Al menos siete personas han muerto y 20 han resultado heridas en Bolivia, después de que una estructura se haya venido abajo durante la celebración de un acto de graduación en un municipio del departamento de La Paz, como consecuencia de una intensa granizada.
El suceso ha tenido lugar en el Colegio Gualberto Villaroel, en el municipio de Omasuyos sobre las 16.00 horas, cuando dos funcionarios fueron alertados de lo sucedido y se pusieron en contacto con el Hospital Municipal de Achacachi para pedir el envío de ambulancias, según ha recogido el portal Entre Nos.
“Tenemos una lista de siete fallecidos, también tenemos personas heridas, más de 10 están graves y otras leves, en total más o menos se hace unas 20 personas heridas”, aseguró secretario de Seguridad del municipio de Achacachi de La Paz, Jhon Walter Quispe, en declaraciones a Urgente.bo.
Los asistentes a la graduación fueron a resguardarse de la caída de la nevada al tinglado y ocurrió la tragedia. Los primeros indicios apuntan a que el peso de la granizada, de entre 15 y 30 centímetros, y la antigüedad de la construcción han provocado que esta cediera dejando una veintena de víctimas, sostiene ‘Página Siete’.
El Gobierno regional de Achacachi ha lamentado la tragedia en su portal de Facebook. “Nuestras condolencias a las familias afectadas y nos adherimos al dolor que embarga las familias dolientes, expresando nuestra más sincera solidaridad en estos momentos de profunda tristeza, que la paz y el consuelo los acompañe”, han expresado.
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Fuente: Europa Press.
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Bolivia lanza plan fronterizo para combatir la expansión de grupos criminales brasileños
Bolivia lanzó el jueves, en la ciudad de Guayaramerín que limita con Brasil, un plan de seguridad fronterizo para combatir el narcotráfico en su territorio, ante la expansión de grupos criminales brasileños. Según las autoridades, las bandas armadas Primeiro Comando da Capital (PCC) y el Comando Vermelho (CV) se disputan violentamente el control de corredores para traficar cocaína, lo que ha desatado una ola de crímenes en zonas limítrofes de Bolivia.
El gobierno les atribuye una serie de 10 asesinatos perpetrados por sicarios en las últimas semanas, algo inusual en el país de 11,3 millones de habitantes. El plan bautizado como Fronteras Seguras contempla una mayor presencia policial especializada en los límites del país, según un documento que el Ministerio de Gobierno boliviano compartió con la AFP.
También incluye un “intercambio táctico de inteligencia” con la Policía Federal de Brasil y cooperación recíproca para capturar a criminales que crucen las fronteras. Se debe “fortalecer entre instancias nacionales, pero también en este caso con Brasil, una relación estrecha para que nuestras sociedades (...) estén más seguras”, dijo durante el lanzamiento del plan el presidente centroderechista Rodrigo Paz, en la pequeña ciudad fronteriza de Guayaramerín, en la región Beni (norte).
El Ministerio de Gobierno considera que Guayaramerín, que vive del comercio con Brasil, es junto con otros poblados una especie de “refugio” de grupos criminales, donde compran inmuebles y asientan a sus miembros. El mandatario también aseguró que impulsaría una cooperación similar con sus otros países vecinos.
Según datos del gobierno, desde que Paz asumió el poder en noviembre se capturaron y expulsaron del país 17 “capos” de organizaciones criminales internacionales. Bolivia es el tercer productor mundial de cocaína, después de Colombia y Perú, según la ONU. Comparte con Brasil una frontera de 3.400 kilómetros.
Fuente: AFP.
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El presidente de Bolivia presenta proyecto para atraer inversión extranjera
El presidente de Bolivia Rodrigo Paz envió el martes al parlamento un proyecto de ley para atraer inversión extranjera, la primera de un paquete destinado a cambiar las políticas de los gobiernos de izquierda que lo precedieron durante 20 años. El centroderechista Paz, en el poder desde noviembre pasado, se posicionó como un duro crítico de las políticas de sus antecesores Evo Morales (2006-2019) y Luis Arce (2020-2025).
Dijo que recibió un país burocrático, corrupto, con millonarias inversiones estatales sin resultados económicos. Comparó al Estado con una “cloaca de dimensiones extraordinarias”. El proyecto de ley de 103 artículos, tiene tres ejes. El primero es “normalizar” al capital privado, debido a que “hoy por hoy la inversión es el hecho atípico en Bolivia”, dijo el martes el ministro de Economía, José Gabriel Espinoza, en rueda de prensa.
Según el gobierno, el porcentaje de inversión extranjera directa en otros países de la región oscila entre el 20 % y 30 % del Producto Interno Bruto (PIB), mientras que en Bolivia no supera el 2 % o el 3 %. El segundo y tercer eje es crear un sistema de incentivos y de regulación que permita dar seguridad, estabilidad y confianza al inversionista.
Espinoza dijo que el objetivo es dar seguridad jurídica, tras gobiernos izquierdistas que privilegiaron el rol estatal. Morales, por ejemplo, nacionalizó en su gobierno empresas de hidrocarburos, eléctricas, telefónicas, de pensiones y mineras que estaban en manos de capitales extranjeros. A su llegada al gobierno, Paz propuso abrir el país a las inversiones extranjeras occidentales, con la idea de que “la ideología no da de comer”.
Bolivia, con Morales y Arce, fue amigo de Cuba, Venezuela, China y Rusia y se alejó de las inversiones de empresas privadas internacionales. Tras presentar este proyecto de ley de inversiones, el gobierno anunció que enviará próximamente otras leyes estratégicas para la explotación en hidrocarburos, minería, electricidad y litio. Bolivia busca salir de la peor crisis económica de los últimos 40 años.
Fuente: AFP.
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La “tragedia de los comunes”
- Por Mônica R. de Carvalho
Hace más de cien años, la economista Katharine Coman publicó un artículo en la American Economic Review (1911), en el que abordaba la “tragedia de los comunes”, un concepto discutido repetidamente a lo largo de la historia desde Malthus. Transcurrido tanto tiempo, el problema y la controversia planteados siguen siendo no solo actuales, sino cada vez más complejos. Cuando Coman escribió su artículo, reflexionaba aún sobre los problemas de irrigación de tierras y sobre cómo resolver la cuestión de los bienes “comunes”: aquellos cuyo uso por parte de una persona impide el uso por parte de otra (bienes rivales), pero que, al mismo tiempo, son de acceso abierto y están disponibles para todos (bienes no excluyentes).
Incertidumbre, dispersión espacial y temporal, larga duración. ¿Cuántos problemas de la actualidad se presentan de esta manera? En particular, podemos pensar en los problemas ambientales. Las cuestiones de acceso abierto están asociadas a preocupaciones crecientes relacionadas con la calidad del aire y del agua, los residuos peligrosos, la extinción de especies, la preservación del ozono estratosférico y la estabilidad del clima global frente a la acumulación constante de gases de efecto invernadero. Sin embargo, lo más interesante es que, a pesar de los grandes avances en los estudios económicos a lo largo del último siglo, los instrumentos para el desarrollo de políticas económicas destinadas a contribuir a la resolución de estos problemas son, en cierta medida, antiguos. Hablamos, por ejemplo, de impuestos sobre las emisiones de carbono o de mercados en los que se negocie el derecho a contaminar.
¿Pero realmente funcionan? Durante mucho tiempo, la respuesta fue más teórica que empírica. En 2024, un grupo liderado por Jan Minx publicó en Nature Communications el artículo Systematic Review and Meta-Analysis of Ex-Post Evaluations on the Effectiveness of Carbon Pricing, que analizó 483 estimaciones extraídas de 80 evaluaciones realizadas sobre 21 sistemas de fijación de precios del carbono en funcionamiento en distintas partes del mundo. El veredicto es alentador y modesto al mismo tiempo: en al menos 17 de estos casos, la introducción de un precio al carbono produjo reducciones inmediatas y significativas de las emisiones, de entre el 5 % y el 21 %, alrededor del 10 % en promedio, o cerca del 7 % cuando se corrige el sesgo de publicación típico de esta literatura. Y ello a pesar de que los precios aplicados son, casi siempre, demasiado bajos en comparación con lo que recomienda la ciencia climática. Es decir, la intuición centenaria de que es posible disciplinar el uso de un bien común simplemente cobrando por él resiste la prueba de los hechos y de los datos. El problema no parece residir en el instrumento, sino en la intensidad con que se aplica, así como en la reticencia política a hacerlo.
En el artículo Global Economic Exposure to Climate Change Amplified by Spatially Compounding Climate Extremes (BIESS, B.; GUDMUNDSSON, L.; SENEVIRATNE, S. I., Nature Communications, marzo de 2026), investigadores del Instituto Federal de Tecnología de Zúrich muestran que el riesgo climático ha dejado de ser un problema local. Cruzando proyecciones de modelos climáticos con datos del PIB distribuidos a escala global, miden no las pérdidas ya contabilizadas, sino la riqueza expuesta a olas de calor, lluvias extremas, sequías y escasez de agua y, sobre todo, la probabilidad de que varios lugares sean afectados simultáneamente.
La conclusión es inquietante: las regiones de menores ingresos son precisamente las más propensas a enfrentar fenómenos extremos simultáneos junto con otras partes del mundo, lo que reduce las posibilidades de ayuda externa y amplifica la inestabilidad económica. Se trata de la “tragedia de los comunes” en su versión contemporánea: el gas emitido en un patio trasero presenta la factura en otro, y el seguro natural contra las pérdidas, la diversificación geográfica del riesgo, se desvanece precisamente cuando más se necesita. Después de más de cien años, las soluciones siguen siendo conocidas: impuestos, mercados de cuotas y regulación. Lo que ha cambiado es el costo de seguir postergándolas. Bajo un cielo sin fronteras, el patio es de todos nosotros.
Texto elaborado por Mônica R. de Carvalho, Core Faculty y profesora asociada de la Fundación Dom Cabral, donde actúa en las áreas de Finanzas y Gobierno Corporativo. Mônica es economista y doctora en Estudios Globales por la Sophia University (Japón).
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Paz tomó decisiones “impopulares, pero necesarias” para sacar a Bolivia de la crisis
El presidente de Bolivia, Rodrigo Paz, aseguró el jueves que su gobierno de centroderecha comenzó a sacar el país de su peor crisis económica en cuatro décadas, en su primer discurso a la nación tras su asunción hace nueve meses. Paz asumió el poder el 8 de noviembre tras 20 años de gobiernos de izquierda, encabezados primero por Evo Morales (2006-2019) y luego por Luis Arce (2020-2025).
“Nos dejaron una patria arrasada y moribunda”, afirmó el mandatario, quien acusó a sus predecesores de haber llevado a Bolivia a una situación en la que “apenas podía respirar”. Paz pronunció su discurso en Sucre, capital constitucional de Bolivia, con motivo del 201 aniversario de la independencia del país.
Aseguró que se tomaron decisiones “impopulares”, pero “necesarias para que la crisis deje de dañar a nuestra economía y sacrificar nuestro futuro”, dijo. Su gobierno enfrentó su mayor desafío entre mayo y junio, cuando varias ciudades sufrieron escasez de alimentos, combustibles y medicamentos por bloqueos de rutas contra el Ejecutivo.
El gobierno acusa a Morales de haber orquestado esos bloqueos. El expresidente es objeto de una orden de aprehensión por su presunto papel en esas manifestaciones. “Acabamos de vencer 53 días de una resistencia del pasado que se niega a aceptar que una nueva Bolivia está naciendo”, afirmó Paz.
El mandatario destacó el regreso de la confianza de los mercados, las reformas emprendidas y la apertura diplomática del país andino. También elogió los resultados de su gobierno en la lucha contra la corrupción y el narcotráfico, al resaltar la expulsión de “17 jefes de las organizaciones criminales que vivían en Bolivia con protección y absoluta impunidad”, entre ellos, el buscado narcotraficante uruguayo Sebastián Marset.
Fuente: AFP.