La efigie del líder del grupo terrorista proiraní Hezbolá, Hassan Nasrallah, sufrió un ajusticiamiento simbólico en la Plaza de los Mártires en el centro de Beirut, durante las multitudinarias y violentas protestas que surgieron luego de la terrible explosión en el puerto de esta capital árabe y que dejó hasta el momento un saldo de 160 fallecidos y más de 6.000 personas heridas, como se puede observar en un video que publicó en su cuenta de Twitter el analista de grupos terroristas del Oriente Medio, Joe Truzmah.

Durante las jornadas de protestas, cientos de manifestantes se enfrentaron a la policía, colocaron sogas colgadas de los postes y en ellas ahorcaron a las imágenes del líder del grupo libanés proiraní además de la del presidente Michel Aoun, a quien se considera un férreo aliado del Hezbolá. Nasrallah se ha retirado de la escena pública por temor a ser asesinado y vive escondido desde hace años en el interior de un búnker en un lugar no determinado y aparece de manera esporádica en videos pregrabados, amenazando a Israel y a Occidente con tomar acciones terroristas en sus territorios.

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El grupo fundamentalista libanés es considerado un “proxy” iraní, término que en la región del Oriente Medio se utiliza para referirse a grupos que colocan su estructura política y militar al servicio de otros países a cambio de financiación a sus actividades ilícitas y violentas en varios países del mundo. Hezbolá opera militarmente en Siria, ayudando al cuestionado dictador de ese país Bashar al Assad, en su lucha contra los rebeldes que buscaban derrocarlo y ha convertido al Líbano en un feudo de la dictadura islamista de Irán. También apoya las acciones de Irán dentro de Irak, país fraccionado por disputas tribales y que lucha por lograr una estabilidad política y social tras el retiro de la mayor parte de las fuerzas militares que los Estados Unidos mantenían en ese país tras los ataques del 11 de setiembre del 2001.

En el sur del Líbano, en la frontera con Israel, Hezbolá ha construido decenas de túneles de ataques que cruzan hacia el territorio israelí, pero gracias al control permanente de las Fuerzas de Defensa de ese país, todas estas estructuras han sido descubiertas y destruidas, similar situación a lo que sucede de manera periódica en la Franja de Gaza, el enclave palestino en las costas del Mar Mediterráneo. Hassan Nasrallah, en su última aparición, se refirió a la explosión del gigantesco cargamento de nitrato de amonio, decomisado y depositado en el puerto de Beirut desde hacía más de seis años y sobre el cual las autoridades libanesas aún no han informado de quiénes serían los responsables de la carga, aunque todas las sospechas recaen sobre el grupo terrorista, creado en 1982 como organización política y paramilitar.

Con respecto a lo sucedido en el puerto de Beirut, Nasrallah negó categóricamente cualquier vínculo de su grupo y no perdió la ocasión para lanzar veladamente un mensaje de amenaza a Israel. “Estamos mejor informados sobre lo que sucede en el puerto de Haifa (Israel) que del puerto de Beirut. Lo de Beirut no es nuestra responsabilidad, pero Haifa sí es parte de nuestra estrategia defensiva”. Hace cuatro años, en otro de sus mensajes pregrabados, Hassan Nasrallah mencionó que el Hezbolá ya contaba con su propia “arma nuclear”, en referencia a las supuestas quince toneladas del mismo material que estalló en Beirut la semana pasada y que tiene aplicaciones en la agricultura, pero es frecuentemente utilizada para la fabricación de explosivos.

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En aquella ocasión dijo “que un ataque con misiles del Hezbolá al puerto de Haifa se convertirá en una bomba nuclear que acabará con la vida de decenas de miles. Por su parte en Israel, políticos y analistas militares recordaron que ya habían advertido la presencia de materiales peligrosos en el puerto de Beirut y aseguraron que la carga pertenecía al Hezbolá, quien controla las zonas portuarias y el aeropuerto, así como las fronteras con Siria e Israel. El teniente general Moshé Yaalon, un exalto cargo de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), declaró a medios de prensa que “el Líbano no es un Estado independiente, ha sido tomado totalmente por el Hezbolá”.

Esta situación ya ha llegado al límite para los ciudadanos libaneses, quienes salieron a las calles a expresar su desacuerdo con el actual gobierno y también con el grupo terrorista que, nacido como movimiento político y paramilitar, controla al país desde el Parlamento con trece diputados, forma parte de la coalición que gobierna Líbano, pero sobre todo con su poderosa fuerza militar, armada, entrenada y financiada por Irán.

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