El embajador británico en Paraguay, Ramin Navai, inició un debate en su perfil de Twitter sobre la basura arrojada en los lugares públicos en el país. El diplomático es conocido como un activista a favor del medioambiente e hizo un descargo en la red social en contra de los ciudadanos paraguayos que tiran basura desde sus rodados o incluso caminando sin tener conciencia del daño ambiental.
Navai en su mensaje incluso resaltó que los compatriotas que tiran sus desechos en las calles no deberían lamentarse por la situación del país y menos por los gobernantes. “Saben que amo mucho Paraguay, pero algo que me molesta es la basura. Entiendo que hay gente que no tiene opción dónde arrojarla, pero escribo sobre los que la botan desde el auto o caminando. Los que no respetan los espacios públicos no deberían quejarse de su país ni de los políticos”, escribió.
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El tuit del embajador tuvo más de 150.000 vistas y diversas reacciones que estaban a favor de su reclamo. “Lamentable es esto. Y lo peor de todo es que cuando le decís eso a la persona puerca, se enojan y son los más ofendidos. Cultura cero”, “Totalmente de acuerdo. Odio cuando veo que alguien desde el colectivo tira su basura en plena avenida como si fuera su basurero”, “Embajador, mientras no se le multe al puerquito/a seguirán tirando basura en cualquier lugar”, escribieron.
Por otro lado, un usuario se molestó con la observación del embajador y expuso que en su país de origen no es “tan” diferente. “¿Qué tal Londres? O solo molesta en Paraguay”. Por otro lado, quien defendió el hecho de tirar basura en los espacios públicos. “El otro día leí en Facebook que una señora tira la basura por la ventana de su vehículo porque hay personas que viven de eso, el altruismo en persona la señora”, comentó un usuario.
El tuit de Ramin Navai escaló a un debate en su perfil, puesto que muchos estaban a favor de su descargo en contra de la contaminación, mientras que otros no estaban a favor de su postura. El tuit sumó más de 4.000 me gusta.
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Crítica: “Nobody”, la animación china 2D más vista de la historia
- Por David Sánchez, desde Toulouse (Francia), X: @tegustamuchoelc (*).
Dentro de esa nueva ola destaca Shui Yu, cineasta y guionista vinculado al histórico Shanghai Animation Film Studio, responsable también de la exitosa serie “Yao-Chinese Folktales”, una reinterpretación moderna del folclore chino que sorprendió por su capacidad para mezclar tradición y sensibilidad contemporánea. “Nobody” nace precisamente como una expansión de uno de aquellos episodios y confirma a su director como una de las voces más interesantes de la animación china actual.
El filme fue un enorme éxito en su país, convirtiéndose en la película china de animación 2D más taquillera de la historia, y tras su paso por diversos mercados internacionales ha logrado entrar en la competición oficial del Festival de Annecy 2026, el gran escaparate mundial de la animación. Un reconocimiento que demuestra que la producción china ya no solo compite en taquilla, sino también en prestigio artístico.
Lo primero que llama la atención de “Nobody” es su apartado visual. A simple vista, el diseño de los personajes parece sorprendentemente sencillo, casi minimalista. Sus trazos son básicos y recuerdan que la espectacularidad no siempre depende de la complejidad del dibujo. Sin embargo, basta con que la cámara se detenga en un paisaje para comprender el enorme trabajo que hay detrás.
Los árboles movidos por el viento, las hojas, las ramas, las antiguas construcciones de piedra o las montañas envueltas entre nubes están realizados con una sensibilidad extraordinaria. Hay secuencias de tormentas y paisajes naturales que resultan absolutamente hipnóticas y convierten cada escenario en una pequeña obra de arte. En cierto modo recuerda a lo que ocurría en Flow: unos personajes sencillos integrados en un universo visual de enorme riqueza y belleza.
Pero donde realmente conquista la película es en sus protagonistas. El pequeño demonio cerdo, el sapo, la comadreja y el gorila forman un grupo imposible, aunque cada uno posee una personalidad perfectamente definida. Sus diferencias son precisamente las que alimentan una evolución constante durante toda la aventura, construida sobre la amistad, la cooperación y la necesidad de apoyarse mutuamente para sobrevivir.
El humor merece una mención aparte. No responde al esquema habitual de la animación occidental ni busca exclusivamente al público infantil. Es un humor muy particular, lleno de pequeños detalles absurdos y situaciones inesperadas que aparecen constantemente. Desde un personaje señalando con absoluta naturalidad el camino por el que acaba de escapar alguien, hasta una desternillante secuencia en la que uno de los protagonistas utiliza los duros pelos de su espalda para fregar una enorme cazuela y, cuando ya no puede más, continúa restregándola con la cabeza, provocando un gag físico sencillamente brillante.
La película también juega continuamente con la mitología china y con referencias a Viaje al Oeste, algo que puede resultar inicialmente confuso para el espectador europeo, especialmente cuando aparecen dioses y figuras tradicionales cuya importancia cultural no siempre conocemos. Pero una vez el espectador acepta esas reglas del juego, el universo termina absorbiéndolo por completo. Incluso hay momentos de acción que evocan inevitablemente a Dragon Ball, como si la sombra de Son Goku apareciera de forma fugaz entre estas criaturas mitológicas.
Lo más interesante es que, bajo su apariencia de aventura fantástica, “Nobody” habla de personajes humildes, casi insignificantes, que sobreviven entre dificultades económicas, trabajos ingratos y sueños imposibles. La película se ríe de sus propias miserias y convierte esa fragilidad en uno de sus mayores encantos. Sin caer nunca en el dramatismo excesivo, transmite valores como la amistad, la solidaridad y la importancia del trabajo en equipo con una enorme naturalidad.
La historia arranca con calma, casi de forma modesta, pero poco a poco va creciendo hasta desembocar en una aventura completamente desatada que mezcla comedia, drama, fantasía y acción con una sorprendente facilidad.
Y conviene insistir en un detalle: sería un error juzgar “Nobody” únicamente por la aparente simplicidad del diseño de sus personajes. Bajo esa estética contenida se esconde una película de enorme riqueza visual, mucho humor, una construcción narrativa muy cuidada y una profundidad emocional que aparece casi sin que el espectador se dé cuenta.
Una de las grandes sorpresas de la animación reciente y una de esas películas que demuestran que la sencillez estética puede esconder un trabajo artístico de enorme sofisticación. Divertida, emotiva y llena de personalidad, “Nobody” se sitúa como una de las propuestas más estimulantes del Annecy 2026.
* David Sánchez es un periodista franco español afincado en Toulouse, centrado especialmente en cine iberoamericano, miembro de la crítica internacional Fipresci. Sitio: https://www.tegustamuchoelcine.com.
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Samaniego ratifica precandidatura presidencial y critica ninguneo de aliados de disidencia
La senadora Lilian Samaniego ratificó su precandidatura para la Presidencia de la República para las elecciones generales del 2028 y cuestionó que no sea tenida en cuenta por sus propios aliados en la disidencia colorada. Señaló que los referentes que ya adelantaron su carrera hacia el Palacio de López no se acercaron para llevar adelante conversaciones en torno a la chapa presidencial.
“Soy una candidata, creo que representativa para los colorados. Siempre quieren instalar que a lo máximo que puedo llegar es a la vice, y algunos consideran que ni ahí tengo que estar, mis propios aliados. Creo que esta es la única oportunidad que tengo de probar, debido al tiempo transcurrido”, fueron las expresiones de Samaniego a los medios desde el Senado, este viernes.
La legisladora sostuvo que incluso no la mencionaron para conformar una chapa presidencial como vicepresidenta, tanto por parte del exministro abdista Arnoldo Wiens, como del senador Luis Pettengill, que son los principales aspirantes a la presidencia por parte de la disidencia en el Partido Colorado.
“No, ni a favor de nadie (descabalgar su precandidatura). A mí nadie me habló de vicepresidencia, a mí nunca ni Wiens, ni Petengill, nadie me habló y todos los medios me instalan como vice, y él habla (Wiens), va a elegir su vice, que nadie le va a imponer y nunca escuché de su boca que una mujer va a ser su vice”, cuestionó la congresista que encabeza el movimiento Causa Republicana.
Samaniego criticó que incluso no existen conversaciones dentro de los principales movimientos internos de la disidencia para desarrollar negociaciones sobre lo que serán las generales. “Voy a ser candidata a la Presidencia de la República a través del Partido Colorado y hasta hoy no nos sentamos para establecer los parámetros”, sentenció.
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Cannes 2026: crítica de “Siempre soy tu animal materno” de Valentina Maurel
- Por David Sánchez, desde Toulouse (Francia), X: @tegustamuchoelc (*).
La nueva película de Valentina Maurel llega a la sección Festival de Cannes dentro de Un Certain Regard, un espacio históricamente asociado a cineastas emergentes, propuestas de autor y obras que priorizan la sensibilidad estética por encima de la narración convencional. Lo llamativo aquí es que Maurel, tras años orbitando el ecosistema del cine de festivales y las instituciones francesas de formación y financiación, consigue dar el salto directo a la selección oficial de Cannes. No es un detalle menor. En una industria donde muchos directores pasan años acumulando presencia en secciones menores, residencias o festivales intermedios antes de alcanzar esta plataforma, el recorrido de Maurel evidencia hasta qué punto la película ha sido concebida y moldeada para dialogar con el lenguaje específico del gran circuito festivalero europeo.
La historia sigue a Elsa, una joven de 28 años que regresa a Costa Rica después de años en Europa y se reencuentra con su hermana menor Amalia, absorbida por un universo entre el esoterismo, la deriva emocional y el vacío existencial. Paralelamente, el padre, Nahuel, intenta escapar de la decadencia afectiva a través de conquistas románticas pasajeras, mientras la madre, Isabel, revive su pasado republicando poemas eróticos escritos durante su juventud. Sobre el papel, la película plantea un retrato fragmentado de una familia en crisis, donde cada personaje parece buscar desesperadamente una forma distinta de escapar de sí mismo.
Sin embargo, el problema central aparece muy pronto: la película nunca consigue convertir esas líneas narrativas en una experiencia dramática verdaderamente sólida. Maurel intenta construir tres relatos simultáneos —el de Elsa, el de Amalia y el de Isabel—, pero ninguno termina de adquirir la densidad suficiente. Elsa, pese a ser la aparente protagonista, queda constantemente desplazada por la puesta en escena. Su conflicto interno está sugerido, pero rara vez se siente vivo. Falta fricción, falta una dinámica emocional que haga que el personaje se adhiera realmente a la historia. Se percibe como una figura observadora, casi externa al caos familiar que debería atravesarla.
La hermana menor, Amalia, funciona mejor precisamente porque su dimensión esotérica y errática introduce cierta tensión imprevisible. Aunque el guion nunca profundiza del todo en sus motivaciones, su presencia posee algo incómodo y descontrolado que mantiene el interés durante varios momentos. Hay escenas donde la relación entre ambas hermanas parece encontrar por fin una verdad emocional, especialmente cuando la distancia afectiva entre ellas emerge sin necesidad de explicaciones verbales. Pero incluso ahí la película se retrae antes de profundizar realmente en el conflicto.
El gran problema es que Maurel parece confiar más en la atmósfera que en la construcción dramática. La película está llena de imágenes calculadas para el impacto contemplativo: planos lejanos de la ciudad, patrullas avanzando lentamente por calles vacías, sombras proyectadas desde terrazas o interiores donde los personajes aparecen aislados dentro del encuadre. Son imágenes elegantes, indudablemente pensadas con sensibilidad visual, y en muchos casos logran una belleza melancólica genuina. Pero también terminan revelando una cierta dependencia del lenguaje que tradicionalmente seduce a los festivales internacionales: silencios prolongados, cuerpos fragmentados, conversaciones interrumpidas y conflictos insinuados más que desarrollados.
El problema es que toda esa sofisticación formal no alcanza para sostener las casi dos horas de metraje. La película se vuelve progresivamente tediosa, incluso agotadora. Hay secuencias que parecen diseñadas más para transmitir una sensación abstracta de incomodidad que para avanzar narrativamente. Cuando la cámara separa constantemente a las hermanas, cuando la tensión esotérica de Amalia deriva en explosiones de rabia apenas explicadas o cuando escenas aparentemente importantes desaparecen sin consecuencia dramática, el relato pierde cohesión y el espectador empieza a desconectarse emocionalmente.
Esa es quizás la gran contradicción de la película: está claramente diseñada para satisfacer ciertos códigos del cine de autor contemporáneo, pero olvida construir una experiencia verdaderamente absorbente. Se percibe la influencia de un entorno cinematográfico muy ligado a escuelas e instituciones europeas —particularmente francesas— donde el dispositivo visual y la ambigüedad emocional son tratados casi como valores absolutos. Y aunque Maurel demuestra talento visual y capacidad para generar atmósferas densas, todavía parece faltar una mirada más madura sobre los personajes y sobre el peso dramático de sus decisiones.
Eso no significa que la película carezca de interés. Al contrario: hay intuiciones potentes, momentos visuales muy logrados y una sensibilidad real para retratar la alienación contemporánea. Pero entre la ambición estética y la necesidad de construir un relato coherente aparece un desequilibrio constante. La película quiere ser íntima, política, existencial y poética al mismo tiempo, y en ese intento termina dispersándose.
Su presencia en Un Certain Regard tiene sentido precisamente por eso: es el tipo de obra que Cannes suele abrazar por su riesgo formal, por su ambición autoral y por su capacidad para insertarse en el discurso del cine contemporáneo de festivales. Pero fuera de ese ecosistema, donde la experiencia emocional y narrativa pesa tanto como la propuesta estética, la película corre el riesgo de resultar distante, fría y excesivamente ensimismada.
* David Sánchez es un periodista franco español afincado en Toulouse, centrado especialmente en cine iberoamericano, miembro de la crítica internacional Fipresci. Sitio: https://www.tegustamuchoelcine.com.
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Cannes 2026: crítica de “Titanic Ocean” de Konstantina Kotzamani
- Por David Sánchez, desde Toulouse (Francia), X: @tegustamuchoelc (*).
Konstantina Kotzamani presenta con “Titanic Ocean” una película que parece concebida para dividir radicalmente al público: algunos verán una experiencia hipnótica y poética sobre el deseo de escapar del mundo moderno; otros, una obra excesivamente pretenciosa y desesperadamente lenta que confunde profundidad con solemnidad. Probablemente ambas lecturas sean correctas al mismo tiempo. Presentada en la sección Un Certain Regard del Festival de Cannes 2026, la directora griega construye un relato que mezcla drama adolescente, fantasía acuática y reflexión existencial, aunque muchas veces el resultado termina ahogado en su propia ambición simbólica.
La historia sigue a una adolescente japonesa aislada emocionalmente que se entrena para convertirse en una “sirena profesional”. La idea ya contiene algo extraño y fascinante desde el inicio: jóvenes que encuentran refugio psicológico y social en la fantasía acuática, sumergiéndose literalmente en piscinas para escapar de una realidad que perciben hostil o vacía. El problema es que Kotzamani filma este universo con una gravedad casi religiosa, como si cada gesto dentro del agua escondiera una gran revelación filosófica. Lo que al principio despierta curiosidad termina derivando en una experiencia agotadora por su insistencia y su lentitud extrema.
La película desarrolla además un aspecto cultural particularmente curioso: dentro de este microcosmos, la identidad de “sirena” parece requerir validación familiar y reconocimiento social. Hay escenas donde los padres opinan seriamente sobre esta forma de vida y otras donde acudir vestida de sirena a ciertos acuarios japoneses aparece tratado como un ritual de respeto o pertenencia. Kotzamani observa todo esto con una mezcla de fascinación antropológica y romanticismo visual. Sin embargo, nunca queda del todo claro si la directora está explorando genuinamente un fenómeno social japonés o simplemente proyectando sobre Japón una fantasía exótica muy occidental.
Y ahí aparece uno de los elementos más interesantes de Titanic Ocean: el hecho de que la película esté dirigida por una cineasta griega filmando en Japón. Esa distancia cultural produce momentos extraños pero atractivos, como si el film existiera en una zona intermedia entre el documental sensorial y el sueño artificial. Kotzamani parece conectar la tradición mitológica mediterránea de las sirenas con ciertas obsesiones contemporáneas japonesas relacionadas con la performance, la identidad y la evasión social. En ocasiones esa mezcla funciona muy bien, generando imágenes perturbadoras y bellas; en otras, el resultado se siente forzado y excesivamente consciente de su propia “importancia artística”.
Narrativamente, la película avanza poco. Las escenas se prolongan hasta el límite, los silencios dominan la puesta en escena y muchas secuencias parecen repetirse emocionalmente. Hay una clara voluntad de crear una experiencia contemplativa, casi flotante, pero el film confunde demasiadas veces el minimalismo con la ausencia de tensión dramática. La sensación es la de estar observando una instalación de museo contemporáneo extendida durante más de dos horas. El espectador termina atrapado en una especie de hipnosis visual que puede resultar seductora o profundamente aburrida dependiendo de su tolerancia al cine más abstracto.
Las interpretaciones de Arisa Sasaki, Melina Mardini y Haruna Matsui acompañan bien ese tono distante y espectral que busca la directora. Ninguna trabaja desde el realismo tradicional; más bien parecen cuerpos desplazándose dentro de un sueño acuático permanente. Hay poca expresividad verbal y mucha construcción física: respiraciones, miradas perdidas, movimientos lentos bajo el agua. Funciona dentro de la lógica estética de la película, aunque también contribuye a esa sensación de frialdad emocional que impide conectar plenamente con los personajes.
Donde Titanic Ocean sí consigue imponerse claramente es en el apartado visual. Incluso en sus momentos más tediosos, Kotzamani demuestra una enorme capacidad para capturar la belleza plástica de las figuras de sirena. La fotografía convierte las piscinas, acuarios y espacios acuáticos en paisajes casi uterinos, iluminados con tonos azulados y reflejos líquidos que terminan absorbiendo por completo a los personajes. Hay imágenes realmente memorables: cuerpos suspendidos en el agua como criaturas mitológicas contemporáneas, colas brillantes moviéndose lentamente bajo luces artificiales, rostros difuminados detrás del cristal de un acuario. La directora entiende perfectamente el potencial estético de ese universo y sabe explotarlo visualmente.
El problema es que la película depende demasiado de esa belleza. Cada plano parece pedir admiración constante, como si el film estuviera enamorado de sí mismo. Y aunque hay secuencias visualmente fascinantes, el conjunto termina resultando repetitivo y pesado. La sensación final es ambigua: por un lado, queda el recuerdo de imágenes muy potentes; por otro, el agotamiento producido por una obra que insiste una y otra vez en subrayar su trascendencia.
Titanic Ocean es, en definitiva, una película visualmente cautivadora pero narrativamente asfixiante. Una experiencia estética más que emocional, tan obsesionada con la idea de escapar del mundo que acaba desconectándose también del espectador.
* David Sánchez es un periodista franco español afincado en Toulouse, centrado especialmente en cine iberoamericano, miembro de la crítica internacional Fipresci. Sitio: https://www.tegustamuchoelcine.com.