El conocido pediatra paraguayo Robert Núñez se sumó al debate sobre los therians (personas que se autoperciben como animales) y pidió no ridiculizarlos, ni agredirlos. El médico aconsejó que ante casos de jóvenes o niños que se identifiquen como animales, se los derive con profesionales de la salud.
El personal de blanco indicó que el fenómeno de los humanos que se autoperciben como animales, no se considera una “enfermedad” en sí misma, porque no hay evidencia científica sólida que explique este fenómeno, que ganó popularidad en Argentina en las últimas semanas.
A pesar de la falta de evidencia científica, el doctor opinó que la conducta de identificarse con un animal, puede estar asociada a: "Trastornos de ansiedad, depresión, confusión en la construcción de la identidad, dificultades en el desarrollo emocional. En algunos casos, condiciones del neurodesarrollo".
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“No ridiculizar ni agredir"
Este fenómeno se observa más en adolescentes y niños, en consecuencia a una necesidad de expresión personal, o etiqueta amplificada por las redes sociales, o incluso la necesidad de pertenencia, según la mirada del doctor paraguayo.
El medio de sus recomendaciones, Núñez recomendó no agredir, ni menospreciar a quienes se identifican como animales. “Ante estas situaciones: No ridiculizar ni agredir. No asumir que es algo normal sin evaluación. Escuchar activamente y observar cambios conductuales. Regular el consumo de redes sociales. Consultar con profesionales de salud infantil y juvenil“.
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Pediatra advierte que “Frutinovelas” pueden hipersexualizar a niños y niñas
En todas las redes sociales se han hecho famosas las “Frutinovelas”, que captan la atención tanto de adultos y niños, pero expertos advierten que estas pueden hipersexualizar a los chicos por el contenido que ofrecen. Instan a las personas a controlar el acceso a las pantallas de sus hijos para evitar situaciones complejas más adelante.
Según el pediatra Robert Nuñez, estamos en una época en que el acceso a contenidos prohibidos para los niños está en la palma de sus manos y que este tipo de contenidos, que son ofrecidos en redes sociales, como son las virales novelas de frutas y verduras, pueden perjudicar los más pequeños.
“Estas frutinovelas para mí hipersexualizan a simplevista parece algo infantil, pero si vas viendo y hablás con la gente es totalmente otra cosa. Habla mucho de infidelidades, frustraciones, peleas, enemistades, situaciones de adultos. Todos muestran físico y atributos, no es contenido para los chicos”, expresó Núñez, en entrevista con el programa“Dos en la Cuidad”, de canal Gen y Universo 970/Nación Media.
Refirió que niños tienden a copiar mucho lo que ven y eso se da en las primeras etapas de sus vidas. “Entonces en vez de estar alegres y jugando, están sobre las redes y viendo estas cosas demasiado irreales que giran mucho a situaciones hipersexuales. Normalizando el acoso, el bullying, entre otras cosas. Puede causar risa, pero queda como algo normal“, acotó.
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Control parental
Núñez expresó que se deben de controlar el uso de las redes sociales y que con los controles parentales incluso se puede lo que están usando, porque en el celular y con acceso a internet se puede acceder fácilmente a contenidos incluso pornográficos.
“El control parental es muy importante para saber qué usan a qué tienen acceso y saber por lo que están pasando. Los padres deben buscar más sobre este tipo de controles y que si lo aplican van a tener un mejor valor en la crianza de sus hijos. Además, deben sentarse a enseñarles”, confirmó.
Afirmó que en la actualidad, una enseñanza no será fácil porque cuando salen de las casas se juntan y tienden a seguir el patrón de conductas de compañeros o amigos. “Hay que ser un poco egoístas y duros porque al final el chico siempre ven a los padres como un espejo”, señaló.
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Otras formas de hipersexualizar
El profesional agregó que la hipersexualización también se puede dar lejos de las pantallas y que incluso se puede generar de acuerdo a la vestimenta que usan. “Un ejemplo es ponerle a una pequeña una miniblusa y vestirle como adulta. Tenemos que dejar que los chicos sean chicos, que sigan el protocolo que deben seguir”, remarcó.
Aseguró que estamos en una sociedad en la que la salud metal no está también y no podemos exponer a los chicos. “Sabemos que el acoso y abuso ocurren en el entorno familiar, por lo que tenemos que ser celosos de nuestros niños y niñas. Finalmente, ellos son el reflejo de lo que le enseñamos”, puntualizó.
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Short debajo de la pollera: pediatra insta a proteger la privacidad infantil
En medio de un contexto donde la protección integral de la infancia cobra cada vez mayor relevancia, el pediatra Robert Núñez hizo un llamado claro a padres, madres y cuidadores a no descuidar aspectos cotidianos que pueden marcar una diferencia significativa en el bienestar de los más pequeños.
Uno de ellos, aparentemente simple pero fundamental, es el uso de una prenda adicional, como un short, debajo de uniformes o vestidos en el caso de las niñas. Según explicó, este hábito contribuye a resguardar la privacidad y evitar exposiciones involuntarias durante actividades diarias como correr, saltar o jugar.
El especialista advirtió que, en edades tempranas, los niños aún no desarrollan plena conciencia sobre su cuerpo ni sobre cómo moverse o sentarse en determinados contextos, lo que puede derivar en situaciones incómodas o de vulnerabilidad sin que ellos lo adviertan.
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En esa línea, subrayó que el cuidado no debe limitarse a espacios formales como la escuela, sino también extenderse al hogar, plazas y cualquier entorno cotidiano. Asimismo, remarcó que estas medidas no son exclusivas para niñas, ya que los niños también requieren resguardo y acompañamiento en el aprendizaje sobre el cuidado de sus partes íntimas.
Más allá de lo práctico, el mensaje apunta a un aspecto formativo de fondo: enseñar desde la infancia el respeto por el propio cuerpo. Este proceso, indicó Núñez a través de sus redes sociales, no solo contribuye a prevenir situaciones incómodas o riesgosas, sino que también fortalece la autoestima, la confianza y la seguridad personal.
La recomendación se inscribe en una perspectiva más amplia de crianza responsable, donde los pequeños hábitos cotidianos se convierten en herramientas clave para el desarrollo integral de niños y niñas.
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Ypané: colegio prohíbe el ingreso de animales y “therians”
Un cartel que prohíbe el ingreso de animales y “therians” colocado en el Colegio Nacional San Pedro Apóstol de Ypané generó polémica en la comunidad. El anuncio fue viralizado.
“En realidad, pusimos más por los perros, porque hay padres que ingresan con animales y son peligrosos. Muchos se enojan cuando les querés quitar. Entonces, aprovechamos para poner el cartel”, explicó el director de la institución, Virgilio Orué, en diálogo con C9N.
Sin embargo, aclaró que la medida fue tomada tras una conversación previa con los alumnos. “Conversamos con los chicos y pusimos el cartel. En realidad, no busca ser ofensivo para nadie”, precisó el directivo.
Añadió que si bien a nivel local aún no se han manifestado personas que se consideren “therians”, es decir, que se perciban animales, ya abrieron el paraguas ante cualquier posibilidad. “Antes de que alguien se quiera identificar therians, ya nos adelantamos”, indicó Orué.
En ese sentido, destacó que recibió el respaldo de la mayoría. “Ni uno se puso en contra. De hecho, todos aplaudieron. Tenemos una red social de la institución, donde los comentarios son positivos”, afirmó.
Por otro lado, la institución implementó este año otras medidas para evitar algunas tendencias y para que se mantenga el orden y respeto en el colegio, argumentaron.
Por ejemplo, no permiten que alumnos tengan el pelo largo. En ese sentido, hicieron acuerdos con peluquerías de la zona para que estudiantes que no tengan recursos reciban un vale de peluquería.
También exigen que tanto estudiantes como padres acudan con ropa adecuada. No se permiten shorts, miniblusas o polleras muy cortas.
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Therians o licántropos, esa es la cuestión
- Ricardo Rivas
- Periodista
- X: @RtrivasRivas
- Fotos: Gentileza
Cuando estamos inseguros sobre cómo nos sentimos o no tenemos claro qué pensamos, observamos nuestro propio accionar para inferir –desde la ambigüedad– nuestra postura interna.
No conocí a Narciso. Aunque admito que me hubiera gustado conocerlo porque con el paso de los años tengo claro que conocí e interactué con muchos a los que podría describir y/o asumir que son como él, pero mi deseado encuentro no pudo ser. Claro, es un personaje mitológico que disgustó a Némesis luego de que rechazara a Eco, una ninfa bellísima que pretendía seducirlo.
Aunque sorprendente, entiendo que no podría haber sido de otra forma ni de una manera diferente. El corazón de Narciso no tenía lugar para nadie que no fuera él. Estaba enamoradísimo de sí mismo. Se autopercibía bellísimo y un poco más. Es probable que la única imagen que verdaderamente daba con su idea de la belleza fuera la propia que le era devuelta –una y otra vez– por los espejos de agua sobre los que se inclinaba para verse, mirarse, admirarse y amarse en su deambular orgulloso.
Hijo del dios-río Cefiso y la ninfa Liríope, aquel chiquilín con su impronta preocupó profundamente a su madre que, angustiada, recurrió en busca de consejos a Teresías –de quien se aseguraba que era “adivino”– en procura de conocer qué sería del futuro de su tan amado Narciso. “Vivirá muchos años” –coinciden numerosos textos que anunció el avizor a Liríope–, quien emocionada trocó tribulación por regocijo. Dejó al consultor sin despedirse y sin escuchar una advertencia impresionante. “Pero, para alcanzar la longevidad, nunca deberá conocerse a sí mismo”, dijo Teresías sin ser escuchado.
Aquel pibe bonito creció. Con sus actitudes arrogantes sacudió a los habitantes del Olimpo y zonas aledañas. Desaprensivo, desoyó a su madre. Continuó de lago en lago... de río en río... de estanque en estanque, mirándose y mirándose hasta que el destino quiso que se cruzara con Eco, quien se enamoró perdidamente de él. Aquella muchacha –Grecia lo sabía– tenía capacidades diferentes por un cruel conjuro.
CASTIGO
La hermosa piba –habitante del Olimpo, aquel viejo, exclusivo y cruel barrio griego mitológico, donde solo residían las deidades– tiempo atrás había sido castigada por la celosa Hera, hija de los titanes Cronos y Rea, esposa y hermana de Zeus, quien prejuiciosa suponía que la joven coqueteaba con su marido, mujeriego incansable, quien en alguna aventura inexplicable engendró a un hijo extramatrimonial al que llamó Heracles, conocido también como Hércules a lo largo de la historia.
Por aquella infidelidad imperdonable recayó sobre Eco, sospechada de femme fatale por Era, un castigo tremendo. Para que no pudiera conversar con Zeus, ni seducirlo, cuando intentaba hablar solo podía repetir las últimas palabras que decían sus interlocutores. Aquella peligrosa trama –atravesada por pasiones, reales o supuestas– terminó en tragedia (griega), por cierto. Narciso no le dio a Eco “ni la hora”, aunque la piba lo perreaba una y otra vez. La ignoró.
Continuó enamorado de sí mismo y, cuando Eco –en un encuentro inesperado trató de ir hacia él para expresarle su amor– no solo la rechazó, le dio la espalda y, en procura de ver su propia belleza más de cerca, se acercó tanto a un estanque de aguas claras para abrazarse y besarse con su imagen que, al entrecerrar sus ojos extasiado, prolongó más allá de la prudencia aquel momento sublime de autoerotismo hasta morir ahogado. La joven devastada se arrodilló a su lado hasta consumir su vida sumergida en la tristeza. La voz agónica de Narciso, desde que expiró, quedó para siempre resonando en las paredes montañosas que los rodeaban…
Es la medianoche del viernes. Sentado en la vieja mecedora recuerdo a mi manera aquellas trágicas historias de vida entrecruzadas de Narciso, Hera y Eco que, desde mi porteñidad, la percibo con perfume de tango rioplatense tal vez escrito por (Enrique) Cadícamo y Cobián (Juan Carlos, bisabuelo de Pablo, un buen amigo fueguino que nunca lo conoció y siempre tiene que explicarlo).
AUTOPERCEPCIÓN
Pero, seguramente, no fue así. La autopercepción parece imponerse en nuestra tan maltratada aldea global. ¿Será consecuencia de la individuación?, propone Dani B, un muy querido amigo y colega periodista. No lo sé. Y… no sé cómo saberlo. Tampoco es mi deseo –en esta semana que hoy comienza– instalar una hipótesis sobre el tema. Ni siquiera un vacuo debate de café que podría disparar un fuego cruzado de estupideces. No y solo no.
JCT, un psiquiatra amigo con amplia experiencia de campo, me explicó alguna vez que la autopercepción “es la forma en que una persona se ve, se entiende, se decodifica e interpreta a sí misma”. Agregó que para hacerlo “repasa una y otra vez las que son sus emociones, sus destrezas, habilidades, atributos físicos y sus inmejorables escalas de valores (...) porque con todo ello opera sobre sí como una forma de espejo interno que marca su cotidianidad”.
¿Narciso? ¿Autoimagen con impacto en la autoestima? “Sí... aunque la autopercepción no suele ser objetiva”, añadió JCT. Alguna vez recuerdo haber leído que Daryl Bem (88) –a quien con frecuencia se lo menciona como el “padre de la teoría de la autopercepción”– palabra más palabra menos sostuvo que cuando estamos inseguros sobre cómo nos sentimos o no tenemos claro qué pensamos, observamos nuestro propio accionar para inferir –desde la ambigüedad– nuestra postura interna.
Devenimos en observadores de nosotros mismos. Y, desde esa plataforma biopsicosocial, miramos, somos y hasta imaginamos ser lo que somos… o lo que autopercibimos que somos. ¡Joder! Todo (absolutamente todo y mucho más aun, con enorme audacia, me atrevo a decir y quizás a sostener enfáticamente hasta que me demuestren lo contrario) lo que cuando niños imaginamos una buena parte de quienes somos categorizados como baby boomers, desde hace algún tiempo, interminables operaciones de mercadotecnia y de producción de sentido –con sus resultados a la vista– nos superan ampliamente.
MICROHISTORIA
Una microhistoria, para que quede claro. Ángel Fernández era un compañero de trabajo de don Ricardo, nuestro querido padre. Cada semana, Angelito, como lo llamábamos con afecto, nos traía –a mi hermano Miguel Ángel y a mí– las revistas de historietas de editorial Columba y las de Dante Quinterno. “El Tony”, “D’Artagnan”, “Savarese”, “Nippur de Lagash”, “Precinto 56”, “El Eternauta”, “Mi novia y yo”, “Patoruzú”, “Las aventuras de Isidoro”, “Gilgamesh”...
La tele –que en la Argentina se inició como gubernamental en 1951– “en blanco y negro” (aunque en verdad se desplegaba ante nosotros en la sorprendente palidez enriquecida de la gama de los grises) no estaba situada (en los consumos culturales epocales) ni, mucho menos, incidía. Pero, aun así, los contenidos (informativos, para el entretenimiento, románticos y/o generalistas) impresos sobre papel lideraban. Detrás de ellos, el cine y la radio. Eran relevantes, tanto para los adultos como para las pibas y los pibes.
Y, en ese contexto, como temas, la lucha eterna entre los malos y los buenos disputaba espacio a las canicas, al “fulbito” en las calles y a las tardes de té con las muñecas. Todos y todas éramos protagonistas. En el juego del poliládron; de los marcianos; de los platos voladores; y, espectadores de primeras filas para ver las pelis de guerra, las de los romances frustrados entre ricos y pobres, las de terror, las de ciencia ficción, que nos disparaban tanto los sueños como los llantos, las tristezas, las alegrías pasajeras como las indeseadas pesadillas.
Dormir, no pocas noches, con el velador encendido, con frecuencia era imprescindible. Millones de personas –niños, niñas, adolescentes, adultas y adultos jóvenes imaginaban y se veían como héroes, heroínas o los craks del fútbol, del automovilismo, del box que salían en las tapas de El Gráfico. ¿Nos autopercibíamos? Tal vez. Pero con certeza debo decir que no recuerdo pibe o piba alguna que me haya ladrado o intentado morder diciendo ser Lassie o Rin Tin Tin, dos héroes caninos inolvidables.
CURIOSIDADES
¿Otro mundo? No, este mismo, allá lejos y hace tiempo... con estímulos diferentes. Pero, sin embargo, desde entonces –incluso desde antes de aquello– y aunque con sus peculiaridades para cada ocasión temporal, algunas curiosidades (y misterios misteriosos) aparecen como perennes y/o constantes que sorprenden por su persistencia de la mano de enormes creativos –como lo eran aquellos artistas plásticos y escritores de muy alto vuelo– que comenzaron a ser parte relevante de nuestras vidas que no eran, como la tele, en blanco y negro.
Así supe de Ray Collins (que el paso del tiempo y el oficio de periodista me revelaron que se trata de Eugenio Juan Zappietro, 90 años), autor de tiras que se leen hasta hoy; de Héctor Germán Oesterheld (1919- secuestrado, desaparecido y asesinado el 27 de abril de 1977 en un centro clandestino de cautiverio); de Robin Wood (1944-2021), admirador confeso de Collins y Oesterheld; y de Lucho Olivera (1942-2005), que con su máxima creación, “Gilgamesh, rey sumerio”, nos paseaba por la historia desde la perspectiva de la ciencia ficción.
¡Fantástico! Héroes, villanos y animales siempre son partes de la historia y de nuestras historias. De hecho, fue por aquellas décadas que supe del hombre lobo, que como mito acompaña a la humanidad desde unos 5 mil años.
En la “Epopeya de Gilgamesh”, seguramente, en la que Lucho Olivera abrevó para dar vida a su obra que en los años 80 del siglo pasado continuó el maestro Robin Wood, habrá comprendido que era necesario incorporar también aquel mito que, desde la niñez y la adolescencia, logró que el personaje mitológico de Licaón –hasta nuestros días– me atrape y quiera saber más de él, del hombre lobo y, más aún –siempre desde la perspectiva mitológica– de la eventual transformación de los hombres en bestias.
TERROR SOCIAL
La historia da cuenta también de que entre los siglos XV y XVII, en Europa, lo que para mí hasta la actualidad es un interrogante a desentrañar a través del conocimiento, el hombre lobo era disparador del terror social en la Edad Media y el Renacimiento. La memoria me lleva, en esta noche de viernes, hasta algunas de mis lecturas juveniles.
Un par de días atrás se inició el quinto año de crueles combates desde cuando Rusia invadió Ucrania. El déspota Vladimir Putin, presidente ruso, dijo que serían “cuatro días”.
En el cuarto año de mi secundario en el Instituto San Román –en mi pueblo natal, el Bajo Belgrano en Buenos Aires, unos 1.300 kilómetros al sur de mi querida Asunción– la siempre bien recordada y respetada Antonia Caputo de Galicchio, la profe de literatura, recomendó leer las “Historias” de Heródoto (de Halicarnaso [484-425 a.NE]). “Especialmente, el Libro IV”, decía doña Antonia.
¿Qué recuerdo haber encontrado en él? A Heródoto, historiador y geógrafo, con frecuencia se lo menciona como el padre de la historia. Fue el impecable relator de las que se conocen como Guerras Médicas cuando el Imperio Aqueménida (medos y persas) se enfrentó con Grecia. Pero en el texto clásico –aquel que sugirió la profe Antonia– el tema son los Neuri, una sociedad tribal que localiza en el norte de Escitia (actualmente Ucrania y Bielorrusia, de allí el recuerdo vinculante), cuyos integrantes eran “hechiceros” y, durante algunos días de cada año, se transformaban en lobos para luego recuperar su humanidad.
THERIANS
Grecia... Grecia... Grecia... Entrecierro los ojos, relajado sobre la vieja mecedora. La nocturnidad avanza implacable. El sábado se impone. La medianoche quedó atrás. Dormito. Una alarma en el celu llama mi atención. “Therians en Instagram” es el mensaje que envía @e#g%z*913, apenas un conocido en la red del que nada sé. Sus posteos no me atraen. Miro sin ver. Escenas de la vida cotidiana en la realidad mixta.
Amante de las palabras y sus significados, recuerdo que unos pocos días atrás fundeu.es me informó que “la voz teriano es una adaptación posible del extranjerismo therian en referencia a la persona que siente tal vínculo con un animal que llega a imitar su aspecto y comportamiento”. Esa voz que deriva del griego “therion” (animal salvaje) y anthropos (humano) satura desde unas pocas semanas los ecosistemas digitales.
Mis búsquedas me indican que no se trata de una forma novedosa de jugar o divertirse, ni mucho menos de disfrazarse. Es una vivencia interna profunda y tal vez conectiva entre humanas y humanos con la animalidad. Desconcierto. ¿Será acaso una evidencia del “homo demens” al que refiere el maestro Edgar Morin?
Nuevo mensaje de @e#g%z*913. Declino de leerlo. Un distinguido académico y amigo, EBZ, sociólogo –sobre el mediodía del viernes que pasó– me explicó que “los therians irrumpieron en las comunidades digitales en el inicio del milenio” y que “últimamente ganan espacio en Instagram y Tiktok”.
TRASTORNO
GRM, doctorada en psicología, va más allá con un WhatsApp: “Tengo un par de pacientes que presentan esa alucinación que les hace sentirse como un animal –cualquier animal, no uno en particular– o alucinan que están transformándose o adquiriendo animalidad”. ¿...?, respondo.
“En psicología, si bien hay corrientes diversas, consideramos la licantropía o licomanía como una forma de trastorno mental”, agrega la amiga que se niega a seguir ilustrándome. “Déjame dormir, es mi único día sin pacientes”. Quiero saber más. Se trata de “(...) un trastorno extraño y no muy habitual (...) entre 1850 y 2012 uno de los autores que ha explorado el trastorno, (Jan Dirk) Blom (de la Universidad de Leiden) solo ha encontrado trece casos documentados (y) sus síntomas son en gran parte atribuibles a trastornos como la esquizofrenia a algunos brotes psicóticos”.
Me largo a andar con la claridad propia del crepúsculo civil. Camino por la playa. El sol supera el horizonte. Doy gracias a la vida. Algunas gaviotas me sobrevuelan...