Los enterradores ya no están vestidos de blanco y negro sino con trajes de protección de un amarillo intenso. Cuando introducen el féretro en la tierra, la familia se mantiene a varios metros de distancia y ni siquiera pueden arrojar un puñado de tierra o una flor.

Una excavadora enterrará el ataúd en el cementerio de Westpark en Johanesburgo, la capital económica de Sudáfrica.

El difunto, Modise Motlhabane, de unos 40 años de edad, murió del coronavirus.

En Sudáfrica, el país del continente más afectado por la pandemia, con más de 400.000 casos, la COVID-19 trastorna las tradiciones funerarias.

Tradicionalmente, los funerales duran por lo menos una semana en este país. Los seres queridos y los amigos vienen de lejos, si es necesario, para rendir un último homenaje al ser querido. Pero con la pandemia, las autoridades han impuesto restricciones que modifican ritos bien arraigados y los restos de las víctimas del nuevo coronavirus deben enterrarse en los dos días siguientes a su muerte.

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Además, la ceremonia como tal -desde la partida de la cámara funeraria hasta el entierro- no puede exceder las dos horas.

En el cementerio de Westpark, la policía vigila para limitar el número de personas y la propagación del virus.

El funeral de Modise Motlhabane durará menos de 30 minutos, antes de que otra familia venga a enterrar a un familiar.

"Fue demasiado rápido", lamenta Charles Motlhabane, después del funeral de su hermano.

Cifras subestimadas

El entierro es un rito necesario para permitir a los seres queridos "pasar página, poner su hermosa flor" en el ataúd, explica el psicólogo, Thandeka Mvakali.

La pandemia podría complicar este período crucial de luto, señala, temiendo que se desarrolle un fuerte sentimiento de culpa entre las familias enlutadas.

Sudáfrica, el quinto país del mundo más afectado por la pandemia en términos de casos de COVID-19, registra una explosión en el número de muertes con 572 fallecimientos en 24 horas, según las cifras oficiales publicadas el miércoles pasado.

El balance oficial de muertes es ahora de 5.940. Pero según los investigadores, podría ser muy subestimado.

El país ha registrado un aumento de casi 60% en el número total de muertes naturales en las últimas semanas, según el Consejo Sudafricano de Investigación Médica (SAMRC). En este contexto, las cámaras funerarias están cerca de la saturación.

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“Normalmente en esta época (del año), hay entre 16 y 18 cuerpos en la nevera, máximo 20. Pero actualmente tenemos más de 30, y la semana pasada estábamos completos con 44 restos”, comenta Gladwin Madlala, a la cabeza de un servicio funerario en Soweto, municipio del gran suburbio de Johanesburgo.

La capital económica de Sudáfrica se ha convertido en el epicentro de la pandemia en el país. En abril, registró seis muertes relacionadas con la COVID-19, según el jefe municipal de los cementerios, Reggie Moloi.

En las tres primeras semanas de julio, el número aumentó a 252. Según las proyecciones oficiales, entre 40.000 y 50.000 personas podrían morir de COVID-19 en Sudáfrica a finales de año.

Fuente: AFP.

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