La israelí Gal Gadot es conocida por su trabajo en las películas “Rápido y furioso”, “Alerta roja” y “Mujer Maravilla”, pero detrás de su vida de actuación se esconde una historia poco habitual y que da qué hablar.
Las películas de acción siempre se han relacionado con figuras masculinas que se convirtieron en estrellas de Hollywood por estos roles. Desde Chuck Norris, pasando por Arnold Schwarzenegger y Silvester Stallone, hasta Jason Statham. En ese sentido, una de las mujeres que marcó un nuevo rumbo es, sin dudas, Gal. Con “Mujer Maravilla” supo cruzar una puerta para instalarse de manera definitiva en el cine.
Gadot nació el 30 de abril de 1985 en Petaj Tikva, Israel. Es hija de sobrevivientes del Holocausto. Según contó alguna vez, sus padres eran apenas niños cuando lograron escapar de una de las mayores atrocidades de la historia. El destino quiso que después Irit Weiss y Michael Gadot se juntaran de adolescentes para que fruto de ese amor nacieran Gal y su hermana Dana, describe el portal de noticias Infobae.
Sus 1,78 metros de altura le sirvieron para ser una gran basquetbolista desde muy pequeña, pero especialmente para que dé sus primeros pasos en el mundo del modelaje. Claro, apoyada por su madre. Como en casa la economía era ajustada, apenas terminó el colegio, Gal trabajó como niñera y luego fue cajera en un local de comidas rápidas. Sin embargo, en el 2004, con apenas 18 años, ganó Miss Israel y eso le abrió un lugar para representar al país en Miss Universo.
En ese concurso no terminó obteniendo un lugar importante, aunque sí lo haría desde lo laboral. Allí fue vista por varias marcas que se interesaron en ella. Gadot se convirtió en la cara visible de firmas de moda como Gucci, pero también de tecnología, como el caso de Huawei.
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Milicia
En su mayor esplendor, triunfando en Milán y París, capitales de la moda, Gadot recibió un llamado: tenía 20 años cuando le indicaron que debía regresar a Israel para hacer el servicio militar. Cumplió con el deber enrolándose de manera inmediata, sin que le importase en absoluto dejar en pausa su carrera artística. “Son dos años en los que tenés que dar algo por tu país. No se trata de uno, se trata de aprender disciplina y respeto”, dijo en una entrevista con la revista Rolling Stone.
Claramente todo lo que la actriz fue aprendiendo de forma profesional fue de ayuda para los papeles que interpretó en la saga “Rápido y furioso”, “Alerta roja” y “Mente implacable”. En ellas se puede apreciar su entrenamiento, desarrollando movimientos en las escenas de acción que resultan por demás creíbles.
En cuanto a su vida privada, en el 2008 se puso de pareja con Yaron Varsarno, un empresario holandés que conoció en un retiro espiritual. Se casaron y tienen tres hijas: Alma, de 9 años; Maya, de 4 años, y Daniella, quien cumplió recientemente un año.
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Universo MOLA llega a Paraguay con una agenda sostenible
Por: Adelaida Alcaraz
El movimiento más grande de moda sostenible de Latinoamérica desembarca en el país con una propuesta que combina diseño, impacto y negocios. Su presentación será en junio con un gran evento denominado Casa MOLA.
La industria de la moda atraviesa una transformación profunda. Lo que durante décadas estuvo dominado por la velocidad y el consumo masivo, hoy comienza a redefinirse bajo nuevos parámetros: trazabilidad, impacto social y sostenibilidad. En ese contexto, el desembarco de Universo MOLA en Paraguay trae una señal clara de hacia dónde se dirige el negocio en América Latina.
Considerado el movimiento de moda sostenible más grande de la región, Universo MOLA ha logrado consolidar una red que articula diseñadores, emprendedores, instituciones y consumidores bajo la premisa de transformar la industria desde adentro. Su propuesta apunta a visibilizar marcas, impulsar formación, comunidad y oportunidades comerciales para quienes abrazan un modelo más consciente.
El primer hito en Paraguay será Casa MOLA, en junio. Este evento funcionará como un espacio abierto de networking y conocimiento, con el objetivo de generar una comunidad local conectada con el ecosistema de moda sostenible. Casa MOLA contará con un desfile de moda, un panel de expertos y espacios de interacción para diseñadores, emprendedores y actores del sector.
Como parte del evento, semanas atrás ya fue lanzado un concurso para diseñadores, del cual cinco participantes serán seleccionados para el desfile de manera gratuita tras completar un taller intensivo de cuatro horas y ser evaluados por un comité de expertos locales e internacionales.
Entre los panelistas confirmados para Casa MOLA se encuentran Jorge Bunchikoff, Jazmín Rodríguez y un diseñador que resulte ganador del concurso, con moderación a cargo de Adriana Chaparro. De hecho, la convocatoria para participar del concurso de diseñadores cierra el 25 de abril, por lo que los interesados ya pueden postularse para ser parte de esta experiencia única.
Detrás de este movimiento hay una visión clara y una trayectoria sólida. Su cofundadora y directora general, Valentina Suarez, colombiana criada en Uruguay, cuenta con formación en diseño de modas y una especialización en sostenibilidad que la posiciona como referente en el tema. Desde 2016 lidera esta iniciativa -parte de la Fundación Entre Soles y Lunas- que ya ha impactado a más de 500 emprendimientos de moda sostenible en América Latina.
Su recorrido incluye más de 200 conferencias sobre conciencia, sostenibilidad y diseño, además de su rol como coordinadora de moda sostenible en los Premios Latinoamérica Verde en 2020 y 2021, y presentadora en la Alfombra Verde.
A esto se suma su trabajo como docente desde 2019, impulsando contenidos vinculados a moda, inclusión y sostenibilidad en universidades y organizaciones, junto con su formación en instituciones internacionales.
El crecimiento de la moda sostenible no es solo una cuestión ética, sino también económica. A nivel global, el sector muestra una expansión sostenida, impulsada por nuevas generaciones que priorizan el impacto de sus decisiones de compra.
En este escenario, América Latina comienza a posicionarse como un polo creativo con identidad propia, donde la innovación se cruza con tradiciones y recursos locales.
Paraguay, con su riqueza cultural y su potencial en industrias creativas, aparece como un terreno fértil para este tipo de iniciativas.
La llegada de Universo MOLA instala una conversación, pero además busca activar un ecosistema: conectar talento, profesionalizar al sector y abrir puertas a mercados internacionales.
De hecho, y si se lo analiza, esta presentación hasta podría terminar con la concreción del próximo Asunción Fashion Week.
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San Joaquín apuesta al turismo para diversificar su economía
Situada a 242 kilómetros de Asunción, a orillas del arroyo Piri Poty, San Joaquín empieza a abrirse paso como un nuevo destino turístico en el departamento de Caaguazú, con una apuesta clara, convertir su riqueza natural e histórica en una oportunidad económica para su gente.
Así lo explicó a La Nación/Nación Media, la secretaria de Turismo departamental, Romina Zacarías, quien destacó que el distrito, tradicionalmente agrícola, busca hoy diversificar su desarrollo a través del turismo.
La base económica de San Joaquín sigue siendo el trabajo en el campo. La agricultura, la ganadería, así como la producción avícola y porcina, sostienen a gran parte de la población. Sin embargo, el distrito comienza a mirar más allá de su matriz productiva tradicional.
“Los pobladores trabajan la tierra, pero hoy se está proyectando como un destino turístico”, señaló Zacarías, al explicar el giro que se busca impulsar en la zona.
Atractivos
Este cambio no es casual. San Joaquín cuenta con atractivos que combinan historia, cultura y naturaleza, lo que lo posiciona como una opción diferente dentro del turismo interno. Uno de los principales puntos de interés es la iglesia de adobe de San Joaquín y Santa Ana, restaurada recientemente por la Secretaría Nacional de Cultura.
Se trata de una construcción con más de 200 años de historia, cuyo interior conserva un retablo con reminiscencias jesuíticas, reflejo del pasado del distrito como parte de las antiguas reducciones.
A este valor histórico se suma el cerro de San Joaquín, que ofrece una vista panorámica única de la zona. Actualmente, el lugar está en proceso de puesta en valor con la reinstalación de su mirador.
La comunidad local se ha organizado para mejorar el acceso, incluyendo la instalación de una escalera y una nueva cruz, que será elaborada por el escultor Hugo Pistilli. Esta participación ciudadana muestra cómo el turismo también genera identidad y compromiso local, indicó la secretaria de Turismo.
El entorno natural es otro de los grandes diferenciales. Los paisajes que rodean a San Joaquín, especialmente en el trayecto desde la ciudad de Simón Bolívar, ofrecen vistas de cerros y vegetación que se convierten en un atractivo en sí mismo. A esto se suma el Salto Virgen del Carmen, un sitio ideal para quienes buscan experiencias al aire libre, con opciones de camping y contacto directo con la naturaleza.
Hospedajes
En cuanto a infraestructura, el desarrollo aún es incipiente. Actualmente, el distrito cuenta con dos hospedajes y espacios para acampar, mientras que la oferta de alojamiento se complementa con ciudades cercanas como Coronel Oviedo, Simón Bolívar y Cecilio Báez. “Desde Coronel Oviedo, por ejemplo, el acceso toma aproximadamente 80 minutos, lo que permite articular circuitos turísticos en la zona”, señaló.
Zacarías explicó que uno de los desafíos es justamente fortalecer la hospitalidad. En esa línea, se realizaron capacitaciones con apoyo de la Secretaría Nacional de Turismo (Senatur), buscando mejorar la calidad de los servicios y preparar al distrito para recibir más visitantes. Reiteró que el objetivo es que el turismo se convierta en una nueva fuente de empleo y dinamismo económico.
“A medida que se desarrolla el turismo, se busca generar nuevas fuentes de trabajo”, indicó, destacando que esta actividad puede complementar los ingresos de las familias, sin reemplazar su vínculo con la producción.
El departamento
A nivel departamental, Caaguazú también muestra un perfil económico diverso. La industria y la producción agrícola son los principales motores, con rubros como el tomate y la cebolla que abastecen al mercado nacional, incluso programas como Hambre Cero. A esto se suma la producción de banana en distritos como Tembiaporã, que ya alcanza mercados internacionales.
En paralelo, el turismo empieza a consolidarse como un eje estratégico. El departamento impulsa el plan Caaguazú Rape, bajo la marca “Disfrutar Caaguazú histórico y natural”, con acciones en los 22 distritos para posicionar sus atractivos. Actualmente, siete destinos ya están en proceso de desarrollo turístico.
Entre ellos destacan parques temáticos como Aqualandia Delfines Park, experiencias rurales como el tour de la miel en San José, espacios naturales como el lago La O en Raúl Arsenio Oviedo y propuestas recreativas en Mariscal López. Coronel Oviedo, por su parte, se posiciona como un centro de eventos, lo que también aporta al movimiento económico del sector.
Aunque el desarrollo turístico aún es inicial, las autoridades ven en este sector una oportunidad concreta. San Joaquín, con su mezcla de historia, naturaleza y participación comunitaria, se perfila como uno de los puntos clave en ese proceso, apostando a que el turismo no solo atraiga visitantes, sino también genere ingresos y oportunidades para su gente.
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Lo que nunca conté cuando desapareció el submarino ARA San Juan
- Ricardo Rivas
- Periodista
- X: @RtrivasRivas
“Reza por ellos y ella”, respondió aquel submarinista cuando lo llamé para preguntarle sobre “el San Juan”. No voy a escribir su nombre. No. Lo llamaré como aludimos a él entre amigos cuando comparte sus historias bajo el agua.
Marko es un tipo increíble. Es un hombre de mar, aunque desde algunas décadas dejó atrás sus tiempos de intensa actividad embarcado. Alguna vez, junto a él abordé un submarino. Tampoco diré en qué puerto fue. Quiero cuidar su presente porque aquello que dejó atrás, su historia personal como “marino de guerra”, pese al paso del tiempo, siempre vuelve. ¿Qué recuerdo de aquel ingreso subrepticio al sumergible? No mucho. Aunque admito que la estrechez de los lugares comunes me impresionó. Pero aquella impresión fue como supe cómo se respira en un submarino.
“Es muy necesario ahorrar el consumo de oxígeno y de aire comprimido…”, comenzó a explicar un veterano. Voz suave y pausada. “La respiración debe ser profunda, con un ritmo constante y lenta. El aire es preciso gestionarlo con el diafragma.
Como quienes practican el yoga, se debe combinar la respiración abdominal con la torácica y la clavicular para maximizar la oxigenación”, añadió con serenidad. “Solo así podrás dejar atrás –en el muelle– el estrés, aumentarás tu capacidad pulmonar y conseguirás centrarte sobre tu eje para que tu mente esté en total equilibrio con tu cuerpo”, indicó.
Viajé con la memoria hasta una lejana clase de asanas. Tal vez hubiera poco más de siete metros entre un lado y el otro de la embarcación diseñada para que no pueda ser detectada. Hacia el frente y a mis espaldas me pareció estar en un largo tubo interrumpido por una sucesión de pesadas puertas.
“La respiración yóguica que les propongo, para quienes quieren saber más, tiene como objetivo maximizar el intercambio de gases dentro de la nave para reducir la acumulación de dióxido de carbono en este espacio, no solo disminuir el estrés, como ya les dije, sino reducir la frecuencia cardíaca para bajar al mínimo el consumo de aire”.
LA PRUEBA
Aquellas palabras aún resuenan una y otra vez en mis oídos. “El estado actual de la unidad es operativo con una profundidad limitada a 100 metros, una velocidad autoimpuesta a máxima etapa 3 y como importante la indiscreción del ruido de la línea de eje al momento de parar máquinas”. La voz sonó clara. La sala de audiencias se conmovió. El silencio devino en murmullo.
El comandante Pedro Martín Fernández –con esas treinta y nueve palabras– describió ante sus superiores cuál era el estado operativo del submarino ARA San Juan un día de abril de 2017, siete meses antes de que la nave desapareciera de los radares.
Los familiares del comandante Fernández se estremecieron cuando escucharon esa voz que –aunque lo desean como nunca antes– ya no pueden escuchar. Desconocían de esa grabación cuya escucha, como elemento de prueba, fue presentada por la defensa del capitán de navío Claudio Villamide, excomandante de la Fuerza de Submarinos que, en esta causa, está imputado junto con el exjefe del Comando de Adiestramiento, Luis López Mazzeo; el exjefe del Estado Mayor del Comando Submarinos, Héctor Alonso, y el exjefe de Operaciones Hugo Correa.
Tres informantes muy sólidos me aseguran que estos tres últimos acusados tampoco sabían. A los cuatro la Fiscalía los acusa porque, al parecer, “incumplieron y omitieron sus deberes para con el alistamiento, mantenimiento y control operativo del submarino y, justamente por esas conductas, se produjo un estrago culposo agravado”.
Los jueces Mario Gabriel Reynaldi, Luis Alberto Giménez y Enrique Baronetto, integrantes del Tribunal Oral Federal de Río Gallegos –que deberán decidir– recibieron las objeciones de fiscales y querellantes por la inesperada escucha. “Las familias no fueron advertidas”, argumentan. “Fueron emocionalmente afectadas”. También denunciaron que “no se preservó debidamente la información militar sensible que la prueba contiene”.
¿Estaba en condiciones de navegar el ARA San Juan? Aquel viernes 17 de noviembre de 2017, en el inicio de la nocturnidad, como rumor, en Mar del Plata –poco más de 1.720 kilómetros al sur de mi querida Asunción– se escuchó por primera vez que “desapareció el ARA San Juan”. En un par de horas aquella inquietante novedad comenzó a circular desde el puerto. Aunque en voz baja, el ARA San Juan estaba en boca de todos y todas. Sin embargo, en la tele o en la radio no se decía nada.
El cielo estaba color gris plomo. Clima inclemente. Tempestad. Pese a que la finalización del invierno estaba a la vuelta de la esquina, la meteorología era severa con la ciudad enclavada en la costa bonaerense. El Atlántico Sur, cuando sopla rugiente la sudestada, es de temer. Mar del Plata estaba en silencio profundo. El celu estallaba. Colegas periodistas desde países vecinos y redacciones lejanas querían saber, saber y saber. No tenía para responder.
Fuentes gubernamentales, navales y de la sociedad civil relacionadas con la Armada no aportaron nada. Pero… algo ocultaban o, peor aún, no sabían cómo decir lo que no querían que estuviera pasando o que... hubiera pasado. ¿Se perdió contacto con el ARA San Juan? ¿Emitió una llamada de emergencia? ¿Está desaparecido? “No tengo nada para decirte”.
¿El submarino está en una misión de patrullaje? “No puedo responder a esa pregunta. Se trata de información sensible, secreta. ¡Podría afectar la seguridad nacional!”, escuché una y otra vez. Misterio de Estado. Un grupo de personas en el portón de acceso a la Base Naval Mar del Plata, donde se aloja la fuerza de submarinos, también querían saber. Un oficial naval se acercó para invitarlos a pasar. “Solo familiares”.
Quedé con mis ojos clavados en las espaldas de quienes, sumidos en la angustia, con paso apresurado, silenciosos, marchaban en procura de respuestas. Las luces en el interior de la capilla Stella Maris, a unos pocos metros del acceso a esa unidad militar, estaban encendidas. Después de varios intentos vuelvo a dar con Marko. “Comenzó el operativo de búsqueda”, me dice.
OTROS SUBMARINOS
Por varios pescadores sabemos que la meteorología en el mar es pésima. Los que todo lo saben y lo recuerdan –apostados allí solo como curiosos– parlotean. Las angustias crecen con cada recuerdo. “El 12 de agosto de 2000 el submarino Kurks, de la armada rusa, durante un ejercicio de combate en el mar de Barents, después de dos explosiones se hundió con 118 tripulantes…”. Alguien sollozaba.
La vigilia se extendía. Otro recordó que el 22 de mayo de 1968, el submarino nuclear norteamericano Scorpion, con 99 submarinistas a bordo, dejó de comunicarse con su base. Un día antes fue el último contacto registrado cuando se encontraba en inmersión a unos 90 kilómetros de las Islas Azores. El memorioso charlatán hizo silencio.
Un informante clave, horas más tarde, me confidenció que varios sensores hidroacústicos reportaron anomalías desde las Islas Canarias, desde Terranova y desde la Argentina. Luego supe que, en abril de 2021, cincuenta y tres marinos a bordo del KRI Nanggala-402 se perdieron para siempre a unos 100 kilómetros de la costa de Bali. Alguien que salió del interior de la Base Naval Mar del Plata para mezclarse entre quienes buscábamos información. Lo rodeamos. Dejó trascender, en voz muy baja, que a las 7:15 del 15 de noviembre, el capitán de fragata Pedro Martínez Fernández, mientras navegaban sumergidos a 432 kilómetros de la costa, a la altura del Golfo de San Jorge reportó que el “ingreso de agua de mar por sistema de ventilación al tanque de baterías n.° 3 ocasionó cortocircuito y principio de incendio en el balcón de barra de baterías. Baterías de proa fuera de servicio al momento en inmersión propulsando con circuito dividido. Sin novedades de personal. Mantendré informado”.
Ocho días antes habían zarpado desde el puerto de Ushuaia. “No me comprometan”, pidió el portavoz anónimo con los ojos vidriosos. ¿Dónde está el San Juan?, era el interrogante único en una ciudad que sabe de qué se trata el mar. Lo ama y respeta. Navegantes, pescadores, buzos, nadadores, surfers… El 25 de octubre de 2017 el submarino San Juan con sus cuarenta y cuatro tripulantes dejó este puerto por última vez. Despedidas, adioses, promesas de regreso, de volver pronto… Como viajero que siempre gusta de viajar sé que partir no siempre es irse. Tampoco es querer y poder volver. Mucho menos, decir adiós.
El ARA San Juan, como cada vez que se lanzaba al mar, las primeras millas las navegó en la superficie. Quienes estábamos entonces cerca de la costa lo vimos pasar frente al Cabo Corrientes. Algunos pescadores saludaban. La falta de dragado obligaba a los buques a navegar cerca de la costa hasta donde las avenidas Colón o Pedro Luro se sumergen. Allí viran a estribor en busca de aguas profundas. Esa derrota cumplió el sumergible.
A OCHO AÑOS
¿Qué se sabe del San Juan, dónde está… qué pasó, Marko?, pregunté una vez más al submarinista amigo. “Reza por ellos y ella”, repitió. Como en el primer momento me quedó la convicción de que sabía más de lo que podía (o quería) decir. La consulta era a la vez la pregunta que –consternados– se hacían en la entrada de la Base Naval Mar del Plata familiares, amigos, amigas de los tripulantes de la embarcación desparecida.
También era la demanda de las y los periodistas que cubríamos la tragedia que nadie confirmaba formalmente. “Buscar un sumergible es muy difícil. Muy complejo”, dijo un experto en el uso del sonar (sigla en inglés de Sound Navigation And Ranging) destinado en un buque de superficie con muchos años de servicio.
“Los submarinos están diseñados para no ser detectados. Son cazadores invisibles”, precisó. Un pescador, en la triste madrugada del día después de la desaparición del ARA San Juan, a tres periodistas nos contó, con lágrimas en los ojos, que “Comando, como cada vez que Eliana (Krawczyk, primera oficial naval y submarinista en Latinoamérica) y sus compañeros partían, la acompañó hasta el muelle primero, hasta la planchada después y, con los primeros movimientos de los remolcadores con los que los prácticos guiaban aquel barco de guerra hasta el canal para salir del puerto marplatense, con sus ojos fijos en el caso del sumergible. Te partía el alma…”, agregó.
¿Comando? Sí, un perro callejero que se encariñó con la submarinista del San Juan. “Algunas veces se zambullía y con esfuerzo, nadaba a la par de la embarcación, intentaba abordarla para luego emprender el regreso al muelle donde se quedaba hasta el regreso. Seguro que está allá, en el muelle…”, especuló. Imposible verificarlo. Nadie podía ingresar en la Base Naval Mar del Plata.
Dos fuentes del más alto nivel que aún se desempeñan en organismos multilaterales –en la madrugada del 18 de noviembre, unas pocas horas después de la desaparición del ARA San Juan– que trabajan en la Organización del Tratado para la Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares (CTBTO), por WhatsApp off the record, me informaron que se había registrado “una explosión en la zona donde navegaba” el submarino argentino. ¿Hay certezas? “Sí.
Los sensores desplegados en las Islas Crozet, de Francia; en la Isla Ascensión; y, en el Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte lo reportaron. Algunos analistas estiman que la anomalía registrada se produjo aproximadamente a un kilómetro de profundad”. Con esa información consulté numerosas fuentes locales. Civiles y militares. Negaron. Desmintieron.
“¡Es imposible!”, enfáticamente respondieron algunos de los consultados. El 23 de noviembre, el capitán de fragata Enrique Balbi confirmó formalmente que aquella organización detectó “un evento anómalo, corto y consecuente con una explosión/implosión” en la zona por donde se encontraba el sumergible. Tiempo después el instrumental instalado en el buque Seabed Constructor (cinco Autonomous Underwater Vehicle - AUV) confirmó aquellos datos off the record que recibí desde Viena.
Los restos del ARA San Juan estaban (y están todavía) “unos veinte kilómetros al norte del punto estimado donde se produjo la explosión/implosión a unos 900 metros de profundidad”. ¿Por qué no se informó antes? “Comunicar en tiempos de crisis y de angustias sociales, bajo presión, no es sencillo”, argumenta este miércoles una fuente sólida y confiable. ¿Y, por qué se demora tanto el juicio oral para establecer responsabilidades y sancionar a los culpables cuando todo parece estar tan claro? “La justicia tiene sus tiempos”, responde.
Ocho años pasaron desde la tragedia. Volví al puerto cuando el juicio se inició en Río Gallegos. Un viejo suboficial retirado de la marina de guerra me contó que “en noviembre de 2018, murió Comando. Se quedó en el muelle esperando a la capitana Eliana…”, dijo con angustia. Sentí que no hablaba conmigo.
“Dicen que un tumor en el estómago lo mató. Pero algunos pescadores supersticiosos precisan que expiró cuando los AUV del Seabed Constructor encontró al San Juan en el fondo del mar. En un bar cercano al puerto se comenta que un tal Julián Trejo, oficial de la Fuerza Aérea que conoció de cerca la historia de amor entre Eliana y Comando, discretamente, lo enterró en algún lugar con honores militares”.
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Diseño y artesanía paraguaya en el Costa Rica Fashion Week
Por primera vez, piezas de moda y artesanía de identidad local participan en uno de los escenarios más destacados de la moda sostenible en la región.
El Costa Rica Fashion Week 2026 (CRFW) Forever Green, una propuesta que conjuga diseño contemporáneo, identidad cultural y trabajo artesanal, en la que diseñadoras paraguayas se encuentran representando al país por primera vez.
El Instituto Paraguayo de Artesanía (IPA) y la Embajada de la República del Paraguay en Costa Rica, apoyan esta participación impulsando la proyección del talento nacional y fortaleciendo los lazos culturales a través de la moda como lenguaje universal.
Las diseñadoras Antonella Scavone, Maura Martí y Guadalupe Quiñones, presentarán colecciones que destacan por la incorporación de técnicas artesanales tradicionales del Paraguay.
Sus propuestas integran materiales como cuero, textiles tradicionales y filigrana, transformados en piezas únicas que reflejan la riqueza cultural y el valor del trabajo hecho a mano por artesanas y artesanos paraguayos.
Cada diseño expuesto es resultado de un proceso que pone en valor el saber ancestral, reinterpretado desde una mirada actual, posicionando a la moda paraguaya como una expresión auténtica, con propósito, con identidad propia y sostenible.
La participación en el CRFW 2026, en San José, Costa Rica, no solo visibiliza el talento de las diseñadoras, sino que también abre oportunidades para el intercambio cultural y comercial, consolidando a Paraguay como un referente emergente en la moda latinoamericana.
El evento cuenta con una agenda de actividades en la que la comitiva de Paraguay participará con un espacio permanente con las maravillosas piezas de artesanías. Este miércoles 25 de marzo en el Fashion Talk en el Centro Cultural de España.
Mientras que en el Fashion Market, del 26 al 28 de marzo de 1:00 p.m. a 9:00 p.m. en la Antigua Aduana, y en la pasarela paraguaya el sábado 28 de marzo a las 7:00 p.m. en la Antigua Aduana. Esta edición celebra el 25° aniversario del evento y se integra por primera vez en la programación del Festival Internacional de las Artes (FIA).