Río de Janeiro, Brasil | AFP | por Jorge SVARTZMAN / por Pascale TROUILLAUD.

El ultraderechista Jair Bolsonaro y el izquierdista Fernando Haddad buscarán desde este lunes formar alianzas y superar las fuertes resistencias que cada uno inspira en amplios sectores sociales para ganar el 28 de octubre la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de Brasil.

En una insólita rutina, Haddad, del Partido de los Trabajadores (PT), visitará por la mañana, como todos los lunes, al expresidente Luiz Inácio Lula da Silva en la cárcel de Curitiba (sur), donde el líder histórico de la izquierda purga una pena de 12 años de cárcel por corrupción.

Tras el anuncio de que finalmente disputaría la segunda vuelta, despejando el espectro de una victoria de Bolsonaro por nocaut, el candidato, que hizo toda la campaña bajo el eslogan "Haddad es Lula", agradeció el "liderazgo" de su mentor.

Bolsonaro, del Partido Social Liberal (PSL), apostaba por liquidar el pleito el domingo, pero quedó con 46,04% de los votos, en tanto que Haddad consiguió 29,26%.

El excapitán del Ejército, de 63 años, denunció "problemas" con las urnas electrónicas, que le habrían impedido evitar el balotaje.

Denunció también los recursos financieros así como el apoyo de "una parte de los medios" de que dispondría el PT, aunque prometió trabajar para "unir a los brasileños".

La preocupación de Bolsonaro puede parecer innecesaria, dado que matemáticamente no debería serle difícil obtener los puntos que le faltan para alcanzar la mayoría absoluta, sobre todo después de haber conseguido el apoyo de los poderosos sectores del agronegocio y de las iglesias evangélicas.

Pero las encuestas del sábado los colocaban en virtual empate técnico en caso de balotaje, con tendencia a favor de Bolsonaro (45%-43% según el Ibope y 45%-41% según Datafolha).

Y es que el diputado Bolsonaro sigue siendo el político con mayor índice de rechazo (de 45% según Datafolha), ganado a lo largo de una carrera plagada de declaraciones misóginas, homófobas y racistas y su justificación de la tortura durante la dictadura militar (1964-1985).

"Ahora lo que parece primordial para la campaña de Bolsonaro es evitar cualquier tipo de error, hacer algo que pueda perjudicarlo, sacarle votos. Tiene que tratar de mantener perfil bajo, no tener ninguna sorpresa negativa", dijo Fernando Meireles, politólogo de la Universidad Federal de Minas Gerais (UFMG).

Bolsonaro se verá además imposibilitado de hacer campaña en las calles, dado que aún se recupera de la puñalada que le asestaron en un mitin el 6 de septiembre. Aunque eso no le impidió mantener la fidelidad de sus partidarios a través de un dominio incontestable de las redes sociales.

El candidato presidencial de Brasil para el Partido de los Trabajadores (PT), Fernando Haddad muestra el signo V mientras vota las elecciones generales, en Sao Paulo, Brasil, el 7 de octubre de 2018. / AFP PHOTO / FLAVIO FLORIDO
El candidato presidencial de Brasil para el Partido de los Trabajadores (PT), Fernando Haddad muestra el signo V mientras vota las elecciones generales, en Sao Paulo, Brasil, el 7 de octubre de 2018. / AFP PHOTO / FLAVIO FLORIDO

Haddad en busca del centro perdido

Para Haddad, la distancia hasta la mayoría absoluta parece insalvable.

Su identificación total con Lula le permitió ganarse rápidamente a sectores carentes que identifican al exmandatario (2003-2010) con una época de progreso.

Pero puede comprometer su acercamiento a grupos y partidos que ven al líder de la izquierda como sinónimo de corrupción y de políticas estatistas a las que acusan de haber sumido a Brasil en una recesión de dos años de la que empezó a emerger penosamente en 2017.

Una de las llaves para acortar distancias con Bolsonaro puede procurársela el centroizquierdista Ciro Gomes, del Partido Democrático Trabalhista (PDT), que fue ministro de Integración Nacional de Lula y consiguió 12,5% de los votos.

Gomes dijo que discutiría con los líderes del PDT la posición para la segunda vuelta, pero adelantó un posible apoyo: "Haré lo que hice toda mi vida, que es luchar por la democracia y contra el fascismo", declaró.

Haddad recordó además que como ministro de Educación de Lula trabajó junto a la ecologista Marina Silva y al centroderechista Henrique Meirelles, que presidió durante esa época el Banco Central. Ambos obtuvieron en torno a 1% de los votos, que a la hora de sumar pueden ser importantes.

Esos esbozos de acercamiento podrían ser tardíos, dado que durante la campaña de la primera vuelta, "Haddad se olvidó mucho del centro, que es fundamental", apuntó André César, de la consultora Hold en Brasilia.

“Sin el centro no se gana una elección y menos aún se gobierna, entonces [Haddad] precisa esos apoyos ya. Son tres semanas, una campaña cortísima, y más aún tiene que pensar en la gobernabilidad, estableciendo compromisos con esos sectores”, agregó.

El candidato presidencial brasileño Jair Bolsonaro (PSL) (C), acompañado por su hijo Flavio (R), candidato al senado por el estado de Río de Janeiro, visita el Mercadao de Madureira, en el barrio de Madureira en Río de Janeiro, Brasil, el 27 de agosto. , 2018. Foto: AFP.
El candidato presidencial brasileño Jair Bolsonaro (PSL) (C), acompañado por su hijo Flavio (R), candidato al senado por el estado de Río de Janeiro, visita el Mercadao de Madureira, en el barrio de Madureira en Río de Janeiro, Brasil, el 27 de agosto. , 2018. Foto: AFP.

¿Dinero y armas?

La Bolsa de Sao Paulo se disparó 6% en los primeros minutos de operativa este lunes, celebrando el resultado de la primera vuelta de las presidenciales brasileñas que dejaron al ultraderechista Jair Bolsonaro cerca de la Presidencia. Eso indica la aprobación de los mercados a los proyectos de privatización de empresas públicas, recorte drástico del gasto público y simplificación del Estado prometidos por Paulo Guedes, quien debería ser ministro de hacienda de Bolsonaro (46,04% de los votos) si se confirma su amplio favoritismo en la segunda vuelta.

La erradicación de la violencia en Brasil fue el gran tema de campaña en uno de los países más peligrosos del mundo: Jair Bolsonaro sedujo a decenas de millones de electores con propuestas simples y radicales.

La más polémica de sus propuestas es liberar el porte de armas.

De hecho, la primera foto que apareció de este diputado, excapitán del Ejército de 63 años, luego de ser operado por una puñalada recibida en el abdomen durante un mitin, lo mostró en Instagram imitando un revólver con sus dedos.

El gesto se convirtió en su marca registrada y muchos brasileños lo imitaron durante actos electorales, sonriendo junto a sus hijos.

La violencia es un flagelo para los 208 millones de brasileños. El año pasado hubo 63.800 homicidios, un récord. En siete años fueron asesinadas más personas que durante la guerra en Siria.

¿Cómo luchar en el país más grande de América Latina contra una plaga que deja más de siete muertos por hora, muchas veces niños alcanzados por balas perdidas?

"Darles porte de armas a las personas de bien", responde Bolsonaro. "Si uno de nosotros, civil o soldado es atacado (...) y si dispara 20 veces sobre el atacante, debe ser condecorado y no ir a la Justicia", lanzó el candidato de la extrema derecha en un acto en agosto en Madureira, Rio de Janeiro.

La puñalada que recibió convirtió a Bolsonaro en otra víctima de la violencia y su discurso ganó legitimidad.

Poco antes de ser apuñalado, llamó a "fusilar" a los miembros del Partido de los Trabajadores (PT, izquierda).

Bolsonaro asegura que "las armas por sí solas no generan la guerra".

Una hipótesis discutible.

Para Bolsonaro "los terratenientes deben tener un acceso más fácil al porte de armas para enfrentar al Movimiento de [trabajadores rurales] Sin Tierra" que reivindican el uso de parcelas improductivas, así como a los indígenas, argumenta Sezerino.

Así las cosas, la llegada de Bolsonaro al poder podría significar que en Brasil, la violencia se combatirá con más violencia.