Con restricciones poco acatadas y órdenes y contraórdenes para limitar las aglomeraciones durante las fiestas de fin de año, los brasileños tendrán dificultades en evitar un agravamiento brutal de la pandemia de coronavirus, advierten analistas.

El país, que ya contabiliza más de 192.000 muertos por COVID-19, “puede registrar un aumento aún mayor [de casos y decesos] que el que tuvo durante el peor momento” de la enfermedad, subraya Luiz Gustavo de Almeida, doctor en Microbiología de la Universidad de São Paulo.

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“El pico de la pandemia fue entre mayo y julio, que no eran épocas de mucho movimiento de gente y nos cuidábamos más. Ahora tenemos varios casos y las personas se comportan como si no hubiese pandemia”, agrega. Los intentos de revertir la situación exigen esfuerzos y topan con resistencias considerables.

Río de Janeiro decidió bloquear su litoral la noche del 31 con decenas de puestos policiales; el estado de Sao Paulo ordenó cerrar los comercios no esenciales del 1 al 3 de enero; en la amazónica Manaos, los comerciantes protestaron contra medidas similares y en la playa de Búzios (estado de Rio) lograron que las autoridades diesen marcha atrás.

Los recursos judiciales se multiplican para permitir o prohibir las fiestas públicas o privadas y los rumores sobre una megafiesta organizada por Neymar en el litoral de Río generan indignación en momentos en que los balances de algunos días vuelven a superar los 1.000 decesos por primera vez desde septiembre.

Las imágenes de discotecas, bares y playas llenas, potenciadas por la efervescencia de las fiestas, son “la receta perfecta para repetir lo que vimos en Europa al final del verano”, afirma De Almeida.

“Necesitamos educar a la gente para que cumpla el aislamiento social con mucha información y transparencia de que el COVID es un tema de la sociedad y de que la solución solo puede venir de la sociedad”, dice Natalia Pasternak, presidenta del Instituto Cuestión de Ciencia.

Pero la resistencia es tenaz y está alentada por el propio presidente Jair Bolsonaro, que las contrapone a la sobrevivencia económica del país.

“Creo que los medios de comunicación a veces exageran y algunas autoridades mienten. Mira cuánto tiempo estamos en esto, no podemos continuar parando nuestra vida por una enfermedad”, sostiene en esa misma sintonía Maria Rocha, que administra una pequeña tienda de ropa en un barrio de clase media de Sao Paulo.

Atraso en las vacunas

El balance de muertos en este país de 212 millones de habitantes es superado solo por Estados Unidos. Pero el país norteamericano, así como Europa y los vecinos Chile y Argentina, empezaron ya sus campañas de vacunación y en Brasil esta no tiene aún fecha de inicio.

Para Julio Croda, infectólogo de la Fundación Oswaldo Cruz, ante este cansancio que dificulta la aplicación de medidas restrictivas, “la otra solución inmediata es la vacuna, pero estamos bastante atrasados”.

Eso se debe, según Pasternak, a que “las perspectivas son aún algo nebulosas por la falta de acuerdos internacionales que garanticen las dosis necesarias para que la gente pueda tener una amplia cobertura inmunizante”.

El gobierno federal dice negociar 360 millones de dosis, entre ellas 210 millones de la desarrollada por Oxford con la farmacéutica británica AstraZeneca; 42 millones del conglomerado internacional Covax y más de 70 millones de Pfizer-BioNTech (EEUU/Alemania).

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La gobernación de Sao Paulo adquirió seis millones de dosis del inmunizante Coronavac, del laboratorio chino SinoVac, e insumos para producir localmente otras 40 millones de dosis. Pero ninguna de ellas ha pedido hasta ahora autorización ante el organismo regulador sanitario brasileño (Anvisa).

Pero hay un problema mayor: la falta de coordinación nacional y las dudas que el propio Bolsonaro siembra sobre la eficacia de las vacunas. El mandatario de ultraderecha cuestionó los posibles efectos colaterales de las vacunas contra el coronavirus, diciendo que no hay ninguna garantía de que no convierta a quien se las aplique “en un caimán”.

Para vacunar a la población “se necesita voluntad política, planificación y logística. No vi nada de eso hasta ahora”, dice Pasternak. Los brasileños se debaten entre recibir el nuevo año abrazados a sus seres queridos o quedarse en casa para evitar el contagio. De Almeida no duda de que “esa discusión aún va a existir en diciembre de 2021”.

Fuente: AFP.

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