Miami, Estados Unidos | AFP | Puerto Rico anunció el lunes que las personas transgénero podrán modificar sus certificados de nacimiento según su identidad de género, luego de que activistas LGBT ganaran una demanda contra el gobernador del territorio estadounidense.
Con esta última victoria para la comunidad LGBT, quedan tres jurisdicciones en Estados Unidos que aún prohíben hacer cambios de género en el certificado de nacimiento: Kansas, Ohio y Tennessee.
"Y ya hemos entablado una demanda contra la prohibición en Ohio", dijo a la AFP Omar González Pagán, abogado de la organización de defensa de la comunidad LGBT Lambda Legal, que llevó el caso a la justicia.
A partir de esta semana, los puertorriqueños pueden empezar a cambiar sus certificados de nacimiento para que reflejen apropiadamente su identidad de género, según ordenó este lunes el Registro Demográfico en cumplimiento de una orden de un tribunal federal.
"Es un gran alivio tener finalmente un certificado de nacimiento que refleje verdaderamente quién soy", dijo una de las demandantes, Daniela Arroyo, en un comunicado de Lambda Legal.
El 3 de abril, una jueza federal había fallado a favor de Arroyo, Victoria Rodríguez, un hombre transgénero identificado como J.G y la organización local Puerto Rico para Tod@s, en una demanda presentada el año pasado contra el gobernador Ricardo Rosselló, el Departamento de Salud y el Registro Demográfico de la isla.
Lambda Legal representó a los cuatro demandantes argumentando que negar a las personas transgénero la posibilidad de modificar sus certificados de nacimientos es inconstitucional.
La organización detalló en su comunicado que casi un tercio de los individuos transgénero en Estados Unidos que presentan un documento de identificación con un nombre o género distinto a aquel con el cual se identifican, son expuestos a acoso, discriminación, ataques o crímenes de odio.
© Agence France-Presse
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Cannes 2026: crítica de “Siempre soy tu animal materno” de Valentina Maurel
- Por David Sánchez, desde Toulouse (Francia), X: @tegustamuchoelc (*).
La nueva película de Valentina Maurel llega a la sección Festival de Cannes dentro de Un Certain Regard, un espacio históricamente asociado a cineastas emergentes, propuestas de autor y obras que priorizan la sensibilidad estética por encima de la narración convencional. Lo llamativo aquí es que Maurel, tras años orbitando el ecosistema del cine de festivales y las instituciones francesas de formación y financiación, consigue dar el salto directo a la selección oficial de Cannes. No es un detalle menor. En una industria donde muchos directores pasan años acumulando presencia en secciones menores, residencias o festivales intermedios antes de alcanzar esta plataforma, el recorrido de Maurel evidencia hasta qué punto la película ha sido concebida y moldeada para dialogar con el lenguaje específico del gran circuito festivalero europeo.
La historia sigue a Elsa, una joven de 28 años que regresa a Costa Rica después de años en Europa y se reencuentra con su hermana menor Amalia, absorbida por un universo entre el esoterismo, la deriva emocional y el vacío existencial. Paralelamente, el padre, Nahuel, intenta escapar de la decadencia afectiva a través de conquistas románticas pasajeras, mientras la madre, Isabel, revive su pasado republicando poemas eróticos escritos durante su juventud. Sobre el papel, la película plantea un retrato fragmentado de una familia en crisis, donde cada personaje parece buscar desesperadamente una forma distinta de escapar de sí mismo.
Sin embargo, el problema central aparece muy pronto: la película nunca consigue convertir esas líneas narrativas en una experiencia dramática verdaderamente sólida. Maurel intenta construir tres relatos simultáneos —el de Elsa, el de Amalia y el de Isabel—, pero ninguno termina de adquirir la densidad suficiente. Elsa, pese a ser la aparente protagonista, queda constantemente desplazada por la puesta en escena. Su conflicto interno está sugerido, pero rara vez se siente vivo. Falta fricción, falta una dinámica emocional que haga que el personaje se adhiera realmente a la historia. Se percibe como una figura observadora, casi externa al caos familiar que debería atravesarla.
La hermana menor, Amalia, funciona mejor precisamente porque su dimensión esotérica y errática introduce cierta tensión imprevisible. Aunque el guion nunca profundiza del todo en sus motivaciones, su presencia posee algo incómodo y descontrolado que mantiene el interés durante varios momentos. Hay escenas donde la relación entre ambas hermanas parece encontrar por fin una verdad emocional, especialmente cuando la distancia afectiva entre ellas emerge sin necesidad de explicaciones verbales. Pero incluso ahí la película se retrae antes de profundizar realmente en el conflicto.
El gran problema es que Maurel parece confiar más en la atmósfera que en la construcción dramática. La película está llena de imágenes calculadas para el impacto contemplativo: planos lejanos de la ciudad, patrullas avanzando lentamente por calles vacías, sombras proyectadas desde terrazas o interiores donde los personajes aparecen aislados dentro del encuadre. Son imágenes elegantes, indudablemente pensadas con sensibilidad visual, y en muchos casos logran una belleza melancólica genuina. Pero también terminan revelando una cierta dependencia del lenguaje que tradicionalmente seduce a los festivales internacionales: silencios prolongados, cuerpos fragmentados, conversaciones interrumpidas y conflictos insinuados más que desarrollados.
El problema es que toda esa sofisticación formal no alcanza para sostener las casi dos horas de metraje. La película se vuelve progresivamente tediosa, incluso agotadora. Hay secuencias que parecen diseñadas más para transmitir una sensación abstracta de incomodidad que para avanzar narrativamente. Cuando la cámara separa constantemente a las hermanas, cuando la tensión esotérica de Amalia deriva en explosiones de rabia apenas explicadas o cuando escenas aparentemente importantes desaparecen sin consecuencia dramática, el relato pierde cohesión y el espectador empieza a desconectarse emocionalmente.
Esa es quizás la gran contradicción de la película: está claramente diseñada para satisfacer ciertos códigos del cine de autor contemporáneo, pero olvida construir una experiencia verdaderamente absorbente. Se percibe la influencia de un entorno cinematográfico muy ligado a escuelas e instituciones europeas —particularmente francesas— donde el dispositivo visual y la ambigüedad emocional son tratados casi como valores absolutos. Y aunque Maurel demuestra talento visual y capacidad para generar atmósferas densas, todavía parece faltar una mirada más madura sobre los personajes y sobre el peso dramático de sus decisiones.
Eso no significa que la película carezca de interés. Al contrario: hay intuiciones potentes, momentos visuales muy logrados y una sensibilidad real para retratar la alienación contemporánea. Pero entre la ambición estética y la necesidad de construir un relato coherente aparece un desequilibrio constante. La película quiere ser íntima, política, existencial y poética al mismo tiempo, y en ese intento termina dispersándose.
Su presencia en Un Certain Regard tiene sentido precisamente por eso: es el tipo de obra que Cannes suele abrazar por su riesgo formal, por su ambición autoral y por su capacidad para insertarse en el discurso del cine contemporáneo de festivales. Pero fuera de ese ecosistema, donde la experiencia emocional y narrativa pesa tanto como la propuesta estética, la película corre el riesgo de resultar distante, fría y excesivamente ensimismada.
* David Sánchez es un periodista franco español afincado en Toulouse, centrado especialmente en cine iberoamericano, miembro de la crítica internacional Fipresci. Sitio: https://www.tegustamuchoelcine.com.
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Bad Bunny sacude Puerto Rico con serie de 30 conciertos
Miles de puertorriqueños asistieron el viernes pasado por la noche al lanzamiento de la histórica residencia de Bad Bunny en San Juan, una serie de conciertos que muestra el orgullo y la resiliencia de la isla, y que en su etapa inicial está limitada a los locales. Con camisetas con la bandera de Puerto Rico o simplemente arropados con esta, los fanáticos abarrotaron el área que rodea el Coliseo de Puerto Rico en San Juan antes del espectáculo titulado “No me quiero ir de aquí”. La noche fue una celebración.
Por momentos, el popular artista de 31 años pareció detenerse para celebrar la ocasión, esbozando una sincera sonrisa mientras observaba a sus miles de eufóricos compatriotas. Disfrutar el presente y honrar el pasado es una lección extraída de su sexto álbum, “Debí tirar más fotos”, en el que dedica una oda a todo pulmón a la herencia puertorriqueña.
El ambicioso repertorio incluyó muchos de los temas más recientes de Bad Bunny que subrayan las injusticias en la isla caribeña estadounidense, pero la noche supuso sobre todo una mirada a Puerto Rico que se centra en su resistencia, orgullo y alegría. La primera canción era inédita y no se dieron detalles sobre si finalmente se lanzará oficialmente.
Los primeros nueve conciertos de una serie de 30, que se realizarán en el Coliseo de San Juan durante tres fines de semana consecutivos hasta septiembre, están abiertos exclusivamente a residentes puertorriqueños y a alguna celebridad como LeBron James, quien asistió al espectáculo del viernes por la noche.
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“Su reguetón nunca falla”
Bad Bunny rindió homenaje a la cultura e historia puertorriqueñas, pero también hizo un repaso a su carrera, mostrando la inmensa variedad que ritmos que ha exhibido desde su irrupción, hace menos de una década.
El espectáculo incluyó el potente trap latino de su éxito de 2018, “La Romana”, y el hit de discoteca de 2020, “Yo perreo sola”, ejemplos brillantes de su trabajo previo en el reguetón que lo catapultó a la fama.
“Su reguetón nunca falla”, dijo el estudiante John Hernández Ramírez antes del concierto.
Este joven de 21 años comentó que en un comienzo se sintió atraído por los ritmos vibrantes de Bad Bunny y más recientemente por su evolución lírica.
Originario de una zona rural de Puerto Rico, Hernández Ramírez dijo que encontró una resonancia particular en “Lo que le pasó a Hawái”, una exploración sobre la gentrificación, el turismo tóxico y la colonización.
Bad Bunny destacó estos temas en los preparativos del concierto, proyectando hechos históricos en una pantalla gigante sobre un exuberante escenario tropical.
“Puerto Rico ha sido una colonia desde que Cristóbal Colón ‘descubrió’ la isla durante su segundo viaje al Nuevo Mundo en 1493”, dijo un espectador.
Parte de la escenografía incluía una casa construida al estilo típico de la isla, que había aparecido en un cortometraje que el artista realizó con el legendario cineasta puertorriqueño Jacobo Morales, del cual también se proyectaron fragmentos en la pantalla grande.
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“Una leyenda”
Desde lo alto de la estructura, Bad Bunny interpretó algunas de sus canciones más icónicas, incluyendo la reciente “Nuevayol” y “Tití me preguntó”.
Luego regresó al escenario principal para una secuencia de salsa que le hizo mover las caderas, vistiendo un traje sastre de los años 70, al estilo de los íconos del género que lo precedieron.
Serpentinas con los colores de la bandera puertorriqueña colgaban del techo mientras el músico guiaba a los fans en un hipnótico popurrí que incluía “Baile inolvidable”, acompañado por una banda completa.
El espectáculo duró tres horas, pero los fans —muchos de ellos ataviados con atuendos de la bandera y otros con camisetas de béisbol de la leyenda del béisbol puertorriqueño Roberto Clemente, no se cansaron.
Marta Cuellar, colombiana de 61 años que reside hace mucho tiempo en Puerto Rico, declaró a la AFP que esta serie de conciertos constituyen una excelente manera de celebrar la isla y un regalo a la cultura latinoamericana en general. “Bad Bunny”, pronosticó, “se está convirtiendo en una leyenda”.
El respetado historiador puertorriqueño Jorell Melendez Badillo, que colaboró con elementos visuales en el último disco de Bad Bunny, estimó que el show es una celebración “no solo de Benito, sino de nosotros mismos”. “Es nuestro. Sentimos como si estuvieramos con Benito a lo largo de este viaje. También lo hemos visto crecer” a lo largo de su carrera. “Lo logró”, añadió el historiador. “Y todos lo logramos con él”.
Fuente: AFP.
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Nuevo gobierno de EE. UU. prohibió exhibir las banderas LGBT y BLM en misiones diplomáticas
Tras el juramento del nuevo presidente de Estados Unidos, Donald Trump, el Departamento de Estado de dicho país prohibió a las misiones diplomáticas en el extranjero mostrar cualquier bandera que no sea la estadounidense. Esta orden pone fin a una práctica permitida bajo la administración del expresidente Joe Biden de exhibir banderas LGBT y Black Lives Matter (BLM) en edificios gubernamentales, informó el Washington Free Beacon.
Según el medio, la orden fue emitida por el nuevo secretario de Estado, Marco Rubio, y forma parte de la política de Trump de eliminar los programas de diversidad, equidad e inclusión, promovidos por Biden.
Solo bandera estadounidense
Las nuevas autoridades argumentaron la decisión en el documento, señalando que “la bandera de EE.UU. une a todos los estadounidenses bajo los principios universales de justicia, libertad y democracia”, las valores que representan “cimientos” del país norteamericano, revela el medio RT en su edición digital.
“A partir de ahora, solo se autoriza izar o exhibir la bandera de EE. UU. en las instalaciones estadounidenses, tanto nacionales como en el extranjero, y en los contenidos del Gobierno de los EE. UU.”, expresa el documento, emitido por el nuevo secretario de Estado, Marco Rubio.
A continuación aclara que “la bandera de EE. UU. es un poderoso símbolo de orgullo y es apropiado y respetuoso que solo la bandera de EE. UU. sea izada o exhibida en las instalaciones de EE. UU., tanto dentro como fuera del país”, indica el documento.
Excepciones
Tras la orden emitida, el Departamento de Estado hizo una excepción y añadió dos banderas más que pueden exhibirse, que son el emblema de Prisionero de Guerra/Desaparecido en Acción y la Bandera de los Detenidos Injustamente.
La prohibición del departamento forma parte de la política del mandatario republicano de eliminar los programas de diversidad, equidad e inclusión (DEI), promovidos por la Administración de Biden.
Obispa “desagradable”
Otro claro ejemplo de que el nuevo mandatario no comulga con este tipo de visión fue la calificación dada por Trump , quien definió como “desagradable” a la obispa de Washington que le reclamó “piedad” para la comunidad LGBT.
Según el medio Infobae, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, calificó este miércoles como “desagradable” a la obispa Mariann Edgar Budde, de la Diócesis Episcopal de Washington, luego de que esta lo criticara desde el púlpito durante un servicio en la Catedral Nacional de Washington. Tras esto, el republicano pidió una disculpa pública a la líder religiosa, a quien acusó de politizar el evento.
“La llamada obispa que habló en el Servicio Nacional de Oración el martes por la mañana es una izquierdista radical y una odiadora de Trump”, escribió el presidente en su plataforma Truth Social.
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“Llevó su iglesia al mundo de la política de una manera muy poco amable. Fue desagradable en su tono, y no fue convincente ni inteligente”, añadió.
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Responden a cómico que llamó “basura” a Puerto Rico
“Basura es lo que salió de la boca” del humorista que insultó a Puerto Rico en un mitin de Donald Trump, afirmó el gobernador del territorio sobre unos comentarios que irritaron a demócratas, a algunos republicanos y artistas como Bad Bunny, Jennifer Lopez o Ricky Martin. Tony Hinchcliffe fue uno de los teloneros del mitin celebrado el domingo pasado en el Madison Square de Nueva York, abarrotado por seguidores del candidato republicano a las elecciones presidenciales del 5 de noviembre.
“Hay una isla flotante de basura en medio del océano en este momento, creo que se llama Puerto Rico”, soltó el también presentador de pódcast sobre el territorio, que genera más residuos sólidos por día que el promedio de Estados Unidos y donde el impacto de desastres naturales ha saturado algunos vertederos.
Sus palabras no se quedaron ahí. El cómico también se burló de los latinos diciendo que “les encanta hacer bebés”, parodió a judíos y palestinos y se mofó de un hombre negro, con el estereotipo de que a los afroestadounidenses les gusta mucho la sandía. Lo que se dijo en el mitin fue “racismo”, declaró a la AFP Denis Castro, un jubilado de 60 años que vive en el barrio de Bushwick, en Nueva York.
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Las condenas fueron unánimes entre los demócratas, empezando por el propio gobernador de Puerto Rico Pedro Pierluisi. “Basura es lo que salió de la boca de @TonyHinchcliffe, y todos los que lo aplaudieron deberían sentirse avergonzados por faltarle el respeto a Puerto Rico”, protestó el demócrata en la red social X.
“Comentarios como esos dejan al descubierto los prejuicios y el racismo que lamentablemente aún existen en nuestra Nación”, añadió. Pese a ser estadounidenses los puertorriqueños no pueden votar en las elecciones presidenciales, como tampoco los ciudadanos de otros territorios como las Islas Vírgenes, las Islas Marianas del Norte, la Samoa Americana, Guam o las Islas Ultramarinas Menores.
“Es lo que piensan”
Pero pueden hacerlo si residen en uno de los 50 estados estadounidenses continentales más el distrito de Columbia. Y Pensilvania, un estado clave que podría decidir el resultado de los comicios, cuenta con medio millón de puertorriqueños. La vicepresidenta y candidata demócrata Kamala Harris reaccionó con un vídeo en el que promete “dibujar un camino nuevo y feliz hacia el futuro” para Puerto Rico.
El cantante de reggaetón Bad Bunny, uno de los artistas latinos más escuchados de Estados Unidos, lo compartió en la red social Instagram en un apoyo obvio a Harris. “Esto es lo que piensan de nosotros”, afirmó Ricky Martin en la misma plataforma, además de compartir el vídeo y pedir el voto para la vicepresidenta. Otros como Marc Anthony o Jennifer Lopez, hija de puertorriqueños con 250 millones de seguidores en las redes sociales, siguieron sus pasos.
“El daño está hecho”
Lejos de disculparse el humorista reprochó a las voces críticas que “no tienen sentido del humor”. En un mensaje a la AFP, la popular congresista por Nueva York Alexandria Ocasio-Cortez le lleva la contraria: “no es un cómico, es la campaña de Trump”. Pero, a ocho días de las elecciones, su equipo de campaña se ha distanciado.
“Esta broma no refleja la opinión del presidente” Trump, afirmó una de las portavoces del republicano. Al senador por Florida Rick Scott, que se presenta a la reelección, el chiste no le hizo pizca de gracia. “No es gracioso y no es cierto. Los puertorriqueños son gente increíble y estadounidenses increíbles. He estado en la isla muchas veces. Es un lugar precioso”, afirmó en la red X. En la calle la indignación es tremenda.
“Antes estaba 100 % convencido de votar por Trump y ahora estoy 100 % motivado de salir a votar por Kamala Harris”, declaró a la AFP Javier Torres Martínez, un puertorriqueño de 45 años residente en Doral, al lado de Miami. “El daño está hecho”, añadió este presidente de una empresa de seguros médicos internacionales.
Los Martínez, una familia de puertorriqueños que vive en Orlando, no se lo pensaron dos veces. “Estaba pensando en votar por Kamala Harris, pero este comentario de ayer nos hizo salir a la familia completa -mi hijo de 20 años, mi hija de 18, mi esposa y yo- a votar esta mañana por ella”, dijo a la AFP Rick Martínez, un empleado de una compañía de salud de 50 años. “Fue una reacción visceral”.
Fuente: AFP.