Los alumnos de la universidad de Kabul expresaron el martes su voluntad de seguir estudiando tras el atentado del lunes, en el que murieron 22 personas. Foto: AFP.
Universitarios de Kabul no bajan los brazos tras atentado
Compartir en redes
Los alumnos de la universidad de Kabul expresaron el martes su voluntad de seguir estudiando tras el atentado del lunes, reivindicado por el EI, contra la facultad más importante de Afganistán, en el que murieron 22 personas. El día después del ataque, las autoridades organizaron un día de duelo nacional y varios estudiantes volvieron a la universidad ensangrentada, donde organizaron una concentración con pancartas en las que pedían: “Dejad de matarnos”.
“Hoy cuando vengo aquí y veo las clases en este estado, me siento como si hubiera desaparecido la universidad”, declaró a la AFP Sami Ahmadi, que sobrevivió al atentado. “Esto es la cima del horror y no está contemplado en ningún sistema ni religión”, aseguró.
Tres hombres asaltaron el lunes por la mañana el céntrico campus de la capital afgana. Uno de ellos se hizo estallar con explosivos y los otros dos dispararon a los jóvenes con armas de fuego, en un ataque que se terminó tras varias horas de combates con las fuerzas de seguridad.
Aunque las autoridades afganas atribuyeron el ataque a los talibanes, los insurgentes negaron cualquier responsabilidad y el Estado Islámico (EI) reivindicó su autoría. “Dos combatientes del Estado Islámico atacaron un acto del gobierno afgano en la universidad de Kabul coincidiendo con la graduación de jueces e investigadores”, afirmó Amaq, la agencia de propaganda del EI, a través de la mensajería electrónica Telegram.
El horror del atentado seguía presente 24 horas después en las paredes de las aulas llenas de agujeros de balas y con sillas y mesas calcinadas. Dos agujeros enormes originados por explosivos recordaban la intervención de las fuerzas especiales afganas que entraron por el techo de una clase para salvar a los estudiantes encerrados en su interior.
“Mi mensaje a los terroristas es que no nos pararán”, afirmó Mohamad Baqir Alizada, de 21 años, quien estudia en otra facultad. “Independientemente de cuál sea el precio por ello, volveremos” a estudiar, añadió. “Sabemos que algún día también nos matarán a nosotros, pero nunca abandonaremos”, escribió en su cuenta de Facebook Bashamal Sahak, quien defendió que a los yihadista “los combatiremos con el conocimiento”.
“Ataque bárbaro”
El ataque se produjo poco antes de la llegada de autoridades afganas en la universidad de Kabul, donde tenían previsto inaugurar una feria de literatura iraní, informó el lunes el Ministerio de Universidades. Representó el segundo atentado en menos de dos semanas contra un centro educativo en Kabul, después de que al menos 24 personas murieran la semana pasada en un ataque con explosivos en un centro educativo en el oeste de la capital afgana.
Mohamed Rachid, un estudiante en administración pública, se había hecho famoso por los videos que compartía sobre las dificultades de los jóvenes en Afganistán.
“La vida es un combate, lleno de dolor, problemas y desgracia”, aseguraba en un video compartido recientemente. “Pero siempre nos veis sonreír, porque el tiempo pasa y debemos vivir”, añadía Rachid, que no podrá seguir compartiendo estos videos porque fue asesinado el lunes. Los atentados siguen repitiéndose en los últimos meses en Afganistán a pesar de que el gobierno y los talibanes empezaron unas negociaciones de paz en septiembre en Doha (Catar).
Bajo máxima tensión, millones de estudiantes chinos rinden el temido examen de ingreso a la universidad
Compartir en redes
Unos 12,9 millones de jóvenes chinos, según el Ministerio de Educación, comenzaron este domingo el “gaokao”, el temido examen nacional de acceso a la universidad.
La prueba, extremadamente selectiva y central en la sociedad china, determina el acceso a las mejores universidades y, en consecuencia, las oportunidades laborales futuras.
Se desarrolla a lo largo de varios días e incluye pruebas de chino, matemáticas, inglés, ciencias y humanidades. Los resultados se anunciarán a finales de junio.
Frente a un centro de exámenes en Pekín, decenas de policías y agentes de seguridad mantenían el orden estel domingo ante los padres, que, con sus teléfonos móviles en mano, esperaban grabar a sus hijos mientras entraban a la sala de exámenes.
Algunos vestían de rojo, un color de buena suerte en la cultura china.
“Estoy un poco ansioso”, dijo Zhang Xinnan, un joven de 18 años con uniforme escolar, momentos antes del inicio de las pruebas. “Pero lo que tenía que dominar, ya lo domino”, aseguró.
En las últimas décadas, la educación superior en China se ha desarrollado rápidamente, impulsada por el crecimiento económico, que ha mejorado el nivel de vida y, con ello, las expectativas de los padres sobre los estudios y las carreras de sus hijos.
Sin embargo, el mercado laboral al que acceden los jóvenes graduados ya no es tan prometedor como antes y hay altos índices de desempleo juvenil.
Según datos oficiales, aproximadamente uno de cada seis chinos de entre 16 y 24 años (excluyendo estudiantes) está sin empleo.
Paula Roa, estudiante paraguaya, se recibe con honores en prestigiosa universidad de Taiwán
Compartir en redes
La estudiante paraguaya Paula Roa (23) se recibió con honores en Taiwán como ingeniera electrónica de la National Taipei University of Technology. Viajó en el año 2020, a los 18 años, asumiendo el gran desafío de mudarse sola en medio de una pandemia.
“Mis expectativas principales eran recibir una educación de primer nivel en un entorno de alta competitividad y formarme en la frontera del conocimiento, ya que Taiwán es el referente mundial en tecnología y electrónica”, relató en diálogo con La Nación/Nación Media.
Igualmente, esperaba crecer profesionalmente a la par de “asegurar un futuro prometedor y expandir mi visión del mundo al sumergirme en una cultura totalmente diferente”, aclaró.
La compatriota, oriunda de Lambaré, recordó que al llegar, el primer gran impacto fue la barrera del idioma, adaptarse a una cultura totalmente distinta y gestionar la profunda nostalgia por la distancia.
La compatriota busca seguir formándose en el exterior, pero quiere volver a Paraguay a aplicar sus conocimientos y alentar a jóvenes paraguayos a salir adelante, expresó a La Nación. Foto: Gentileza
“Sin embargo, el desafío mayor vino un año después, cuando arranqué la carrera y me tocó enfrentar la exigencia académica pura: cursar ingeniería en chino, siendo la única extranjera en un departamento sumamente competitivo. Fue una prueba de resistencia constante”, mencionó.
Añadió que no contaba con la misma base ni preparación académica de los taiwaneses, quienes prácticamente se preparan durante años para este tipo de carreras técnicas tan exigentes.
“En mi caso, fue como empezar todo desde cero, y gran parte del desafío fue el esfuerzo constante por ponerme al día y alcanzar el ritmo avanzado que ellos ya traían. A pesar de todo esto, me considero una persona muy decidida y resiliente”, sentenció.
Aunque muchas veces el camino no le fue fácil, se mantuvo firme con un fuerte enfoque personal y no descansó hasta lograr mis objetivos. “El apoyo incondicional de mi familia desde la distancia, junto con mi determinación diaria, fueron la clave para no rendirme nunca y demostrar que la perseverancia es el idioma universal del éxito”, resaltó.
Conocimientos técnicos de vanguardia
Estudió un año de idioma seguido por los cuatro años de la carrera de grado. En todo este tiempo, la universidad le proporcionó conocimientos técnicos avanzados y de vanguardia en áreas clave de la ingeniería electrónica, recalcó.
“Pude involucrarme en campos sumamente innovadores como la “salud inteligente” y el monitoreo remoto, desarrollando mi tesis en la detección de frecuencias cardíacas y respiratorias a través de radares. Más allá de lo académico, este tiempo me dio herramientas invaluables para la investigación, el manejo de tecnologías emergentes y la capacidad de adaptarse y resolver problemas complejos en entornos multiculturales y de alta presión”, puntualizó.
Además de su título de ingeniera, recibió un reconocimiento por su desempeño académico sobresaliente. Foto: Gentileza
Se graduó en el año 2025 recibiendo el título de Ingeniera Electrónica por la Universidad de Taipei Tech. Además del título, obtuvo el certificado de ‘Outstanding Academic Performance’ (Desempeño Académico Sobresaliente).
“Este reconocimiento es invaluable para mí porque premia la dedicación, la resiliencia y el inmenso esfuerzo invertidos para culminar estos méritos en tiempo y forma, habiendo afrontado el desafío de ser la única extranjera de la clase y cursar un programa en chino en una carrera sumamente competitiva”, subrayó.
A su criterio, la clave para sobresalir en un ambiente tan competitivo siendo extranjera, tuvo que ver con muchísima disciplina y dedicación, porque el ritmo de allá te exige dar el máximo todos los días.
“En mi caso, los valores de constancia y esfuerzo que me inculcaron mis padres desde chica fueron mi mayor motor, pero, primero que nada, está la valentía de confiar en uno mismo y en el potencial que tenemos. Es un proceso durísimo, pero estoy convencida de que todo lo que hoy cuesta y exige tanto, el día de mañana se convierte en tu mayor orgullo, porque el verdadero sacrificio siempre da sus frutos”, apuntó.
En cuanto a sus metas, señaló que busca seguir formándome en el extranjero, obtener experiencia profesional y capacitarse en los países más desarrollados tecnológicamente.
“Mi plan a largo plazo es regresar para aplicar todos esos conocimientos avanzados en Paraguay y contribuir activamente al desarrollo tecnológico de mi país. Además, me interesa mucho motivar a otros jóvenes paraguayos a que se animen a salir de su zona de confort”, manifestó.
Al respecto, dijo que en el país sobra talento y ganas de salir adelante. “Lo único que necesitamos son más herramientas para demostrar lo lejos que podemos llegar y, el día de mañana, usar todo ese conocimiento para hacer crecer a Paraguay”, acotó.
El hecho de súper curiosa desde chica y de gustarle siempre los desafíos, le llevaron a aplicar para la beca. Además, la influencia de sus padres que le enseñaron a soñar en grande y a confiar en sí misma.
“Siempre me llamó la atención la idea de salir, conocer el mundo y expandir mis horizontes, buscando una educación de primer nivel y la experiencia de sumergirme en una cultura totalmente diferente. Saber que Taiwán es líder a nivel mundial en tecnología y electrónica era el lugar perfecto para formarme en lo que me apasiona y asegurar un futuro prometedor”, detalló.
Superando un mar de emociones
En otro momento comentó que el peso de la distancia y gestionar la nostalgia sola al otro lado del mundo fue una de las pruebas emocionales más grandes que le tocó vivir.
“Extrañé muchísimo la calidez de nuestra gente, nuestras costumbres y esa tranquilidad paraguaya que contrasta tanto con el ritmo de vida tan acelerado de Asia. Extrañaba demasiado los asados de los domingos, el sabor de nuestras comidas caseras y el simple hecho de compartir en familia”, reveló.
Pero como tejedora de ñandutí y bailarina de danza paraguaya, mantener vivas esas tradiciones a la distancia le ayudó a paliar la nostalgia. “Fue mi manera de sentirme cerca de casa y recordar siempre de dónde vengo”, afirmó.
Por otro lado, se refirió a las satisfacciones que le proporcionó esta gran oportunidad. “Mi mayor satisfacción es mirar hacia atrás y ver que todo el sacrificio valió la pena al 100%. Me demostré a mí misma que con disciplina y resiliencia fui capaz de sobresalir en una carrera complejísima, en un idioma y cultura totalmente distintos”, aseguró.
Asimismo, se refirió a la emoción de regresar al país. “Sin dudas, el sentimiento más hermoso fue regresar a mi tierra y ver ese orgullo reflejado en mis padres; saber que todo lo que ellos me inculcaron dio sus frutos es mi mayor recompensa”, enfatizó.
En ese sentido, dijo que volver a casa con ese mérito le dio la seguridad de que no hay desafío que no pueda superar. “Regreso lista para todo lo que viene, con el corazón lleno de gratitud y feliz de poder dejar en alto el nombre de mi país”, expresó.
Finalmente, agradeció las muestras de cariño recibidas a su regreso y los reconocimientos a su trayectoria académica y los logros obtenidos en el extranjero.
Separan a tres guardias tras plan de ataque a Tío Rico en su celda
Compartir en redes
El presunto plan de ataque a Miguel Ángel Insfrán, alias Tío Rico, dentro del Centro Penitenciario de Minga Guazú sigue teniendo derivaciones. Se conoció la separación de tres agentes penitenciarios sancionados, según confirmó el viceministro de Política Criminal, Rubén Maciel, en comunicación con Radio Universo 970 y el director de Establecimientos Penitenciarios, Rubén Peña, a La Nación/Nación Media.
Maciel reiteró que la alarma se encendió al principio de este mes al detectarse comportamientos y movimientos inusuales dentro del área de máxima seguridad del centro penitenciario.
Los agentes apartados estaban asignados al módulo donde está la celda de Insfrán en el momento en que se detectaron las conductas irregulares. Para el viceministro Rubén Maciel, la arista más crítica del caso apunta a la complicidad interna.
Por su parte, el director de Establecimientos Penitenciarios, coronel (R) Rubén Peña, aclaró que el presunto intento de atentado contra Tío Rico es una alegación de los defensores del citado.
Reiteró que los tres agentes fueron sometidos a sumarios y “sancionados con traslado que es una de las sanciones posibles” y, al mismo tiempo, “mejorar las condiciones de seguridad dentro de este pabellón de máxima seguridad”, en el que se encuentra Miguel Ángel Insfrán.
TRASLADADOS
“Fueron trasladados al Penal Regional de Ciudad del Este tres funcionarios, en un proceso de reorganización y mejora operativa, coincidente con el fin de la intervención y el nombramiento de un nuevo director de la penitenciaría”, explicó Peña.
Con respecto al incidente donde supuestamente se quiso atacar a Tío Rico, el coronel Rubén Peña explicó que “el 11 de mayo pasado, 7 personas privadas de libertad, recluidas en el mismo módulo con Miguel Insfrán, lograron salir de sus celdas y se dirigieron hacia el sector donde está el señor Insfrán”. “Sin embargo él estaba en una comparecencia telemática a esa hora y su integridad nunca estuvo comprometida. Posteriormente se tomaron medidas administrativas contra las PPL que abandonaron sus celdas”, agregó Peña.
La vigencia del pensamiento de Ortega y Gasset sobre la Universidad
Dr. José Duarte Penayo
Compartir en redes
Dr. José Duarte Penayo
Filósofo
Presidente de la ANEAES
En estos días volví a leer Misión de la Universidad, la célebre conferencia que José Ortega y Gasset pronunció en octubre de 1930 en el Paraninfo de la Universidad Central de Madrid.
Escrita en el mismo clima intelectual de La rebelión de las masas, aquella intervención contiene una advertencia que debería ordenar nuestro debate actual sobre la educación superior: no existe reforma universitaria posible sin definir primero su misión.
La simple existencia de modelos universitarios fuertes en el primer mundo y su posibilidad de importarlos es una opción que el filósofo español rechaza. Como bien advierte, mucho antes que los chamanes de la denuncia de dependencia cultural, la experiencia extranjera puede servir como información, nunca como molde a importar.
Mientras que la información ilustra y sugiere posibilidades, un modelo obliga a reproducir lo que surgió en un entorno cultural completamente diferente.
La universidad existe en un contexto histórico específico y su vitalidad depende más del entorno social que la rodea que del mero ambiente pedagógico creado en sus aulas. Por ello, incluso una institución extranjera perfecta sería intransferible, ya que su realidad es inseparable de la tradición nacional que le dio vida y la sustenta.
Así, lo que Ortega cuestiona es la ilusión de una aplicación lineal, no el aprendizaje internacional, dimensión que el propio filósofo defendió con particular convicción.
Por otra parte, la integración europea posterior, desde el Tratado de Roma hasta el Proceso de Bolonia iniciado en 1999, materializó parcialmente esa intuición en el plano universitario, aunque agudizó la pérdida de sentido cultural que el filósofo español critica duramente.
El Espacio Europeo de Educación Superior estableció créditos académicos transferibles, programas de movilidad como Erasmus, marcos comunes de cualificaciones y mecanismos de aseguramiento externo de la calidad articulados a través de la ENQA.
Europa construyó su propio modelo desde una elaboración interna compartida, y precisamente por eso ofrece a nuestro país un repertorio enorme de información valiosa, criterios técnicos depurados y experiencias institucionales aprovechables.
Hay más advertencias en la mencionada conferencia que, noventa y seis años después, nos siguen interpelando. Ortega y Gasset habla del “pecado original” de las instituciones, esa tendencia a simular y falsificar su razón de ser al entregar y exigir aquello que rebasa sus posibilidades reales. En nuestro país siguen existiendo núcleos que se corresponden con esta descripción; es decir, programas que entregan títulos vacíos de formación, redes que trafican con diplomas y un crecimiento descontrolado de la oferta académica desvinculado de los intereses generales de la nación.
Además, en sus mejores páginas se lee sobre el fenómeno de un mundo que comenzaba a perder su esencia al formar profesionales especializados sin un marco cultural amplio, individuos sumamente competentes en su área técnica, pero más desarraigados y desconocedores que sus predecesores en el amplio saber acumulado de la historia occidental, y con una baja conciencia de pertenencia a la sociedad que hace posibles sus actividades.
¿Cómo pensar estas cuestiones en el marco de la irrupción contemporánea de la inteligencia artificial, un fenómeno ajeno al horizonte intelectual de 1930? Sin una reflexión profunda y un marco definido de uso, la IA corre el riesgo de monopolizar el dominio operativo de cualquier campo técnico, mientras la comprensión vital permanece ajena al algoritmo.
El profesional que delega cognición en la herramienta se convierte en un agente de segundo grado, un dominador puramente operativo y desligado del juicio que orienta la vida.
Aquí aparece, precisamente, la revalorización urgente de las humanidades en el nuevo tiempo. Las humanidades, esas disciplinas desplazadas durante décadas al margen del sistema universitario por modas tecnocráticas que ahora muestran sus límites, recuperan en la era de la IA un protagonismo decisivo.
Aportan todo aquello que escapa a la lógica computacional para lograr orientar, establecer pautas y dotar de criterio a la razón artificial.
Volvamos entonces a la pregunta central: ¿universidades para qué? Al plantear esta interrogante en el contexto paraguayo resulta ineludible definir las prioridades nacionales con honestidad intelectual. ¿Apostamos a la formación de capital humano con criterios efectivos de pertinencia para el desarrollo del país? ¿Toleramos el simple lucro de propietarios de universidades disfrazado de oferta académica? ¿Promovemos la producción de conocimiento científico aplicable a las cadenas productivas y al desarrollo nacional? ¿Impulsamos niveles más altos de creatividad, pensamiento crítico y formación humanística en la era de la inteligencia artificial?
Estas preguntas, hasta hoy postergadas, exigen formularse con rigor sobre cada carrera, cada oferta académica, cada programa de posgrado existente. Debemos aprender con rigor de los modelos internacionales, sin caer en el burdo aplicacionismo alejado de nuestra particularidad nacional.
Solo con estos elementos depurados podremos reconstruir el sistema educativo y erradicar de raíz la mediocridad y la informalidad que frenan el verdadero potencial de nuestra nación.