Argentina y Brasil celebraron el lunes el 30 aniversario de su acuerdo de uso pacífico de la energía nuclear, considerado como un mecanismo pionero de no proliferación pero que hoy enfrenta una creciente desconfianza entre los dos países y nuevos retos geopolíticos.

La creación en 1991 de la Agencia Brasileño-Argentina de Contabilidad y Control de Materiales Nucleares (ABACC) “fue una línea divisoria” en la relación bilateral, dijo a la AFP el director general de la Organización Internacional de Energía Atómica (OIEA), Rafael Grossi, que participó en la ceremonia en Rio de Janeiro.

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El ABACC se basa en mecanismos de control mutuo de las instalaciones nucleares y abrió la vía a la consolidación del Tratado de Tlatelolco, firmado en 1967 para crear una Zona Libre de Armas Nucleares en América Latina y el Caribe.

Las inspecciones se realizan en un total de 77 instalaciones (de fabricación de combustible, enriquecimiento de uranio, reactores, centros de investigación, etc.), 51 de ellas en Argentina y 26 en Brasil, de acuerdo con los datos del ABACC. Pero las cosas en 30 años cambiaron y el acuerdo debe “evolucionar”, destacó Grossi.

“A inicios de los años 1990 [Argentina y Brasil] decidieron trazar una línea divisoria y lo hicieron, pero lo realizado no se halla en una situación estática”, subrayó. “Tenemos que evolucionar, tenemos que colocar a la ABACC en el nivel correspondiente a las dimensiones de los planes nucleares de ambos países y no dormirnos en nuestros laureles diciendo: ‘Bien, lo que hemos hecho es fantástico y mantengamos sencillamente el statu quo’”, prosiguió.

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Al desafío de la evolución de los programas nucleares de cada país, se suma la aparición o el fortalecimiento de nuevos actores en la geopolítica regional, como China o Rusia. “En una situación en la cual hay fuerzas que no existían o no estaban presentes treinta años atrás, y en la cual los dos países tienen capacidades nucleares es evidente que [el acuerdo] tiene que ser calibrado, ajustado y que todo el sistema tiene que ponerse a la altura de la tarea”, agregó Grossi.

El canciller argentino Felipe Solá, presente en las celebraciones de Rio, estimó en una entrevista con el diario O Globo que un acuerdo como el de 1991 “hoy no sería posible, porque rápidamente surgiría una desconfianza natural, se ideologizaría el tema”.

Solá se refería a las fuertes discrepancias entre los presidentes de ambos países, el centroizquierdista Alberto Fernández de Argentina y el ultraderechista Jair Bolsonaro de Brasil. Esas diferencias se cristalizaron en los últimos meses en el marco del Mercosur (que ambos países integran junto a Paraguay y Uruguay).

Fuente: AFP.

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