¿Leyenda urbana o realidad? Santiago Peña desafió el mito y hoy atraviesa sus posibles últimas horas como mandatario de la República del Paraguay.

Mientras la Cámara de Diputados estudia el juicio político a Peña —postura también adoptada por el expresidente de la República, Horacio Cartes—, los memoriosos hoy sacan a flote la conocida como “maldición del Cadillac blanco”.

El vehículo utilizado históricamente por los presidentes en la asunción de mando es, en realidad, el Chevrolet Caprice blanco del año 1967. Cuenta la superstición paraguaya que todo presidente electo en la era democrática que se niegue a usar ese descapotable el día de su asunción no logrará terminar su mandato constitucional.

El histórico Chevrolet Caprice blanco del año 1967. Foto: Gentileza

El vehículo había pertenecido originalmente a la familia del exsecretario privado de la dictadura, Mario Abdo Benítez (padre), y fue el vehículo que más gobernantes movilizó en la historia de nuestro país.

Después de la caída del régimen de Alfredo Stroessner, implícitamente se mantuvo la tradición de usarlo para los distintos traspasos de mando constitucionales.

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El origen del mito

Antes de Santiago Peña, solo dos mandatarios rompieron la tradición. El primero, en 1998, fue Raúl Cubas Grau, quien prefirió no utilizar el vehículo por motivos de seguridad. Nadie olvida su gobierno derrotado en 1999, cuando tuvo que renunciar como consecuencia del “Marzo Paraguayo”.

Diez años después, el exobispo Fernando Lugo asumía la presidencia trasladado por un jeep militar. Todos recuerdan que, antes de terminar su mandato, tuvo que ser destituido a través de un juicio político express en el año 2012.

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El General Andrés Rodríguez decidió seguir el ritual del Cadillac blanco. Foto: Gentileza

La maldición de Peña

El más reciente caso está a la vista. El 15 de agosto de 2023, Santiago Peña se rehusó a utilizar el histórico Chevrolet Caprice blanco. En su lugar, prefirió trasladarse junto a la primera dama en su lujoso Rolls-Royce Corniche II convertible de color azul marino/negro.

En compañía de su primera dama, Leticia Ocampos, Peña se mostró orgulloso del vehículo que adquirió tras un sorteo de rifa que le había costado solo G. 1.000 en la década de los 90, según circuló en aquella ocasión.

Santiago Peña y la supuesta maldición que le estaría costando el poder. Foto: Archivo LN

Cuando le preguntaron sobre su decisión y posibles consecuencias, el mandatario prefirió tomarlo con humor y dijo públicamente no temer a las supersticiones que rodean al respetado automóvil histórico blanco.

Otro dato de color: el vicepresidente Pedro Alliana tampoco hizo uso del Chevrolet blanco.

¿Ficción o realidad? Por estas horas, el presidente estaría atravesando sus posibles últimas horas en el poder. Entre mito urbano y realidad, todos recuerdan la posible maldición que hoy le estaría afectando.

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