La Albirroja artística juega este viernes ante Hungría por un cupo en la final del Mundial de Rusia, mientras la otra llave se define entre Argentina y Serbia. El evento volvió a organizarse con invitados internacionales luego de seis años, desde la pandemia por covid, y la selección de artistas paraguayos logró clasificar como puntero invicto en su grupo, con goleadas. Los partidos se transmiten en el canal: https://www.youtube.com/@artfootballfest.
La Banda Guazú de Paraguay vuelve a estar presenta en Moscú, para la décima edición del Campeonato Mundial de Fútbol para Artistas, el Festival Internacional de Fútbol y Música “Art Football 2025”, del 7 al 15 de junio. Esta es la cuarta participación paraguaya desde la edición de 2017, cuando el cantante Patrick Altamirano fundó este proyecto musical-futbolístico.
La versión 2025 de la Banda Guazú está conformada por: Édgar Camarasa, Diego Barreto, Raúl Vega, Darío Torales, Acho Laterza, Alejandro Galeano, Federico Ríos, Francisco García, Iván Díaz, Héctor Rojas, Gustavo Torres, Gustavo Palacios, Jorge León Brun, Claudio Vargas y Iván Schulze, entre músicos, exfutbolistas y periodistas invitados.
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Paraguay arrancó con una victoria por 3 a 1 ante el anfitrión, Rusia. Luego venció 3 a 0 a Kazajistán y ganó por 5 a 1 a Azerbaiyán, totalizando 9 puntos, con once goles a favor y solo dos en contra. Con este desempeño, la Albirroja consiguió boleto para el cuadrangular “Absolute Stars” entre los primeros puestos de cada grupo, que comparte con Argentina, Hungría y Serbia. El vencedor de la final prevista este domingo 15 de junio se llevará el máximo premio del torneo.
Aparte del fútbol, la Banda Guazú también compite en lo musical, ya que los equipos estuvieron presentando conciertos por otros premios. En la edición de 2017, el seleccionado albirrojo fue el ganador del Gran Premio de Interpretación Musical. El 10 de junio fue el espectáculo de los compatriotas, que presentaron música folclórica, así como creaciones propias de pop-rock y cumbia.
Argentina fue con los veteranos del fútbol Mariano Echeverría y Nicola Tagliani; Álvaro Teruel (Los Nocheros), Joaquín Vitola (Los Indios), Juan Cruz Costabel (Agapornis), Tyago Griffo, Yeyo de Gregorio (actor de “Chiquititas” y “Casi Ángeles”), Manuel Sarrabayrous, Marcelo Marín, Mariano Sapetti, Juan Ignacio Pellizolla, los DJ Otto Bunge y Guido Gana, Gastón Rico, y los presentadores Martín Souto, Marcelo López, Gonzalo Palacios, Julián Barese y Martín Pepa.
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Equipos participantes
Grupo A: Rusia, Azerbaiyán, Kazajistán, Paraguay.
Grupo B: Argentina, Perú, Inter, Bielorrusia.
Grupo C: Hungría, Japón, Georgia, Turquía.
Grupo D: Irán, Kirguistán, Serbia, Corea.
Primera jornada
Partido de gala: Rusia - Selección Mundial 5:5
Rusia - Paraguay 1:3
Argentina - Bielorrusia 3:0
Azerbaiyán - Kazajistán 1:3
Perú - Inter 4:3
Segunda jornada
Hungría - Turquía 0:0
Irán - Kirguistán 3:1
Georgia - Japón 4:0
Serbia - Corea 4:3
Tercera jornada
Rusia – Azerbaiyán 4:3
Argentina – Inter 5:1
Kazajistán – Paraguay 0:3
Perú – Bielorrusia 3:2
Cuarta jornada
Japón - Turquía 3:6
Hungría - Georgia 0:3
Kirguistán - Serbia 2:0
Irán - Corea 5:3
Quinta jornada
Rusia – Kazajstán 1:1
Argentina – Perú 2:1
Azerbaiyán – Paraguay 1:5
Bielorrusia – Inter 4:3
Sexta jornada
Georgia - Turquía 2:0
Corea - Kirguistán 4:3
Irán - Serbia 1:1
Hungría - Japón 9:2
Semifinales
Grupo A (1.º de la fase de grupos):
Hungría vs. Paraguay
Argentina vs. Serbia
Grupo B (2.º de la fase de grupos):
Kazajstán vs. Bielorrusia
Turquía vs. Irán
Grupo C (3.º de la fase de grupos):
Georgia vs. Perú
Rusia vs. Corea
Grupo D (4.º de la fase de grupos):
Kirguistán vs. Japón
Inter vs. Azerbaiyán
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“El agente secreto” y “El Eternauta” dominan los Premios Platino 2026
- Por David Sánchez, desde Toulouse (Francia), X: @tegustamuchoelc (*).
La XIII edición de los Premios Platino Xcaret, que tuvo lugar el pasado 9 de mayo, confirmó el gran momento que vive el audiovisual iberoamericano con una gala marcada por el reconocimiento a producciones que combinan riesgo creativo, identidad cultural y proyección internacional. La ceremonia, celebrada en el Teatro Gran Tlachco del Parque Xcaret, en Riviera Maya, coronó a la brasileña “El agente secreto” y a la argentina “El Eternauta” como las grandes vencedoras de la noche.
La película brasileña “El agente secreto”, escrita y dirigida por Kleber Mendonça Filho, se convirtió en la producción cinematográfica más premiada de la edición al obtener cuatro galardones: mejor película iberoamericana de ficción, mejor dirección, mejor guion y mejor interpretación masculina para Wagner Moura.
Ambientada en el Brasil de 1977, la cinta propone un thriller político y de espionaje en plena dictadura militar, siguiendo la huida de un ingeniero que intenta reencontrarse con su hijo mientras escapa de la represión. Durante su discurso, Mendonça Filho reivindicó el papel del cine como “un instrumento poderoso” capaz de narrar historias atravesadas por “la verdad del drama humano”.
El reconocimiento a mejor película fue recibido por el propio director y la productora Emilie Lesclaux, quienes dedicaron el premio a sus hijos y al equipo creativo detrás de una obra que logró posicionarse como la gran triunfadora de la noche.
Por su parte, “El Eternauta”, adaptación de la histórica novela gráfica creada por Héctor Germán Oesterheld y Francisco Solano López, se consolidó como la serie más destacada de la gala. La producción argentina obtuvo tres Premios Platino: mejor miniserie o teleserie cinematográfica, mejor creador para Bruno Stagnaro y mejor interpretación masculina en miniserie o teleserie para Ricardo Darín.
Los productores Matías Mosteirin y Leticia Cristi destacaron el largo recorrido del proyecto, concebido hace más de dos décadas y finalmente convertido en una de las producciones latinoamericanas más relevantes del año. Stagnaro definió el reconocimiento como “un final de recorrido hermoso” para una serie que ya prepara una segunda temporada.
En las categorías interpretativas femeninas, la española Blanca Soroa obtuvo el Platino a mejor interpretación femenina por “Los domingos”, donde interpreta a una adolescente dividida entre la vocación religiosa y la vida cotidiana. Visiblemente emocionada, la actriz agradeció a la directora Alauda Ruiz de Azúa y al elenco por acompañarla en “un viaje maravilloso”.
La mexicana Paulina Gaitán se llevó el premio a mejor interpretación femenina en miniserie o teleserie gracias a “Las muertas”, producción inspirada en el caso de las hermanas Baladro y ambientada en el México de los años sesenta. La actriz confesó que el reconocimiento era un sueño largamente esperado.
Entre las demás producciones destacadas de la noche, “Apocalipse nos Trópicos”, dirigida por Petra Costa, obtuvo el premio a mejor película documental con un retrato sobre la influencia religiosa en la política brasileña contemporánea. En animación, “Olivia & Las Nubes”, de Tomás Pichardo Espaillat, hizo historia para República Dominicana al ganar el Platino a mejor película de animación. El director subrayó el impacto que este tipo de reconocimientos tiene para una industria emergente como la dominicana.
La española “Sorda”, ópera prima de Eva Libertad, fue reconocida como mejor ópera prima, mientras que “La cena”, dirigida por Manuel Gómez Pereira, obtuvo el premio a mejor comedia iberoamericana de ficción.
Uno de los momentos más emotivos de la gala llegó con la entrega del Platino de Honor a Guillermo Francella. El intérprete argentino, figura clave del cine y la televisión iberoamericana, recibió el homenaje de manos de Enrique Cerezo, presidente de Egeda y presidente ejecutivo de los Premios Platino.
Durante su discurso, Francella afirmó que “si algo me sostuvo en pie, fue la pasión”, reivindicando una trayectoria construida a través del trabajo colectivo y el amor por la interpretación. El actor recordó además que ningún logro artístico se alcanza en soledad, agradeciendo a colegas, directores y colaboradores que marcaron su carrera.
La gala, conducida por Carlos Torres y Cayetana Guillén Cuervo, también estuvo acompañada por actuaciones musicales de María Becerra, Camilo, Manuel Carrasco y Tony Grox & Lucycalys, quienes aportaron un componente festivo y emocional a una ceremonia que volvió a celebrar la diversidad y fortaleza del audiovisual iberoamericano. Con esta edición, los Premios Platino Xcaret reafirman su papel como principal escaparate del cine y las series en español y portugués, consolidando un espacio donde convergen las historias, voces y talentos de los 23 países iberoamericanos.
Lista de ganadores
Mejor Película Iberoamericana de Ficción: “El agente secreto” (Brasil) de Kleber Mendonça Filho
Mejor Dirección: Kleber Mendonça Filho por “El agente secreto” (Brasil)
Mejor Guion: Kleber Mendonça Filho por “El agente secreto” (Brasil)
Mejor Interpretación Masculina: Wagner Moura por “El agente secreto” (Brasil)
Mejor Interpretación Femenina: Blanca Soroa por “Los domingos” (España) de Alauda Ruiz de Azúa
Mejor Película Documental: “Apocalipse nos Trópicos” (Brasil) de Petra Costa
Mejor Película de Animación: “Olivia & Las Nubes” (República Dominicana) de Tomás Pichardo Espaillat
Mejor Ópera Prima: “Sorda” (España) de Eva Libertad
Mejor Comedia Iberoamericana de Ficción: “La cena” (España) de Manuel Gómez Pereira
Mejor Miniserie o Teleserie Cinematográfica: “El Eternauta” (Argentina) de Bruno Stagnaro
Mejor Creador en Miniserie o Teleserie: Bruno Stagnaro por “El Eternauta” (Argentina)
Mejor Interpretación Masculina en Miniserie o Teleserie: Ricardo Darín por “El Eternauta” (Argentina)
Mejor Interpretación Femenina en Miniserie o Teleserie: Paulina Gaitán por “Las muertas” (México) de Luis Estrada
Mejor Serie de Larga Duración: “Beleza Fatal” (Brasil) de Raphael Montes
Platino de Honor: Guillermo Francella (Argentina)
* David Sánchez es un periodista franco español afincado en Toulouse, centrado especialmente en cine iberoamericano, miembro de la crítica internacional Fipresci. Sitio: https://www.tegustamuchoelcine.com.
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Shell entra al juego de la emoción mundialista
Por: Adelaida Alcaraz
En el regreso de Paraguay a un Mundial después de 16 años, Shell apuesta a entrar en el juego donde realmente se define el vínculo con la gente: la emoción cotidiana. Entre estaciones de servicio, datos y experiencias, la marca busca transformar cada contacto en parte del ritual futbolero que une a todo el país antes del pitazo inicial.
Nos toca jugar juntos. No es solo un slogan. Es la forma en que Shell decidió posicionarse en uno de los eventos más potentes del calendario global: el regreso del equipo paraguayo a un Mundial después de 16 años.
En el país, el fútbol es consumo, identidad, conversación y, cada vez más, territorio estratégico para las marcas. En ese cruce entre emoción y negocio, Shell -licenciataria de la marca en el país a través de Raízen- definió una jugada clara: dejar de ser espectador del fenómeno y convertirse en parte activa del partido.
Para Carmela Pomata Crosa, gerente de Marketing y Comunicaciones, el contexto excede lo deportivo. “Porque es un punto de reencuentro emocional. Después de 16 años, el país vuelve a creer, a ilusionarse y a sentirse parte de algo colectivo”, explicó.
La lectura no es menor. El Mundial funciona como un catalizador de consumo emocional, donde las marcas compiten no solo por visibilidad, sino por relevancia cultural. En ese tablero, Shell eligió jugar en una zona poco habitual: la experiencia cotidiana.
El negocio de la emoción. La estrategia de la compañía se apoya en una premisa que mezcla marketing y comportamiento del consumidor. Y es que la fidelización no se construye únicamente en la comunicación, sino en la experiencia.
“Cada interacción con el cliente tiene que generar más valor”, apuntó Carmela. En la práctica, eso significa convertir un acto rutinario -como cargar combustible- en un punto de contacto con la emoción futbolera.
“De repente ya no es solo cargar combustible, es una experiencia diferenciada”, dijo. Desde la óptica del negocio, el objetivo es transformar tráfico en recurrencia, y recurrencia en afinidad de marca en un contexto de alta carga emocional.
“Nos toca jugar juntos”: marketing con lógica de hinchada. La campaña más visible del ciclo es “Nos toca jugar juntos”, una acción que combina licensing, retail experience y cultura futbolera.
Shell lanzó en Paraguay la primera colección oficial de la Albirroja junto a Playmobil, un movimiento inusual para el mercado local por su nivel de desarrollo y por la integración entre marca, Selección y producto.
“Nos toca jugar juntos convierte cada carga en una experiencia, donde el cliente no solo accede a un combustible de calidad mundial, sino que vive esa mezcla de ilusión, expectativa y emoción tan propia del fútbol”, agregó Carmela.
En términos de negocio, la estrategia apunta a un punto clave del marketing contemporáneo: convertir transacciones en experiencias coleccionables. ¿Cómo se accede? La mecánica para obtener las figuras de Playmbobil es mediante una carga de G. 100.000 de cualquier combustible más G. 45.000 adicionales.
Un mundial que reconfigura el mercado. El regreso de Paraguay al Mundial abre una ventana que las marcas ya están capitalizando. No solo por el volumen de atención, sino por la intensidad emocional del evento.
“En Shell entendimos que este no es un Mundial más: hay generaciones enteras que van a vivir su primer Mundial, y eso tiene un valor enorme”, puntualizó.
Para las compañías con presencia masiva en retail -como estaciones de servicio, supermercados o telecomunicaciones- el evento funciona como un acelerador de engagement y tráfico.
Shell, en ese sentido, apostó a una estrategia de integración total entre experiencia física y amplificación digital.
Datos, experiencia y ejecución. Detrás del relato emocional, hay una estructura de negocio basada en datos. La compañía utiliza análisis de comportamiento del consumidor, feedback en estaciones y métricas de interacción para ajustar promociones y experiencias en tiempo real.
“Todas nuestras decisiones parten del entendimiento profundo del cliente: qué valora, qué lo motiva y cómo se comporta”, contó.
Y dijo que este modelo responde a una tendencia global que pone al marketing en el centro basado en datos aplicado a experiencias de alto impacto cultural.
El ecosistema del fan. La campaña no se limita a un punto de contacto. Funciona como un ecosistema. “Las estaciones son el punto de experiencia, las promociones impulsan la acción y las redes sociales amplifican la conversación y el amor a la marca”, refirió Carmela.
En ese contexto, manifestó que el objetivo es construir continuidad entre mundo físico y digital, donde lo que ocurre en la estación se replica en redes y alimenta conversación.
En términos de negocio, se trata de maximizar la exposición sin depender exclusivamente de medios tradicionales.
El valor estratégico del Mundial. Para Shell, el Mundial no es solo un evento deportivo. Es un activo de marca.
La decisión de acompañar la transmisión televisiva de Versus Sports a través de GEN, Trece y Unicanal se inscribe en esa lógica. “Porque este Mundial no es uno más: es el regreso de Paraguay a ese escenario después de 16 años”, afirmó.
De allí que la presencia en medios no busca únicamente alcance, sino asociación emocional en el momento de mayor concentración de audiencia.
Más allá del partido. En el cierre de la estrategia aparece una idea que trasciende el marketing y entra en terreno cultural. “Que Shell fue parte de ese momento de verdad, que acompañó generando experiencias, emoción y cercanía con la selección”, recordó.
En un mercado donde la competencia por atención es cada vez más intensa, la apuesta estar en el Mundial a través del momento en que el país lo vive.
Porque en Paraguay, el fútbol no empieza con el silbato, comienza mucho antes. Y en ese tiempo previo -entre emoción, consumo y expectativa- también se juega un partido que las marcas ya no quieren perder.
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¿Es posible una república en Paraguay sin una cultura del mérito?
- José Duarte Penayo
- Filósofo
- Presidente de ANEAES
Un joven paraguayo se gradúa tras cinco años de esfuerzo en una carrera que le prometía un futuro profesional y descubre que el mercado laboral demanda competencias que su formación apenas rozó. Tiene un título, tiene voluntad, pero entre lo que estudió y lo que el país necesita hay una distancia que nadie le advirtió a tiempo. Esta escena se multiplica cada año y condensa un problema que excede a la persona, porque se trata de un sistema que emite credenciales con indiferencia respecto de si el talento que certifica responde a las capacidades que la sociedad requiere.
La frustración que genera esta experiencia merece atención. Una sociedad que forma jóvenes y carece de caminos reales para traducir ese esfuerzo en reconocimiento e inserción produce desafección, desconfianza institucional y, eventualmente, fuga de talento. Cuando esto se vuelve masivo, el título pierde valor como señal de competencia y la educación ve mermada su legitimidad como vía de progreso. El mérito queda así convertido en un esfuerzo estéril.
La discusión sobre la meritocracia atraviesa una coyuntura intensa desde hace un tiempo. Michael Sandel, en “La tiranía del mérito”, argumentó que la glorificación del éxito individual erosiona los vínculos de solidaridad, genera lo que denominó “soberbia meritocrática” en los ganadores y una humillación corrosiva en quienes quedan atrás. Así, para Sandel, el mérito convertido en principio absoluto termina justificando la desigualdad como destino merecido. Su diagnóstico se apoya en una observación precisa de las sociedades más ricas, donde la brecha entre los graduados de universidades de élite y el resto de la población se convirtió en fractura cultural que debilita la cohesión democrática.
Mucho antes, desde el punto de vista clásico de la sociología francesa, Pierre Bourdieu mostró que el sistema educativo opera como mecanismo de “reproducción social”. La modernidad habría producido, para este autor, una continuidad entre las viejas aristocracias de sangre y las nuevas aristocracias del diploma, donde el título universitario funciona como nuevo título de nobleza que consagra desigualdades previas bajo la apariencia de una competencia abierta. La credencial educativa legitima lo que fue transmitido por herencia patrimonial, capital cultural familiar y redes de acceso privilegiado, como se puede leer en uno sus trabajos más importantes, “Los herederos: los estudiantes y la cultura”.
Por su parte, John Rawls, en su “Teoría de la justicia”, distinguió la “igualdad formal de oportunidades” –que abre la competencia sobre una cancha inclinada por dones naturales, riqueza heredada y origen social– de la “igualdad equitativa de oportunidades”, que exige a las instituciones balancear esos factores ajenos al mérito para garantizar un punto de partida realmente equitativo.
El mérito genuino, en términos rawlsianos, presupone educación de calidad verificada, evaluación transparente y señales confiables entre formación y empleo. Bien entendido, el mérito exige más república, más normas y más Estado social de derecho, porque sin esas condiciones el concepto mismo pierde sentido.
Resulta fundamental situar las críticas hacia la meritocracia dentro de sus contextos específicos para entender su alcance. Tanto Bourdieu como Sandel escriben desde sociedades con alta fortaleza institucional, donde las trayectorias profesionales mantienen una estructura definida y los mecanismos estatales de evaluación académica y profesional operan con transparencia relativa.
La pregunta que surge al trasladar esta discusión a un país como Paraguay resulta directa: ¿cuál es la alternativa? En sociedades donde los mecanismos de reconocimiento del talento todavía están en construcción, la crítica abstracta a la meritocracia corre el riesgo de funcionar como un pretexto cínico para que todo siga dependiendo de la discrecionalidad o la inercia.
Paraguay atraviesa una transformación que otorga a este debate una urgencia inédita. Una generación joven con niveles de acceso a la educación superior superiores a cualquier etapa previa exige que su preparación encuentre un respaldo tangible en el sector productivo y en las instituciones nacionales. El diploma universitario entra en crisis debido a que solo el diez por ciento de las cinco mil carreras habilitadas cuenta con una acreditación de calidad, situación que se refuerza con el hecho de que en los últimos tres años se registraron cerca de 100 mil títulos sin sello de calidad de la ANEAES. Mientras la cantidad de títulos se multiplica, su efectividad como garantía de competencia profesional disminuye de forma constante.
Ante la ausencia de mecanismos que conecten formación con necesidades reales, el mercado laboral termina reemplazando la evaluación formal por criterios informales.
La comunidad nacional y el individuo que desarrolla sus capacidades deben pensarse en conjunto. Raymond Boudon, al cuestionar la rigidez estructural del modelo de Bourdieu, demostró que las decisiones individuales y la agencia de los actores tienen efectos reales sobre las trayectorias sociales, efectos que las instituciones pueden potenciar o bloquear.
Un diseño institucional inteligente puede alinear la suma de méritos individuales con las potencialidades productivas del país, a través de la formación pertinente en sectores estratégicos. Asimismo, la profesionalización de la función pública genera señales claras sobre la vinculación entre los estudios y las necesidades reales. Cuando esa alineación funciona, el reconocimiento del talento se transforma en una política de desarrollo.
Si el concepto sustantivo de lo político, como lo piensa la teoría política contemporánea, es la capacidad de impulsar procesos instituyentes de ruptura y la vocación de fundar un orden más justo, la verdadera posición antipolítica es aquella que, bajo una crítica simplista de la meritocracia, se complace en gestionar una realidad que ya no interpela ni convence a las grandes mayorías, administrando un statu quo sin legitimidad y eludiendo el coraje de impulsar transformaciones, aunque sean mínimas.
Nuestro país puede y debe construir un sistema donde el mérito sea reconocido, verificado y conectado con el destino de la nación, siempre bajo el horizonte de la solidaridad social.
La alternativa real a la meritocracia mal entendida es la meritocracia bien construida, que contemple reglas claras, instituciones que la sostengan y una república que haga del talento individual un bien público.
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Una nueva expografía pone en valor la rica historia de la música nacional
- Jorge Zárate
- jorge.zarate@nacionmedia.com
- Fotos: Jorge Jara
Un extraordinario paseo por los documentos, partituras y objetos de autores y compositores de la música nacional propone la nueva expografía de la Casa Bicentenario de la Música Agustín Pío Barrios Mangoré, reabierta desde esta semana.
“Estamos muy contentos de reabrir con esta muestra”, dice Diego Sánchez Haase, director de la Casa, que en el marco de la apertura realiza un ilustrativo paseo por las salas. “Abarca bien definidamente las dos facetas, la música popular folclórica, por un lado, y la música académica, por otro lado, y también un espacio de transición para los que trabajaron en ambas facetas”, comenta.
La puesta, a cargo de Carlo Spatuzza y Lea Schvartzman, quedó oficialmente inaugurada y puede visitarse de lunes a viernes de 8:00 a 15:00 y sábados, domingos y feriados de 9:00 a 17:00 en Cerro Corá 848 entre Tacuary y Estados Unidos.
El centro del hall de acceso de la histórica vivienda está ocupado por la guitarra de Mangoré, una Ramírez que utilizó entre 1910 y 1914, engalanando el espacio coronado por una de las bellas cúpulas del centro histórico asunceno.
En las salas de la casona, construida para vivienda familiar por la familia Arce a fines de 1910, que destaca por su estilo neoclásico, se dispusieron los diversos elementos. El paseo guiado por Sánchez Haase comienza con la sala de la música popular que tiene instrumentos emblemáticos como el arpa de Félix Pérez Cardozo, aquella que en los años 30 del siglo XX hizo construir al lutier Epifanio López con las 36 cuerdas con que hoy la conocemos.
También están allí las guitarras de Emiliano R. Fernández, Efrén “Kamba’i” Echeverría, Mauricio Cardozo Ocampo, Epifanio Méndez Fleitas, Herminio Giménez, Demetrio Ortiz y Agustín Barboza.
VALIOSO ACERVO
El espacio alberga unas 100 poesías de Emiliano Re, poemas de Teodoro S. Mongelós, una colección de flautas de Mauricio Cardozo Ocampo de la época de su conjunto Perurimá y el bandoneón de Herminio Giménez, por citar objetos principales del valioso acervo.
Ante la vitrina que atesora trombones e instrumentos de viento de la Banda de la Policía, Sánchez Haase recuerda que “allí se formó la generación de oro de la música nacional”, apuntando el paso por la misma de José Asunción Flores, Carlos Lara Bareiro y Mauricio Cardozo Ocampo, entre otros grandes nombres.
De Flores se preservan las notaciones musicales de sus primeros experimentos con “Marãpa reikuaase”, la obra que ayudaría al desarrollo final de la guarania. De Herminio Giménez el manuscrito de “Che trompo arasa”.
Para conmemorar el espíritu de la sala, el barítono Agustín Barboza, nieto del gran cantor, hace una conmovedora versión a capella de “Ruego y camino”, obra central del repertorio de su abuelo.
En destacado homenajea a los 100 años de su nacimiento, sorprenden allí en un escaparate especial el brillo del oro de 3 de los 8 discos de los que se hizo merecedor Luis Alberto del Paraná. Así también, obran su famoso globo, el micrófono y hasta un casete del preciado amarillo metal que galardonaron su reconocida carrera musical.
MÚSICA ACADÉMICA
La sala que homenajea la música académica tiene la guitarra Sanfeliú que Mangoré usó entre 1930/4 y sus manuscritos de “Julia Florida”, fechado en Costa Rica, y el del preludio de “La catedral”, del que hizo lo propio en La Habana en 1938.
La preside el piano que fuera de Susana Elizeche de Codas, a la que Sánchez Haase describe como “una niña prodigio” que daba conciertos desde muy pequeña. Cuenta la historia que el instrumento acogió las primeras pruebas de los escritos de Flores para la guarania con sus métricas no tan definidas como se puede constatar en los documentos presentes en la sala.
También están allí las partituras del Archivo Viladesau. “Paraguay tenía una editorial de música”, apunta el maestro dando cuenta de los más de 30 compositores nacionales que registraron sus obras de polca galopa todavía no escritas en el 6 x 8 que hoy define la esencia de la polca paraguaya.
“Hay obras de mujeres, de Anita Cohen, ‘Mi bandera’ por ejemplo”, cuenta revelando que son cinco de ellas que imprimieron partituras entre 1917/20.
OBJETO ESPECIAL
Tiene un lugar especial un gramófono que el coleccionista de arte Marcial Bordas rescató de una casa de empeños en San Lorenzo. “Tenía un disco en su interior, la primera grabación del Himno de 1914, ejecutada por la Banda del Jardín Japonés de Buenos Aires, bajo la dirección del maestro Gaetano D’Aló”, revela. Acto seguido, da paso a la escucha de ese tesoro y hace notar las diferencias con la versión definitiva que arreglara el maestro Remberto Giménez.
“En la última sala tenemos a los grandes académicos, Carlos Lara Bareiro, Remberto y Juan Carlos Moreno González”, apunta.
Define a Lara Bareiro como “el más grande director de orquesta del país”, recuerda la creación de la zarzuela paraguaya, con obras de gran impacto en taquilla como “La tejedora de ñandutí” o “María Pacurí”. También la formación de la Orquesta de la Asociación de Músicos persiguiendo el sueño de una Sinfónica Nacional que recién vería la luz en 2004.
“Y también renovamos la biblioteca, que lleva el nombre de Lara Bareiro y donde tenemos material de música y cultura paraguaya en general”, explica.
EL SONIDO DE MANGORÉ
En el auditorio que ahora lleva el nombre de Sofía Mendoza, una gran cantante lírica, el guitarrista y compositor Javier Acosta Giangreco, en una charla magistral, aborda la difícil tarea de intentar reconstruir el “sonido” de Agustín Pío Barrios Mangoré.
Tras una breve historia de la guitarra, en la que señala su presencia con formas diversas en el siglo XIX, hasta llegar al formato en que la conocemos gracias al lutier español Antonio de Torres. En el siglo XX los hermanos Manuel y José Ramírez en España la consolidan. Luego separan sus búsquedas, Manuel hace una guitarra más romántica, José una adecuada al toque del flamenco, con sonido más amplificado.
Una de estas últimas llega a manos de Mangoré, que reemplaza las cuerdas de tripa de oveja por unas de metal buscando un sonido mayor. Con ella graba sus primeros discos. Más tarde tendrá una Sanfeliú, más romántica, acaso la razón de temas como “Julia Florida”.
Corona la presentación con la ejecución de la “Danza paraguaya” en una guitarra que imita a una Ramírez, dispuesta como en los tiempos antiguos y consigue una sonoridad intimista. Luego pasa a una guitarra moderna, con materiales de construcción que evolucionan el sonido y la obra gana un sonido mayor. El aplauso del público agradece la buena lección y el legado del gran Mangoré que, según recuerda Sánchez Haase, en el decir de John Williams, guitarrista excepcional, “fue el compositor más grande de la historia de la guitarra”.
UNA EDITORIAL DE MÚSICA
Sánchez Haase da cuenta de una situación especial: “Es un déficit no tener una editorial paraguaya de música”, revela. Lo hace comparando la situación con la de los músicos que pudieron editar sus partituras en la Casa Viladesau, cuyo archivo ahora hace parte del acervo de la institución que dirige.
“Haría falta el establecimiento de una nueva editorial que pueda publicar la música contemporánea. Hay una cuestión comercial ahí también muy compleja porque yo sé que las editoriales pelean todos los días contra las fotocopias y contra las descargas de internet, así que no es fácil embarcarse en un proyecto como ese, pero realmente nos hace mucha falta”, relata.
“En mi caso particular, estoy publicando mi obra en España, por ejemplo, porque aquí no tenemos editoriales y es una carencia que es fuerte y que necesitamos que en algún momento podamos subsanar”, remata.
UNA MUESTRA ESPECIAL
El arquitecto y artista plástico Carlo Spatuzza comparte con Lea Schvartzman la responsabilidad de la puesta. “Fue un trabajo grande, de tres meses”, explica destacando los espacios de “esta maravillosa vivienda”.
Apunta que se hizo “una selección muy detallada del acervo que posee el Centro Cultural de la República El Cabildo, que es muy grande. Todas las piezas elegidas para mí son fundamentales”, cuenta.
Señala luego su expectativa de que “el público y en particular los jóvenes vengan a conocer parte de la historia musical del Paraguay. Entonces, la difusión también me parece fundamental”, expone.
Schvartzman indica que se trata de “un maravilloso viaje por dos vertientes de la música paraguaya, su vertiente popular y folclórica, y luego como, en especial en esta muestra, la música académica”.
“Fuimos armando este guion museográfico pasando por diferentes periodos, yendo, por ejemplo, dentro de la música popular, conociendo esa sonoridad del arpa, de la guitarra, de sus exponentes y ver cómo esa sonoridad fue cambiando, se fue desarrollando por otros caminos, pero siempre dentro de lo que es la música paraguaya”.
La curadora invita a “que la gente pueda venir, tomarse el tiempo y poder mirar cada documento porque hablan, tienen también su historia. Hay cruces entre músicos, cartas, etc. Por ejemplo, a mí me llamó la atención algo de Mangoré porque, como sabemos, Agustín Barrios salió del país enojado porque no había acá el apoyo que necesitaba, pero en sus documentos se encuentran postales que él enviaba a sus amigos de Paraguay. Entonces, es muy lindo, porque no se desconectó en sus afectos. Hay una dedicatoria que está escrita en guaraní a su gran amigo de infancia, a su compañero guitarrista”.
Destaca que el guion está preparado para ser de utilidad al que estudia la historia de la música y despertar la curiosidad de un ciudadano interesado o de un turista.
“Hay además una cantidad de objetos muy valiosos e importantes, guitarras, arpas, etc., y cosas personales de los músicos que te sorprenden. En mi caso fue con la batuta de Carlos Lara Bareiro que yo me imaginaba como algo superespecial y después cuando me voy a buscarla para la exposición ¡era una varita de mimbre que es hermosa! Ella tiene escrito: Lara Bareiro, Paraguay. Creo que es un detalle que da cuenta de la personalidad de alguien que fue expulsado al exilio político, que fue un excelente músico, pero también sabemos que fue una persona de una conciencia social muy grande, él era comunista y su batuta era de mimbre”, apunta.