Ejemplo de superación ante la adversidad. En plena crisis económica, familias de pequeños productores de San Pedro exportan cáscaras de naranja agria y cedrón Paraguay al exigente mercado europeo.

Pese a las múltiples adversidades y la crítica situación en la que viven varias familias en el campo, la producción de la cáscara de naranja agria y el cedrón Paraguay se constituye en la única fuente de ingreso para muchos hogares en el departamento de San Pedro.

“Solo los domingos descansamos durante el invierno”, dice doña Tomasa Suárez, de 55 años. Con gran destreza ella maneja el cuchillo para separar la cáscara de la naranja agria de la pulpa. En su casa, al igual que otras 30 viviendas de la compañía Isla Sola, del distrito de Nueva Germania, en el departamento de San Pedro, la tarea de pelar cítricos y secar las vainas se convierte en la única fuente de dinero.

Tanto la cubierta deshidratada del citado cítrico como el cedrón seco son los productos orgánicos exportados anualmente a Europa para uso medicinal como té (del cedrón) y para su empleo en la fabricación de cosméticos, en el caso de la cáscara de críticos. La Cooperativa de Producción Agropecuaria e Industrial La Norteña Ycuamandyyú Ltda. es la que todos los años embarca los contenedores con destino al viejo continente para los exigentes mercados de España y Alemania.

El ingeniero Pedro Sequeira, gerente de la cooperativa, dice que al año se exportan 150 toneladas de cedrón Paraguay y 300 toneladas de cáscara de naranja agria. “Los mercados para el cedrón son España y Alemania, mientras para la cáscara de naranja agria es solo Alemania”, indica.

En otras épocas, los críticos dejaban más ganancia a los productores primarios porque la pulpa se vendía a G. 5.000 el kilo, pero ahora lo consume el ganado. “Creo que eran para semillas, pero ahora le damos a las vacas”, dice en guaraní Dahiana Duarte, quien sentada en un sector del inmenso patio de cítricos, junto con otros miembros de su familia, pela bajo la sombra las últimas frutas de esta temporada.

En el campo la situación es crítica por la falta de asistencia por parte del Gobierno y la ausencia de un programa que posibilite el desarrollo agrícola en beneficio de los agricultores. A esto se suma que no existe un rubro rentable para los pequeños labradores de tierra que sea promovido desde el Ministerio de Agricultura y Ganadería y que permita generar recursos, como en otra época lo era el algodón.

Los campesinos dicen que la siembra de mandioca, maíz y otros rubros no es rentable por el bajo precio y todo lo que se produce es solo para el consumo familiar, por lo que la generación de dinero se da solo una vez al año con estos productos.

Familias del asentamiento de la colonia Andrés Barbero, distrito de San Pedro de Ycuamandyyú, también encuentran en la cáscara de naranja agria el medio de sustento para sus familias, pero allí lo complementan con el cultivo del cedrón.

Cuando llegamos a la casa de Fidelino Ferreira, un pequeño productor del asentamiento Corpus Christi, él estaba en pleno proceso de pelar naranja. “Es el único rubro que tenemos en el campo, trabajamos entre todos en la familia. No recibimos ninguna ayuda de parte del Gobierno, dependemos de esta producción”, remarca.

El auge de este fruto se da en invierno, temporada que es aprovechada al máximo para juntar dinero para el resto del año. “El maní, maíz, mandioca y otros rubros son solo para el consumo familiar porque no tienen precio”, comenta Sindulfa Suárez, de 49 años, madre y sustento de algunos de sus seis hijos y nietos. Ella vive en la comunidad Isla Sola, Nueva Germania.

En la tarea se involucran todos los integrantes de la familia. Con los asientos dispuestos alrededor de las frutas, cuchillo en mano, la tarea se inicia temprano y se extiende todo el día. Los chicos ayudan a colgar las cáscaras, mientras que los grandes pelan y separan la vaina de la pulpa.

“Bajo 25 bolsas de naranja agria en cada casa, para que pelen y sequen”, dice don Ceferino Centurión, de 59 años, un acopiador de Isla Sola, que da trabajo a sus vecinos. “De esto salen 3 bolsas de 32 kilos de cáscara seca”, explica al equipo de La Nación, mientras se acomoda en su silla de cable con los colores de su querido club, Cerro Porteño, y ceba el tereré sin yuyos.

“Se trabaja solo cuando hay buen tiempo”, dice al explicar que las cáscaras se secan bajo el sol por tres días. Una vez deshidratadas, se colocan en bolsas de arpillera para su venta a la cooperativa, entidad que se encarga de buscar el paquete, ahorrando así el costo del flete a los productores, quienes cobran G. 4.500 por cada kilo vendido.

CEDRÓN

Finalizado el rubro de la cáscara de cítricos, quienes tienen una parte de terreno se dedican a la producción del cedrón Paraguay. Esta conocida y tradicional hierba medicinal se cosecha hasta tres veces al año. Para que sea rentable, requiere de mucho cuidado, en especial en cuanto a la limpieza de las parcelas, por lo que se involucra a toda la familia para su mantenimiento.

Petrona Ferreira, del asentamiento Corpus Cristi, colonia Andrés Barbero, está en pleno trabajo de colgar las vainas de naranja, ayudando a su esposo en la tarea. Explica que al concluir el deshidratado de la cáscara de naranja agria, se vuelcan a la chacra para segar el cedrón Paraguay.

Coincide con su hermano en que no reciben ayuda de las autoridades, por lo que el trabajo que hacen es independiente. Sin embargo, admite que requieren de ayuda para aumentar la producción. “No tenemos patrones, lo que más precisamos es un tractor en esta comunidad para la preparación del terreno porque pagamos G. 300.000 por hectárea para la preparación de las parcelas”, añade.

Debido a que la producción de cedrón es catalogada como ecológica, no se puede usar insecticidas. En algunos sectores inclusive está prohibida la siembra de soja porque este cultivo requiere de agrotóxicos que pueden contaminar la producción del cedrón, que pasa por análisis de control de calidad, dijo don Eduardo “Maní” Duarte, de 69 años, también del asentamiento Corpus Cristi. Dice que lleva al menos 30 años en la producción de cedrón.

Con este rubro –que ahora se cotiza a G. 8.000 el kilo– pudo criar a sus ocho hijos y pagar la universidad de una. Aunque parece muy rentable, la producción de la hierba también tiene sus secretos y al igual que la naranja agria, solo se puede cegar en días de buen sol y sin amenaza de lluvia. Se estima que cada hectárea produce 1.200 kilos de hierba seca.

“Para cortar tiene que haber buen sol”, explica. Las ramas cortadas son puestas sobre una carpa, donde permanecen todo un día, pero no se debe mojar. “No le tiene que tocar el rocío porque se ennegrece y así no sirve”, dice.

El gerente de la cooperativa, el ingeniero Pedro Sequeira, explica que la producción de ambos rubros ayuda a 1.000 familias, quienes reciben asistencia crediticia y técnica de la entidad. La exportación permite a la cooperativa recibir cada año 1.200.000 euros, aproximadamente.

A su vez, el encargado del departamento agropecuario de la cooperativa, el ingeniero Éver Díaz, dice que la entidad exporta estos productos desde hace 25 años. Los pedidos a Europa llegan en contenedores de 23.000 kilos, aunque la zafra del cítrico sea solo una vez al año.

Estas familias están a la espera de ayuda para aumentar su producción y seguir exportando con el sello “made in Paraguay”.