El lanzamiento del nuevo megacohete de la NASA a la Luna fue cancelado el lunes debido a un problema técnico con uno de sus motores principales, una decepción para la agencia espacial de Estados Unidos, que ahora tendrá que esperar a las próximas fechas posibles de despegue.
Cincuenta años después de que astronautas pisaran la Luna por última vez en la misión Apolo 17, Artemis 1 debería marcar el lanzamiento del programa estadounidense para regresar a la Luna, con miras a permitir a la humanidad llegar eventualmente a Marte a bordo de la misma nave.
“La directora de lanzamiento pidió cancelar por el día”, dijo la NASA. Las próximas fechas posibles de despegue son el 2 y el 5 de septiembre. Pero el problema tendrá que ser evaluado en detalle por los equipos de la agencia espacial antes de determinar cuándo ocurrirá.
El lanzamiento estaba originalmente programado para las 8:33 (12:33 GMT) desde la plataforma de lanzamiento 39B en el Centro Espacial Kennedy en Florida. Pero a medida que amanecía sobre el enorme cohete naranja y blanco de 98 metros de altura el despegue se hacía cada vez más improbable.
Los depósitos del cohete -el más potente del mundo- se fueron llenando durante la noche con más de tres millones de litros de hidrógeno y oxígeno líquidos ultrafríos. Sin embargo, el abastecimiento comenzó con una hora de retraso debido al riesgo demasiado alto de relámpagos.
Luego, una fuga provocó una pausa durante el llenado del segmento principal con hidrógeno, antes de que se encontrara una solución y se reanudara el flujo. Sobre las 7:00 locales, se investigaba un nuevo problema. Uno de los cuatro motores RS-25, debajo del segmento principal del cohete, no pudo alcanzar la baja temperatura deseada, condición necesaria para poder encenderlo.
La cuenta regresiva se detuvo y, después de más de una hora y media de espera mientras se intentaba solucionar el problema, la directora de lanzamiento de la NASA, Charlie Blackwell-Thompson, tomó la decisión de cancelar.
“Sueños y esperanzas”
Entre 100.000 y 200.000 personas, incluida la vicepresidenta de Estados Unidos, Kamala Harris, se esperaba que presenciaran en vivo el despegue el lunes. El objetivo de Artemis 1 es probar el cohete SLS y la cápsula de tripulación Orion en su parte superior.
Orion se lanzará sin tripulación en órbita alrededor de la Luna, para verificar que el vehículo sea seguro para los futuros astronautas, entre los que se prevé enviar la primera mujer y la primera persona de color a la superficie lunar. “Esta misión lleva consigo los sueños y esperanzas de muchas personas”, dijo el jefe de la NASA, Bill Nelson. “Ahora somos la generación Artemis”.
Dos minutos después del lanzamiento del SLS, los propulsores regresarán a la Tierra para caer en el Atlántico. Ocho minutos después, el segmento principal se separará y aproximadamente una hora y media después, un último impulso enviará la cápsula rumbo a la Luna, adonde tardará varios días en arribar.
El principal objetivo de Artemis 1 es probar el escudo térmico de la cápsula, que regresará a la atmósfera terrestre a casi 40.000 km/h, y a una temperatura la mitad de la de la superficie del Sol. En lugar de astronautas, se colocaron maniquíes a bordo, equipados con sensores que registran las vibraciones y los niveles de radiación. La cápsula se aventurará hasta 64.000 km detrás de la Luna, la mayor distancia que haya alcanzado una nave adaptada para acoger tripulación.
Vivir en la Luna
“Lo que estamos comenzando con este despegue el lunes no es un sprint a corto plazo sino un maratón a largo plazo”, dijo Bhavya Lal, administrador asociado de la NASA. Tras esta primera misión, Artemis 2 llevará astronautas a la Luna en 2024, sin llegar a alunizar, un honor reservado para la tripulación del Artemis 3, pero que no será antes de 2025.
Para esa fecha, la idea de la NASA es lanzar cerca de una misión cada año con el objetivo de establecer presencia humana y constante en la Luna, construir la estación espacial Gateway que orbite a su alrededor e instalar una base en la superficie lunar. En ese escenario la humanidad debería aprender a vivir en el espacio y probar la tecnología necesaria para un viaje de varios años de ida y vuelta a Marte, que podría cumplirse “a finales de la década de 2030″, según Nelson.
Pero antes de eso, ir a la Luna también es estratégico, frente a las ambiciones de las naciones competidoras, en particular China. “Queremos ir al polo sur (de la Luna), donde están los recursos”, en especial agua en forma de hielo, dijo Nelson a la cadena NBC. “No queremos que China vaya a ese lugar y diga ‘este es nuestro territorio’”.
¿No es mañana?: todos celebran la primavera el 21, pero este año llegará un día después
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Cada 21 de septiembre, en Paraguay y otros países de la región se celebra el comienzo de la primavera y coincide además con el Día de la Juventud. Sin embargo, este año hay una particularidad, y es que astronómicamente la nueva estación comenzará recién el martes 22 de septiembre.
El cambio se producirá a las 21:05, cuando ocurra el equinoccio de septiembre, ya que, según la ciencia, es el instante en que el sol cruza el plano del ecuador terrestre y en el hemisferio sur, marca el comienzo astronómico de la primavera.
Ante esto, lo que muchos se preguntarán es ¿por qué seguimos hablando del 21 de septiembre como el día de la primavera? y es que las estaciones astronómicas no tienen una fecha fija en el calendario, su comienzo está determinado por la posición de la Tierra en su recorrido alrededor del sol. Por eso, dependiendo del año y de la hora exacta en que se produzca el equinoccio, puede caer el 21, el 22 o hasta el 23 de septiembre.
En el 2026, según información de la NASA, el fenómeno tendrá lugar a las 00:05 del 23 de septiembre en horario universal, al trasladarlo al horario de Paraguay, corresponde a las 21:05 del martes 22.
La palabra equinoccio está relacionada con la idea de una duración similar entre el día y la noche y ocurre dos veces al año, entre marzo y septiembre. Durante el equinoccio de septiembre, el sol se encuentra sobre el ecuador terrestre, desde ese momento, el recorrido aparente del sol continúa desplazándose hacia el sur y los días comienzan progresivamente a ser más largos en el hemisferio sur.
Eso no significa que mañana lunes se sentirá como un día de invierno y que a las 21:05 del martes cambie repentinamente la temperatura, es más, por lo general la primavera ya se hace sentir poco antes del momento exacto del equinoccio, como hoy domingo, luego de varios días de lluvia y de jornadas frescas el sol volvió a aparecer con cierta intensidad.
Por eso, mañana 21 de septiembre seguirá siendo una jornada marcada por los festejos tradicionales del Día de la Primavera y de la Juventud en Paraguay, la diferencia está en la precisión, ya que el 21 es la fecha tradicional de celebración; el 22, a las 21:05, será el momento exacto en que la primavera comenzará oficialmente desde el punto de vista astronómico y a partir de allí, el hemisferio sur continuará avanzando hacia días cada vez más largos hasta llegar a diciembre, donde comenzará el verano.
El nuevo cráter visible como una mancha blanca rodeada por un halo oscuro, situada ligeramente a la derecha del centro de la imagen y señalada con flechas negras. Foto: NASA/AFP
El cráter del siglo: la NASA descubre nueva formación en la Luna
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Un investigador de la NASA descubrió un masivo y recién formado cráter en la Luna, un hecho que solo sucede “una vez por siglo o incluso más”, según científicos. El cráter, denominado “McGetchin”, mide 222 metros de ancho, indicó la NASA en una publicación en su blog.
Se cree que se formó en la primavera de 2024 tras el impacto de un cometa o un asteroide contra la Luna. Los investigadores describen el objeto que lo provocó como del tamaño de un edificio de tres a seis pisos de altura. “Los científicos estiman que un impacto de esta magnitud ocurre en la Luna alrededor de una vez por siglo, o incluso más”, dijo la Nasa.
Aunque el cráter ha estado allí por años, no fue descubierto sino hasta que Robert Wagner, un investigador del Orbitador de Reconocimiento Lunar (LRO, en inglés) de la NASA, lo notó durante un nuevo escaneo de la superficie lunar.
El cráter apareció como una “gran mancha brillante rodeada por un halo oscuro” en las imágenes de la sonda LRO, que estudia la Luna desde 2009. Un estudio publicado el miércoles en la revista científica Science Advances determinó que era el cráter nuevo más grande jamás descubierto en el sistema solar.
Aunque la Luna tiene numerosos cráteres, muchos de ellos más grandes que McGetchin, estudiar la formación de uno en tiempo real podría ayudar a ampliar el conocimiento sobre la geología de la Luna. Ese conocimiento serviría para preparar mejor a las futuras misiones tripuladas al satélite, que actualmente son planeadas tanto por Estados Unidos como por China.
En la Luna, desde la antigüedad, se apoyaron poderosos y poderosas para predicciones, prospecciones agrícolas y consolidar sus propios sistemas de poder
Desde la más remota antigüedad, la Luna fue utilizada para predicciones, prospecciones agrícolas y para legitimar a los poderosos.
El 25 de mayo de 1961, el trigésimo quinto presidente de los Estados Unidos, John Fitzgerald Kennedy (1917-1963), ante el Congreso de aquel país anunció por primera vez que una de las metas de su administración era llevar un estadounidense a la Luna. La Guerra Fría (1947-1991) estaba en desarrollo.
En la por entonces llamada “carrera espacial”, los estrategas de su país evaluaban que sus adversarios de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) se habían puesto en ventaja. De hecho, el 4 de octubre de 1957, “los rusos” pusieron en órbita el Sputnik 1, primero de los satélites artificiales de la historia.
Casi dos años más tarde, el 13 de setiembre de 1959, la nave espacial de la URSS Luna 1, como estaba previsto, se estrelló contra el suelo lunar cuando el satélite natural del planeta Tierra se encontraba en fase Gibosa Creciente. Por si algo faltaba, el 12 de abril de 1961, el líder soviético Nikita Jrushchov (1894-1971) volvió a marcar.
Aquel día, el astronauta Yuri Gagarin (1934-1968), a bordo de la Vostok 1, orbitó la Tierra durante ciento ocho minutos. El conflicto por la supremacía del capitalismo por sobre el socialismo parecía no ir bien para los norteamericanos. Kennedy sentía y sabía que era necesario recuperar el prestigio mundial que su país tenía cuando finalizó la Segunda Guerra Mundial y, en el orden interno, reconstruir la confianza.
META
Con esa convicción, aquel jueves del quinto mes del año el mandatario pidió más fondos al Congreso porque aseguró creer “que esta nación debe comprometerse a lograr la meta, antes de que termine esta década, de hacer aterrizar a un hombre en la Luna y devolverlo sano y salvo a la Tierra”. Dieciséis meses más tarde –el 12 de setiembre en la Universidad de Rice– fue más allá.
“Elegimos ir a la Luna en esta década (…) no porque sea fácil, sino porque es difícil”. El 20 de julio de 1969, dos estadounidenses, Neil Armstrong (1930-2012) y Buzz Aldrin (96), a bordo de Apolo 11, alunizaron y regresaron. Kennedy no pudo verlo. Fue asesinado el 22 de noviembre de 1963, en Dallas.
Mundialmente, de todas formas, se instaló la idea de que Estados Unidos triunfó en la carrera espacial. ¿Habrá sido así? Sospecho que Kennedy (y sus asesores) –cuando lanzaron el compromiso lunar, por llamarlo de alguna manera, como operación concreta de comunicación política– tuvieron a la vista que, desde la más remota antigüedad, la Luna fue utilizada para legitimar a los poderosos y unificar a las sociedades con rituales colectivos.
“La Luna, el espacio, los extraterrestres son temas que siempre pagan bien”, me dijo alguna vez Samuel “Chiche” Gelblung (1944-2026), en el transcurso de una charla de verano entre colegas. Y creo que es así, pero no solo para los contenidos de los medios. Pese a ello, entonces y hasta ahora, para algunos, ese señalamiento y algunos otros –más populares– ya no aplican.
¿Un ejemplo? Estar “en la luna”, aquella frase estigmatizante que llega hasta la actualidad desde la Edad Media cuando los antiguos astrónomos pasaban largas horas con sus ojos fijos en los cielos nocturnos, con la que se denostaba coloquialmente de quienes padecían de problemas de atención o vivían despistados, comenzó a perder sentido.
Pero vuelvo a la Luna y me atrevo a sostenerla como recurso “de última”. Jenaro Gajardo Vera (1919-1998) –abogado, pintor y poeta– fue el sexto de la decena de hijos e hijas que tuvieron el médico Delfín Gajardo Merino y su esposa en Chile. Fue fundador de la Sociedad Telescópica Interplanetaria de la ciudad chilena de Talca, donde se afincó desde 1951.
El primer ministro de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), Nikita Jrushchov, y el 35.º presidente de los EE. UU., John Fitzgerald Kennedy, utilizaron la Luna como meta a alcanzar durante la “carrera espacial” en tiempos de la Guerra Fría
COMITÉ DE RECEPCIÓN
Tal vez, entre los propósitos más relevantes de esa organización, de la que también formaba parte el obispo Manuel Larraín Errázuriz (1900-1966), estaba el de “formar un comité de recepción a los primeros visitantes extraterrestres” que llegaran a nuestro planeta. Pero más allá de ello, Jenaro deseaba fervorosamente ser miembro del muy bien reputado Club Social, que se fundara allá por 1875 y cuyas puertas hasta hoy permanecen abiertas en la calle 3 Oriente 1 y 2 Sur de Talca.
Pero –para acceder a ese deseo– debía acreditar ser propietario. Grave. Gajardo Vera, vaya contradicción, solo era poseedor de su buen nombre y honor, pero con ello no aplicaba. Ingenioso –además de aficionado a la astronomía– el 25 de setiembre de 1954 logró que el notario público César Jiménez Fuenzalida certificara con toda formalidad que aquel “poeta es dueño desde antes del año 1857, uniendo su posesión a la de sus antecesores del astro, satélite único de la Tierra, de un diámetro de 3.475,99 kilómetros, denominado Luna, y cuyos deslindes por ser esferoidal son: a Norte, Sur, oriente y poniente: el espacio sideral”.
Así se lee en el acta que emitió Jiménez Fuenzalida. Más aún, se cotillea en Talca que, en 1969, el trigesimoséptimo presidente de Estados Unidos, Richard Nixon (1913-1994), previo a la misión Apolo 11 y a través de una carta, le pidió autorización para descender en la Luna.
Aquella misiva –si existiera– nadie dice públicamente haberla visto. Sin embargo, el poeta exhibió, tal vez en alguna reunión en el Club Social de Talca, la que fue su respuesta. “En nombre de Jefferson, de Washington y del gran poeta Walt Withman, autorizo el descenso de Aldrin, Collins y Armstrong en el satélite lunar que me pertenece, y lo que más me interesa no es solo un feliz descenso de los astronautas, de esos valientes, sino también un feliz regreso a su patria. Gracias, señor presidente”.
Antes de morir, a los 79 años, Jenaro hizo conocer su voluntad. “Dejo a mi pueblo la Luna, llena de amor por sus penas”. Recuerdo que a mi regreso de un viaje a Chile en cuyo transcurso caminé las calles de Talca, un querido colega periodista, EA, descreyó. Con un fragmento del Tratado sobre el Espacio Ultraterrestre de 1967 entre sus manos, leyó en alta voz. “El espacio ultraterrestre, incluso la Luna y otros cuerpos celestes, no es objeto de apropiación nacional por reivindicación de soberanía, uso u ocupación, ni de ninguna otra manera”.
Jenaro Gajardo Vera (1919-1998), ciudadano chileno residente en Talca. Registró la Luna para tener una propiedad y poder asociarse al Club Social de aquella ciudad el 25 de septiembre de 1954
UN TEMA QUE PAGA BIEN
Lo sé y no es un dato menor, pero esto sucedió y, sin dudas, es una historia tan atrapante como verificable, atiné a responder. “La Luna, el espacio, los extraterrestres, son temas que siempre pagan bien”. El debate finalizó con risas.
“Seducir y suceder son palabras constituidas casi con las mismas letras. Uno solo de esos signos es el que lo cambia todo, pero –en este caso– sus efectos son definitivamente vinculantes a la hora de producir sentido”, explicaba con frecuencia un muy viejo colega periodista y académico –CP– a quien, en las sobremesas, le encantaba apabullar a las y los comensales con sus juegos de palabras.
“De hecho y, para que se entienda –agregaba con engolado tono de viejo locutor que nunca lo fue– para que la intención de seducir se cumpla en plenitud (y se pueda respetuosamente comentar), tiene que suceder”. Como corolario, sentenciaba: “La política, finalmente, es un acto de seducción masiva”. Y algún grado de razón tenía. La gestión política está marcada por esas dos palabras que se aplican con demasiada frecuencia.
PRIMAVERA
Faltan pocos días para el inicio de la primavera. El invierno resiste. Los que saben lo exculpan. Señalan a El Niño como el causante del invierno extendido… y de todo lo malo que climáticamente –tal vez– habrá de suceder. Sin embargo, a poco del inicio del sábado, ateridos de frío y en procura de ser alcanzados por la calidez que irradian los leños crepitantes, el semicírculo que nos organiza espacialmente a este grupo de amigos y dos amigas se estrecha en torno de la hoguera.
Los copones hoy se colman con un Chateau Subsónico Cambiador Malbec Ancellotta del 2023. El Valle de Uco, en la provincia argentina de Mendoza, genera elixires. Detrás de un enorme ventanal la Luna –gigante– alumbra con generosidad extrema.
“!Lunazaaa…!”, exclamó Mirna. “El sueño de Lorca (Federico García, 1898-1936)”, replicó AF. “De hecho se lo suele mencionar como ‘el poeta de la luna’ que para él y su cosmos creativo era donde convergían misterios, tragedia…”, agregó. “Justamente con su Romance de la Luna, inicia una de sus obras más recordadas como lo es Romance Gitano”, dice ER a quien interrumpo.
“‘La luna vino a la fragua / con su polisón de nardos. El niño la mira, mira / El niño la está mirando. / En el aire conmovido mueve la Luna sus brazos / y enseña lúbrica y pura, / sus senos de duro estaño / Huy luna, luna, luna…’ y podría seguir”, digo a los amigos y las dos amigas que me observan incrédulos y sonrientes recitar.
SIMBOLISMO
“En el sistema de símbolos en la obra de Federico García Lorca aparece el de la luna como el de mayor significación por su variedad de manifestaciones”, puntualiza AF, mientras lee un reporte de la británica Universidad de Cambridge.
“Pero a la Luna también le escribieron Becquer (Gustavo Adolfo), Juan Ramón Jiménez, Rafael Alberti, Miguel de Unamuno, por solo mencionar a algunos”, apunta ER. Una vez más, brindamos. ¿Habrá quedado lejos o perdido en la historia de la literatura la época en que las y los poetas formaban parte de la vida cotidiana?
Mi mirada se pierde en ninguna parte. No tengo la respuesta. Tampoco la busco ni lo intento. “Yo no le canto a la Luna / porque alumbra y nada más / le canto porque ella sabe / de mi largo, caminar”, compuso alguna vez Atahualpa Yupanqui (1908-1992), cantautor argentino, recordó JT.
Tengo la convicción de que tímidamente tarareaba. Sonrió. “Horacio Ferrer (1933-2014), enorme poeta uruguayo y rioplatense, la vio ‘rodando por Callao…’”, agregó Delia. “¿Es o será posible ignorar a la Luna?”, desafió. “Es verdad, no se la puede ignorar, pero es preciso aceptar que la Luna emerge muchísimo menos en las producciones poéticas –como símbolo– desde el inicio del siglo XXI y, aunque no se puede sostener que ha desaparecido, tal vez se esté dando un desplazamiento temático drástico respecto de lo que eran las tradiciones romántica, modernista o vanguardista del siglo XX en las producciones poéticas”, polemiza CM, muy callado hasta el momento.
EN EXTINCIÓN
“Desde las últimas producciones tangueras de autores como Julián Centeya, Celedonio Flores o hasta el propio Ferrer a la Luna la estrellaron contra el pavimento bonaerense o contra los paredones… desde entonces, quizás, la Luna está en extinción y, por qué no decirlo, en el corazón de las ciudades iluminadas a pleno es cada noche más difícil poder verla”, enfatizó. Pero como abogado sus anécdotas y reflexiones rumbearon hacia otros relatos no menos poéticos, pero en algunos casos preñados de hipocresía.
Dennis Hope (82) es un empresario estadounidense que también se dice dueño de la Luna y justamente por ello vende “títulos de propiedad” inmobiliarios en el espacio exterior desde hace ya largo tiempo porque comenzó en el siglo pasado. Luego de un divorcio controversial y en el borde de la bancarrota, en California, mientras contemplaba la Luna desde el borde de una carretera, pensó al único satélite natural de la Tierra como un territorio sin dueño.
RES NULLIUS
“El principio de res nullius”, acotó JM. Retomó la marcha. Condujo hasta su casa y, una vez allí, revisó detalladamente el Tratado sobre el Espacio Ultraterrestre de 1967 que claramente prescribe que la Luna “no es objeto de apropiación nacional por reivindicación de soberanía, uso u ocupación, ni de ninguna otra manera”.
Dennis interpretó que el texto va dirigido solo a los Estados y, por tanto, se produce un “vacío legal” en este tratado porque no menciona ni alude en esa prohibición a personas o empresa privadas. Desde esa perspectiva, sustentándose en las leyes de asentamiento estadounidenses, se declaró formalmente propietario de la Luna, Mercurio, Marte, Venus, Júpiter y varias de las “lunas” de ese planeta.
Registró aquella declaración en una oficina del condado de San Francisco en noviembre de 1980, notificó formalmente a las Naciones Unidas (ONU), al Gobierno de los Estados Unidos, al de la URSS que nunca respondieron ni objetaron. Desde entonces, a través de la empresa de su propiedad The Lunar Embassy (La Embajada Lunar) comercializa y entrega títulos de propiedad que incluyen el “derecho de mineral”, por lo que a cada adquirente le asigna un diploma que opera como título de propiedad numerado y sellado junto con un mapa cartográfico de ubicación del inmuueble, una copia de la “Constitución Lunar” redactada por Hoppe, una declaración de ciudadanía y el pasaporte emitido por el “Gobierno Lunar”.
“COMPRADORES”
Entre algunos de los más notables de dos millones de compradores se encuentran los expresidentes estadounidenses Ronald Reagan, Jimmy Carter y George W. Bush, además de otras celebridades. “No dejo de pensar en la idea de seducir y suceder asociada con la política”, dice Delia mientras levanta nuevamente su copa.
“‘Trump (Donald, 80 años, presidente norteamericano) afirma que la Luna le pertenece a EE.UU.’ en el portal de noticias mxcontrapunto”, dice JT que con suma atención lee en la pantalla de su teléfono inteligente y prosigue: “🌕🇺🇸 @realdonaldtrump afirmó en una publicación en Truth Social que “la Luna es nuestra”, en el marco de nuevas propuestas sobre la política espacial de Estados Unidos”.
El sábado amanece. Las dudas se despejan. “La Luna, el espacio, los extraterrestres, son temas que siempre pagan bien”.
El telescopio Nancy Grace Roman despegó con el cohete Falcon Heavy de SpaceX en el Centro Espacial Kennedy en Florida, el 30 de agosto de 2026. Foto: Gregg Newton/AFP
La NASA lanzó el telescopio Roman para elaborar un nuevo “Atlas del Universo”
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La NASA lanzó el domingo al espacio su telescopio Roman, que debe elaborar un nuevo “Atlas del Universo” y aportar respuestas a varios de los grandes misterios de la física, entre ellos los que representan la materia y la energía oscuras. Este aparato de última generación fue puesto en órbita a las 7:26 locales (11:26 GMT) por un cohete Falcon Heavy de SpaceX desde el Centro Espacial Kennedy, en Florida, en el sureste de Estados Unidos, según la retransmisión en video de la agencia espacial estadounidense.
Diseñado para ofrecer una vista panorámica de las vastas extensiones del espacio, el telescopio espacial Roman “ayudará a develar los secretos del universo”, declaró el presidente estadounidense Donald Trump el viernes durante una ceremonia en la sede de la NASA en Houston, Texas.
Con más de 12 metros de altura, este moderno observatorio fue desarrollado durante más de una década, con un coste superior a los 4.000 millones de dólares. El telescopio lleva el nombre de la pionera astrónoma estadounidense Nancy Grace Roman, conocida como la “madre del Hubble”, otro de los telescopios insignia de la NASA.
Mientras que el Hubble reveló que el universo se expande más rápido de lo que se pensaba, el Roman tratará de responder a otros misterios aún sin resolver. “Roman dará a la Tierra un nuevo atlas del universo”, afirmó el administrador de la NASA, Jared Isaacman, en abril, cuando presentó el proyecto a la prensa.
Estudiar lo invisible
Con un campo de visión más de 100 veces mayor que el del Hubble —y significativamente más amplio que el del James Webb—, el Roman estudiará vastas franjas del cielo desde un punto de observación situado a 1,5 millones de kilómetros de la Tierra, al que tardará unos 100 días en llegar. Está diseñado para trabajar en conjunto con otros observatorios como el Webb, que ofrece mayor potencia y precisión.
Tiene como objetivo descubrir miles de exoplanetas, así como decenas de miles de supernovas, las muertes explosivas de estrellas masivas. “Será el mayor catálogo de objetos astronómicos jamás elaborado y nos ayudará a comprender cuán comunes son sistemas solares como el nuestro”, declaró a la AFP Dave Content, responsable técnico de Roman.
El nuevo telescopio también arrojará luz sobre dos de los mayores misterios de la física: la materia oscura y la energía oscura. Se desconocen sus orígenes, pero se cree que juntas constituyen alrededor del 95 % del universo.
Se cree que la materia oscura actúa como una especie de pegamento gravitacional, mientras que la energía oscura sería una fuerza repulsiva que impulsa la expansión del universo.
Gracias a su visión en infrarrojo, podrá detectar la luz emitida por objetos celestes hace miles de millones de años. Así, mirará hacia atrás en el tiempo para ofrecer a los científicos una ventana al pasado remoto del universo, con el fin comprender mejor estos dos fenómenos misteriosos.
Sorpresa
Las observaciones del Roman complementarán la labor del Observatorio Rubin en Chile y de la sonda Euclid de la Agencia Espacial Europea (ESA).
Julie McEnery, científica principal del proyecto Roman, señaló que investigaciones recientes sugieren que la forma en que los científicos han concebido la expansión temprana del universo, basada en las predicciones de los modelos existentes, podría ser errónea.
“Observaciones recientes apuntan a que nuestro modelo estándar del universo es incorrecto”, declaró en una rueda de prensa el sábado, añadiendo que el Roman ayudará a aclararlo.
“Dirá de forma definitiva: ‘Sí, el modelo funciona, o no funciona’. Y si no funciona, nos proporcionará la precisión y la calidad de los datos que nos permitirán empezar a distinguir entre las distintas opciones”, añadió.
Los científicos y el público tendrán acceso a todos los datos del Roman. Pero el volumen será abrumador, advirtió Content.
El telescopio generará alrededor de 1,3 terabytes de datos al día, “lo que significa que básicamente no se pueden descargar los datos en el portátil de nadie”, dijo.
“Espero, y de hecho doy por hecho, que los descubrimientos científicos más emocionantes del Roman serán una sorpresa, algo que no podemos prever y que sentará las bases para el siguiente conjunto, más profundo, de preguntas que deberán abordar futuras misiones”, afirmó.