“Es como encender una vela en la oscuridad”, resume un yemení, para describir la iniciativa de su asociación que propone a los habitantes de Saná, la capital de Yemen, leer libros para espantar los horrores de la guerra y las dificultades del día a día.

La idea es simple y la iniciativa confidencial pero tiene el mérito de existir, explica Fawzi al Ghudi, que con 30 años es uno de los creadores de la campaña “Yemen lee”, organizada por la asociación del mismo nombre.

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“Con la implantación de pequeñas bibliotecas animamos a la gente a pensar que la vida continúa a pesar de todo”, dice Ghudi, quien está convencido de que los habitantes de Saná están hartos de tanto ruido de botas, matanzas y privaciones.

La guerra de Yemen ya va para seis años y opone a los rebeldes hutíes, con el apoyo de Irán, al gobierno sostenido desde 2015 por una coalición militar liderada por Arabia Saudita. El conflicto ha dejado centenares de miles de muertos, la mayoría civiles, y ha provocado la peor crisis humanitaria del mundo, según Naciones Unidas.

Según Ghudi, la idea de “Yemen lee” remonta a 2013, un año antes que los rebeldes hutíes tomasen el control de la capital. Después quedó aparcada ya que sus promotores tuvieron que huir de Saná.

Evitar la polémica

Con otros cuatro camaradas, que sólo cuentan con ellos mismos ya que apenas reciben alguna que otra donación, volvieron a barajar la reanudación del proyecto en 2019.

Tras recibir la autorización de los hutíes, los cinco jóvenes instalaron en la ciudad pequeños armarios donde hay libros en las estanterías que el público puede llevarse prestados y devolverlos una vez leídos.

Ya hay cinco minúsculas bibliotecas en lugares públicos de Saná, una de ellas en un centro comercial. Históricamente, Saná era, gracias a sus eruditos, el centro cultural por excelencia de Yemen. Pero esos eran otros tiempos.

“El país huele a pólvora y nuestras pequeñas bibliotecas nos recuerdan que la lectura es importante, aunque no sea una prioridad para la gente”, dice Mohammed Mahdi, de 32 años y lector voraz.

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Este lector dice que cayó “por casualidad” en una de las bibliotecas asociativas y desde entonces no ha parado de llevarse libros prestados. La asociación cuenta con una oferta de unos 5.000 títulos y espera reunir más para abrir otras diez bibliotecas, según Ghudi. Esto no es fácil ya que cuesta encontrar donantes.

“La gente dice que prefiere hacer donaciones para aportar asistencia material a los afectados por la guerra y paliar el hambre que acecha”, explica el responsable. Unos 24 millones de yemeníes --más del 80% de la población-- están al borde de la hambruna, según Naciones Unidas.

Libros únicos

En su propuesta, la asociación evita los libros políticos y religiosos, porque son asuntos polémicos, explica Ghudi. “Yemen lee” demuestra que algunas iniciativas son posibles, y esto pese a que las autoridades suelen tener una tendencia a controlar todos los aspectos de la vida de la población que está bajo su control.

En el pasado, los hutíes no dudaron en cerrar los cafés que frecuentaban hombres y mujeres, al considerar inaceptable este tipo de promiscuidad. Fatima al Kathiri, una estudiante de 24 años de periodismo en la Universidad de Saná, no escatima elogios a “Yemen lee”, pues la considera una de las “mejores experiencias”.

“Esto permite proponer libros que no se pueden encontrar fuera o a precios inaccesibles”, dice la joven que utiliza algunas obras para sus estudios. “La lectura en general permite cambiar de ideas y reflexionar mejor”, resume.

Fuente: AFP.

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