Los talibanes de Pakistán reivindicaron el domingo pasado el atentado suicida en el que murieron cuatro paramilitares en Quetta, en el suroeste del país, cerca de la frontera con Afganistán.
El kamikaze que circulaba en moto se hizo estallar en medio de una patrulla del Frontier Constabulary (FC), la estructura paramilitar que vigila las fronteras, en el barrio Mian Ghundi de Quetta, ciudad situada cerca de la frontera afgana. La patrulla estaba en un mercado de verduras de la comunidad chiita hazara.
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El atacante “se dirigió a miembros de la FC con una chaqueta y una motocicleta cargadas de explosivos”, en la carretera de Mastung en Quetta, dijeron los talibanes de Pakistán (Tehreek-e-Taliban Pakistan, TTP) en un comunicado citado por el SITE, una organización privada estadounidense que monitorea las comunicaciones de grupos yihadistas.
El atentado mató en el acto a tres de los paramilitares, y un cuarto sucumbió más tarde a sus heridas, indicó a la AFP Azhar Akram, un alto funcionario policial. Otros diecisiete resultaron heridos, a los que se añaden dos civiles, añadió. Tres de ellos se encuentran en estado crítico.
Los chiitas hazaras, minoritarios en un país mayoritariamente sunita, sufren a menudo atentados perpetrados por islamistas de esta confesión que los consideran herejes. Los paramilitares cuya tarea es vigilar y controlar la sensible frontera afgano-paquistaní han sufrido ataques desde hace varios años en esta región de Baluchistán, donde militantes separatistas han desatado la violencia exigiendo más autonomía.
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Fuente: AFP.
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Buscan ampliar vínculos comerciales con el mercado pakistaní
El sector industrial busca ampliar vínculos comerciales con el mercado de Pakistán en sectores estratégicos como alimentos, industria textil y farmacéutica, generando oportunidades de negocios con este destino, según informó la Unión Industrial Paraguaya (UIP).
Para avanzar en el diálogo, empresas nacionales participaron en un seminario web organizado por la UIP, que estuvo orientado a fortalecer la vinculación entre actores de distintos mercados y promover oportunidades concretas de negocio.
Los rubros de las empresas interesadas fueron: la industria textil, indumentaria deportiva, cuero y calzado, plásticos y neumáticos, alimentos (incluyendo soja, sal y arroz), el sector farmacéutico, dispositivos médicos y quirúrgicos, así como productos como lámparas de sal, cristalería y cubertería.
“Paraguay avanza en la consolidación de una oferta exportable basada en productos con mayor valor agregado, mientras que Pakistán cuenta con una industria desarrollada en sectores como el textil, farmacéutico y manufacturero, generando un escenario propicio para el desarrollo de alianzas estratégicas y la integración entre empresas”, destacaron desde la UIP.
Asimismo, se indicó que las relaciones comerciales entre Paraguay y Pakistán se encuentran mostrando un creciente dinamismo, por lo cual las empresas buscaron expandir su alcance, generar alianzas estratégicas y explorar nuevas posibilidades de inserción en el ámbito internacional, a través de la conexión directa y el desarrollo de relaciones comerciales.
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Interés de Chile y Bolivia
En el contexto del interés internacional, se informó que representantes de la empresa chilena Puerto Ventanas, especializada en el embarque de granos y productos mineros, tuvieron su primer acercamiento con la UIP a fin de conocer el mercado paraguayo y explorar oportunidades de expansión de sus servicios vinculados al comercio exterior.
Asimismo, se recibió a la novena misión hacia Paraguay desde Bolivia que reunió a 45 empresarios de ambos países. En el encuentro se generó un intercambio directo entre ambos países, enfocado en identificar oportunidades de inversión, expansión y vinculación entre empresas, con lo cual Paraguay continuó posicionándose como un entorno atractivo para el desarrollo de nuevos negocios.
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Tras allanamiento, detienen a personas que habrían atacado a trabajador en Canindeyú
Este martes, la Policía Nacional junto con el Ministerio Público realizaron una serie de allanamientos y lograron detener a tres personas que habrían atacado a un trabajador rural en el departamento de Canindeyú. El atentado se habría registrado el pasado 31 de marzo, cuando resultó herido un hombre.
Según el reporte dado por la Fiscalía durante varios procedimientos que se realizaron durante la jornada de hoy en la Colonia Nueva Durango, se logró dar cumplimiento a las órdenes de detención que pesaba contra: Wenceslao Benítez Britos, Rufinos Pérez Velázquez y Alberto Ramón Núñez Álvarez.
Estas personas estarían sindicadas como los presuntos autores del atentado que se reportó contra un peón que realizaba su trabajo a bordo de un tractor en la misma localidad el pasado 31 de marzo. Los ahora detenidos portaban armas de fuego con las que dispararon al trabajador.
La víctima recibió disparos en el brazo y tórax, también un corte importante a la altura de la cabeza. Se presume que este ataque se registró porque estas personas estaban contra los trabajos agrícolas en un terreno que se encuentra en disputa y que existe interés de una presunta ocupación ilegal.
Las intervenciones estuvieron encabezadas por el fiscal de Curuguaty, Juan Benegas, y el fiscal de San Pedro, Juan Daniel Benítez. En el caso también se encuentran imputadas otras 11 personas por tentativa de homicidio doloso, portación ilegal de armas, asociación criminal e invasión de inmuebles.
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Ataque pakistaní contra centro médico de Kabul mató a 400 personas
El ataque pakistaní perpetrado el lunes contra una clínica de rehabilitación de toxicómanos en la capital de Afganistán dejó “cientos de muertos y heridos”, afirmó la ONG Consejo Noruego para los Refugiados (NRC), presente en el lugar. El portavoz del Ministerio de Salud afgano, Sharafat Zaman, había reportado el martes 400 muertos y más de 200 heridos en el ataque, efectuado el lunes por la noche contra la clínica.
“Según lo que hemos visto y lo que hemos hablado con las demás (agencias) implicadas en las operaciones de socorro, podemos afirmar que hay cientos de muertos y heridos“, declaró a la AFP el director para Afganistán de la oenegé NRC, Jacopo Caridi. Los dos países llevan meses en conflicto.
Pakistán afirma que su vecino alberga a combatientes del movimiento de los talibanes pakistaníes (TTP), que han reivindicado ataques en su territorio. Las autoridades afganas lo niegan. Caridi dijo que el NRC tenía equipos en el terreno después del ataque para apoyar las tareas de rescate.
Confirmó que uno de los edificios del centro médico quedó “completamente quemado y destruido”, y que los equipos de rescate continuaban recogiendo cuerpos de entre los escombros. Una confirmación inmediata sobre el número exacto de víctimas es difícil en Afganistán, donde a menudo ocurren ataques en sitios de difícil acceso y las autoridades suelen dar informaciones contradictorias.
“En Europa tenemos sistemas para identificar a las personas, incluso con sólo partes del cuerpo”, indicó Caridi. “Pero aquí, no sé si tienen estos sistemas. Lo que vi fue un dedo en un lugar, un pie en otro lugar, una mano en un sitio. Fue realmente horroroso”, describió Caridi.
“El balance no es definitivo”
Más de 400 personas murieron en un ataque pakistaní contra un centro para toxicómanos en Kabul, afirmó el martes pasado el gobierno afgano, una acusación desmentida por Pakistán. El ejército pakistaní bombardeó la capital afgana el lunes por la noche. Los dos países llevan meses en conflicto. Pakistán afirma que su vecino alberga a combatientes del movimiento de los talibanes paquistaníes (TTP) que han reivindicado ataques mortales en su territorio. Las autoridades afganas lo niegan.
“El balance no es definitivo; las operaciones de búsqueda continúan, pero tenemos unos 400 muertos y más de 200 heridos”, declaró el portavoz del ministerio de Salud afgano Sharafat Zaman. El portavoz adjunto del gobierno, Hamdullah Fitrat, también dio cuenta de 400 muertos. El saldo no ha sido verificado a través de una fuente independiente, pero periodistas de AFP vieron por la noche al menos una treintena de cadáveres y decenas de heridos en este centro médico.
El ministro de Información pakistaní, Attaullah Tarar, afirmó que las acusaciones afganas son “completamente infundadas”. “No se atacó ningún hospital, ningún centro de rehabilitación de drogadictos ni ninguna instalación civil”, escribió Tarar en la red social X, donde aseguró que el ejército llevó a cabo seis ataques “precisos, deliberados y profesionales”.
“Busco a mi hermano”
El martes por la mañana más de un centenar de personas intentaban desesperadamente tener noticias de sus familiares en este hospital que, según fuentes médicas, acogía entre 2.000 y 3.000 toxicómanos.
“Estoy aquí desde anoche. Busco a mi hermano, pero no lo encuentro. ¿Qué puedo hacer?”, declaró llorando Habibullah Kabulbai, de 55 años. Su hermano menor, Nawroz, ingresó hace cinco días. “Estamos desamparados, esto no me pasa solo a mí, sino a todo Afganistán”, añade, rodeado de otras familias en busca de respuestas.
Las operaciones para encontrar cuerpos y posibles supervivientes continúan, según un equipo de la AFP en el lugar. En uno de los edificios de este centro, el techo se ha derrumbado. Azmat Ali Momand, un médico de 30 años, resultó herido.
“El techo me cayó encima”
“Había terminado de examinar a los pacientes y me había ido a hacer las abluciones (antes de la oración) cuando se oyó la explosión” y entonces “el techo me cayó encima”, contó a AFP. El martes se veían restos humanos entre las ruinas ennegrecidas por el incendio que siguió al ataque. Los bombardeos paquistaníes tuvieron lugar el lunes en torno a las 16:30 GMT, provocando el pánico entre muchos habitantes.
“He oído un caza volar sobre nosotros. Unidades militares cercanas dispararon contra el avión. Soltó bombas y se declaró un incendio”, explicó a AFP uno de los guardias del centro médico, Omid Stanikzai.
El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados exigió el martes una investigación “rápida” e “independiente” de este ataque, con diferencia el más mortífero en el conflicto que enfrenta a ambos vecinos desde hace meses.
Después de una escalada en octubre que causó decenas de muertos, los enfrentamientos entre ambos países se habían calmado, pero se reanudaron con intensidad el 26 de febrero después de una ola de ataques pakistaníes.
Islamabad habló de “guerra abierta” el 27 de febrero y ese mismo día atacó Kabul.
Según la Misión de Asistencia de la ONU en Afganistán (UNAMA), 75 civiles afganos murieron entre el 26 de febrero y el 13 de marzo y más de 115.000 familias se han visto desplazadas en las provincias del este y del sur.
Pakistán también ha informado de víctimas mortales entre la población civil.
“Los esfuerzos diplomáticos de los últimos meses han fracasado y los países del Golfo están ahora ocupados con su propia guerra”, afirma Michael Kugelman, experto del centro de estudios Atlantic Council International Affairs, quien no vislumbra un final del conflicto a corto plazo.
El Programa Mundial de Alimentos de la ONU (PMA) advirtió esta semana que una “inestabilidad persistente (empujaría) a millones de personas a sufrir aún más el hambre” en Afganistán.
Fuente: AFP.
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Mujeres afganas: un vestido azul, una canción, un grito en la montaña
Se sienten encarceladas “como un pájaro al que le arrancaron las alas”, pero siguen adelante, desafiantes a su manera. Cinco mujeres afganas hablaron con AFP sobre las cosas que las ayudan a sobrellevar una vida estrictamente controlada por las normas del gobierno talibán, desde cantar hasta subir a las montañas para gritar. Tienen prohibido estudiar más allá de los 12 años y acceder a numerosos espacios públicos, incluidos parques, piscinas, gimnasios y salones de belleza.
Deben cubrirse al salir de casa, dejando visible únicamente manos y ojos. Quienes infringen la ley se arriesgan a ir a prisión. El líder supremo Haibatulá Ajundzadá insiste en que las mujeres fueron liberadas de la opresión desde que las autoridades talibanas regresaron al poder en 2021, imponiendo su estricta interpretación de la ley islámica.
Por su parte, la ONU afirma que las mujeres se enfrentan a un “apartheid de género”. La sensación de estar atrapadas aumenta a medida que Europa y Estados Unidos endurecen aún más sus normas de entrada, mientras que Irán y Pakistán expulsaron a 2,5 millones de afganos solo el año pasado. “Todas las puertas están cerradas”, comenta una de las mujeres, procedentes de distintas partes del país y cuya identidad AFP oculta por razones de seguridad.
Cuaderno azul
Sanam, de 25 años, quería estudiar Medicina, pero perdió su oportunidad cuando se revocó el acceso a las universidades para las mujeres en 2022. “Me siento privada de mis derechos y enfadada porque nos los quitaron. Soy como un pájaro al que le arrancaron las alas”, afirma. Vive en un pueblo muy pobre, pero siente que está marcando la diferencia al enseñar en línea a 30 niñas y jóvenes.
Cada día “esperan a que les diga buenos días y les enseñe una nueva lección. Enseñar no está permitido y es un delito. Acepto este riesgo porque sé que es valioso y me hace sentir útil”, subraya. También atesora un cuaderno azul. “Para animarme, escribo allí recuerdos todos los días.
Lo guardo en mi armario, entre mi ropa, para que nadie pueda acceder a él", explica. “Las chicas de mi edad son libres fuera de Afganistán. Nosotras estamos en una jaula, no podemos estudiar, pero aun así lo intentamos, tenemos esperanza y seguimos adelante pese a todos los peligros”, recalca.
Gritar en las montañas
Sayamoy, viuda de 34 años, vive en una casa de dos habitaciones en una de las mayores ciudades de Afganistán. Su marido era un oficial militar, asesinado por combatientes talibanes antes de que tomaran el poder. “Me siento muy triste y desearía no ser mujer. Pero cuando veo a mis hijos vuelvo a encontrar esperanza. Aunque mis ojos estén llenos de lágrimas, sigo sonriendo por ellos”, describe.
“Les cuento historias imaginarias. Intento que sean motivadoras y alentadoras”, añade, como relatos sobre una nueva casa con habitaciones y camas separadas. Se gana la vida como limpiadora, pero también da clases a niños de primaria en su casa, señalando una pequeña pizarra blanca en la pared.
Como se espera que las mujeres vayan acompañadas en público por un hombre de su familia, recuerda que la rechazaron en una agencia inmobiliaria. “Me dijeron: ‘Váyase, señora. No tenemos ninguna casa en alquiler’”, recuerda. Cuando buscó ayuda del gobierno, le dijeron que se casara con un combatiente talibán. “El hombre armado (el combatiente) también estaba allí... Me asusté y no volví”, cuenta.
Pero encuentra alivio junto a la tumba de su marido, en una llanura entre altas montañas. “No hay nadie que escuche mi voz. Allí grito mucho”, dice, sintiendo que las montañas comparten su dolor cuando le devuelven el eco de sus gritos. “Entonces mi corazón se vacía de tristeza y me siento aliviada”, atestigua.
Arreglarse y vestirse
Hura, de 24 años, quería ser diplomática y estudiaba relaciones públicas y periodismo antes de que las universidades fueran cerradas a las mujeres. “Todas las puertas están cerradas para las chicas. Solo la del matrimonio queda abierta y esa puerta me da miedo”, indica, temiendo verse obligada a quedarse en casa.
“Lo que mejora mi ánimo es que tomo videos y fotos de mí misma y los publico”, subraya con un piercing visible en la nariz. En uno aparece con un vestido azul de terciopelo escotado, el cabello suelto y cantando en un país donde la música está prácticamente prohibida. Otra publicación la muestra con un colorido vestido tradicional, sonriente y maquillada.
“Me siento libre porque esa foto es mi realidad, es quien quiero ser. Pero también tengo miedo”, confiesa, tras haber oído que mujeres fueron encarceladas por publicaciones en redes sociales. Sigue soñando con ser diplomática y quiere que mujeres en el extranjero la ayuden a acceder a cursos en línea para retomar sus estudios. “Aunque mi cabello se vuelva blanco, no me rendiré hasta obtener mi máster”, enfatiza.
Música de estrellas exiliadas
Shogofa, de 22 años, vive en una ciudad importante con sus padres y ocho hermanos. Se suponía que sería profesora. “Rezo para algún día ser libre y poder estudiar sin miedo. Espero que algún día todas las niñas puedan reír libremente”, detalla. Extraña estudiar y a sus compañeras.
“Me gustaría volver a esos días, poder caminar, ver a mis amigas. Era muy feliz entonces y tenía esperanza en el futuro. Ahora, estoy en un rincón de mi casa y solo estudio en línea”, describe. Shogofa sufre de artritis y la música la ayuda. “Para animarme escucho música y veo programas de cocina. Escucho canciones de Aryana Sayeed y Farhad Darya”, comenta, refiriéndose a estrellas que abandonaron Afganistán.
“Kabul Jaan”, de Darya, fue la primera canción emitida en la radio nacional tras la salida del gobierno talibán en su primer mandato en 2001. Sayeed, que fue jurado en el programa de televisión “Afghan Star”, es conocida por canciones que denuncian la violencia contra las mujeres y recibió amenazas de muerte incluso antes de 2021.
Leer historias de mujeres
Mohjeza, de 30 años, trabajaba en una ONG apoyando a mujeres agricultoras, pero perdió su empleo el año pasado debido a los recortes de ayuda de Donald Trump. Vive en una región montañosa con su madre y cinco hermanos, depende de la energía solar y tuvo que salir de casa en busca de señal telefónica para hablar con AFP.
“Me siento como una prisionera porque ni siquiera puedo ir al mercado sola. No hay un lugar público donde podamos respirar aire fresco unos minutos”, añade. Se ofrece como voluntaria para enseñar a niñas de su comunidad -lo que la “motiva a seguir adelante”- y aún da consejos a las agricultoras a las que ayudaba anteriormente. “Hago ejercicio media hora por la mañana”, relata.
También le encanta leer libros, que descarga y comparte con otras mujeres. “Los libros que suelo leer son sobre mujeres que pasaron por muchas dificultades. Sus historias me motivan a continuar”, insiste. Por el momento sigue atrapada en las montañas después de que le rechazaran una solicitud de visado para estudiar en China. “Solicité asilo en Estados Unidos, pero desde que llegó Trump, todo se canceló. Mi mensaje para quienes están fuera de Afganistán es que nunca pierdan la esperanza”, destaca.
Fuente: AFP.