La foto se volvió viral en las redes sociales, símbolo de la desesperación de las víctimas del COVID-19 y la compasión de los trabajadores de la salud. Foto: Gentileza.
La foto de un médico abrazando a un anciano con COVID-19 se vuelve viral
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“Estaba llorando”: la foto de un médico estadounidense con guantes, tapabocas y visera abrazando a un paciente anciano se volvió viral en las redes sociales, símbolo de la desesperación de las víctimas del COVID-19 y la compasión de los trabajadores de la salud.
La foto fue tomada el jueves, Día de Acción de Gracias, en el United Memorial Hospital en Houston, Texas, por un fotógrafo de la agencia Getty.
El doctor Joseph Varon, jefe de personal del hospital, contó a CNN el lunes que estaba en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) cuando vio a un hombre de cabello blanco levantarse de la cama y tratar de salir de la habitación. “Estaba llorando”, dijo Varon. “Así que me acerco a él y le pregunto: ‘¿Por qué llora?’”.
“Y el hombre dice: ‘Quiero estar con mi esposa’. Así que lo agarro y lo abrazo”, añadió el médico, que dijo no saber que en ese momento lo estaban fotografiando. “Sentía mucha pena por él. Me sentía muy triste, al igual que él”.
Varon dijo que la hospitalización en una UCI de COVID-19 es “difícil”, más aún para los ancianos que se sienten solos y se ven rodeados de personas con “trajes espaciales”.
“De hecho un paciente trató de escaparse por la ventana el otro día. Están tan aislados que quieren irse. Es muy triste”. El doctor dijo que el anciano está mucho mejor y podría ser dado de alta del hospital antes del final de la semana.
“Tenemos tantos pacientes que a veces no podemos abrazarlos a todos, tomarles la mano o al menos tratar de ser más humanos”, dijo Varon, que el lunes cumplió su 256 día consecutivo de trabajo. “No sé por qué no me he quebrado”, confesó. “Mis enfermeras lloran en la mitad de la jornada”.
Varon expresó su “frustración” por la falta de cumplimiento de las medidas sanitarias básicas para evitar la propagación del virus: el uso de mascarillas, la distancia social, el lavado de manos.
“Trabajamos todos los días y la gente hace todo lo que está mal: va a bares, restaurantes, centros comerciales, es una locura”, dijo.
“No escuchan y terminan en mi UCI. La gente debe saber que no quiero tener que abrazarlos”, agregó. “Es muy simple, si se siguen las directivas, “entonces el personal de salud, como yo, podrá descansar”.
Texas se convirtió en noviembre en el primer estado de Estados Unidos en superar el millón de casos positivos por el coronavirus desde el inicio de la pandemia, y acumula más de 21.800 muertos.
Emprendedora convirtió su pasión por las plantas en un negocio que florece en redes
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Tunas & Suculentas nació de la pasión de Andresa Villalba por la jardinería, una afición que con el tiempo se convirtió en una pequeña empresa familiar. Hoy, el emprendimiento recibe pedidos a través de Instagram y WhatsApp y trabaja con empresas de distintos puntos del país.
Treinta años pueden parecer una eternidad en un emprendimiento, pero para María Andresa Villalba representan una historia construida planta por planta, cliente por cliente. Propietaria de Tunas & Suculentas, convirtió su pasión por la jardinería en un negocio familiar que, con el paso del tiempo, encontró en las redes sociales una nueva vía para crecer.
“Hace 30 años empecé haciendo jardín. Fui creciendo lentamente, con la ayuda de la comunidad y de mis clientes. Avancé gracias a las personas que quedaron conformes con mi trabajo y que confiaron en mí”, contó en una entretenida charla por su local ubicado en el barrio Pinozá.
La historia de Tunas & Suculentas también demuestra cómo un negocio tradicional puede encontrar nuevas oportunidades cuando cambia la forma de relacionarse con sus clientes. Andresa reveló que el punto de inflexión llegó durante la pandemia, cuando el aislamiento llevó a muchas personas a mirar hacia sus hogares y a interesarse más por las plantas.
Fue entonces cuando una de sus hijas le propuso llevar el trabajo a las redes sociales. “Un día, durante la pandemia, mi hija me dijo: ‘Mamá, vamos a publicar tu trabajo por redes, por Instagram’. Creamos nuestra propia página, Tunas & Suculentas, y desde ahí empezaron a llegarnos pedidos”, relató.
La incorporación de las plataformas digitales permitió ampliar el alcance de un negocio que mantiene una característica esencial: sigue siendo una empresa familiar y de pequeña escala. “Mi local es pequeño, es un local familiar”, reiteró.
Sin embargo, el tamaño del establecimiento no limita la capacidad de atender pedidos. Al contrario, Tunas & Suculentas encontró un nicho especialmente interesante en los obsequios empresariales y souvenirs para acontecimientos especiales.
Cada temporada tiene su propia demanda. Por ejemplo, en el Día de los Enamorados, Día de la Amistad, Día de la Primavera y fin de año son algunas de las fechas que movilizan los pedidos corporativos. “Cada fecha importante del año tenemos muchos pedidos para obsequios empresariales”, señaló.
La cartera de clientes se fue ampliando con el tiempo e incluye empresas de diferentes rubros. Andresa mencionó desde entidades bancarias hasta locales gastronómicos y destacó que los pedidos llegan desde distintos puntos del país. “Hay muchas empresas que ya nos conocen y confían en nuestro trabajo. Ayer, por ejemplo, hicimos una entrega grande en Carmen del Paraná”, comentó.
Atender pedidos de 300 o 400 unidades requiere algo más que pasión por las plantas. Para responder a la demanda, Andresa desarrolló una red de proveedores que le permite complementar su propia producción.
“Para cubrir los pedidos, en realidad soy un pulpo, porque tengo muchos proveedores que cumplen conmigo”, dijo entre risas. La emprendedora cultiva plantas, pero para pedidos de mayor volumen recurre también a proveedores de diferentes puntos de la región.
“Yo planto, pero para la venta en el local trabajo con cantidades pequeñas. Cuando tengo pedidos grandes, de 300 o 400 souvenirs para eventos, bodas o cumpleaños, cuento con proveedores de Brasil, Ciudad del Este y Pedro Juan Caballero”, explicó. Agregó que ese modelo le permite mantener la identidad artesanal del emprendimiento y, al mismo tiempo, responder a una demanda que puede crecer considerablemente en determinadas épocas del año.
Los precios también buscan adaptarse a distintos presupuestos. En el local se pueden encontrar pequeños ejemplares en distintas presentaciones con valores que van desde de G. 10.000, G. 15.000, G. 20.000, G. 50.000, dependiendo de la variedad y el tipo de planta.
Pero más allá del negocio, Andresa transmite su conocimiento acumulado durante tres décadas de contacto cotidiano con las plantas. Contó que cuando se trata de cactus y suculentas, hay dos reglas que considera fundamentales: luz y agua.
“Los cactus y las suculentas necesitan mucha luz y poca agua. Lo más importante es cuidar el riego y el abono. Esa es la parte más delicada de las plantas”, refirió.
El consejo resulta especialmente útil para quienes buscan incorporar verde en oficinas o espacios interiores. Aunque suelen ser consideradas plantas fáciles de mantener, necesitan condiciones adecuadas para prosperar.
“Cada planta tiene sus cuidados y estos varían. En el caso de las tunas y las suculentas, ambas necesitan mucha luz y poca agua”, precisa.
La frecuencia del riego depende además de la estación y del lugar donde se encuentre la planta. “En invierno se riega dos o tres veces al mes, dependiendo del lugar que le damos a cada planta. En verano se podría regar una vez a la semana”, detalló.
Para la emprendedora, muchas veces el problema no está en la planta, sino en las condiciones que recibe. “Muchos dicen: ‘No me quiere esta planta’, pero en realidad somos nosotros los que no la ponemos en el lugar adecuado o no le damos el riego ideal”, reflexionó.
Con tres décadas de experiencia, una nueva generación involucrada en el negocio y una comunidad digital que continúa creciendo, Tunas & Suculentas encontró la manera de transformar una pasión personal en una empresa familiar con clientes dentro y fuera de su entorno inmediato.
La historia de Villalba también habla de adaptación. De un jardín que comenzó hace 30 años a una marca que hoy recibe pedidos desde una pantalla, el emprendimiento demuestra que incluso un pequeño local puede encontrar nuevas oportunidades cuando combina conocimiento, relaciones de confianza y capacidad para adaptarse a los cambios
Todas las mañanas, con una conservadora llena, Brandon sale a las calles de Argentina a vender sopa paraguaya, preparada con la receta de su abuela. Foto: Gentileza
Vende sopa paraguaya en Argentina para cumplir su sueño: estudiar en la universidad
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Brandon es un joven de 20 años quien se hizo conocido gracias a un video publicado en redes sociales. Su objetivo es juntar dinero para comenzar una carrera universitaria, para lograrlo, todas las mañanas con una conservadora llena sale a las calles de Argentina a vender sopa paraguaya, preparada con la receta de su abuela.
De martes a domingos, de 12:30 a 15:00, Brandon se instala en la esquina de Juan de Matienzo y Zuviría, en el barrio Miguel Ortiz, de Argentina. Allí ofrece bandejas de sopa paraguaya a $7.000, según el video publicado por el medio argentino Informate Salta.
Aunque Brandon no sea paraguayo, la receta que lleva consigo tiene raíces de tierra guaraní: es la preparación original de su abuela, una tradición familiar que ahora la convirtió también en su herramienta para perseguir un sueño. Según comentó durante la entrevista con el mencionado medio, con la ayuda de su tío comenzó a recorrer las calles para vender las deliciosas sopas.
Cada bandeja vendida representa un pequeño paso hacia su objetivo de comenzar una carrera universitaria. Aún no decidió qué estudiar, entre sus opciones están Ingeniería, Arquitectura e Higiene y Seguridad, pero mientras tanto, trabaja y ahorra por cada venta realizada y parece que la sopa paraguaya está conquistando a sus clientes.
“Hoy se llevaron todo”, comentó emocionado, luego de vender hasta la última bandeja. Brandon dijo además que próximamente sumará tamales y humitas a su puesto, ampliando las opciones de comida casera para sus clientes.
Pombero aterroriza TikTok: el live que es furor por las madrugadas desde un bananal
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Desde “la capital de la banana” en Paraguay, el pombero se hizo viral en TikTok mediante una serie de transmisiones que se hace llamar “live paranormal” y que comienzan hacia la medianoche, generando terrores en horas de la madrugada. Atilio, Ángel y Largo son los protagonistas centrales de estas exploraciones del “bosque”, que el julio pasado llegó a noticieros locales y generó debate en sitios dedicados a los misterios.
“Che mo py’a pirimbaite”, dice uno de ellos, mientras hablan en guaraní, en el primer susto. El canal de Largo (@manuchopy) en la plataforma de videos alberga cinco de las grabaciones más vistas de estas incursiones nocturnas, acumulando más de seis millones de reproducciones. Específicamente el clip del 22 de julio supera un millón y medio de vistas. Si bien hace un año que publica este tipo de contenido de otros bosques, el bananal donde los tres amigos trabajan durante el día se convirtió en un escenario especial para el “Señor de la Noche”.
Para ampliar la experiencia, el creador de contenidos The Samu (quien justamente había grabado un corto sobre el pombero en 2024) emprendió en agosto pasado el viaje hasta el distrito de Tembiaporã, ubicado en el departamento de Caaguazú (no Guairá como informaron algunos medios), junto a otros dos amigos para encontrarse con Largo, Atilio y Ángel. El resultado fue un documental de media hora disponible en YouTube.
Los relatos personales sobre situaciones paranormales o misteriosas (que todo el mundo tiene para contar) van generando ambiente, especialmente cuando se visitan o se vive en zonas rurales. El pombero traspasa Paraguay y es conocido en el noreste de Argentina (Corrientes, Misiones, Chaco y Formosa), en el sur de Brasil (donde se le conoce como Pombinho o Pai do Mato) y en Uruguay, dentro del territorio compartido de la cultura guaraní.
En la era de las cámaras digitales full HD (y de la IA) sería imposible que se escape este folclórico personaje, como siempre ocurría con los avistamientos de ovnis. Algo que reprochan algunos internautas en los comentarios. En su más reciente video, los amigos de Tembiaporã salieron prácticamente a cazar a la extraña figura que se les estaba acercando, y dejaron dudas de si seguirían yendo juntos al bananal.
Desde la película “El proyecto Blair Witch” (1999), que popularizó las grabaciones encontradas de cineastas desaparecidos tras la leyenda de una bruja en Estados Unidos; hasta la producción paraguaya “No entres” (2024), acerca de youtubers que se meten a una mansión abandonada en San Bernardino; ahora llegó el turno del pombero para ser cool para las nuevas generaciones. Cuestionarán algunos detalles… pero, más allá de que se crea o no, los seguidores se enganchan con el live en plena madrugada, adentrándose en lo oscuro de un monte paraguayo y compartiendo el miedo en directo.
Un paciente con covid-19 es atendido por un trabajador sanitario en la Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital de Clínicas, en San Lorenzo, Paraguay, el 14 de junio de 2021. Foto: Daniel Duarte/AFP
Desde el 2021, cada 19 de setiembre se recuerda en nuestro país el Día del Intensivista. La conmemoración nos remonta directamente a ese tiempo de la historia reciente que marcó al mundo: la pandemia de covid-19.
Paraguay estaba quizás entre los países menos preparados para un desafío de tal magnitud. Según los registros del Ministerio de Salud, para el 2020 había 194 profesionales intensivistas censados. Con estos soldados y unas 380 camas en las UTI del país fuimos a la guerra contra el covid.
Para el 2021 la cantidad de camas se duplicó pero se abría la crisis de la falta de personal. Muchos fueron formados en el campo de batalla. Escasez de medicamentos, falta de oxígeno, nuevos equipos que había aprender a manejar, el temor por sus propias vidas y las de sus familias… Es imposible dimensionar lo que los trabajadores de la salud pasaron durante ese tiempo. En especial aquellos que trabajaron horas y horas encerrados en las unidades de terapia intensiva.
Durante la pandemia el trabajo periodístico tampoco se detuvo. Las salas de prensa pasaron obligadamente a trabajar a distancia, sin embargo, muchos periodistas, fotógrafos, camarógrafos y choferes siguieron realizando la cobertura desde las calles, desde los hospitales, informando a diario sobre el transcurrir de esos difíciles días.
El Facebook me recordaba esta semana una edición especial del diario La Nación del 6 de setiembre de 2020, en homenaje al personal de blanco que daba batalla en hospitales en momentos en que la curva de contagios iba en ascenso. Fue un compendio de notas realizadas en diferentes puestos sanitarios, con testimonios de primera mano del personal de salud, sus vivencias, sus temores. Con un equipo de prensa fuimos a realizar un reportaje al Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias y del Ambiente Prof. Dr. Juan Max Boettner, el Ineram. Este hospital se había vuelto la principal trinchera de la lucha contra el covid. Allí pudimos conversar con trabajadores de varias áreas, quienes –algunos entre lágrimas– contaron cómo la pandemia les había llevado al límite de su capacidad tanto profesional como humana.
“Una vez que un paciente ingresa, ya se queda 100 % a nuestro cuidado. El personal de blanco también tiene que estar viendo no solo la parte pulmonar o cardiaca, sino también la parte psicológica, la contención. Hacemos también enfermería psicológica”, relataba el jefe de la UTI de adultos del Ineram. Mencionaba el impacto que tenía en muchos pacientes los trajes especiales que se utilizaban. Algunos intensivistas llegaron a imprimir fotos de sus rostros y pegarlos sobre las máscaras, para que los enfermos pudieran reconocerlos y no se sintieran tan intimidados.
Con la aprobación de la Ley n.º 7.159/2023, los especialistas en medicina crítica e intensiva pudieron alcanzar algunas reivindicaciones y beneficios. Según Salud, a los cerca de 300 existentes actualmente, este año se sumó la contratación de otros 270 nuevos médicos asignados a las UTI.
La pandemia, que se extendió desde el 2020 al 2023, dejó lecciones muy duras que nunca debemos olvidar. Una de ellas es la importancia de un sistema de salud fuerte y de equipos humanos suficientes, especializados y remunerados de forma acorde.
“Nos cambió la vida realmente este virus y nos hizo saber que hay cosas más importantes por las que luchar y no por cosas banales puramente”, me decía en aquel reportaje el entonces director del Ineram, el doctor Felipe González.
Mientras nos perdemos en discusiones banales y torcidas en las redes sociales, en las UTI del país, en este momento, se libra la batalla cotidiana por preservar la vida. Por lo menos en este día, el del Intensivista, tomemos conciencia de ello.