El primer año de gestión de este gobierno se vio marcado por el desabastecimiento, la falta de personal y la limitación de servicios.

Gloria Villasanti padece cáncer. La enfermedad hizo metástasis, pero sigue batallando. Lleva 45 sesiones de quimioterapia y seguirá mientras pueda. Dice que no es su caso, pero en los últimos meses el tratamiento del cáncer en Paraguay se solventa con polladas, hamburgueseadas y otras actividades solidarias.

Lo sabe porque es miembro de una Asociación de Pacientes Oncológicos. “Hay muchísimo faltante (de medicamentos oncológicos) a nivel nacional. Es un problema general grave”, refiere.

La situación golpea a pacientes del Instituto Nacional del Cáncer (Incan), del Instituto de Previsión Social (IPS) y también del Hospital de Clínicas (HC).

Añade que ante los reclamos, las autoridades dicen que hay drogas suficientes, pero en realidad no hay provisión. “Ojalá con la ley del cáncer se pueda proteger al paciente oncológico. La gente deja el tratamiento por falta de medicación”, sentencia.

La doctora Ita Yofee, jefa de la unidad de Oncología del HC, comenta las penurias que pasan los pacientes de ese hospital. “Tuvimos menos drogas oncológicas y muchas dificultades para conseguir radioterapia”, sostiene al recordar que el único acelerador lineal está en el Incan. Admite que este equipo no da abasto y que más de una vez quedó fuera de servicio. Estamos en una situación crítica”, sintetiza la condición de los últimos 10 meses.

Hasta agosto del 2018 los pacientes de Clínicas acudían al Incan con receta firmada por el servicio social y el director del HC. Así obtenían los remedios para la quimioterapia.

Pero la disposición cambió con el nuevo gobierno. Se firmó un convenio entre el HC y el Ministerio de Salud Pública, pero hasta ahora no se halla el mecanismo para la provisión adecuada de las drogas. Esto tiene en constante zozobra a los pacientes, que retrasan su terapia, dando una peligrosa tregua a la enfermedad.

DESABASTECIMIENTO

“Tengo que comprar antibiótico”, “falta enalapril”, son algunas frases escuchadas en los pasillos de hospitales y en las paradas de los colectivos tras la consulta médica.

El Ministerio de Salud Pública logró incrementar su presupuesto en un 12,5% más que en el 2018, obteniendo G. 5,4 billones para este año, de los cuales G. 1,2 billones eran para remedios.

Pero en el día a día la gente no ve la inversión. En el último año, muchos vuelven a sus casas con la receta en la mano. “Falta poco para completar el importe (del remedio)”, cuenta en guaraní Teodora López, de 70 años, quien vive en el asentamiento Mandu’arã I, en Caazapá. Ella muestra una sonrisa esperanzadora, pese a que padece de múltiples dolencias, algunas propias de su edad.

Al igual que Teodora, la historia se repite a diario, en especial con los pacientes crónicos: hipertensos, diabéticos, renales, etc. Estos continúan sorteando peripecias para conseguir los medicamentos esenciales, para mantener a raya la enfermedad.

Sandra Ramírez, miembro de la Asociación Paraguaya de Enfermeras, comenta que en la localidad de Fram, departamento de Itapúa, no tienen Losartan, un remedio básico para la hipertensión. Tampoco hay entrega regular de insulina.

En Villa Hayes, Chaco, y Vaquería, Caaguazú, los médicos canjean insumos con hospitales cercanos para cubrir las necesidades de sus pacientes, en su mayoría en situación vulnerable.

El desabastecimiento llegó a un punto que algunos hospitales no tenían medicamentos para procedimientos básicos. La denuncia pública de esta condición fue hecha por la Asociación de Médicos del Hospital Nacional de Itauguá.

Acá la carencia se agudiza por momentos y se agrava con la fuga de medicamentos, comenta el doctor César Zorrilla. En este y otros servicios la escasez afectó al plan básico de inmunización, pues no había vacunas.

En los últimos meses, el Laboratorio Central del Ministerio de Salud dejó de hacer varios estudios por falta de reactivos. Además, no da números y agenda –con un mes de antelación –hasta 30 citas por día.

Dr. Julio Daniel Mazzoleni Insfrán, ministro de Salud.
Dr. Julio Daniel Mazzoleni Insfrán, ministro de Salud.

TERAPIAS

Los pedidos de auxilio para conseguir camas de terapia llegan cada tanto a los medios de comunicación. La insuficiente cantidad de cuidados intensivos se cobró vidas de recién nacidos, niños, jóvenes e incluso adultos.

La Organización Mundial de la Salud recomienda siete camas de terapia por cada 100.000 habitantes. Pero en Paraguay, el sistema de Salud Pública no llega a los 300 lechos.

Y en el país, incluyendo el sector privado, la cifra no supera 700 equipos funcionando, en su mayoría en Asunción, Central y algunas contadas ciudades del interior, como Encarnación, Ciudad del Este, San Ignacio. El Chaco, el más vulnerable por la falta de caminos y la población distante una de otra, no tiene siquiera una cama de cuidados intensivos.

La deficiencia no solo es por el alto costo de montar la cama. Pocos médicos consideran ser terapistas debido al delicado trabajo y, sobre todo, por la falta de incentivo económico; se paga igual, pero la formación lleva años, entonces, hay escaso personal capacitado.

Y esto se refleja en Fram, Itapúa, donde el hospital consiguió una cama completa, pero desde el Ministerio de Salud objetaron la iniciativa: “no se puede comprar un avión sin tener el piloto”.

Uno de los principales déficits de Salud Pública son los recursos humanos. En el hospital distrital de San Juan Nepomuceno, Caazapá, no se tiene pediatra todos los días, admite el director Ronald Britos.

Yhú no tiene ecografista, anestesista ni cirujanos para las urgencias, aunque hay quirófano equipado, cuenta la obstetra Nancy Ruiz Díaz. Situaciones como estas se reaplican en la mayoría de los servicios de Salud Pública.

CONCURSO

En el primer trimestre del año se inició el concurso de oposición para contratar personal de atención primaria a la salud. Pero aún no hay ganadores, sostiene la doctora Rossana González, de la Coordinadora de Gremios Médicos. Agrega que muchos galenos hacen guardias cobrando G. 33.000 por hora, precarizando la labor médica.

Los Consejos Locales de Salud y las gobernaciones ayudan con el pago al personal de blanco. Pero el contrato a las enfermeras es por G. 300.000 mensuales por guardias de 12 horas, como en la localidad de Fram.

La carencia de personal golpea con más fuerza a las comunidades del interior, en especial a las más vulnerables. “Hacemos lo que está a nuestro alcance. Las visitas a las comunidades indígenas son cada dos meses, proveemos lo que el ministerio nos da”, sostiene la doctora Martha Cardozo, de la USF de Tupá Rendá, en Caazapá.

En el Hospital Nacional, por la falta de recursos humanos, no se puede habilitar hasta hoy el nuevo y moderno Centro Productor de Hemocomponentes, pese a que el edificio y el equipamiento están listos desde hace más de un año.

INFRAESTRUCTURA

La mayoría de los servicios de salud quedaron desfasados en cuanto al crecimiento poblacional. La necesidad de más camas para internación y especialistas de las distintas áreas son los reclamos constantes de médicos y pacientes.

Claro ejemplo es el Chaco. Para casi 180.000 habitantes, el hospital de Villa Hayes, referencia de la Región Occidental, solo tiene 29 camas. La situación se replica en la mayoría de los hospitales distritales.

En Villa Hayes no hay especialidades como otorrinolaringología, cardiología, neurología y tampoco laboratorio y placas las 24 horas.

Pero por suerte este hospital está cerca, a tan solo 30 km de la capita,l y se busca solución a las urgencias al otro lado del puente.

La necesidad de más camas para internación y especialistas de las distintas áreas son los reclamos constantes de médicos y pacientes.FOTO: ARCHIVO
La necesidad de más camas para internación y especialistas de las distintas áreas son los reclamos constantes de médicos y pacientes.FOTO: ARCHIVO