Irán empezó este lunes delicadas negociaciones sobre su programa nuclear en el marco del OIEA, en las que el aumento de sus reservas de uranio enriquecido y su decisión de impedir el acceso a dos plantas sospechosas podrían exacerbar las tensiones.

Dos informes de principios de junio del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) alimentan la preocupación sobre el futuro del acuerdo nuclear del 2015 firmado con Irán y que está en peligro desde que Estados Unidos lo abandonó en el 2018. Estos informes estarán en el centro de las negociaciones esta semana del Consejo de Gobernadores del OIEA que se celebra excepcionalmente por videoconferencia.

En un primer documento consultado por AFP, el organismo constata la falta de respuesta tras más de un año de sus demandas de explicación a Irán sobre el material y las actividades no declaradas a principios de los años 2000. La agencia de la ONU está interesada en tres instalaciones y pidió en enero el acceso a dos de ellas, de momento sin éxito.

Este bloqueo “preocupa vivamente” a la agencia, indica el informe y podría ser sancionado con la adopción esta semana de una resolución del Consejo de Gobernadores que recuerda a Irán sus obligaciones. Este tipo de advertencia es poco frecuente y la última resolución crítica del OIEA sobre Irán fue en el 2012.

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Aunque una nueva resolución sería sobre todo simbólica, complicaría las negociaciones entre Irán y la comunidad internacional. Las presuntas actividades que el OIEA quiere verificar habrían tenido lugar hace más de 15 años y nada indica que siguieron o que son actualmente una amenaza.

Abandono progresivo

Irán también se enfrenta a las acusaciones de incumplir sus obligaciones con el OEIA si continúa rechazando las inspecciones o si se comprueba que el país llevó a cabo un programa nuclear no declarado en estos lugares sensibles. El caso podría ser luego llevado ante el Consejo de Seguridad de la ONU.

Los analistas de la consultora estadounidense Arms Control subrayan el riesgo de “politización” de este caso por parte de Estados Unidos y de su presidente Donald Trump, que lleva a cabo una política de “presión máxima” sobre Irán. En paralelo Washington pide a todos los estados parte del acuerdo nuclear del 2015 (Alemania, Francia, Gran Bretaña, Rusia, China) que hagan igual y denuncien el tratado.

Hasta ahora estos países apoyaron el acuerdo, ahora muy frágil porque Teherán está incumpliendo parte de sus compromisos. Desde hace un año, Irán aumentó sus reservas de uranio enriquecido, aumentó su tasa de enriquecimiento al 4,5% frente al 3,67% que fija el acuerdo y aumentó el número y el rendimiento de sus centrifugadoras.

Un segundo informe redactado por el OEIA a principios de junio indica que las reservas de uranio superan casi ocho veces el límite autorizado. Pero, a diferencia del contencioso sobre las actividades pasadas, estas violaciones están documentadas por la agencia, que continúa sus inspecciones, incluso durante la crisis del coronavirus.

Este régimen de verificación, que permite mantener bajo observación el programa nuclear iraní, es uno de los grandes logros del acuerdo del 2015, según sus defensores. Por otra parte, pese a los incumplimientos desde hace un año, la tasa de enriquecimiento sigue estable y está todavía lejos del 90% que necesita la fabricación de una bomba atómica.

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Sin embargo, Estados Unidos sigue presionando el acuerdo. En mayo puso fin a las derogaciones clave en materia de cooperación internacional en el programa nuclear civil iraní. En concreto los países implicados en estos proyectos que no tienen vocación militar se exponen a sanciones por parte de Washington, en particular Rusia.

La administración estadounidense presiona también a los europeos para obtener la prórroga del embargo sobre las ventas de armas internacionales a Irán, que se levantará progresivamente a partir de octubre. Irán advirtió que prorrogar el embargo pondría fin definitivamente al acuerdo internacional, con el peligro de que terminen las inspecciones del OEIA.

Fuente: AFP

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