El Ministerio de Defensa taiwanés afirmó que detectó 28 aviones de guerra chinos cerca de la isla, muchos de los cuales cruzaron el domingo la línea media del estrecho de Taiwán, que separa la isla del continente, en misiones no especificadas de “largo alcance”.
Taiwán vive bajo la amenaza constante de una invasión de China, que considera a la isla como una provincia que todavía no logró reunificar con el resto de su territorio desde el final de la guerra civil china en 1949. El Ministerio de Defensa de Taiwán aseguró que 20 de los aviones detectados desde el domingo por la mañana cruzaron la línea media del estrecho y entraron en la zona de identificación de defensa aérea del sureste y suroeste de la isla.
China estaba llevando a cabo “misiones como ejercicios y entrenamientos de largo alcance”, señaló la dependencia en un comunicado, en el que añadió que vigilaba la situación con aeronaves y barcos patrulleros.
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Taipéi denunció la semana pasada un aumento del número de incursiones de aviones militares y barcos chinos, después de que Pekín dijera que sus tropas estaban en “alerta máxima” tras el paso este mes por el estrecho de Taiwán de dos barcos pertenecientes a Estados Unidos y Canadá. Entre el miércoles y el jueves por la mañana se detectaron 68 aviones y 10 buques de guerra chinos alrededor de la isla, según el Ministerio de Defensa taiwanés.
Algunas de esas aeronaves y buques de guerra se dirigían a una zona no especificada del Pacífico occidental para “realizar entrenamientos conjuntos marítimos y aéreos” con el portaviones chino “Shandong”, según el ministerio. China no ha hecho comentarios oficiales sobre los ejercicios que se están llevando a cabo en el Pacífico occidental.
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Fuente: AFP
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Inversión de Nvidia en Taiwán crece a USD 150.000 millones al año
Nvidia aumentará su inversión en Taiwán a 150.000 millones de dólares al año, anunció este miércoles el director ejecutivo del gigante estadounidense de los semiconductores, quien describió a la isla como el “epicentro de la revolución de la IA”. Jensen Huang, jefe de esta empresa considerada la más valiosa del mundo, dijo que “Taiwán está en pleno auge” y que la inversión de Nvidia “impulsará un ecosistema increíble aquí”.
Taiwán es una potencia en la fabricación de microchips utilizados para entrenar e impulsar sistemas de inteligencia artificial, y es la sede de los gigantes de la producción de chips TSMC y Foxconn. “Hace cuatro años, hace cinco años, Nvidia gastaba alrededor de 10.000 o 15.000 millones de dólares al año en Taiwán”, dijo Huang en Taipéi, donde la empresa está construyendo una nueva oficina.
“Ahora, estamos gastando entre 100.000 y 150.000 millones de dólares al año en Taiwán”, señaló. La economía de Taiwán se disparó el año pasado gracias al aumento vertiginoso de las exportaciones de hardware de IA, un sector que está en auge en todo el mundo.
El dominio de esta isla democrática en la industria de los chips ha sido apodado por años como el “Escudo de silicio”, que incentiva que países como Estados Unidos la protejan de una invasión o bloqueo por parte de China, potencia que la reclama como parte de su territorio. Huang se encuentra en Taipéi antes de la principal feria tecnológica de la isla, Computex, que se celebra la próxima semana.
Fuente: AFP.
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Taiwán, la isla sin voz
DESDE MI MUNDO
- Por Mariano Nin
- Columnista
- marianonin@gmail.com
Hace unos años, en una madrugada húmeda de Taipéi, terminé sentado en una pequeña casa de té al costado de una estación de metro.
Afuera llovía suave.
Yo estaba cansado. Venía de caminar todo el día grabando imágenes y entrevistando gente. En una mesa cercana, un anciano tomaba sopa mientras miraba las noticias en una vieja televisión colgada en la pared. No entendía una sola palabra del idioma, pero sí entendí una imagen: hospitales, médicos, pantallas gigantes, gráficos, tecnología.
La mujer que atendía el local, una señora de sonrisa tímida, me preguntó de dónde era. Cuando le dije “Paraguay”, abrió grande los ojos y respondió en un inglés entrecortado: “Taiwán ama Paraguay”.
Sonreí.
Después me mostró orgullosa en su celular cómo funcionaba el sistema de salud de su país. Sacó una tarjeta sanitaria digital, habló de consultas a distancia, de inteligencia artificial detectando enfermedades, de médicos conectados entre ciudades y montañas.
Pero en un momento bajó la voz. “El mundo usa muchas cosas de Taiwán… pero a veces hace como si no existiéramos”. Esa frase me quedó dando vueltas en la cabeza porque era verdad.
Vivimos en un planeta donde millones usan teléfonos, computadoras y tecnologías creadas gracias al talento taiwanés. Un país pequeño, ordenado, moderno, con una de las democracias más avanzadas de Asia y uno de los sistemas sanitarios más eficientes del mundo.
Hoy, gracias al crecimiento exponencial de la inteligencia artificial y a la enorme demanda global de semiconductores, la bolsa de valores de Taiwán ya superó a la de India y se convirtió en la quinta más grande del mundo.
Una pequeña isla que fabrica gran parte del cerebro tecnológico del planeta… pero que todavía sigue siendo invisibilizada en muchos espacios internacionales.
“Y aun así, Taiwán lleva diez años fuera de la Asamblea Mundial de la Salud.”
Diez años.
Mientras el planeta habla de cooperación, inclusión y derechos universales, 23 millones de personas siguen siendo excluidas por presión política. Y lo más absurdo es que Taiwán no pide privilegios. Pide participar. Compartir experiencia. Ayudar.
Durante la pandemia muchos países aprendieron tarde lo que Taiwán ya sabía desde hace tiempo: la tecnología salva vidas cuando se usa con inteligencia y humanidad.
Ellos entendieron antes que otros que el futuro de la medicina también pasa por la inteligencia artificial, el big data y la conectividad. Hoy tienen hospitales inteligentes admirados por el mundo entero, sistemas digitales que llegan hasta zonas rurales y plataformas médicas que varios países quisieran imitar.
Sin embargo, hay silencios diplomáticos que pesan más que la evidencia. A veces la política internacional se parece demasiado a un recreo de colegio: algunos deciden quién puede sentarse en la mesa… y quién debe quedarse afuera aunque tenga algo importante que decir.
“Aquella noche en Taipéi terminé mi té mirando la lluvia detrás del vidrio empañado”.
Y pensé: qué extraño es este mundo.
Los países que sostienen gran parte del futuro tecnológico del planeta todavía tienen que pedir permiso para ser escuchados y el mundo debería prestar atención…
Pero esa… es otra historia.
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Paraguay en la era IA: “El acuerdo con Taiwán tendrá un impacto mayor a lo que fue Itaipú”
“Nuestra visión como gobierno es que este acuerdo tendrá un impacto mayor a lo que fue Itaipú en su momento", manifestó el titular del Ministerio de Tecnologías de la Información y Comunicación (Mitic), Gustavo Villate, en torno a la iniciativa de convertir al Paraguay en un centro regional de desarrollo tecnológico vinculado a la inteligencia artificial y la infraestructura digital.
“Esa es la visión que tenemos nosotros y la que tenemos que instalar en la ciudadanía, porque esto no funcionará si no tenemos su respaldo. Este es un proyecto que debe ser empujado entre todos. Decimos que esto será mayor a lo que fue Itaipú porque en este caso en particular, el impacto que está teniendo la inteligencia artificial a nivel mundial en todas las áreas, en todos los trabajos es demasiado grande", afirmó durante el programa “Fuego cruzado” de canal GEN/Nación Media.
El alto funcionario de Estado acotó: “Es ahí donde nosotros tenemos que ver si como Paraguay vamos a ser consumidores de eso (inteligencia artificial) o vamos a ser productores y hacedores. Como país tenemos la posibilidad de no ser simplemente consumidores, sino ser hacedores".
El proyecto que será ejecutado mediante una alianza con Taiwán apunta a la creación de una entidad que será financiada en partes iguales por ambos países y será la única en el mundo que cuente con la participación de una hidroeléctrica.
“Yo creo que hoy no dimensionamos todavía el impacto que va a tener este acuerdo y que probablemente no se vea hasta que en los próximos gobiernos se concrete la fase 2 y 3. Esto no solo tendrá un impacto económico, en términos de negocios o en la geopolítica, sino que generará un impacto real en la vida de los ciudadanos”, remarcó Villate.
El desarrollo del centro de inteligencia artificial se estructurará en tres fases escalonadas y tendrá como finalidad posicionar al país como destino en lo que se refiere a inversiones tecnológicas de alto valor agregado, mediante las ventajas competitivas en materia energética, estabilidad macroeconómica y apertura internacional, dando un paso clave a una economía basada en tecnología, procesamiento de datos e innovación avanzada.
En la primera fase se instalará un centro de datos de 10 megavatios mientras que en la segunda fase se apunta a un enfoque regional con una capacidad de 100 megavatios. En la tercera fase se proyecta alcanzar una capacidad operativa de 1.000 megavatios.
“Económicamente no hay forma de decir que este proyecto no se debe hacer. La pregunta acá es, ¿vamos nosotros realmente a potenciar el país, nuestras industrias, el empleo y el producto interno bruto? Ese es el desafío que tenemos y la apuesta va por ahí“. .
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Lo mandaron “bien a la China”… y terminó rumbo a la Luna
China lanza este domingo su misión Shenzhou-23 en la que un astronauta permanecerá por primera vez en el espacio durante un año, una etapa crucial en su ambición de enviar humanos a la Luna de ahora a 2030.
Gracias a inversiones masivas, el gigante asiático ha desarrollado enormemente su programa espacial y compite ahora con Estados Unidos y su programa Artemis para volver a pisar el satélite terrestre.
El inicio de la misión está previsto a las 23:08 (15:08 GMT), cuando el cohete lanzadera Larga Marcha 2F despegará desde el centro de Jiuquan, situado en el desierto del Gobi, en el noroeste del país.
El cohete impulsará la nave Shenzhou y a sus tres tripulantes hacia la estación espacial Tiangong (“Palacio Celestial”, en chino), donde uno de ellos debe quedarse un año entero.
Esta experiencia permitirá estudiar los efectos de una larga estancia en microgravedad, indispensable para eventuales futuras misiones lunares o incluso en Marte.
La misión marcará también el primer vuelo espacial realizado por un astronauta originario de Hong Kong: Li Jiaying, de 43 años, que antes trabajaba para la policía de ese territorio semiautónomo chino.
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Los otros miembros de la tripulación son el comandante Zhu Yangzhu, un ingeniero espacial de 39 años, y Zhang Zhiyuan, un expiloto de la fuerza aérea, también de 39 años, que viajará por primera vez al espacio.
Además de la estancia orbital de un año, los tripulantes realizarán numerosos experimentos vinculados a las ciencias de la vida, las ciencias de materiales, la física de fluidos y la medicina.
Grandes desafíos
La selección del astronauta encargado de permanecer un año en órbita se producirá más tarde, en función de la evolución de la misión Shenzhou-23, indicó el sábado un funcionario de la agencia espacial china a cargo de los vuelos tripulados (CMSA).
Los “principales desafíos” serán “los efectos sobre el ser humano”: “pérdida de densidad ósea, atrofia muscular, exposición a las radiaciones, alteraciones del sueño, fatiga conductual y psicológica”, explica a la AFP Richard de Grijs, astrofísico y profesor en la Escuela de Ciencias Matemáticas y Físicas de la Universidad Macquarie, en Australia.
También subraya la importancia de la fiabilidad de los sistemas de reciclaje de agua y aire, así como de la capacidad para gestionar posibles emergencias médicas lejos de la Tierra.
“China se ha vuelto muy competente en estos ámbitos, pero la duración es importante. Un año en órbita sitúa al material y a los seres humanos en un régimen operativo diferente al de las misiones Shenzhou más cortas”, recalca De Grijs.
Hasta ahora, las tripulaciones permanecían seis meses en la estación Tiangong antes de ser reemplazadas.
Nave de ensueño
China está todavía en la fase de desarrollar y probar los equipos necesarios para mandar astronautas a la Luna en esta década.
Para este año está previsto el vuelo de prueba en órbita de la nave Mengzhou (“Nave de ensueño”), que sustituirá a las Shenzhou para las misiones tripuladas a la Luna.
Pekín espera haber construido de aquí a 2035 el primer segmento de una base científica habitada en el satélite terrestre, llamada Estación Internacional de Investigación Lunar (ILRS).
El gigante asiático ha inyectado miles de millones de dólares en los últimos treinta años para poner su programa espacial al nivel de los de Estados Unidos, Rusia o Europa.
Sus avances han sido particularmente visibles en la última década.
China posó en 2019 una sonda espacial en la cara oculta del astro lunar, un logro inédito a escala mundial, y en 2021 hizo aterrizar un pequeño robot en Marte.
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China está formalmente excluida de la Estación Espacial Internacional (EEI) desde 2011, año en que Estados Unidos prohibió a su agencia espacial, la NASA, colaborar con Pekín.
Esto empujó al gigante asiático a desarrollar su propio proyecto de estación espacial.
Fuente: AFP