Un afgano herido es trasladado a un hospital tras el terremoto en Herat el 15 de octubre de 2023. Un terremoto de magnitud 6,3 sacudió el oeste de Afganistán el 15 de octubre, matando a una persona e hiriendo a decenas más en la misma región donde más de 1.000 personas murieron en los temblores la semana pasada. Foto: AFP.
Un sismo de magnitud 6,3 sacudió la madrugada del domingo la ciudad de Herat, en el noroeste de Afganistánprovocando al menos un muerto y decenas de heridos en esa región golpeada a comienzos de mes por otros dos terremotos que dejaron un millar de fallecidos.
El movimiento telúrico se produjo a las 03H36 GMT, a 33 kilómetros de Herat, en la provincia occidental del mismo nombre, indicó el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS). Dos réplicas menos intensas se produjeron después. Abdul Qadeem Mohammadi, jefe del hospital regional de Herat, afirmó que habían registrado hasta el momento un muerto y 93 heridos.
Las autoridades encargadas de la gestión de catástrofes indicaron que todavía estaban evaluando la magnitud de la destrucción más cercana al epicentro. Según un periodista de AFP en Herat, la mayoría de los habitantes siguen durmiendo a la intemperie una semana después del mortífero terremoto, por temor a que se produzcan nuevos seísmos, aunque algunos volvieron a sus casas.
“Los habitantes de Herat están aterrorizados y asustados”, explica un comerciante de 27 años, Hamid Nizami, que agradeció que el sismo sucediera durante el día mientras la gente estaba despierta. El 7 de octubre, un terremoto de magnitud 6,3 y ocho potentes réplicas sacudieron la zona, derribando hileras de casas rurales e hiriendo también a cientos de personas.
El gobierno talibán estimó en más de un millar los muertos, mientras que la Organización Mundial de la Salud (OMS) indicó el sábado que la cifra rondaba los 1.400 fallecidos por el terremoto. Desde los temblores, miles de personas en la provincia pernoctan en automóviles, jardines o tiendas de campaña, ya que sus viviendas se han convertido en polvo.
“Muchos de nuestros compatriotas no tienen dónde vivir y las noches son muy frías”, contó Nizami. Cuatro días más tarde, con miles de residentes aterrorizados sin refugio y voluntarios en busca de supervivientes, otro temblor de la misma intensidad mató a una persona e hirió a otras 130.
Más del 90% de los fallecidos en los terremotos eran mujeres y niños, informó Unicef el miércoles. Las Naciones Unidas dijeron que más de 20.000 personas se habían visto afectadas por la emergencia. Al menos seis ciudades rurales del distrito de Zenda Jan fueron derruidas completamente.
Necesidad de refugios
Afganistán sufre ya una grave crisis humanitaria, con la retirada generalizada de la ayuda extranjera tras la vuelta de los talibanes al poder en 2021. Proporcionar refugios antes de la llegada del invierno será uno de los grandes desafíos de las autoridades talibanesas, que tomaron el poder en agosto de 2021 y mantienen relaciones tensas con las organizaciones de ayuda internacional.
Afganistán sufre frecuentes terremotos, sobre todo en la cordillera del Hindú Kush, cerca del punto de unión entre las placas tectónicas de Eurasia y la India. En junio de 2022, un terremoto de magnitud 5,9 dejó más de mil muertos y decenas de miles de personas sin hogar en la provincia de Paktika (sudeste).
Eliana García, de 19 años, y su bebé Gael Jesús, en un refugio en la Escuela Bolivariana 10 de Marzo en Maiquetía, estado de La Guaira, el 7 de julio de 2026. Foto: Paula Ramón/AFP
Gael Jesús, el bebé que nació en plena tragedia sísmica en Venezuela
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Los médicos le habían dicho a Eliana García que su primer hijo tendría que nacer por cesárea. Pero cuando las contracciones se adelantaron mientras se resguardaba junto a su familia del violento doble sismo que sacudió Venezuela, no le quedó más remedio que parir. García, embarazada de 38 semanas, corrió a un campo de béisbol la tarde del 24 de junio, cuando dos potentes terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 golpearon el estado La Guaira, en la costa venezolana.
Allí buscaron refugio junto a decenas de personas que evitaban las calles bordeadas de edificios que se desplomaban como un pesado dominó, cuando la joven de 19 años sintió un líquido escurriéndole entre sus piernas. Los médicos le habían dicho a la madre primeriza que no podía parir de forma natural por tener la pelvis estrecha. Una cesárea estaba programada para una semana después, pero comenzaron las contracciones.
“Sentía como ganas de hacer pipí. Pero pujaba y pujaba y como no salía nada entendí que el bebé venía”, dice García a la AFP en un refugio. La acostaron sobre la única sábana que lograron sacar en medio de la estampida, en un reflejo de protección por su avanzado embarazo.
Era la madrugada del 25 de junio. A oscuras y descalza, su cuñada Julia Di Giuseppe fue en busca de ayuda. A su alrededor, la ciudad costera que en otras circunstancias habría seguido las celebraciones de San Juan, era un hervidero de gritos, llantos, socorristas escalando las ruinas para auxiliar a personas atrapadas en edificios y motos zigzagueando entre los escombros.
Sin agua ni luz
Nadie atendió las súplicas de Di Giuseppe, quien regresó al campo de béisbol justo para escuchar que su cuñada estaba dando a luz. “Ahí le rogué a una paramédica que estaba buscando a sus familiares entre las ruinas, y ella, pues, se puso a ayudar”, cuenta la mujer de 37 años. Sin agua ni guantes, y apenas con alcohol en gel, la paramédica asistió el parto alumbrada por las linternas de los teléfonos que aún tenían batería.
García, rodeada por decenas de personas que olvidaron por unos segundos sus dramas personales, comenzó a pujar... entre las réplicas del doble sismo. El bebé, varón para sorpresa de la familia que esperaba una niña, nació pero no lloró. Una salva de aplausos lo habría hecho llorar, o al menos así lo recuerda Di Giuseppe.
“Ahí no teníamos cómo cortar el cordón, y la gente comenzó a quitarse las colitas del cabello y lo amarramos en dos extremos, con mucho alcohol” para cortarlo con unas tijeritas de uñas. García no recuerda nada más a partir de entonces. Sus familiares la cargaron como pudieron, primero en brazos, luego en una carreta motorizada, y finalmente en una ambulancia que la dejó en un hospital público.
Desbordados por los heridos de los terremotos, los médicos la atendieron, pero no había vacunas para inmunizar al bebé. Toda la familia fue reubicada en un colegio público que sirve como refugio en La Guaira, la región costera más golpeada por el doble sismo que ya acumula más de 3.600 muertos, según cifras oficiales. Di Giuseppe rompe en llanto al ver al bebé mientras su madre lo amamanta: “Lo salvamos a él, pero perdimos a nuestras dos sobrinas”.
Las niñas, de 14 y 11 años, fueron encontradas entre los escombros del edificio popular en el que vivían. Desfiguradas por toneladas de concreto, su padre las reconoció apenas por la pulsera plateada que la mayor llevaba en el brazo. La madre de las pequeñas, que es hermana de García, y un sobrino están desaparecidos, algo que no da paz a la familia.
Eliana García ya había decidido el nombre de la que creía sería su primogénita. Aunque si los pronósticos fallaban y nacía varón, pensaba llamarlo Daniel Eduardo. “Pero mi hermana siempre me decía que le pusiera Gael”, solloza la joven. “Así que por ella decidí llamarlo Gael Jesús. Es mi forma de tenerla aquí”.
El ingeniero Elías Chayeb (izquierda) y su hijo, el ingeniero Elías Eduardo Chayeb, en Catia La Mar, estado La Guaira, el 6 de julio de 2026. Foto: Juan Barreto/AFP
Venezuela: el modesto edificio de tres pisos frente al mar que resistió a los terremotos
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En una manzana hecha ruinas, un modesto edificio de tres pisos sigue en pie. El ingeniero que ayudó a construirlo lloró de alegría al ver que resistió los dos violentos terremotos que dejaron más de 3.500 muertos en Venezuela. El estado La Guaira, un popular balneario con costas celestes y atardeceres de ensueño ubicado a unos 40 km de Caracas, es el más golpeado por la furia del doble sismo de magnitud 7,2 y 7,5 el 24 de junio.
Construcciones quedaron hechas añicos en una tragedia tras la que miles de sobrevivientes viven en la calle o en precarios e improvisados albergues. Cerca del aeropuerto internacional de Maiquetía, las residencias Puerto Viejo están rodeadas de montañas de escombros. “Venía por todo el camino viendo destrucción, cuando vi este en pie, le di gracias a Dios”, confiesa Elías Eduardo Chayeb, ingeniero de 37 años, quien ayudó en la construcción del edificio junto a su padre Elías Chayeb, de 86 años.
El edificio tiene tres pisos y seis apartamentos. Sus ventanales, escaleras y columnas están intactos. “La altura tuvo que ver aquí, esos ‘metricos’ de más o de menos nos cambiaron la vida”, dice por su parte el arquitecto estructurista con más de seis décadas de experiencia. Aunque algunas paredes se resquebrajaron, sus bases siguen firmes y nadie sufrió lesiones. “El edificio pasa el examen”, indica aliviado el veterano arquitecto, con 400 obras con su firma.
Durante sus años activo, Chayeb dice que se negó a construir edificios muy altos porque no son aptos para suelos como el de La Guaira. El estado costero sufrió en 1999 uno de los peores deslaves de su historia con miles de víctimas. Encumbrados edificios residenciales y hoteles cayeron en segundos mientras grietas irregulares abrieron la tierra. La mayoría sucumbió sin que sus ocupantes tuvieran oportunidad de escapar, un síntoma que refleja negligencia en varias de estas construcciones, consideran los expertos.
En teoría, deberían agrietarse para liberar la energía durante un sismo sin colapsar, para dar tiempo a evacuaciones, según Elías Eduardo.
Riesgo “tácito” de terremotos
En el litoral de La Guaira los terrenos en su mayoría son inestables. El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) estimó que el doble sismo se originó en un sistema de fallas geológicas que se “extendió hacia el este hasta Caracas y La Guaira”.
“Esa falla no la quita nadie”, advierte Elías padre. Por ello, todo cambió, “inclusive hay que revisar por completo la zonificación”, recomienda el arquitecto estructurista.
Afirma que llegó a recibir ofertas de proyectos que implicaban edificaciones superiores a los seis pisos, pero las rechazó por el riesgo “tácito” de terremotos como el ocurrido en 1967 que impactó a Caracas con fuerza.
“Muchos de los edificios que me plantearon y rechacé se vinieron al suelo”, dice, al señalar una colina con vista al mar Caribe donde edificios de más de 10 pisos se desplomaron.
Tal fue la magnitud de los terremotos que el lecho marino, superficie terrestre bajo los océanos, cambió en La Guaira. De ahora en adelante “hay que tomar decisiones con esas variables”, advierte Elías Eduardo al tomar el testigo de su padre.
Ingrid Palacios, de 61 años, salió ilesa junto a sus vecinos y familia de las residencias Puerto Viejo, construido por los Chayeb. “Este edificio aguantó la pela (golpes), si ven en los alrededores los demás no lo aguantaron”, dice.
La Guaira, como la conocía, “desapareció”. “Ahora va a ser una nueva Guaira, ahora van a ser edificios de tres pisos, ‘chalecitos’, cosas muy pequeñas, ya no van a ser edificios de ocho pisos, once pisos, quince pisos”, espera.
Un rescatista descansa junto a su equipo en Caraballeda, estado de La Guaira, Venezuela, el 7 de julio de 2026, tras los terremotos del 24 de junio. Foto: AFP
Sube a 3.685 la cifra de muertos por el doble sismo en Venezuela
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El potente doble sismo que golpeó Venezuela el 24 de junio deja al menos 3.685 muertos y casi 17.000 heridos, informó el martes el gobierno venezolano en su más reciente parte oficial.
Los terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 impactaron con fuerza el costero estado de La Guaira, considerado la zona cero del desastre con decenas de edificios colapsados y miles de personas sin hogar.
El anterior balance del lunes daba cuenta de 3.535 muertos y 16.740 heridos, cifra que se mantuvo.
Venezuela subió el balance a 3.535 muertos y 16.740 heridos por terremotos
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El número de muertos por el doble terremoto que azotó Venezuela el 24 de junio subió el lunes a 3.535, mientras que el de heridos se mantuvo en 16.740, informó el gobierno venezolano en un comunicado. Las autoridades evitan hablar de desaparecidos, pero las Naciones Unidas estiman que el número podría llegar a 50.000, aunque algunas proyecciones apuntan a una cifra cercana a los 10.000.
En la Guaira, estado vecino de Caracas y el más afectado por los sismos, sigue la búsqueda de cuerpos con la esperanza de darles un entierro digno. El domingo, las autoridades comenzaron a enterrar fallecidos no identificados. Más de 150 víctimas sin identificar fueron sepultadas en el cementerio La Esperanza, en el municipio de Catia La Mar, constataron periodistas de AFP.
Las hileras de tumbas se extienden en la tierra seca de una zona apartada del cementerio. Los rectángulos son delimitados con piedras blancas. En cada tumba hay un pequeño ramo de flores al pie de una cruz blanca, con una placa que lleva la inscripción “Identificación especial” y la fecha del fallecimiento, 24 de junio de 2026.
Esta vista aérea muestra las parcelas que contienen los ataúdes de las víctimas de los terremotos del 24 de junio, en el cementerio La Esperanza de Carayaca, estado La Guaira, al noreste de Caracas, el 6 de julio de 2026. Los dos terremotos que azotaron Venezuela el 24 de junio cobraron la vida de al menos 3.535 personas, según informó el gobierno venezolano el 6 de julio. Foto: Miguel Medina/AFP
Búsqueda de desaparecidos se intensifica
Los equipos de rescatistas internacionales están empacando y las retroexcavadoras retiran los escombros que dejó el doble terremoto en Venezuela. Sin embargo, para Raúl Alvarado la búsqueda continúa. Observa a los voluntarios rebuscar en su edificio de 12 pisos, esperando encontrar a su madre, su padre y su hermano mayor.
Su departamento estaba en el tercer piso del edificio OPP 26 en Caraballeda, en uno de los distritos más afectados por los sismos, pero ahora se encuentra a la altura de los ojos, sepultado bajo montones de losas de concreto aplastadas y retorcidas. Desde el 24 de junio, cuando ocurrió el desastre, se contabilizan más de 3.500 muertos, y familias como la de Alvarado están en una carrera contra el tiempo para encontrar a sus seres queridos. Decenas de miles de personas aún figuran como desaparecidas. Doce días después de los sismos, el tiempo se acaba.
Máquinas limpian zonas del complejo OPP, un multifamiliar de personas de bajos recursos. Hacen remecer las ruinas, mientras los voluntarios y familiares intentan excavar en busca de los cuerpos enterrados. “Estaban juntos los tres, abrazados”, dijo Alvarado al recordar el último momento en que vio a su familia.
Él logró salir de los escombros porque estaba en otra habitación. “Este edificio estaba lleno. Mi vecino tiene cinco nietos, todos quedaron atrapados ahí”. Apresados entre capas de los pisos quedaron un horno de microondas, colchones, cajas de cerveza como únicas señales de la vida anterior que hubo en ese edificio. Cerca, una gran excavadora hunde su pala en las ruinas de otro edificio.
La ONU estimó que unas 50.000 personas podrían haber desaparecido por lo que se considera uno de los peores terremotos ocurridos en América Latina. El gobierno evita hablar de eso. Pero el complejo OPP es solo uno entre los cerca de 200 edificios destruidos o colapsados con los sismos de magnitud 7,2 y 7,5. La mayoría de estas edificaciones están en la costa de La Guaira, la más golpeada por los temblores.
Alrededor del edificio de Alvarado todo es destrucción. Algunos bloques de departamentos quedaron sin fachadas. Otros se derrumbaron, con las losas de los pisos pegadas unas a otras. Otros simplemente han desaparecido entre los escombros. Docenas de familias de desaparecidos esperan en la cima de montañas de escombros de los edificios que una vez se erigieron ahí.
Voluntarios y bomberos cavan pequeños túneles a través de los pisos de concreto para llegar a los departamentos más bajos. Algunos se sientan bajo refugios improvisados; otros utilizan picos y taladros que funcionan con generadores. Dentro de uno de los hoyos yace atrapado el cuerpo de una niña cubierto de cal. Alny Pacheco, una voluntaria trabaja en uno de los túneles, dice que desde el día de los terremotos han recuperado 12 fallecidos. Ayer lunes su equipo encontró otro cuerpo. “Hoy vamos por el primero”, señala.
Los rescatistas buscan cuerpos en el lugar del derrumbe de un edificio en Catia La Mar, estado de La Guaira, Venezuela, el 6 de julio de 2026, tras los fuertes terremotos que azotaron la región. Los dos sismos que sacudieron Venezuela el 24 de junio dejaron al menos 3.535 muertos, según informó el gobierno venezolano el 6 de julio. Foto: Martin Bernetti/AFP
Páginas web de desaparecidos
Después de los temblores, aparecieron registros en internet para ayudar a encontrar a los desaparecidos. Uno es “Desaparecidos terremoto Venezuela” con más de 31.400 nombres de personas no localizadas. Otro es “Venezuela te busca” que ha registrado 25.000 localizados y 18.200 sin encontrar. “El alto número de personas reportadas como desaparecidas en las plataformas en línea sigue siendo horrible”, dijo a AFP Jens Laerke, portavoz adjunto de la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU (OCHA).
“Eso no significa que todos estén bajo los escombros, pero ilustra la magnitud del desastre que enfrentan las familias”. El presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, dijo que las imágenes tomadas por drones, los registros y los testimonios de los familiares indicaron que había unas 30.000 personas en La Guaira. Según él, alrededor de 19.800 lograron escapar o fueron rescatadas.
El profesor Katsu Goda, del departamento de ciencias de la tierra de la Western University, en Canadá, señaló que la combinación de este inusual terremoto doble y la posible vulnerabilidad de los materiales de concreto de las construcciones podrían haber contribuido al elevado número de desaparecidos.
El primer sismo pudo debilitar muchas estructuras, mientras la segunda sacudida probablemente causó colapsos adicionales antes de que la gente pudiera escapar. Como resultado, el daño fue amplificado, dijo a AFP. “Cuando los edificios construidos de concreto se derrumban, a menudo generan enormes volúmenes de escombros densos que son extremadamente difíciles y peligrosos de rastrear”, dijo.
“En algunos casos, los derrumbes progresivos o en ‘capa por capa’ pueden atrapar a los ocupantes entre capas comprimidas de escombros, lo que hace que las operaciones de rescate y la identificación de las víctimas sean particularmente difíciles”. Daniela Álvarez busca a su hermana, sus sobrinas y su cuñado en un bloque del OPP. “Quieren demoler, pero ellos están acá abajo porque estaban en el piso 7. No queremos que saquen la máquina. Porque van a salir a demoler sin saber si hay gente abajo”, señala. “Nuestros familiares van aquedar en pedazos”, dice Álvarez.