Fotos de detenidos desaparecidos en los jardines del Palacio de La Moneda por el Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas. Foto: AFP
Chile: la búsqueda sin consuelo de las madres de los desaparecidos
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En un pequeño bote alquilado, Luz Encina, de 94 años, lleva un puñado de flores rojas. En el mar cree que puede estar su hijo, uno de los miles de desparecidos por la dictadura de Augusto Pinochet en Chile. Desde hace tres décadas, la mujer -hoy físicamente disminuida por la edad y que depende de su familia para trasladarse- viaja unos 110 kilómetros desde Santiago hasta el puerto de San Antonio, en Valparaíso, para cumplir con su ritual de agosto: arrojar claveles al mar con el deseo de que Mauricio “esté bien donde esté”.
“Los militares dijeron que tiraron varias personas al mar y ahí podría estar mi hijo”, señala Encina, una de las pocas madres aún con vida de detenidos desaparecidos. El 5 de agosto de 1974, Mauricio Jorquera cumplió 19 años. Fue la última vez que Encina vio a su hijo, un universitario militante de izquierda.
Jorquera fue capturado por la policía política de Pinochet. Su madre lo buscó sin éxito en los centros adonde eran llevados y torturados los detenidos. Ni los militares ni la justicia le dieron respuesta. Encina, con la foto de Mauricio adherida al pecho, presiente que su hijo fue arrojado al mar, quizá desde uno de los “vuelos de la muerte” organizados por el ejército para hacer desaparecer los cuerpos de los prisioneros detenidos.
El miércoles, el Estado chileno se comprometió por primera vez a asumir la búsqueda de poco más de un millar de detenidos desaparecidos, a través de un plan lanzando por el presidente Gabriel Boric en vísperas de los 50 años del golpe militar que instaló la dictadura de Pinochet (1973-1990) por casi dos décadas.
Durante décadas, la búsqueda de los desaparecidos corrió a cargo casi exclusivamente de las familias, apenas hallando los restos de 307. Todavía se desconoce el paradero de otras 1.162 víctimas. Encina fue una de las invitadas al acto que encabezó Boric. Aun con pocas esperanzas, cree que podrá recibir alguna noticia sobre su hijo.
“Tengo mucha fe, yo creo que todo va a salir bien”, señaló la mujer a la AFP tras el lanzamiento del Plan Nacional de Búsqueda de Verdad y Justicia. En Santiago, Emilia Vásquez, de 87 años, camina por la calle donde vio crecer a sus cinco hijos. En el final del pasaje hay un mural con el rostro de su primogénito, Miguel Heredia, desaparecido el 26 de diciembre de 1973, cuando tenía 23 años.
Efectivos de la Fuerza Aérea lo sacaron de su lugar de trabajo y lo trasladaron a un centro de detención, adonde llegó Emilia para darle frazadas y medicamentos, pero no pudo verlo. Heredia militaba en las juventudes comunistas, de niño sufrió una enfermedad que le dañó el pulmón de por vida. Fue bombero voluntario.
Tras la detención de su hijo, los militares allanaron la casa familiar y se llevaron casi todas sus pertenencias, incluido el traje de bombero, evoca Vásquez. La mujer se enteró luego que Heredia fue entregado al Ejército y recluido en el regimiento de Tejas Verdes, en San Antonio, uno de los principales centros de detención y torturas de la dictadura.
Hasta allá también fue su madre, pero tampoco le dieron noticias sobre la suerte de su hijo. Vásquez recuerda haber llorado amargamente frente a la sede militar. Casi cinco décadas después siente que se le secaron las lágrimas. Apenas le brillan los ojos. “Este es mi llanto, el que usted ve”, se lamenta.
Sin el hallazgo de los cuerpos, la justicia chilena comenzó a tratar el caso de los desaparecidos a la fuerza como un “secuestro permanente”, para evitar que quedaran cobijados por una Ley de Amnistía para el período 1973-1978, cuando se cometieron los crímenes más cruentos de la dictadura, que dejó más de 3.200 muertos y desaparecidos.
En 2014, seis militares en retiro fueron condenados a entre 5 y 15 años de cárcel por el secuestro de Miguel Heredia. En marzo pasado, la Corte Suprema condenó a 59 exmilitares por el “secuestro y tortura” de 16 militantes de izquierda, entre ellos Mauricio Jorquera. Sin embargo, no se pudo determinar dónde están. “Yo no tengo esperanza, porque a mi hijo lo lanzaron al mar, más no se puede hacer”, se resigna Emilia Vásquez.
Árbol de la vida”, representación coreográfica y performática realizada en el encuentro de los “Constructores de la Sociedad” con el papa Juan Pablo II en mayo de 1988 en Asunción
Los cuerpos en movimiento como resistencia a la dictadura
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Jimmi Peralta
Fotos: Gentileza
María José Costa, Camila Cáceres y Mélani Peronja lanzaron el libro “La danza como disidencia frente al poder dictatorial”, un trabajo de investigación sobre la danza contemporánea como forma de expresión política durante las dictaduras militares de Paraguay y Argentina. Las autoras parten de la tesis de que la danza posee una doble capacidad de acción en el campo político: el movimiento bailado y el movimiento de lucha.
El registro del arte como resistencia política en la historia de la región sigue siendo rescatado de los archivos y revividos a través de las voces con los testimonios de quienes participaron o fueron testigos de acciones, obras, textos, grabaciones, etc. El ocultamiento de las resistencias muchas veces sirve para la construcción de identidades pasivas de los pueblos. Sin embargo, como en este caso, el movimiento de los cuerpos nunca dejó de decir basta y de sublevarse desde los escenarios.
“La danza como disidencia frente al poder dictatorial. Casos emblemáticos en Buenos Aires y Asunción” es el nombre de la investigación realizada por las bailarinas María José Costa Céspedes, Camila Andrea Cáceres Arza (paraguayas) y Mélani Jazmín Peronja (argentina), en el marco del cierre de su carrera de licenciatura en Composición Coreográfica, mención Danza, en la Universidad Nacional de las Artes de Buenos Aires.
El trabajo fue presentado recientemente en formato de libro y en él se aborda el tema histórico y conceptual de la danza contemporánea como expresión en contextos sociopolíticos, dando paso a lo que se conoce como “coreopolítica”, así como enfoca el estudio de casos emblemáticos en ambos países.
En cuanto a Paraguay, la obra incluye el hito de la presentación de la performance “Árbol de la vida”, que reunió a artistas en oportunidad del encuentro del papa Juan Pablo II con los “constructores de la sociedad”, en 1988. También el impacto desarrollado por la coreografía “Dónde están”, basada en la canción homónima del cantautor Alberto Rodas. En cuanto a Argentina, el libro rememora y analiza las obras que fueron parte del ciclo Danza Abierta, en plena época de la dictadura militar en el país vecino.
El Gran Domingo de La Nación conversó con las autoras María José Costa Céspedes (MC), Camila Andrea Cáceres Arza (CC) y Mélani Jazmín Peronja (MP) sobre los temas que abordaron, el marco conceptual, y la reflexión sobre la danza como disidencia política, premisa sobre la que se sostiene el material.
IMPACTO EN LOS CUERPOS Y EN EL ARTE
–¿En qué contexto nació la idea de este trabajo?
–MC: Como autoras paraguayas y argentinas, nos interesaba entender cómo las dictaduras impactaron no solo en la política y la sociedad, sino también en los cuerpos y en las formas de expresión artística. Nos llamó la atención que la relación entre danza y dictadura latinoamericana había sido muy poco investigada, especialmente desde la danza contemporánea. A partir de ahí comenzamos a preguntarnos cómo el arte podía convertirse en una forma de resistencia en contextos de censura y control. Tuvimos mucha inspiración y acompañamiento de nuestros tutores Rodolfo Prantte y Sonia Sasiain.
–¿Cómo fue el proceso de investigación?
–El trabajo se construyó a partir de entrevistas a referentes y protagonistas de la danza de aquella época, tanto en Paraguay como en Argentina, además de una investigación en archivos, periódicos y bibliografía histórica. En Asunción trabajamos con materiales del Archivo del Terror en el Museo de la Justicia, la Biblioteca Nacional y otros espacios vinculados a la memoria histórica. La memoria oral fue fundamental para reconstruir estas experiencias desde quienes las vivieron. Hicimos muchas entrevistas, y en el libro se publican fragmentos de varias de ellas, como las mantenidas con Teresa Capurro, Alejandra Díaz Lanz, Susana Tambutti y Anahí Zlotnik, y gracias al apoyo de Fondec (Fondo Nacional de la Cultura y las Artes) pudimos adaptar y ampliar la investigación para publicar finalmente el libro que hoy está disponible tanto en Paraguay como en Argentina.
–¿Cuál fue el marco teórico que utilizaron para interpretar y/o valorar las puestas investigadas y su contexto?
–MC: El marco teórico del trabajo se centró en pensar la relación entre cuerpo, poder y disidencia durante las dictaduras. Nos interesaba entender cómo los regímenes autoritarios buscaron disciplinar los cuerpos y controlar las formas de movimiento y expresión, y cómo la danza contemporánea apareció también como una práctica política y de resistencia. Trabajamos principalmente con autores como Michel Foucault para analizar las lógicas de control y disciplinamiento social, y André Lepecki, quien desarrolla conceptos como la coreopolítica y la capacidad política del movimiento. También incorporamos aportes sobre memoria y sobre la dimensión política de la danza contemporánea en América Latina. Más que estudiar solamente obras coreográficas, nos interesaba pensar cómo ciertos cuerpos y ciertos modos de moverse podían convertirse en una forma de disidencia frente a contextos represivos.
“CON POCA ROPA”
–¿Podrían hablarnos sobre la puesta de 1988 frente al papa?
–MC: La puesta de “Árbol de la vida” se realizó en 1988, durante la visita del papa Juan Pablo II a Paraguay, en un contexto en el que la dictadura de Alfredo Stroessner ya comenzaba a mostrar signos de desgaste. Fue una performance colectiva que reunió danza, música, teatro y poesía, y que se presentó dentro de un encuentro entre el papa y representantes de distintos sectores sociales y culturales, los denominados “constructores de la sociedad”. Lo interesante es que, aunque oficialmente era un acto vinculado a la visita papal, terminó convirtiéndose en una expresión simbólica de crítica y deseo de cambio frente al régimen. La obra utilizaba la imagen de un árbol seco que, hacia el final, florecía colectivamente como metáfora de esperanza, libertad y recuperación de lo vital.
–¿Qué repercusiones provocó la obra en su momento?
–MC: La repercusión fue muy grande. El Gobierno intentó suspender el encuentro por considerarlo demasiado crítico, hubo tensión política y mediática. Estando ya en gira el papa en la región, el Vaticano hizo saber que podría suspender la llegada a Paraguay si el Gobierno sacaba el acto de la agenda. El episcopado paraguayo también reclamó preservar el acto y finalmente se realizó. Según los testimonios que recogimos, muchas personas sintieron que era una forma de decir públicamente cosas que durante años habían sido silenciadas. Incluso algunas de las artistas participantes sufrieron consecuencias posteriores por haber formado parte de la puesta. El libro aporta la visión de algunos de los responsables, pero sobre todo documentos inéditos del Archivo del Terror como uno en el que Pastor Coronel informa a Stroessner sobre los “entretelones” del evento, “comentados” en una visita que recibiera de un obispo “amigo”, quien incluso decía que entre los religiosos hubo quienes cuestionaron que “las bailarinas vestían poca ropa” y eso no era “adecuado”.
La dictadura stronista vigilaba y controlaba tanto a políticos como a artistas. Aquí, uno de los informes de vigilancia sobre la maestra Teresa Capurro, cuando recibió en su casa a bailarines de Argentina
COREOPOLÍTICA
–La relación entre las dictaduras y el cuerpo suele expresarse en formas de control, disciplinamiento y unificación. En ese contexto, ¿qué mensajes o estímulos podían producir las propuestas de danza contemporánea como para incomodar al poder?
–MP: Aprendimos que la danza posee una doble capacidad de acción en el campo político: el movimiento bailado y el movimiento de lucha. El movimiento bailado son esas obras o prácticas dancísticas que buscan influenciar la opinión pública o consolidar un discurso político. Ejemplo de esto sería la obra coreográfica “Dónde están”. Y el movimiento de lucha es esa capacidad contestataria de la danza de generar un movimiento colectivo de protesta como lo fue Danza Abierta en Buenos Aires.
–El video de “Dónde están” es un ícono de aquella generación. ¿Ese fue su material de estudio o también existió una puesta en escena inspirada en la canción de Rodas?
–CC: “Dónde están” es una obra que se basó en la canción “Donde están los desaparecidos” de Alberto Rodas. Esta obra se estrenó en el Bosque de los Artistas de Hermann Guggiari a finales de la dictadura y tomó más valor para la memoria al ser representada en varias ocasiones en escuelas y teatros por la compañía del Ballet Nacional. Nuestro material de estudio fue un video que se encuentra a disposición en Youtube en Memorias de Danza, pero también nos basamos en entrevistas realizadas a los coreógrafos e intérpretes Alejandra Díaz y Francisco Carvallo.
–¿Cómo comparten o disputan protagonismo la estética, la técnica y la política dentro de la danza?
–CC: No hay una disputa, hay una simbiosis entre estas. Hay una armonía entre lo que el artista quiere decir, lo que se puede mostrar y lo que el público interpreta. La danza es movimiento constante, es un todo orgánico.
Durante los talleres hubo muy buena recepción entre las estudiantes, que manifestaron interés en los aportes documentales del Archivo del Terror vinculados al arte y la danza
RECEPCIÓN EN EL PÚBLICO
–¿Qué receptividad tuvo el trabajo cuando lo presentaron en Asunción y Buenos Aires?
–CC: Tanto la presentación del trabajo final de graduación ante la mesa examinadora de la Universidad Nacional de las Artes, Buenos Aires, como las presentaciones del libro que realizamos en Asunción fueron muy bien recibidas por varios aspectos, pero lo principal es que todavía no somos una generación muy distante a lo que pasó. Todavía tenemos docentes y familiares que participaron en estos eventos o que sufrieron de alguna manera las violaciones de los derechos humanos en esa época. Desde la universidad siempre nos incentivaron a investigar y así poder registrar el aporte que tuvo la danza en ese periodo. Coincidentemente, el concepto de coreopolitica de Andre Lepeki que exponemos en el libro se articula con lo que la universidad estuvo haciendo en Buenos Aires en el último año, defendiendo sus derechos y demostrando que a través de la danza también podemos hacer política.
–¿Cómo vivieron la recepción de los participantes y el público en los talleres?
–En los talleres y conversatorios que pudimos hacer en Asunción, en el Instituto Superior de Bellas Artes, en el Archivo del Terror y en la academia Núcleo de Arte y Danza hubo muy buena receptividad por lo novedoso del tema y el enfoque. La performance que preparamos como parte de los eventos, que es un homenaje a quienes protagonizaron esos tiempos, creo que gustó y aportó el momento artístico especial. El libro estuvo también en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires gracias al apoyo de los encargados culturales de la Embajada paraguaya. Y en la Feria Internacional del Libro de Asunción lo presentaremos el 31 de mayo, con presencia también internacional. Así también, estamos gestionando presentaciones con la Universidad Nacional de las Artes de Buenos Aires.
AUTORAS DEL LIBRO
María José Costa Céspedes: licenciada en Composición Coreográfica con Mención en Danza por la UNA de Buenos Aires. Profesora superior de danza clásica, Academia Núcleo de Arte y Danza, Asunción.
Camila Andrea Arza: técnica en danza y licenciada en Composición con Mención en Danza por la UNA de Buenos Aires. Profesora superior en danza clásica por el Instituto Superior de Bellas Artes (ISBA) de Asunción.
Mélani Jazmín Peronja: técnica en danza y licenciada en Composición Coreográfica con Mención en Danza por la UNA de Buenos Aires.
Mélani Peronja, Camila Cáceres, María José Costa, autoras de la investigación
El presidente de Chile, José Antonio Kast (izquierda), saluda junto a la primera dama María Pía Adriasola (derecha) a su llegada a la ceremonia de investidura de la presidenta electa de Costa Rica, Laura Fernández, en el Estadio Nacional de San José. Foto: AFP/Archivo
PIB de Chile se contrae en primer trimestre por menor desempeño de exportaciones
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El Producto Interno Bruto (PIB) de Chile se contrajo 0,5 % en el primer trimestre del año respecto al mismo periodo del año previo, por una disminución de las exportaciones y la minería, informó el lunes el Banco Central.
“En el primer trimestre del año 2026, la actividad económica cayó 0,5 % respecto de igual período del año anterior”, dijo el BC al entregar su reporte de Cuentas Nacionales, que da cuenta de un menor desempeño del comercio exterior, debido a “una disminución de las exportaciones y un aumento de las importaciones”.
El primer trimestre abarca el último periodo del gobierno del izquierdista Gabriel Boric, que el 11 de marzo le entregó el poder al ultraderechista José Antonio Kast.
Esta vista aérea muestra a cóndores (Vultur gryphus) acercándose a un vertedero en busca de alimento en el vertedero de Los Colorados. Foto: Rodrigo Arangua/AFP
El pueblo chileno Tiltil vive junto al basural más contaminante en el mundo
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Desde lejos, el vertedero de Tiltil parece una montaña árida más de Chile. Pero para los habitantes de un pueblo vecino convivir con el basural no solo significa olores nauseabundos y moscas, sino una creciente preocupación por su salud. Ubicado a unos 60 kilómetros al norte de Santiago, Tiltil cobró dimensión internacional tras un informe en abril del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) que lo identificó como el mayor emisor de metano de origen humano del mundo.
Desde hace unos 25 años, el vertedero recibe cerca del 60 % de los desechos de la capital, o sea unas 18.000 toneladas al día. Cóndores andinos sobrevuelan el lugar en busca de comida, mientras cientos de camiones de desechos pasan a diario cerca del pueblo. En su ruta al vertedero, dejan caer basura que termina en el suelo o atrapada en los árboles.
Al descomponerse los residuos generan metano, responsable de al menos una cuarta parte del calentamiento global, según los científicos. Con la ayuda de 35 satélites, se logró detectar desde el espacio que el sitio genera unas 100.000 toneladas de metano al año. Aunque este gas es imperceptible, la basura que lo produce no lo es. Los 17.000 habitantes de Tiltil conviven con el impacto del vertedero y el temor a los efectos de la contaminación en su salud. Hay un olor “que se parece al de los excrementos”, describe Patricio Velásquez, un jubilado de 68 años que cada verano debe encerrarse en su casa debido a las emanaciones.
Esta vista aérea muestra maquinaria pesada retirando desechos en el vertedero de Los Colorados, operado por KDM Residuos, en Tiltil, provincia de Chacabuco, en la Región Metropolitana de Santiago de Chile, el 8 de mayo de 2026. El vertedero de Tiltil, ubicado a unos 60 km al norte de la capital de Chile, ha recibido la mitad de los desechos de Santiago durante las últimas dos décadas, pero ahora ha atraído la atención mundial luego de que la ONU lo identificara como el sitio artificial que emite más metano en el planeta, con unas 18.000 toneladas de basura que llegan diariamente para ser enterradas allí. Foto: Rodrigo Arangua/AFP
Una amenaza invisible
Velásquez vive a unos tres kilómetros del relleno sanitario de unas 120 hectáreas, un tamaño equivalente a unos 100 estadios de fútbol. “Estamos en el campo, deberíamos estar respirando aire puro”, se queja este hombre que volvió al pueblo en el que nació tras jubilarse como profesor. “Acá en verano sacábamos la mesa para almorzar, pero llegó un momento en que no podíamos comer porque teníamos las moscas en la boca y en los platos”, lamenta.
Aunque el metano no es considerado tóxico, expertos alertan sobre los riesgos asociados a las emisiones y a la contaminación del aire en los alrededores del vertedero. En altas concentraciones este gas puede provocar “episodios de asfixia o dolores de cabeza”, dice a la AFP Yuri Carvajal, presidente del Departamento de Medio Ambiente del Colegio Médico de Chile. Según él, “no es tan fácil” medir sus efectos en la población, por lo que la principal precaución debería ser “que las personas no estén en las proximidades”.
La empresa KDM gestiona desde hace 20 años el basurero. Pero no es el único vecino incómodo. También hay medio centenar de industrias en la zona, entre ellas cementeras, criaderos de animales o relaves mineros. Hay “numerosas instalaciones que generan impactos medioambientales en un sector vulnerable. Es un caso de injusticia ambiental”, dice a la AFP Caroline Stamm, profesora asociada del Instituto de Estudios Urbanos y Territoriales de la Universidad Católica de Santiago.
Esta vista aérea muestra maquinaria pesada retirando desechos en el vertedero de Los Colorados, operado por KDM Residuos, en Tiltil, provincia de Chacabuco, en la Región Metropolitana de Santiago de Chile, el 8 de mayo de 2026. El vertedero de Tiltil, ubicado a unos 60 km al norte de la capital de Chile, ha recibido la mitad de los desechos de Santiago durante las últimas dos décadas, pero ahora ha atraído la atención mundial luego de que la ONU lo identificara como el sitio artificial que emite más metano en el planeta, con unas 18.000 toneladas de basura que llegan diariamente para ser enterradas allí. Foto: Rodrigo Arangua/AFP
“Una basura más”
Las autoridades de Tiltil reconocen tener poco margen de maniobra. “Como municipio no tenemos la facultad legal de prohibir arbitrariamente la instalación de nuevas empresas, ya que en Chile existe libertad para desarrollar actividades económicas”, dice a la AFP Nelda Gil, concejala de Tiltil. Ni KDM ni el gobierno respondieron a la solicitud de comentarios de la AFP. “Las ciudades no tienen un verdadero sistema de segregación de desechos. La basura orgánica debería estar separada y no ir a un lugar como este”, dice Yuri Carvajal.
Chile produce en promedio 1,1 kilo de basura diaria por persona y recicla solo el 0,8 % de acuerdo al Ministerio de Medio Ambiente. Una cifra inferior al promedio de la región, del 4 %, según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe. Raquel Cárcamo, una pintora que reside en Tiltil, afirma que su pueblo se transformó con los años “en el basurero de Santiago”. “No nos miran como pueblo. Para ellos somos una basura más”, lamenta.
Personal médico y miembros de la tripulación del avión que trasladaba a los pasajeros afectados por el brote de hantavirus del MV Hondius. Foto: Antony Dickson/AFP
Hantavirus Andes: qué saben los científicos argentinos
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El hantavirus Andes circula desde hace décadas en la Patagonia argentina y chilena, transmitido por roedores silvestres. Pero el brote vinculado al crucero “Hondius” puso el foco en una característica excepcional de esa variante: su capacidad de transmitirse entre personas. ¿Cómo se comporta el roedor que lo transmite? ¿Hay factores ambientales que expliquen su propagación? ¿Por qué es tan difícil de estudiar?
El reservorio del virus Andes en la Patagonia es el ratón “colilargo”, Oligoryzomys longicaudatus. El contagio inicial ocurre por exposición a saliva, orina o heces de roedores infectados, en general en ambientes cerrados. Para el biólogo Raúl González Ittig, profesor asociado de genética de poblaciones de la Universidad Nacional de Córdoba, los casos que registra Argentina pueden vincularse a una secuencia ambiental: lluvias intensas asociadas a El Niño, más vegetación y mayor disponibilidad de alimento para los roedores.
Más roedores no significa necesariamente un brote, pero sí más oportunidades de contacto. “Hay más individuos y hay mayor probabilidad de que algún trabajador rural se infecte”, dijo a la AFP González Ittig. En cambio, la sequía y los incendios, que suelen ocurrir en verano en la región, “hacen disminuir las poblaciones de roedores”, explicó el especialista.
De todos modos, en los casos de transmisión interhumana, el único roedor culpable es el que causó el primer contagio.
En esos casos “no es aplicable lo que se sabe o sospecha respecto a la asociación o influencia de factores medioambientales”, dijo a la AFP la infectóloga María Ester Lázaro, médica jubilada del Hospital Zonal de Bariloche cuya tesis doctoral se basó en hantavirus Andes.
Más allá de los brotes conocidos -en la Patagonia argentina en 1996 y 2018, y ahora en el crucero- la transmisión entre personas es reportada muy ocasionalmente en la región.
Contagio interhumano: no es mutación
El epidemiólogo Rodrigo Bustamante, del hospital de Bariloche, precisa que la transmisión interhumana de la cepa Andes “no es una regla sino un evento excepcional que requiere contacto estrecho de menos de un metro durante treinta minutos”.
Tampoco se comporta como el covid-19 o la gripe. “Es mucho menos transmisible”, dijo Bustamante a la AFP. “Acá necesitan un contacto mucho más cercano, generalmente son convivientes”.
Los científicos rechazan la idea de que una mutación reciente haya convertido al virus Andes en transmisible entre humanos.
“Es un virus muy estable, a diferencia del del covid-19 o la gripe. Cada hantavirus ha evolucionado desde tiempos ancestrales con su roedor hospedero sin sufrir mutaciones relevantes”, dijo Lázaro.
“Lo que no sabemos -prosigue- es por qué el virus Andes, en vez de generar un caso aislado al infectar a una persona, es luego capaz de transmitirse a otra en algunas ocasiones, e incluso generar cadenas de transmisión de varios eslabones” como se observó en 1996 y 2018.
Al respecto, González Ittig responde: “Yo pienso que el virus siempre tuvo esa propiedad”.
Probablemente “los humanos empezaron a ocupar los ambientes en donde vivían los ratones. No fue una mutación puntual”, considera.
Difícil de estudiar
“El problema del hantavirus es que son tan pocos los casos, sobre todo en nuestra zona (...) que necesitas mucho tiempo para tener un número mínimamente decente (significativo, ndlr) para sacar conclusiones”, dijo Lázaro.
Bustamante plantea el mismo obstáculo desde la experiencia hospitalaria en Bariloche. En su hospital, cuenta, “normalmente tenemos de 2 a 4 casos de hantavirus al año”.
También pesa la evolución clínica. Al comienzo, el paciente puede parecer sano o tener una gripe con diarrea o vómitos. “Al cuarto día, en cuestión de horas, el paciente pasa de un estado que parece una gripe a estar ya en un respirador”, explica Lázaro.
Esa dínámica produce obstáculos “para hacer el interrogatorio del itinerario de los pacientes, de dónde estuvieron, y también para ensayos clínicos”, dice.
Entretanto, en Tierra del Fuego, de cuya capital Ushuaia salió el barco “Hondius”, los científicos discuten si el roedor local es el mismo colilargo o una subespecie, sobre la que existe un debate respecto de su potencial rol como reservorio de hantavirus.
Especialistas del Malbrán, el instituto nacional que estudia enfermedades epidemiológicas, viajarán el lunes a Ushuaia para realizar esta investigación.
En lo que va de la campaña epidemiológica, que se extiende por 12 meses desde junio cada año, se han registrado 102 casos de distintas cepas de hantavirus en Argentina, casi el doble de los 57 de los que existe registro en igual período anterior.