Talibanes y resistencia libran “duros” combates en Panshir
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La resistencia antitalibana anunció el viernes estar implicada en “duros” combates contra las fuerzas islamistas que asedian el valle del Panshir (este), último foco de oposición armada al nuevo régimen en Afganistán
“Hay duros combates en el Panshir”, declaró Ali Maisam Nazary, un portavoz del Frente Nacional de Resistencia (FNR), compuesto por milicias antitalibanas y antiguos miembros de las fuerzas de seguridad afganas.
Amrulá Salé, vicepresidente del gobierno derrocado, también se encuentra refugiado allí. “Masud está ocupado defendiendo el valle”, añadió en referencia a Ahmad Masud, el hijo del comandante Ahmed Shá Masud, héroe de la resistencia contra los soviéticos y contra los talibanes, asesinado el 9 de septiembre de 2001 por Al Qaeda.
El FNR dijo haber infligido importantes pérdidas a los talibanes, cuya ofensiva afirma contener, pero no comunicó cifras. En las redes sociales, cuentas protalibanas hablan de 31 combatientes del Panshir muertos. El miércoles, la ONG italiana Emergency dijo en Twitter que había recibido en su hospital de Kabul a “cinco pacientes heridos y a cuatro fallecidos en los combates en Gulbahar”, situado a la entrada del valle de Panshir.
“Las fuerzas talibanas se concentraron en la entrada del valle, pero sufrieron emboscadas y tuvieron pérdidas”, escribió hace poco Martine van Bijlert, de la Red Afgana de Analistas. “Aunque las dos partes parecen buscar un golpe que afiance su posición en las negociaciones, sin llegar a la guerra total, los talibanes están concentrando reclutas de otras provincias”, añadió.
El FNR, que pretendía dialogar con los talibanes, prometió defender el valle del Panshir, rodeado por cientos de soldados del movimiento islamista. Pero los talibanes afirman que las negociaciones fracasaron, y piden a los opositores que se rindan.
“Los talibanes propusieron dar dos asientos al FNR en su nuevo gobierno, cuando lo que pedimos es un futuro mejor para Afganistán”, explicó Masud el miércoles. “Ni la hemos estudiado (su oferta)”, añadió, al considerar que los talibanes habían “escogido el camino de la guerra”. Panshir, feudo antitalibán desde hace décadas, es un valle remoto y de muy difícil acceso ubicado en medio de las montañas Hindú Kush, cuyo extremo sur se encuentra a unos 80 km al norte de Kabul.
China mantendrá su embajada en Afganistán
Un portavoz de los talibanes indicó el viernes (hora local) que China prometió mantener abierta su embajada en Afganistán y aumentar su ayuda humanitaria al país, devastado por décadas de conflicto.
Abdul Salam Hanafi, miembro del buró político del grupo islamista en Doha, en Catar, “sostuvo conversaciones con Wu Jianghao, ministro adjunto de Relaciones Exteriores de la República Popular de China”, anunció en Twitter el portavoz, Suhail Shaheen.
“El ministro adjunto chino aseguró que mantendrán su embajada en Kabul, y que nuestras relaciones mejorarán. (...) China continuará y aumentará su ayuda humanitaria, en particular para el tratamiento del Covid-19”, agregó. El gobierno chino no confirmó inmediatamente el anuncio.
La mayoría de los países abordan con cautela el establecimiento de relaciones con los talibanes, que se preparan para dejar atrás la lucha insurgente para asumir el mando del país. Por contra, China, que repetidamente ha criticado lo que considera una apresurada y mal planificada retirada de Estados Unidos de Afganistán, se ha mostrado dispuesta a entablar relaciones “amistosas y cooperativas” con el nuevo régimen.
Su embajada en Kabul sigue operativa a pesar de que el gobierno empezó a evacuar hace meses a sus ciudadanos por motivos de seguridad. Pero las autoridades chinas no reconocieron todavía al nuevo régimen talibán y están alerta ante un eventual apoyo de este movimiento a los separatistas de la minoría musulmana uigur en la región de Xinjiang, donde se encuentra precisamente el único tramo de frontera entre ambos países.
China entiende que una administración estable y cooperativa en Kabul allanaría el camino a la expansión de su gran proyecto de desarrollo de infraestructuras internacionales, opinan los analistas. Para el movimiento islamista, el gigante asiático puede ser una fuente crucial de apoyo económico y de inversiones. Además, empresas chinas tienen la vista puesta en las grandes minas de cobre y litio de Afganistán, aunque los expertos aseguran que una inversión inmediata es poco probable dada la frágil situación de seguridad.
Árbol de la vida”, representación coreográfica y performática realizada en el encuentro de los “Constructores de la Sociedad” con el papa Juan Pablo II en mayo de 1988 en Asunción
Los cuerpos en movimiento como resistencia a la dictadura
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Jimmi Peralta
Fotos: Gentileza
María José Costa, Camila Cáceres y Mélani Peronja lanzaron el libro “La danza como disidencia frente al poder dictatorial”, un trabajo de investigación sobre la danza contemporánea como forma de expresión política durante las dictaduras militares de Paraguay y Argentina. Las autoras parten de la tesis de que la danza posee una doble capacidad de acción en el campo político: el movimiento bailado y el movimiento de lucha.
El registro del arte como resistencia política en la historia de la región sigue siendo rescatado de los archivos y revividos a través de las voces con los testimonios de quienes participaron o fueron testigos de acciones, obras, textos, grabaciones, etc. El ocultamiento de las resistencias muchas veces sirve para la construcción de identidades pasivas de los pueblos. Sin embargo, como en este caso, el movimiento de los cuerpos nunca dejó de decir basta y de sublevarse desde los escenarios.
“La danza como disidencia frente al poder dictatorial. Casos emblemáticos en Buenos Aires y Asunción” es el nombre de la investigación realizada por las bailarinas María José Costa Céspedes, Camila Andrea Cáceres Arza (paraguayas) y Mélani Jazmín Peronja (argentina), en el marco del cierre de su carrera de licenciatura en Composición Coreográfica, mención Danza, en la Universidad Nacional de las Artes de Buenos Aires.
El trabajo fue presentado recientemente en formato de libro y en él se aborda el tema histórico y conceptual de la danza contemporánea como expresión en contextos sociopolíticos, dando paso a lo que se conoce como “coreopolítica”, así como enfoca el estudio de casos emblemáticos en ambos países.
En cuanto a Paraguay, la obra incluye el hito de la presentación de la performance “Árbol de la vida”, que reunió a artistas en oportunidad del encuentro del papa Juan Pablo II con los “constructores de la sociedad”, en 1988. También el impacto desarrollado por la coreografía “Dónde están”, basada en la canción homónima del cantautor Alberto Rodas. En cuanto a Argentina, el libro rememora y analiza las obras que fueron parte del ciclo Danza Abierta, en plena época de la dictadura militar en el país vecino.
El Gran Domingo de La Nación conversó con las autoras María José Costa Céspedes (MC), Camila Andrea Cáceres Arza (CC) y Mélani Jazmín Peronja (MP) sobre los temas que abordaron, el marco conceptual, y la reflexión sobre la danza como disidencia política, premisa sobre la que se sostiene el material.
IMPACTO EN LOS CUERPOS Y EN EL ARTE
–¿En qué contexto nació la idea de este trabajo?
–MC: Como autoras paraguayas y argentinas, nos interesaba entender cómo las dictaduras impactaron no solo en la política y la sociedad, sino también en los cuerpos y en las formas de expresión artística. Nos llamó la atención que la relación entre danza y dictadura latinoamericana había sido muy poco investigada, especialmente desde la danza contemporánea. A partir de ahí comenzamos a preguntarnos cómo el arte podía convertirse en una forma de resistencia en contextos de censura y control. Tuvimos mucha inspiración y acompañamiento de nuestros tutores Rodolfo Prantte y Sonia Sasiain.
–¿Cómo fue el proceso de investigación?
–El trabajo se construyó a partir de entrevistas a referentes y protagonistas de la danza de aquella época, tanto en Paraguay como en Argentina, además de una investigación en archivos, periódicos y bibliografía histórica. En Asunción trabajamos con materiales del Archivo del Terror en el Museo de la Justicia, la Biblioteca Nacional y otros espacios vinculados a la memoria histórica. La memoria oral fue fundamental para reconstruir estas experiencias desde quienes las vivieron. Hicimos muchas entrevistas, y en el libro se publican fragmentos de varias de ellas, como las mantenidas con Teresa Capurro, Alejandra Díaz Lanz, Susana Tambutti y Anahí Zlotnik, y gracias al apoyo de Fondec (Fondo Nacional de la Cultura y las Artes) pudimos adaptar y ampliar la investigación para publicar finalmente el libro que hoy está disponible tanto en Paraguay como en Argentina.
–¿Cuál fue el marco teórico que utilizaron para interpretar y/o valorar las puestas investigadas y su contexto?
–MC: El marco teórico del trabajo se centró en pensar la relación entre cuerpo, poder y disidencia durante las dictaduras. Nos interesaba entender cómo los regímenes autoritarios buscaron disciplinar los cuerpos y controlar las formas de movimiento y expresión, y cómo la danza contemporánea apareció también como una práctica política y de resistencia. Trabajamos principalmente con autores como Michel Foucault para analizar las lógicas de control y disciplinamiento social, y André Lepecki, quien desarrolla conceptos como la coreopolítica y la capacidad política del movimiento. También incorporamos aportes sobre memoria y sobre la dimensión política de la danza contemporánea en América Latina. Más que estudiar solamente obras coreográficas, nos interesaba pensar cómo ciertos cuerpos y ciertos modos de moverse podían convertirse en una forma de disidencia frente a contextos represivos.
“CON POCA ROPA”
–¿Podrían hablarnos sobre la puesta de 1988 frente al papa?
–MC: La puesta de “Árbol de la vida” se realizó en 1988, durante la visita del papa Juan Pablo II a Paraguay, en un contexto en el que la dictadura de Alfredo Stroessner ya comenzaba a mostrar signos de desgaste. Fue una performance colectiva que reunió danza, música, teatro y poesía, y que se presentó dentro de un encuentro entre el papa y representantes de distintos sectores sociales y culturales, los denominados “constructores de la sociedad”. Lo interesante es que, aunque oficialmente era un acto vinculado a la visita papal, terminó convirtiéndose en una expresión simbólica de crítica y deseo de cambio frente al régimen. La obra utilizaba la imagen de un árbol seco que, hacia el final, florecía colectivamente como metáfora de esperanza, libertad y recuperación de lo vital.
–¿Qué repercusiones provocó la obra en su momento?
–MC: La repercusión fue muy grande. El Gobierno intentó suspender el encuentro por considerarlo demasiado crítico, hubo tensión política y mediática. Estando ya en gira el papa en la región, el Vaticano hizo saber que podría suspender la llegada a Paraguay si el Gobierno sacaba el acto de la agenda. El episcopado paraguayo también reclamó preservar el acto y finalmente se realizó. Según los testimonios que recogimos, muchas personas sintieron que era una forma de decir públicamente cosas que durante años habían sido silenciadas. Incluso algunas de las artistas participantes sufrieron consecuencias posteriores por haber formado parte de la puesta. El libro aporta la visión de algunos de los responsables, pero sobre todo documentos inéditos del Archivo del Terror como uno en el que Pastor Coronel informa a Stroessner sobre los “entretelones” del evento, “comentados” en una visita que recibiera de un obispo “amigo”, quien incluso decía que entre los religiosos hubo quienes cuestionaron que “las bailarinas vestían poca ropa” y eso no era “adecuado”.
La dictadura stronista vigilaba y controlaba tanto a políticos como a artistas. Aquí, uno de los informes de vigilancia sobre la maestra Teresa Capurro, cuando recibió en su casa a bailarines de Argentina
COREOPOLÍTICA
–La relación entre las dictaduras y el cuerpo suele expresarse en formas de control, disciplinamiento y unificación. En ese contexto, ¿qué mensajes o estímulos podían producir las propuestas de danza contemporánea como para incomodar al poder?
–MP: Aprendimos que la danza posee una doble capacidad de acción en el campo político: el movimiento bailado y el movimiento de lucha. El movimiento bailado son esas obras o prácticas dancísticas que buscan influenciar la opinión pública o consolidar un discurso político. Ejemplo de esto sería la obra coreográfica “Dónde están”. Y el movimiento de lucha es esa capacidad contestataria de la danza de generar un movimiento colectivo de protesta como lo fue Danza Abierta en Buenos Aires.
–El video de “Dónde están” es un ícono de aquella generación. ¿Ese fue su material de estudio o también existió una puesta en escena inspirada en la canción de Rodas?
–CC: “Dónde están” es una obra que se basó en la canción “Donde están los desaparecidos” de Alberto Rodas. Esta obra se estrenó en el Bosque de los Artistas de Hermann Guggiari a finales de la dictadura y tomó más valor para la memoria al ser representada en varias ocasiones en escuelas y teatros por la compañía del Ballet Nacional. Nuestro material de estudio fue un video que se encuentra a disposición en Youtube en Memorias de Danza, pero también nos basamos en entrevistas realizadas a los coreógrafos e intérpretes Alejandra Díaz y Francisco Carvallo.
–¿Cómo comparten o disputan protagonismo la estética, la técnica y la política dentro de la danza?
–CC: No hay una disputa, hay una simbiosis entre estas. Hay una armonía entre lo que el artista quiere decir, lo que se puede mostrar y lo que el público interpreta. La danza es movimiento constante, es un todo orgánico.
Durante los talleres hubo muy buena recepción entre las estudiantes, que manifestaron interés en los aportes documentales del Archivo del Terror vinculados al arte y la danza
RECEPCIÓN EN EL PÚBLICO
–¿Qué receptividad tuvo el trabajo cuando lo presentaron en Asunción y Buenos Aires?
–CC: Tanto la presentación del trabajo final de graduación ante la mesa examinadora de la Universidad Nacional de las Artes, Buenos Aires, como las presentaciones del libro que realizamos en Asunción fueron muy bien recibidas por varios aspectos, pero lo principal es que todavía no somos una generación muy distante a lo que pasó. Todavía tenemos docentes y familiares que participaron en estos eventos o que sufrieron de alguna manera las violaciones de los derechos humanos en esa época. Desde la universidad siempre nos incentivaron a investigar y así poder registrar el aporte que tuvo la danza en ese periodo. Coincidentemente, el concepto de coreopolitica de Andre Lepeki que exponemos en el libro se articula con lo que la universidad estuvo haciendo en Buenos Aires en el último año, defendiendo sus derechos y demostrando que a través de la danza también podemos hacer política.
–¿Cómo vivieron la recepción de los participantes y el público en los talleres?
–En los talleres y conversatorios que pudimos hacer en Asunción, en el Instituto Superior de Bellas Artes, en el Archivo del Terror y en la academia Núcleo de Arte y Danza hubo muy buena receptividad por lo novedoso del tema y el enfoque. La performance que preparamos como parte de los eventos, que es un homenaje a quienes protagonizaron esos tiempos, creo que gustó y aportó el momento artístico especial. El libro estuvo también en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires gracias al apoyo de los encargados culturales de la Embajada paraguaya. Y en la Feria Internacional del Libro de Asunción lo presentaremos el 31 de mayo, con presencia también internacional. Así también, estamos gestionando presentaciones con la Universidad Nacional de las Artes de Buenos Aires.
AUTORAS DEL LIBRO
María José Costa Céspedes: licenciada en Composición Coreográfica con Mención en Danza por la UNA de Buenos Aires. Profesora superior de danza clásica, Academia Núcleo de Arte y Danza, Asunción.
Camila Andrea Arza: técnica en danza y licenciada en Composición con Mención en Danza por la UNA de Buenos Aires. Profesora superior en danza clásica por el Instituto Superior de Bellas Artes (ISBA) de Asunción.
Mélani Jazmín Peronja: técnica en danza y licenciada en Composición Coreográfica con Mención en Danza por la UNA de Buenos Aires.
Mélani Peronja, Camila Cáceres, María José Costa, autoras de la investigación
General Caballero de Juan León Mallorquín superó por 2-0 a Tacuary como visitante y regresó al primer lugar de la tabla de posiciones de la División Intermedia, en uno de los juegos por la cuarta fecha de la División Intermedia.
El Rojo mallorquino superó al equipo del barrio Jara mediante los goles de Jorge Colmán (19’) y Miller Mareco (45’) en el primer tiempo. Los dirigidos por Édgar Denis tuvieron la chance de acortar el resultado, pero Alcides Valdez malogró un penal a los 77 minutos.
La victoria deja al General con 10 puntos, los mismos que el 12 de Junio de Villa Hayes. Tacuary se mantiene con un punto. En la próxima fecha, Tacuary visitará al 3 de Noviembre del barrio San Pablo, y General Caballero JLM será local ante Independiente de Campo Grande.
En otro duelo en el Estadio Gunther Vögel, Deportivo Capiatá y Resistencia de la Chacarita empataron 1-1.
Jorge Benítez (29’) marcó el tanto para el conjunto capiateño, mientras que Enzo Agüero (81’) lo igualó para el elenco del Bajo. Con esta paridad, Deportivo Capiatá llega a 6 unidades, y Resistencia SC a 5 puntos.
Por la quinta jornada del campeonato, los dirigidos por Troadio Duarte visitarán a Guaireña FC, y los comandados por Humberto García recibirán a Sol de América.
Doce personas fallecieron a causa de un terremoto de magnitud 5,8 que se sintió el viernes por la noche en varias regiones de Afganistán. Foto: Archivo (Ilustrativa)
Doce personas fallecieron durante un terremoto en Afganistán
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Doce personas fallecieron a causa de un terremoto de magnitud 5,8 que se sintió el viernes por la noche en varias regiones de Afganistán, según un balance actualizado difundido este sábado por el gobierno y la Media Luna Roja.
El sismo ocurrió a las 20:42 locales en el noreste del país a una profundidad de 186,4 km, informó el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS). El balance anterior era de ocho muertos.
El epicentro se situó a 35 km al sur de Jorm, en la provincia de Badajshán, pero la sacudida se sintió en numerosas provincias de Afganistán, incluida la capital, Kabul, según periodistas de la AFP.
“Lamentablemente, 12 personas murieron y cuatro resultaron heridas a causa del temblor”, indicó en la red X el portavoz adjunto del gobierno talibán, Hamdullah Fitrat.
El balance fue confirmado a la AFP por el portavoz de la Media Luna Roja afgana, Abdul Qadeem Abrar, quien precisó que los fallecimientos se produjeron en la provincia de Kabul.
Previamente, el Ministerio de Salud había dado parte del fallecimiento de ocho miembros de una familia en la zona de Gosfand Dara, en la provincia de Kabul.
Afganistán sufre terremotos con frecuencia, en particular a lo largo de la cordillera del Hindu Kush, cerca del punto de unión entre las placas tectónicas euroasiáticas e india.
En agosto de 2025, un terremoto de magnitud 6, el más mortífero de la historia reciente del país, afectó a las provincias orientales de Kunar, Laghman y Nangarhar, provocando la muerte de más de 2.200 personas.
Bomberos afganos sofocan las llamas en el lugar tras los ataques aéreos paquistaníes contra el Centro de Servicios de Rehabilitación Secundaria en Kabul el 17 de marzo de 2026. Foto: Wakil Kohsar/AFP
Ataque pakistaní contra centro médico de Kabul mató a 400 personas
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El ataque pakistaní perpetrado el lunes contra una clínica de rehabilitación de toxicómanos en la capital de Afganistán dejó “cientos de muertos y heridos”, afirmó la ONG Consejo Noruego para los Refugiados (NRC), presente en el lugar. El portavoz del Ministerio de Salud afgano, Sharafat Zaman, había reportado el martes 400 muertos y más de 200 heridos en el ataque, efectuado el lunes por la noche contra la clínica.
“Según lo que hemos visto y lo que hemos hablado con las demás (agencias) implicadas en las operaciones de socorro, podemos afirmar que hay cientos de muertos y heridos“, declaró a la AFP el director para Afganistán de la oenegé NRC, Jacopo Caridi. Los dos países llevan meses en conflicto.
Pakistán afirma que su vecino alberga a combatientes del movimiento de los talibanes pakistaníes (TTP), que han reivindicado ataques en su territorio. Las autoridades afganas lo niegan. Caridi dijo que el NRC tenía equipos en el terreno después del ataque para apoyar las tareas de rescate.
Confirmó que uno de los edificios del centro médico quedó “completamente quemado y destruido”, y que los equipos de rescate continuaban recogiendo cuerpos de entre los escombros. Una confirmación inmediata sobre el número exacto de víctimas es difícil en Afganistán, donde a menudo ocurren ataques en sitios de difícil acceso y las autoridades suelen dar informaciones contradictorias.
“En Europa tenemos sistemas para identificar a las personas, incluso con sólo partes del cuerpo”, indicó Caridi. “Pero aquí, no sé si tienen estos sistemas. Lo que vi fue un dedo en un lugar, un pie en otro lugar, una mano en un sitio. Fue realmente horroroso”, describió Caridi.
“El balance no es definitivo”
Más de 400 personas murieron en un ataque pakistaní contra un centro para toxicómanos en Kabul, afirmó el martes pasado el gobierno afgano, una acusación desmentida por Pakistán. El ejército pakistaní bombardeó la capital afgana el lunes por la noche. Los dos países llevan meses en conflicto. Pakistán afirma que su vecino alberga a combatientes del movimiento de los talibanes paquistaníes (TTP) que han reivindicado ataques mortales en su territorio. Las autoridades afganas lo niegan.
“El balance no es definitivo; las operaciones de búsqueda continúan, pero tenemos unos 400 muertos y más de 200 heridos”, declaró el portavoz del ministerio de Salud afgano Sharafat Zaman. El portavoz adjunto del gobierno, Hamdullah Fitrat, también dio cuenta de 400 muertos. El saldo no ha sido verificado a través de una fuente independiente, pero periodistas de AFP vieron por la noche al menos una treintena de cadáveres y decenas de heridos en este centro médico.
El ministro de Información pakistaní, Attaullah Tarar, afirmó que las acusaciones afganas son “completamente infundadas”. “No se atacó ningún hospital, ningún centro de rehabilitación de drogadictos ni ninguna instalación civil”, escribió Tarar en la red social X, donde aseguró que el ejército llevó a cabo seis ataques “precisos, deliberados y profesionales”.
“Busco a mi hermano”
El martes por la mañana más de un centenar de personas intentaban desesperadamente tener noticias de sus familiares en este hospital que, según fuentes médicas, acogía entre 2.000 y 3.000 toxicómanos.
“Estoy aquí desde anoche. Busco a mi hermano, pero no lo encuentro. ¿Qué puedo hacer?”, declaró llorando Habibullah Kabulbai, de 55 años. Su hermano menor, Nawroz, ingresó hace cinco días. “Estamos desamparados, esto no me pasa solo a mí, sino a todo Afganistán”, añade, rodeado de otras familias en busca de respuestas.
Las operaciones para encontrar cuerpos y posibles supervivientes continúan, según un equipo de la AFP en el lugar. En uno de los edificios de este centro, el techo se ha derrumbado. Azmat Ali Momand, un médico de 30 años, resultó herido.
“El techo me cayó encima”
“Había terminado de examinar a los pacientes y me había ido a hacer las abluciones (antes de la oración) cuando se oyó la explosión” y entonces “el techo me cayó encima”, contó a AFP. El martes se veían restos humanos entre las ruinas ennegrecidas por el incendio que siguió al ataque. Los bombardeos paquistaníes tuvieron lugar el lunes en torno a las 16:30 GMT, provocando el pánico entre muchos habitantes.
“He oído un caza volar sobre nosotros. Unidades militares cercanas dispararon contra el avión. Soltó bombas y se declaró un incendio”, explicó a AFP uno de los guardias del centro médico, Omid Stanikzai.
El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados exigió el martes una investigación “rápida” e “independiente” de este ataque, con diferencia el más mortífero en el conflicto que enfrenta a ambos vecinos desde hace meses.
Después de una escalada en octubre que causó decenas de muertos, los enfrentamientos entre ambos países se habían calmado, pero se reanudaron con intensidad el 26 de febrero después de una ola de ataques pakistaníes.
Islamabad habló de “guerra abierta” el 27 de febrero y ese mismo día atacó Kabul.
Según la Misión de Asistencia de la ONU en Afganistán (UNAMA), 75 civiles afganos murieron entre el 26 de febrero y el 13 de marzo y más de 115.000 familias se han visto desplazadas en las provincias del este y del sur.
Pakistán también ha informado de víctimas mortales entre la población civil.
“Los esfuerzos diplomáticos de los últimos meses han fracasado y los países del Golfo están ahora ocupados con su propia guerra”, afirma Michael Kugelman, experto del centro de estudios Atlantic Council International Affairs, quien no vislumbra un final del conflicto a corto plazo.
El Programa Mundial de Alimentos de la ONU (PMA) advirtió esta semana que una “inestabilidad persistente (empujaría) a millones de personas a sufrir aún más el hambre” en Afganistán.