Lo que comenzó como la llegada de una familia brasileña en busca de una nueva vida terminó teniendo un protagonista inesperado: João Maurício. El niño se volvió viral tras aparecer en un video grabado al pisar Paraguay por primera vez, hablando en portugués y observando con curiosidad el país que, sin saberlo, pronto sentiría como propio.

Hoy, apenas unos meses después, su historia refleja un proceso de adaptación que sorprendió incluso a propios y extraños.

João llegó a Encarnación junto a su familia —Rodrigo, abogado especializado en derecho inmobiliario y corredor de propiedades; Tayane, contadora, empresaria y madre educadora, y su hermanita, María Thereza— que decidió dejar Brasil para comenzar una nueva etapa en Paraguay.

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En un principio, el plan era vivir en una casa rodante, pero la experiencia con la pequeña María Thereza los llevó a cambiar de rumbo. Actualmente, están vendiendo el vehículo que fue su hogar.

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Familia brasileña viviendo en Paraguay. Foto: Captura de pantalla

Una adaptación que llamó la atención

El cambio cultural fue especialmente visible en João. En pocas semanas comenzó a incorporar el español con naturalidad y a familiarizarse con las costumbres locales.

A los dos meses de su llegada, ya vestía la camiseta de la selección paraguaya, tomaba tereré y se comunicaba con soltura, una muestra espontánea de integración.

El contraste con su primer video —donde se lo veía recién llegado, hablando únicamente en portugués— potenció el interés en redes sociales y convirtió su historia en un ejemplo de adaptación infantil.

Educación distinta, vida distinta

João y su hermana María Thereza reciben educación en el hogar, una modalidad elegida por sus padres para acompañar más de cerca el proceso de aprendizaje.

Desde su cuenta de Instagram, la familia comparte fragmentos de su vida cotidiana en Paraguay, resaltando las diferencias con Brasil y promoviendo el país como un destino atractivo para quienes buscan otro estilo de vida.

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La mirada de quienes llegan

Joaõ y su hermanita paseando por la costanera. Foto: Captura de pantalla

Sin proponérselo, João se transformó en un símbolo de cómo los niños pueden integrarse con rapidez cuando el entorno es favorable. Su naturalidad para adoptar nuevas costumbres y su entusiasmo por la cultura local generaron empatía.

Historias como la suya vuelven a destacar el magnetismo que Paraguay ejerce sobre familias extranjeras que deciden comenzar de nuevo. Pero también funcionan como un espejo: a veces hace falta la mirada fresca de quien llega para recordar el valor de lo propio.

En Encarnación, João no solo encontró un nuevo hogar. También, casi sin darse cuenta, empezó a construir una identidad que combina dos culturas y demuestra que las fronteras pueden ser mucho más flexibles de lo que parecen.

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