La resistencia a los talibanes se organiza en el valle del Panshir
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Desde lo alto de una cumbre escarpada del valle del Panshir, que ya fue lugar de resistencia al invasor en el pasado, fuerzas antitalibanas se entrenan con ametralladoras pesadas de cara a posibles combates.
Son los miembros del Frente Nacional de Resistencia (FNR), principal grupo de oposición, listos para luchar hasta la muerte frente a los talibanes, que controlan Afganistán desde hace casi diez días.
En sus filas, milicianos y antiguos miembros de las fuerzas de seguridad afganas se preparan para la defensa: ametralladoras pesadas, morteros y puestos de vigilancia diseminados a los largo de este profundo valle a 80 km al noreste de Kabul, cuyo principal acceso forma un cuello de botella. Los combatientes, muchos de ellos llevan todavía el uniforme de camuflaje, patrullan la zona a bordo de Humvees, vehículos militares estadounidenses equipados con armamento pesado.
Con las montañas nevadas de fondo, algunos posan con fusiles de asalto, lanzacohetes y ‘walkie-talkies’.
“Morderán el polvo”, fanfarronea un soldado que enumera las derrotas de los talibanes entre los gritos de “Alá Akbar” (Dios es grande) de sus camaradas.
El valle del Panshir es un símbolo en Afganistán. Estrecho y rodeado de altas cumbres, fue la tumba de las ambiciones de muchos invasores.
Las laderas de las montañas están salpicadas de camiones de transporte de tropas, tanques de guerra y otros equipos soviéticos roídos por el óxido, un recuerdo de las derrotas de la URSS ante los temibles panshiris, de etnia tayika, durante la guerra de Afganistán (1979-1989).
“Si los señores de la guerra talibanes lanzan una ofensiva, se encontrarán con nuestra resistencia encarnecida”, avisó la semana pasada Ahmad Masud, uno de los líderes del FNR, en una tribuna publicada por el Washington Post.
Masud es el hijo del legendario comandante Ahmed Shá Masud, considerado un héroe por muchos tayikos por haber resistido a los soviéticos y a los talibanes.
Durante 1996 y 2001, en el anterior gobierno de los talibanes, el Panshir fue una de las pocas zonas que los “estudiantes de religión” no pudieron controlar.
El comandante Masud fue asesinado dos días antes de los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos por kamikazes de Al Qaeda que se hicieron pasar por periodistas.
Este fin de semana, un portavoz del FNR afirmó a la AFP que su movimiento estaba listo para resistir cualquier ataque de los talibanes, pero también para negociar su entrada en un gobierno representativo.
Sitio talibán
Aunque enviaron tropas para rodear el valle por tres costados, los talibanes quieren hablar, según su portavoz, Zabihulá Mujahid.
El antiguo vicepresidente afgano, Amrulá Salé, enemigo declarado de los talibanes (que intentaron asesinarle en varias ocasiones), se refugió también en el Panshir.
“Los talibanes no permiten el abastecimiento del valle de Andarab”, frontera con el Panshir, según escribió por Twitter. “Miles de mujeres y niños huyeron a las montañas”.
Salé afirmó que un desastre humanitario era inminente.
Los talibanes aseguran que Andarab está bajo su control.
Ambas partes evocaron escaramuzas en los últimos días, con versiones diferentes de los hechos que no se pueden verificar.
La ONG italiana Emergency señaló la semana pasada que había “un número creciente de heridos de guerra” en su hospital de Panshir.
Se desconoce la preparación militar y las provisiones de armas y municiones que el FNR pueda haber almacenado en el valle estos últimos tiempos. “Sabemos que con nuestra fuerza militar y logística no bastan”, para resistir a un asedio de varios meses, reconoció Ahmad Masud en el Washington Post
Las reservas “se acabarán rápido a menos que nuestros amigos occidentales encuentren un medio para abastecernos sin demora”, añadió.
Notables del valle del Panshir se habrían reunido con dirigentes talibanes en Kabul, pero las discusiones no dieron resultados, de momento
Concluyó exitosamente la misión técnica encabezada por los expertos de la Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA) en nuestro país. Foto: Gentileza
Culminó con éxito evaluación de la OMSA sobre resistencia a los antimicrobianos
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La misión técnica de la Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA) en nuestro país concluyó con éxito tras varios días de trabajo conjunto con autoridades nacionales para evaluar y fortalecer el marco normativo veterinario de Paraguay en materia de resistencia a los antimicrobianos, según informó el Servicio Nacional de Calidad y Salud Animal (Senacsa).
La actividad evaluó la normativa veterinaria nacional en relación con los capítulos del Código Sanitario para los Animales Terrestres de la OMSA, vinculados al Plan Nacional de Acción contra la Resistencia a los Antimicrobianos (RAM) 2024–2028, bajo el enfoque de Una Sola Salud (One Health). “El análisis permitió detectar áreas de mejora para adecuar y fortalecer el marco jurídico vigente conforme a los estándares internacionales”, destacó el organismo.
La actividad estuvo liderada por José Carlos Martin, presidente del Senacsa, directores generales y profesionales de la institución, junto a los expertos de la OMSA, Luis Julio Arroyo Fernández y Eduardo Serrano Pérez. En las jornadas fueron abordados los mecanismos de coordinación interinstitucional vinculados a la gestión sanitaria, con la participación de representantes del Ministerio de Salud Pública y Bienestar Social (MSPyBS), el Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG), la Dirección Nacional de Vigilancia Sanitaria (Dinavisa), etc.
A su vez, fueron analizadas las normativas sanitarias aplicadas a los laboratorios de control de medicamentos veterinarios, los mecanismos de delegación de funciones y las disposiciones relacionadas con el registro, importación, exportación y uso de estos productos. Asimismo, se abordó la situación de la comercialización de antimicrobianos veterinarios y las acciones impulsadas para prevenir y controlar la resistencia a los mismos.
También fueron abordados los lineamientos que regulan la cadena alimentaria en materia de control de residuos, importación y exportación de alimentos. Asimismo, se analizaron aspectos vinculados a la farmacovigilancia y las responsabilidades de los profesionales farmacéuticos y médicos veterinarios en la implementación de medidas orientadas al uso prudente y responsable de estos productos.
En la última jornada participaron la Asociación Rural del Paraguay (ARP), la Asociación de Avicultores del Paraguay (Avipar), el Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG) y la Cámara Paraguaya de Carnes (CPC). Durante las actividades fueron analizados temas relacionados con la gestión de residuos en hospitales, centros de salud, clínicas humanas y veterinarias, el control de residuos de medicamentos en aguas y suelos, el bienestar animal, así como el uso de antimicribianos en la producción pecuaria.
Árbol de la vida”, representación coreográfica y performática realizada en el encuentro de los “Constructores de la Sociedad” con el papa Juan Pablo II en mayo de 1988 en Asunción
Los cuerpos en movimiento como resistencia a la dictadura
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Jimmi Peralta
Fotos: Gentileza
María José Costa, Camila Cáceres y Mélani Peronja lanzaron el libro “La danza como disidencia frente al poder dictatorial”, un trabajo de investigación sobre la danza contemporánea como forma de expresión política durante las dictaduras militares de Paraguay y Argentina. Las autoras parten de la tesis de que la danza posee una doble capacidad de acción en el campo político: el movimiento bailado y el movimiento de lucha.
El registro del arte como resistencia política en la historia de la región sigue siendo rescatado de los archivos y revividos a través de las voces con los testimonios de quienes participaron o fueron testigos de acciones, obras, textos, grabaciones, etc. El ocultamiento de las resistencias muchas veces sirve para la construcción de identidades pasivas de los pueblos. Sin embargo, como en este caso, el movimiento de los cuerpos nunca dejó de decir basta y de sublevarse desde los escenarios.
“La danza como disidencia frente al poder dictatorial. Casos emblemáticos en Buenos Aires y Asunción” es el nombre de la investigación realizada por las bailarinas María José Costa Céspedes, Camila Andrea Cáceres Arza (paraguayas) y Mélani Jazmín Peronja (argentina), en el marco del cierre de su carrera de licenciatura en Composición Coreográfica, mención Danza, en la Universidad Nacional de las Artes de Buenos Aires.
El trabajo fue presentado recientemente en formato de libro y en él se aborda el tema histórico y conceptual de la danza contemporánea como expresión en contextos sociopolíticos, dando paso a lo que se conoce como “coreopolítica”, así como enfoca el estudio de casos emblemáticos en ambos países.
En cuanto a Paraguay, la obra incluye el hito de la presentación de la performance “Árbol de la vida”, que reunió a artistas en oportunidad del encuentro del papa Juan Pablo II con los “constructores de la sociedad”, en 1988. También el impacto desarrollado por la coreografía “Dónde están”, basada en la canción homónima del cantautor Alberto Rodas. En cuanto a Argentina, el libro rememora y analiza las obras que fueron parte del ciclo Danza Abierta, en plena época de la dictadura militar en el país vecino.
El Gran Domingo de La Nación conversó con las autoras María José Costa Céspedes (MC), Camila Andrea Cáceres Arza (CC) y Mélani Jazmín Peronja (MP) sobre los temas que abordaron, el marco conceptual, y la reflexión sobre la danza como disidencia política, premisa sobre la que se sostiene el material.
IMPACTO EN LOS CUERPOS Y EN EL ARTE
–¿En qué contexto nació la idea de este trabajo?
–MC: Como autoras paraguayas y argentinas, nos interesaba entender cómo las dictaduras impactaron no solo en la política y la sociedad, sino también en los cuerpos y en las formas de expresión artística. Nos llamó la atención que la relación entre danza y dictadura latinoamericana había sido muy poco investigada, especialmente desde la danza contemporánea. A partir de ahí comenzamos a preguntarnos cómo el arte podía convertirse en una forma de resistencia en contextos de censura y control. Tuvimos mucha inspiración y acompañamiento de nuestros tutores Rodolfo Prantte y Sonia Sasiain.
–¿Cómo fue el proceso de investigación?
–El trabajo se construyó a partir de entrevistas a referentes y protagonistas de la danza de aquella época, tanto en Paraguay como en Argentina, además de una investigación en archivos, periódicos y bibliografía histórica. En Asunción trabajamos con materiales del Archivo del Terror en el Museo de la Justicia, la Biblioteca Nacional y otros espacios vinculados a la memoria histórica. La memoria oral fue fundamental para reconstruir estas experiencias desde quienes las vivieron. Hicimos muchas entrevistas, y en el libro se publican fragmentos de varias de ellas, como las mantenidas con Teresa Capurro, Alejandra Díaz Lanz, Susana Tambutti y Anahí Zlotnik, y gracias al apoyo de Fondec (Fondo Nacional de la Cultura y las Artes) pudimos adaptar y ampliar la investigación para publicar finalmente el libro que hoy está disponible tanto en Paraguay como en Argentina.
–¿Cuál fue el marco teórico que utilizaron para interpretar y/o valorar las puestas investigadas y su contexto?
–MC: El marco teórico del trabajo se centró en pensar la relación entre cuerpo, poder y disidencia durante las dictaduras. Nos interesaba entender cómo los regímenes autoritarios buscaron disciplinar los cuerpos y controlar las formas de movimiento y expresión, y cómo la danza contemporánea apareció también como una práctica política y de resistencia. Trabajamos principalmente con autores como Michel Foucault para analizar las lógicas de control y disciplinamiento social, y André Lepecki, quien desarrolla conceptos como la coreopolítica y la capacidad política del movimiento. También incorporamos aportes sobre memoria y sobre la dimensión política de la danza contemporánea en América Latina. Más que estudiar solamente obras coreográficas, nos interesaba pensar cómo ciertos cuerpos y ciertos modos de moverse podían convertirse en una forma de disidencia frente a contextos represivos.
“CON POCA ROPA”
–¿Podrían hablarnos sobre la puesta de 1988 frente al papa?
–MC: La puesta de “Árbol de la vida” se realizó en 1988, durante la visita del papa Juan Pablo II a Paraguay, en un contexto en el que la dictadura de Alfredo Stroessner ya comenzaba a mostrar signos de desgaste. Fue una performance colectiva que reunió danza, música, teatro y poesía, y que se presentó dentro de un encuentro entre el papa y representantes de distintos sectores sociales y culturales, los denominados “constructores de la sociedad”. Lo interesante es que, aunque oficialmente era un acto vinculado a la visita papal, terminó convirtiéndose en una expresión simbólica de crítica y deseo de cambio frente al régimen. La obra utilizaba la imagen de un árbol seco que, hacia el final, florecía colectivamente como metáfora de esperanza, libertad y recuperación de lo vital.
–¿Qué repercusiones provocó la obra en su momento?
–MC: La repercusión fue muy grande. El Gobierno intentó suspender el encuentro por considerarlo demasiado crítico, hubo tensión política y mediática. Estando ya en gira el papa en la región, el Vaticano hizo saber que podría suspender la llegada a Paraguay si el Gobierno sacaba el acto de la agenda. El episcopado paraguayo también reclamó preservar el acto y finalmente se realizó. Según los testimonios que recogimos, muchas personas sintieron que era una forma de decir públicamente cosas que durante años habían sido silenciadas. Incluso algunas de las artistas participantes sufrieron consecuencias posteriores por haber formado parte de la puesta. El libro aporta la visión de algunos de los responsables, pero sobre todo documentos inéditos del Archivo del Terror como uno en el que Pastor Coronel informa a Stroessner sobre los “entretelones” del evento, “comentados” en una visita que recibiera de un obispo “amigo”, quien incluso decía que entre los religiosos hubo quienes cuestionaron que “las bailarinas vestían poca ropa” y eso no era “adecuado”.
La dictadura stronista vigilaba y controlaba tanto a políticos como a artistas. Aquí, uno de los informes de vigilancia sobre la maestra Teresa Capurro, cuando recibió en su casa a bailarines de Argentina
COREOPOLÍTICA
–La relación entre las dictaduras y el cuerpo suele expresarse en formas de control, disciplinamiento y unificación. En ese contexto, ¿qué mensajes o estímulos podían producir las propuestas de danza contemporánea como para incomodar al poder?
–MP: Aprendimos que la danza posee una doble capacidad de acción en el campo político: el movimiento bailado y el movimiento de lucha. El movimiento bailado son esas obras o prácticas dancísticas que buscan influenciar la opinión pública o consolidar un discurso político. Ejemplo de esto sería la obra coreográfica “Dónde están”. Y el movimiento de lucha es esa capacidad contestataria de la danza de generar un movimiento colectivo de protesta como lo fue Danza Abierta en Buenos Aires.
–El video de “Dónde están” es un ícono de aquella generación. ¿Ese fue su material de estudio o también existió una puesta en escena inspirada en la canción de Rodas?
–CC: “Dónde están” es una obra que se basó en la canción “Donde están los desaparecidos” de Alberto Rodas. Esta obra se estrenó en el Bosque de los Artistas de Hermann Guggiari a finales de la dictadura y tomó más valor para la memoria al ser representada en varias ocasiones en escuelas y teatros por la compañía del Ballet Nacional. Nuestro material de estudio fue un video que se encuentra a disposición en Youtube en Memorias de Danza, pero también nos basamos en entrevistas realizadas a los coreógrafos e intérpretes Alejandra Díaz y Francisco Carvallo.
–¿Cómo comparten o disputan protagonismo la estética, la técnica y la política dentro de la danza?
–CC: No hay una disputa, hay una simbiosis entre estas. Hay una armonía entre lo que el artista quiere decir, lo que se puede mostrar y lo que el público interpreta. La danza es movimiento constante, es un todo orgánico.
Durante los talleres hubo muy buena recepción entre las estudiantes, que manifestaron interés en los aportes documentales del Archivo del Terror vinculados al arte y la danza
RECEPCIÓN EN EL PÚBLICO
–¿Qué receptividad tuvo el trabajo cuando lo presentaron en Asunción y Buenos Aires?
–CC: Tanto la presentación del trabajo final de graduación ante la mesa examinadora de la Universidad Nacional de las Artes, Buenos Aires, como las presentaciones del libro que realizamos en Asunción fueron muy bien recibidas por varios aspectos, pero lo principal es que todavía no somos una generación muy distante a lo que pasó. Todavía tenemos docentes y familiares que participaron en estos eventos o que sufrieron de alguna manera las violaciones de los derechos humanos en esa época. Desde la universidad siempre nos incentivaron a investigar y así poder registrar el aporte que tuvo la danza en ese periodo. Coincidentemente, el concepto de coreopolitica de Andre Lepeki que exponemos en el libro se articula con lo que la universidad estuvo haciendo en Buenos Aires en el último año, defendiendo sus derechos y demostrando que a través de la danza también podemos hacer política.
–¿Cómo vivieron la recepción de los participantes y el público en los talleres?
–En los talleres y conversatorios que pudimos hacer en Asunción, en el Instituto Superior de Bellas Artes, en el Archivo del Terror y en la academia Núcleo de Arte y Danza hubo muy buena receptividad por lo novedoso del tema y el enfoque. La performance que preparamos como parte de los eventos, que es un homenaje a quienes protagonizaron esos tiempos, creo que gustó y aportó el momento artístico especial. El libro estuvo también en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires gracias al apoyo de los encargados culturales de la Embajada paraguaya. Y en la Feria Internacional del Libro de Asunción lo presentaremos el 31 de mayo, con presencia también internacional. Así también, estamos gestionando presentaciones con la Universidad Nacional de las Artes de Buenos Aires.
AUTORAS DEL LIBRO
María José Costa Céspedes: licenciada en Composición Coreográfica con Mención en Danza por la UNA de Buenos Aires. Profesora superior de danza clásica, Academia Núcleo de Arte y Danza, Asunción.
Camila Andrea Arza: técnica en danza y licenciada en Composición con Mención en Danza por la UNA de Buenos Aires. Profesora superior en danza clásica por el Instituto Superior de Bellas Artes (ISBA) de Asunción.
Mélani Jazmín Peronja: técnica en danza y licenciada en Composición Coreográfica con Mención en Danza por la UNA de Buenos Aires.
Mélani Peronja, Camila Cáceres, María José Costa, autoras de la investigación
General Caballero de Juan León Mallorquín superó por 2-0 a Tacuary como visitante y regresó al primer lugar de la tabla de posiciones de la División Intermedia, en uno de los juegos por la cuarta fecha de la División Intermedia.
El Rojo mallorquino superó al equipo del barrio Jara mediante los goles de Jorge Colmán (19’) y Miller Mareco (45’) en el primer tiempo. Los dirigidos por Édgar Denis tuvieron la chance de acortar el resultado, pero Alcides Valdez malogró un penal a los 77 minutos.
La victoria deja al General con 10 puntos, los mismos que el 12 de Junio de Villa Hayes. Tacuary se mantiene con un punto. En la próxima fecha, Tacuary visitará al 3 de Noviembre del barrio San Pablo, y General Caballero JLM será local ante Independiente de Campo Grande.
En otro duelo en el Estadio Gunther Vögel, Deportivo Capiatá y Resistencia de la Chacarita empataron 1-1.
Jorge Benítez (29’) marcó el tanto para el conjunto capiateño, mientras que Enzo Agüero (81’) lo igualó para el elenco del Bajo. Con esta paridad, Deportivo Capiatá llega a 6 unidades, y Resistencia SC a 5 puntos.
Por la quinta jornada del campeonato, los dirigidos por Troadio Duarte visitarán a Guaireña FC, y los comandados por Humberto García recibirán a Sol de América.
Cinco mujeres afganas hablaron con la AFP sobre las cosas que les ayudan a sobrellevar sus vidas bajo el estricto control del gobierno talibán. Foto: AFP
Mujeres afganas: un vestido azul, una canción, un grito en la montaña
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Se sienten encarceladas “como un pájaro al que le arrancaron las alas”, pero siguen adelante, desafiantes a su manera. Cinco mujeres afganas hablaron con AFP sobre las cosas que las ayudan a sobrellevar una vida estrictamente controlada por las normas del gobierno talibán, desde cantar hasta subir a las montañas para gritar. Tienen prohibido estudiar más allá de los 12 años y acceder a numerosos espacios públicos, incluidos parques, piscinas, gimnasios y salones de belleza.
Deben cubrirse al salir de casa, dejando visible únicamente manos y ojos. Quienes infringen la ley se arriesgan a ir a prisión. El líder supremo Haibatulá Ajundzadá insiste en que las mujeres fueron liberadas de la opresión desde que las autoridades talibanas regresaron al poder en 2021, imponiendo su estricta interpretación de la ley islámica.
Por su parte, la ONU afirma que las mujeres se enfrentan a un “apartheid de género”. La sensación de estar atrapadas aumenta a medida que Europa y Estados Unidos endurecen aún más sus normas de entrada, mientras que Irán y Pakistán expulsaron a 2,5 millones de afganos solo el año pasado. “Todas las puertas están cerradas”, comenta una de las mujeres, procedentes de distintas partes del país y cuya identidad AFP oculta por razones de seguridad.
Cuaderno azul
Sanam, de 25 años, quería estudiar Medicina, pero perdió su oportunidad cuando se revocó el acceso a las universidades para las mujeres en 2022. “Me siento privada de mis derechos y enfadada porque nos los quitaron. Soy como un pájaro al que le arrancaron las alas”, afirma. Vive en un pueblo muy pobre, pero siente que está marcando la diferencia al enseñar en línea a 30 niñas y jóvenes.
Cada día “esperan a que les diga buenos días y les enseñe una nueva lección. Enseñar no está permitido y es un delito. Acepto este riesgo porque sé que es valioso y me hace sentir útil”, subraya. También atesora un cuaderno azul. “Para animarme, escribo allí recuerdos todos los días.
Lo guardo en mi armario, entre mi ropa, para que nadie pueda acceder a él", explica. “Las chicas de mi edad son libres fuera de Afganistán. Nosotras estamos en una jaula, no podemos estudiar, pero aun así lo intentamos, tenemos esperanza y seguimos adelante pese a todos los peligros”, recalca.
Gritar en las montañas
Sayamoy, viuda de 34 años, vive en una casa de dos habitaciones en una de las mayores ciudades de Afganistán. Su marido era un oficial militar, asesinado por combatientes talibanes antes de que tomaran el poder. “Me siento muy triste y desearía no ser mujer. Pero cuando veo a mis hijos vuelvo a encontrar esperanza. Aunque mis ojos estén llenos de lágrimas, sigo sonriendo por ellos”, describe.
“Les cuento historias imaginarias. Intento que sean motivadoras y alentadoras”, añade, como relatos sobre una nueva casa con habitaciones y camas separadas. Se gana la vida como limpiadora, pero también da clases a niños de primaria en su casa, señalando una pequeña pizarra blanca en la pared.
Como se espera que las mujeres vayan acompañadas en público por un hombre de su familia, recuerda que la rechazaron en una agencia inmobiliaria. “Me dijeron: ‘Váyase, señora. No tenemos ninguna casa en alquiler’”, recuerda. Cuando buscó ayuda del gobierno, le dijeron que se casara con un combatiente talibán. “El hombre armado (el combatiente) también estaba allí... Me asusté y no volví”, cuenta.
Pero encuentra alivio junto a la tumba de su marido, en una llanura entre altas montañas. “No hay nadie que escuche mi voz. Allí grito mucho”, dice, sintiendo que las montañas comparten su dolor cuando le devuelven el eco de sus gritos. “Entonces mi corazón se vacía de tristeza y me siento aliviada”, atestigua.
Arreglarse y vestirse
Hura, de 24 años, quería ser diplomática y estudiaba relaciones públicas y periodismo antes de que las universidades fueran cerradas a las mujeres. “Todas las puertas están cerradas para las chicas. Solo la del matrimonio queda abierta y esa puerta me da miedo”, indica, temiendo verse obligada a quedarse en casa.
“Lo que mejora mi ánimo es que tomo videos y fotos de mí misma y los publico”, subraya con un piercing visible en la nariz. En uno aparece con un vestido azul de terciopelo escotado, el cabello suelto y cantando en un país donde la música está prácticamente prohibida. Otra publicación la muestra con un colorido vestido tradicional, sonriente y maquillada.
“Me siento libre porque esa foto es mi realidad, es quien quiero ser. Pero también tengo miedo”, confiesa, tras haber oído que mujeres fueron encarceladas por publicaciones en redes sociales. Sigue soñando con ser diplomática y quiere que mujeres en el extranjero la ayuden a acceder a cursos en línea para retomar sus estudios. “Aunque mi cabello se vuelva blanco, no me rendiré hasta obtener mi máster”, enfatiza.
Música de estrellas exiliadas
Shogofa, de 22 años, vive en una ciudad importante con sus padres y ocho hermanos. Se suponía que sería profesora. “Rezo para algún día ser libre y poder estudiar sin miedo. Espero que algún día todas las niñas puedan reír libremente”, detalla. Extraña estudiar y a sus compañeras.
“Me gustaría volver a esos días, poder caminar, ver a mis amigas. Era muy feliz entonces y tenía esperanza en el futuro. Ahora, estoy en un rincón de mi casa y solo estudio en línea”, describe. Shogofa sufre de artritis y la música la ayuda. “Para animarme escucho música y veo programas de cocina. Escucho canciones de Aryana Sayeed y Farhad Darya”, comenta, refiriéndose a estrellas que abandonaron Afganistán.
“Kabul Jaan”, de Darya, fue la primera canción emitida en la radio nacional tras la salida del gobierno talibán en su primer mandato en 2001. Sayeed, que fue jurado en el programa de televisión “Afghan Star”, es conocida por canciones que denuncian la violencia contra las mujeres y recibió amenazas de muerte incluso antes de 2021.
Leer historias de mujeres
Mohjeza, de 30 años, trabajaba en una ONG apoyando a mujeres agricultoras, pero perdió su empleo el año pasado debido a los recortes de ayuda de Donald Trump. Vive en una región montañosa con su madre y cinco hermanos, depende de la energía solar y tuvo que salir de casa en busca de señal telefónica para hablar con AFP.
“Me siento como una prisionera porque ni siquiera puedo ir al mercado sola. No hay un lugar público donde podamos respirar aire fresco unos minutos”, añade. Se ofrece como voluntaria para enseñar a niñas de su comunidad -lo que la “motiva a seguir adelante”- y aún da consejos a las agricultoras a las que ayudaba anteriormente. “Hago ejercicio media hora por la mañana”, relata.
También le encanta leer libros, que descarga y comparte con otras mujeres. “Los libros que suelo leer son sobre mujeres que pasaron por muchas dificultades. Sus historias me motivan a continuar”, insiste. Por el momento sigue atrapada en las montañas después de que le rechazaran una solicitud de visado para estudiar en China. “Solicité asilo en Estados Unidos, pero desde que llegó Trump, todo se canceló. Mi mensaje para quienes están fuera de Afganistán es que nunca pierdan la esperanza”, destaca.