descontrolado llegó hasta su pastizal, así como las vacas despavoridas de otras propiedades que recorrieron kilómetros en busca de comida.
El frondoso bosque visible desde su casita de madera se calcinó.
Aunque el estado de Pará prohibió completamente los incendios de manutención del pasto para evitar una catástrofe mayor, Nascimento admite que es fácil zafarse.
“Todo el mundo tiene WhatsApp, teléfono. Cuando aparece un coche de policía o (del órgano de control medioambiental) Ibama, se avisa. Así, la persona, aunque esté trabajando con un tractor, puede esconder la máquina y huir”.
En la región, es difícil cruzarse con representantes de los poderes públicos.
Los funcionarios, llamados a poner multas o embargar tierras, reciben “amenazas”, dice a la AFP el presidente de Ibama, Rodrigo Agostinho.
¿La ley del más fuerte?
De su lado, los pequeños ganaderos se dicen atacados y denuncian una diferencia de trato con las grandes corporaciones.
“Aquí no tenemos derecho a nada”, deplora Dalmi Pereira, un pequeño productor de 51 años, vecino de Casa de Tabua.
“Cuando viene la policía, uno tiene que esconderse”. “Nos tratan de criminales de la Amazonía, responsables de los incendios, de la deforestación, pero nadie nos ayuda”.
Frente a ellos: Agro SB, un gigante agropecuario en la región.
La empresa compró la tierra en 2008 para instalar su complejo Lagoa do Triunfo, una hacienda del tamaño de una gran ciudad.
La propiedad, con seis multas medioambientales y ninguna pagada hasta ahora, registró más de 300 fuegos en 2024, según datos oficiales analizados por la AFP.
Ese mismo año recibió el sello “Más integridad verde” del ministerio de Agricultura y Pecuaria por “sus prácticas de responsabilidad social y sostenibilidad ambiental”.
“El tratamiento para Santa Barbara (Agro SB) es muy diferenciado. Ellos entran directo” en cualquier gobierno. “Nosotros nos quedamos en la puerta”, se exaspera Pereira.
Los ganaderos mantienen un pulso con la empresa por la tierra.
Instalados a principios de los 2000, los primeros reclaman su derecho de propiedad por usucapión (derecho a poseer la tierra tras su uso durante un lapso temporal).
Ellos son “invasores”, asegura en un mail enviado a la AFP Agro SB, perteneciente al grupo Opportunity.
Este grupo fue fundado por el banquero brasileño Daniel Dantas, condenado y luego absuelto por corrupción en un escándalo en el sector financiero.
La empresa afirma que todos los fuegos registrados en su hacienda “tienen origen en las zonas invadidas” y denuncia a los infractores.
Bomberos y buenas prácticas
En la Amazonía, las comunidades tradicionales y los pequeños productores utilizan el fuego de forma cultural. Pero son “sobre todo las grandes haciendas” que recurren a las llamas tanto para la deforestación como para renovar el pasto, sin olvidar a los mineros ilegales, asegura a la AFP Cristiane Mazzetti, coordinadora de bosques de Greenpeace Brasil.
El alcalde de Sao Félix, Fabrício Batista, destaca también que la mayoría de propiedades rurales no tiene reconocimiento legal.
“Lo primero que debemos hacer es documentar el pueblo”, dice a la AFP mientras asiste a una cabalgata de vaqueros.
“Un pueblo con documentos tendrá cuidado con su patrimonio, porque cuando no los tiene a veces comete ilegalidades”.
Batista es propietario de una hacienda y fue multado por deforestación en 2014. Recurrió y el monto fue cancelado.
Asegura que Sao Félix necesita más apoyo del gobierno federal para combatir los fuegos.
“Aquí no hay ni una sola brigada de bomberos. Cuando hay un incendio, ¿quién lo apaga? Necesitamos infraestructura”, dice.
Para Regino Soares, presidente de la asociación de pequeños productores Agricatu, se trata sobre todo de una cuestión de buenas prácticas, de “concientización”.
“Hay que encender el fuego en el momento adecuado, hacer cortafuegos” mediante el retiro de la vegetación seca alrededor del pasto, “avisarse entre vecinos cuando se va a quemar...”, enumera este ganadero, de 65 años.
El “suburbio”
La Amazonía atraviesa este año una tregua, puesto que desde enero los incendios suman el menor número desde 1998, cuando iniciaron los registros.
Ane Alencar, directora científica de la oenegé Instituto de Investigaciones Ambientales de la Amazonía, lo explica por una combinación de factores climáticos y humanos.
“La sequía se mantiene en algunos lugares, pero llovió más espaciado porque nos encontramos en un año neutro, en que la Amazonía no está bajo los efectos de los fenómenos climáticos del Niño ni la Niña”.
“También hubo un mayor control de las autoridades y un efecto trauma de algunos productores, que tuvieron más cuidado después de lo ocurrido en 2024”, dice esta experta.
Desde el regreso al gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva después de cuatro años de permisividad bajo Bolsonaro, el Estado intensifica su vigilancia, dice el presidente de Ibama, Rodrigo Agostinho.
Se movilizó un récord de 4.300 bomberos, 800 vehículos y 11 aeronaves, si bien estos recursos aún lucen insuficientes para proteger un territorio de cinco millones de km2.
Agostinho destaca también la dificultad de castigar a los infractores debido a que la legislación brasileña exige que se identifique la persona que prendió el fósforo.
“Hay que hacer una pericia, buscar una autoría, consultar imágenes satelitales”, explica a la AFP, y agrega que Ibama está logrando avances gracias a la inteligencia artificial.
Queda el desafío de cobrar las multas.
Greenpeace mostró en 2024 que cinco años después del “Día del Fuego”, la gran mayoría de las sanciones impuestas no había sido abonada.
Durante los dos primeros mandatos de Lula (2003-2010), las políticas de monitoreo y control permitieron una caída del 70 % de la deforestación en Amazonía.
“La solución siempre empieza por una buena política pública”, dice a la AFP el periodista y cineasta Joao Moreira Salles, autor del libro de investigación sobre la Amazonía “Arrabalde”.
Pero advierte de que toda medida pública necesita de apoyo popular. “Lo más importante no es que lo vea el mundo” durante la COP30, “sino que lo vean los brasileños. Porque ese es el problema, Brasil vive de espaldas a la Amazonía, es su suburbio”.
Fuente: AFP.
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Fiscalía verificará misteriosa caja fuerte que transportaba avión incautado en Quyquyhó
El fiscal Óscar Fernández dio detalles de las investigaciones en torno a la avioneta incautada el día de ayer sábado en la ciudad de Quyquyhó y la misteriosa caja fuerte que transportaba. Llamó la atención las versiones dadas por los pilotos que alegaron que fueron secuestrados.
“Se comunica a las Fiscalía aproximadamente a las 17:00 horas y posteriormente nos constituimos en el lugar a los efectos de verificar el hecho. Y encontramos una avioneta en una compañía de Quyquyhó y estaban dos pilotos que manifestaron que salieron el aeropuerto Silvio Pettirossi con destino a Canindeyú, donde tenían que encontrarse con algunas personas. Al aterrizar ellos manifiestan que fueron secuestrados”, señaló a las 1080 AM.
Dijo que los pilotos declararon que fueron obligados a dirigirse hacia Bolivia, pero cuando indicaron a los secuestradores que no podrían llegar, tuvieron que hacer un aterrizaje en la ciudad de Quyquyhó.
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“Supuestamente ellos fueron maniatados, fueron llevados a una zona boscosa. Y a través de informaciones que pudieron brindar los vecinos, los policías se apersonaron y estas personas que tenían tono brasileño, huyeron. Y dejaron varias evidencias”, manifestó.
El agente afirmó que encontró “inconsistencias en la declaración de los pilotos”, por lo que se ordenó la detención, así como la incautación del avión y la caja fuerte. “Vamos a ver si en el trascurso de mañana podemos conseguir la autorización judicial a los efectos de verificar cuál es el contenido de la caja fuerte”, puntualizó.
El fiscal comentó que los pilotos mencionaron que se manejaban por intermediarios. “Hay unas empresas que fueron contratadas a los efectos de transportar esta caja fuerte. Pero ellos no sabían quiénes eran las personas, todo se manejó por intermediarios. Cuando fueron al lugar tampoco sabían quiénes eran las personas que tenían que recibir y ahí supuestamente fueron secuestrados. Ese es el testimonio de los pilotos”, acotó.