La modelo, locutora de radio y conductora de TV, Malala Olitte, celebró sus 40 años a pura fiesta, con un espectacular festejo con paseo en el barco Cuñataí, donde se dejó ver rodeada del cariño de su entorno más cercano y se mostró agradecida por considerarse una “privilegiada”.
“Llegamos a la cuarta década de la vida, donde se ve desde otro ángulo todo, y puedo agradecer infinitamente a Dios por tanto, por lo que vino, y por todo lo que vendrá a partir de hoy! No tengo 40 años. TENGO 18, CON 22 AÑOS DE EXPERIENCIA! GRACIAS A TODOS POR SUS SALUDOS, SOY INMENSAMENTE FELÍZ” escribió la mediática en su sus redes.
La homenajeada la rompió con su look veraniego, hizo lucir su espectacular figura con un vestido tipo pareo blanco con flecos dejando entrever su traje de baño debajo, y un espectacular makeup de fantasía.
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La Olitte estuvo a puro baile con sus amigos del ambiente artístico, entre los que se destacaron su hermana la actriz comediante Maricha Olitte, Carlos Allou, las famosas nutricionistas Shirley Guissen y Rossana Torales, entre otros artistas que asistieron al festejo.
En las imágenes compartidas en su Instagram, Malala dejó ver que “tiró la casa por la ventana” en la celebración que tuvo lugar en el Club Deportivo de Puerto Sajonia, donde fue montada una decoración exclusiva con una temática sunset playero.
A la hora del baile los invitados se instalaron en la playa del club donde bailaron y se divirtieron hasta la madrugada; por supuesto no faltaron las picadas y exquisitos tragos, además hubo mucho “perreo” y coreografías.
Una de las sorpresas de la noche fue la presentación del cantante Carlos Allou, quien deleitó con una variada selección de músicas bailables, y en dúo con Maricha Olitte brindaron un divertido show.
Malala Olitte alcanzó los 40 años en el mejor momento de su vida, cosechando éxitos, y por ese motivo lo celebró de dicha manera. A través de las redes sociales se pudo ver lo bien que pasaron Malala y sus invitados.
María Laura Olitte, más conocida como Malala Olitte, es una actriz y conductora de televisión paraguaya. Es hija del recordado actor y humorista José Olitte y hermana de la actriz y humorista Maricha Olitte. Tiene dos hijos llamados Bruno y Gael.
Es conocida por conducir el programa de televisión Tercer Tiempo junto a Dani Da Rosa y Enrique Pavón. También es conductora del programa radial llamado “Mala Mía”, transmitido por la 93.9 Tropicalia FM.
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El polémico video de Malala Olitte sobre la envidia y el cáncer
La conductora de radio y TV Malala Olitte habló de las personas “envidiosas” y de quienes viven pendientes de la vida ajena por perfiles falsos en redes. Su descargo fue publicado en TikTok este jueves último, donde citó al doctor español Manuel Sans Segarra, quien dijo que el estrés puede dar cáncer.
“Amiga, este mensaje es para vos, que te pasas creando perfiles falsos y no podés dormir sin mirar una historia o una foto de la persona a quien vos tanto envidias”, dijo Malala al iniciar su descargo, apuntando contra sus haters.
En el video, la mediática compartió un fragmento del doctor Manuel Sans Segarra, quien habló sobre cómo el estrés. "Hoy está demostrado que un minuto de estrés profundo provoca una caída del sistema inmunológico que dura 6 horas. En situaciones de estrés crónico, las personas están predispuestas a enfermedades autoinmunes, infecciones y desarrollan más cáncer", señaló el profesional.
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“Busques ayuda”
Malala hizo una reflexión sobre la envidia y la necesidad de buscar ayuda. “Lo dice un médico cirujano; hasta podés desarrollar cáncer. Imagínate hacer un perfil falso, estar pendiente todo el tiempo de la historia de una persona, despertarte y lo primero que haces es agarrar el celular para ver qué hizo esa persona”, comentó.
La conductora de “Tercer Tiempo” también aseguró que detrás de esos ataques existen heridas emocionales. “Yo te recomiendo que busques ayuda porque eso necesita ayuda. Tenés alguna herida muy fuerte ahí adentro que tenés que sanar y un profesional te va a ayudar”, expresó.
Malala Olitte cerró su mensaje deseando que las envidiosas puedan enfocarse en sus vidas. “Te vas al gimnasio, hacés dieta, comés bien, pero algo te está pasando. Ojalá algún día puedas ver la vida tan hermosa que es y descubrir la luz brillante que tenés. Si yo pude en algún momento, vos también podés”, concluyó.
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Chernóbil: Zelenski acusa a Rusia de “terrorismo nuclear” en aniversario de catástrofe
El presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, acusó ayer domingo a Moscú de “terrorismo nuclear”, en el 40º aniversario de la explosión en la planta de Chernóbil, que se cumple en plena invasión rusa. En un mensaje en redes sociales con motivo del aniversario de la catástrofe de Chernóbil, ocurrida en la era soviética, Zelenski dijo que, con su invasión lanzada en 2022, Rusia está “una vez más llevando al mundo al filo de un desastre provocado por el hombre”.
"El mundo no puede permitir que continúe este terrorismo nuclear, y la mejor manera es obligar a Rusia a que detenga sus temerarios ataques", añadió. El presidente ucraniano hizo hincapié en que los drones rusos sobrevuelan regularmente Chernóbil. Uno de ellos incluso impactó contra su cubierta protectora el año pasado.
La explosión de 1986 en la central de Chernóbil fue el peor desastre nuclear civil de la historia, y cambió la percepción global sobre la energía nuclear. El papa León XIV pidió ayer domingo que la energía atómica sólo se utilice con fines pacíficos. El desastre “marcó la conciencia de la humanidad” y “sigue siendo una advertencia de los riesgos inherentes al uso de tecnologías cada vez más poderosas”, dijo en el Vaticano.
“Al servicio de la vida”
“Espero que en todos los niveles de toma de decisiones prevalezcan siempre el discernimiento y la responsabilidad, para que cada uso de la energía atómica esté al servicio de la vida y la paz”, añadió. Se estima que miles de personas murieron como resultado de la exposición a la radiación. La cifra exacta de víctimas varía. Unas 600.000 personas involucradas en la operación de limpieza, conocidas como “liquidadores”, estuvieron expuestas a altos niveles de radiación.
Un informe de la ONU de 2005 situó el número de víctimas mortales confirmadas y previstas en 4.000 en los tres países más afectados. Greenpeace estimó en 2006 que el desastre había causado cerca de 100.000 muertes. La mayor parte de los trabajadores de la central vivían en la localidad de Prípiat pero fueron desplazados a Slavútich, donde cientos de personas se congregaron ayer domingo de madrugada a la hora en que se produjo la explosión del reactor. “Todos los residentes mayores de 39 años son desplazados internos”, declaró a AFP el alcalde de Slavútich, Yurii Fomichev.
Ataques nocturnos
La conmemoración de Chernóbil tiene lugar en plena guerra entre Rusia y Ucrania. Tres personas murieron y otras cuatro resultaron heridas en territorio ucraniano después de que Moscú lanzara más de cien drones durante la noche, según las autoridades locales. En Sumi, una región fronteriza del noreste, un ataque con drones rusos mató a dos civiles, según el jefe de la administración militar regional.
“El enemigo atacó a civiles en el territorio de la comunidad de Bilopilia (...) a menos de cinco km de la frontera estatal con la Federación Rusa”, con un saldo de dos muertos, un hombre de 48 años y otro de 72, dijo Oleg Grigorov en Telegram. Los ataques con drones y artillería en la ciudad de Dnipró (centroeste) mataron a una persona e hirieron a cuatro más, informó Oleksandr Ganzha, jefe de la administración militar regional. Varias casas y vehículos sufrieron destrozos, añadió.
La fuerza aérea ucraniana afirma que Rusia ha disparado 144 drones durante la noche, de los cuales 124 fueron repelidos. Por otro lado, el gobernador de Sebastopol, en la península de Crimea anexionada por Rusia desde 2014, dio cuenta de un muerto en un vehículo durante un ataque con drones ucranianos que dañó varias casas y una escuela en diferentes barrios de esta ciudad portuaria.
Según el gobernador, Rusia derribó 43 drones. La guerra se desborda más allá de las fronteras ucranianas y rusas. Rumanía anunció que un dron ruso se estrelló en su territorio el sábado, lo que le obligó a evacuar a más de 200 habitantes. Reunidos en Chipre, los dirigentes europeos aprobaron el jueves un vigésimo paquete de sanciones contra Rusia.
El papa aboga por la paz
El papa León XIV pidió que la energía atómica sólo se utilice con fines pacíficos, al conmemorar ayer domingo el 40º aniversario de la explosión en la central nuclear de Chernóbil, en Ucrania. El desastre “marcó la conciencia de la humanidad” y “sigue siendo una advertencia de los riesgos inherentes al uso de tecnologías cada vez más poderosas”, dijo el sumo pontífice estadounidense y peruano al final de la oración del Regina Coeli en el Vaticano.
“Espero que en todos los niveles de toma de decisiones prevalezcan siempre el discernimiento y la responsabilidad, para que cada uso de la energía atómica esté al servicio de la vida y la paz”, añadió. La explosión de 1986 en la central nuclear de Chernóbil en Ucrania fue el peor desastre nuclear civil de la historia. Se estima que miles de personas murieron como resultado de la exposición a la radiación. La cifra exacta de víctimas varía.
Unas 600.000 personas involucradas en la operación de limpieza, conocidas como “liquidadores”, estuvieron expuestas a altos niveles de radiación. Un informe de la ONU de 2005 situó el número de víctimas mortales confirmadas y previstas en 4.000 en los tres países más afectados. Greenpeace estimó en 2006 que el desastre había causado cerca de 100.000 muertes.
Fuente: AFP.
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Chernóbil: las “dos guerras” de un ingeniero después de 40 años
Nikolái Soloviov libró su “primera guerra”, contra la radiación, en 1986 en la central nuclear de Chernóbil. Cuatro décadas más tarde, “la otra guerra”, esta vez contra la invasión rusa de Ucrania, le arrebató a un hijo. Este aficionado al rock duro conserva de su juventud el pelo largo, ahora canoso. La noche del peor accidente nuclear de la historia, el 26 de abril de 1986, Soloviov era “mecánico de turbinas” en la unidad 2, a unos cientos de metros del reactor 4, que explotó durante una prueba, cuenta con precisión a la AFP.
“Sentí como un terremoto. Las turbinas seguían girando, un ruido muy fuerte, y no oí la explosión”, describe este hombre corpulento de 67 años. Las alarmas sonaron. Entonces se dirigió hacia el reactor número 4. De camino se cruzó con un compañero irradiado que vomitaba, con otro que transportaban en una camilla y otro más desplomado sobre su ordenador, con la cabeza entre los brazos. Todos murieron poco después.
La magnitud de la catástrofe saltaba a la vista. Vio “el cielo” a través del agujero causado por la explosión. En los pasillos, torrentes de agua emanaban de las tuberías rotas. Los bomberos intervinieron en el reactor humeante. “No dejaron que el fuego se propagara”, cuenta Soloviov. Casi todos esos socorristas fallecieron, quemados por la radiación. Al amanecer habló con sus compañeros del tiempo que les quedaba de vida. “Dos semanas”, dijo uno. Entonces Nikolái Soloviov volvió a fumar: “un cigarro cubano”. Lo había dejado cinco meses antes, pero “mejor morir joven y guapo”, bromea ahora.
Ávidos de elogios
La mañana del 26 de abril de 1986, terminó su turno. El equipo de día tomó el relevo. Se fue en autobús a Pripiat, la ciudad donde se alojaban los empleados, a tres kilómetros de la central. En las calles, la gente seguía con su rutina. Lo único diferente eran los camiones que rociaban las aceras con un “detergente” espumoso. Al llegar a casa, le dijo a su mujer que se atrincherara.
Durante días, las autoridades soviéticas ocultaron la catástrofe que debilitó a la URSS más de lo que ya lo estaba. Nikolái Soloviov permaneció en la central durante la “liquidación”, la construcción del primer sarcófago y, posteriormente, del segundo, dañado en 2025 por un ataque con un dron ruso.
También estuvo en 1991 durante un grave incendio en la unidad 2. La central produjo electricidad hasta el año 2000 y desde entonces varios equipos trabajan en su interior para garantizar la seguridad. Soloviov se convirtió en ingeniero. Se quedó porque el trabajo era “interesante”, con salarios altos y “muchas vacaciones”.
En su opinión, la prueba de 1986 era “peligrosa”, pero la dirección insistió en llevarla a cabo para ganarse la simpatía de las autoridades soviéticas. Considera que “sólo la URSS” tenía los medios para llevar a cabo las operaciones de “liquidación”, en las que participaron cientos de miles de personas y otras tantas fueron evacuadas. Soloviov vio a decenas de conocidos suyos morir de cáncer.
De su equipo de noche, solo cuatro empleados, de un total de 22, siguen vivos. En 2005, un polémico informe de la ONU estimó en 4.000 el número de muertos confirmados o futuros en Rusia, Ucrania y Bielorrusia. Un año más tarde la oenegé Greenpeace calculó que fallecieron 100.000 personas.
“Guerra atómica”
Nikolái estuvo expuesto a fuertes dosis de radiación. Atribuye su supervivencia a “su buena salud”, la práctica de deporte, su carácter sereno y sus genes. “Hay que dar gracias a Dios y a mis padres por haberme dado buenos genes”, declara. Vive en su casa de campo cerca de Slavútich, una ciudad fundada en 1986, a 120 km al norte de Kiev, para acoger a los desplazados. En el museo local dedicado a Chernóbil ahora se exponen restos de drones rusos derribados. “Eso es la otra guerra”, comenta Nikolái Soloviov.
En la plaza central de Slavútich habla de su primera guerra “atómica” contra el veneno invisible e inodoro de la radiación. “Aquí, la gente dice ‘antes o después de la guerra’ al referirse al 26 de abril de 1986. Y ahora se dice que ya estamos viviendo la segunda guerra de nuestra generación”, explica.
La noche del 23 al 24 de febrero de 2022 partió hacia la central. Nunca llegó porque los dos puentes que conducían a ella estaban destruidos. El ejército ruso tomó Chernóbil y la ocupó durante un mes. El hijo menor de Nikolái Soloviov se alistó en las fuerzas ucranianas. En septiembre de 2023 fue dado por desaparecido en el frente. Esta desgracia dejó a Soloviov sin fuerzas para trabajar y se jubiló.
Fuente: AFP.
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Ucrania conmemora 40 años de la catástrofe de Chernóbil
Ucrania conmemora el domingo el 40.º aniversario de la explosión en la central nuclear de Chernóbil que desató la peor catástrofe nuclear civil de la historia. Esta fecha se recuerda más de cuatro años después de la invasión rusa, que ha vuelto a poner en peligro la planta y aumentado el riesgo de que se produzca otra tragedia radiactiva. A continuación, cinco cosas que hay que saber sobre este desastre y la situación actual de la instalación nuclear.
A la 1:23 del 26 de abril de 1986, un error humano durante una prueba de seguridad provocó una explosión en el reactor número cuatro de Chernóbil, en el norte de Ucrania, que entonces formaba parte de la Unión Soviética. El estallido destrozó el interior del edificio y lanzó una nube de humo radiactivo a la atmósfera, mientras que el combustible nuclear ardió durante más de 10 días.
Se lanzaron miles de toneladas de arena, arcilla y lingotes de plomo desde helicópteros para contener la fuga radiactiva. El Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) determinó que la causa principal del desastre fue “graves deficiencias en el diseño del reactor y del sistema de apagado”, combinadas con el “incumplimiento” de los procedimientos operativos.
Nube radiactiva
En los días siguientes, la nube radiactiva contaminó gravemente Ucrania, Bielorrusia y Rusia antes de extenderse por toda Europa. La primera alerta pública se emitió solo dos días después, el 28 de abril, cuando Suecia detectó un pico en los niveles de radiación en su territorio.
El OIEA fue notificado oficialmente del accidente el 30 de abril, pero el líder soviético Mijaíl Gorbachov no lo reconoció públicamente hasta el 14 de mayo.
Se estima que miles de personas fallecieron como consecuencia de la exposición a la radiación, aunque varían las estimaciones del número exacto de víctimas.
Un informe de la ONU de 2005 estimó en 4.000 el número de muertes comprobadas o previstas en los tres países más afectados. Greenpeace calculó en 2006 que el desastre causó cerca de 100.000 muertos.
Según Naciones Unidas, unas 600.000 personas que participaron en las operaciones de limpieza y contención, conocidas como “liquidadores”, estuvieron expuestas a altos niveles de radiación. Esta catástrofe aumentó el temor del público hacia la energía nuclear, lo que impulsó un auge de los movimientos antinucleares en toda Europa.
Ocupación rusa
Las fuerzas rusas ocuparon la central el primer día de la invasión de Ucrania iniciada en 2022. Se tomaron la central sin combates tras enviar decenas de miles de soldados y cientos de tanques a Ucrania desde Bielorrusia, aliado cercano de Moscú.
Los soldados rusos cavaron trincheras y establecieron campamentos en zonas como el llamado Bosque Rojo, denominado así por el color que adquirieron los árboles tras la explosión radiactiva.
Su toma de la planta inactiva suscitó un intenso temor a que un incidente militar pudiera desencadenar otro desastre nuclear en el lugar.
El ejército ruso se retiró aproximadamente un mes después del inicio de la guerra, tras su fracaso para tomarse la capital, Kiev, ubicada a unos 130 km de Chernóbil, y donde hubo una feroz resistencia ucraniana.
Nuevas amenazas
Los restos de la central están cubiertos por una estructura interna de acero y hormigón conocida como el sarcófago, construida a toda prisa tras la emergencia de 1986.
Entre 2016 y 2017 se instaló una nueva cubierta exterior de alta tecnología, denominada el Nuevo Confinamiento Seguro y diseñada para sustituir finalmente al sarcófago, que no estaba pensado como una solución permanente.
Esta enorme estructura metálica exterior fue perforada por un dron ruso en febrero de 2025, por lo que perdió su capacidad para contener la radiación.
En un informe publicado en abril, Greenpeace señaló que, dado que la cubierta “no puede repararse por el momento, y no puede funcionar como fue diseñada, existe la posibilidad de fugas radiactivas”.
Se espera que las reparaciones duren entre tres y cuatro años. Otro ataque ruso podría provocar el colapso del refugio contra la radiación, declaró el director de la central a la AFP en diciembre de 2025.
Zona de exclusión
El área alrededor de la central fue evacuada y se convirtió en una zona de exclusión, con pueblos, campos y bosques abandonados. En total, más de 2.200 kilómetros cuadrados en el norte de Ucrania y 2.600 kilómetros cuadrados en el sur de Bielorrusia son, en la práctica, inhabitables.
La gente no podrá vivir allí de forma segura durante los próximos 24.000 años, según el OIEA.
La ciudad de Pripyat, a tres kilómetros de la central y con una población de 48.000 habitantes en 1986, fue completamente evacuada. Permanece abandonada, con sus edificios vacíos y en ruinas, incluido un parque de atracciones oxidado y una noria, que la hacen parecer una ciudad fantasma postapocalíptica.
Antes de la invasión rusa de 2022 era posible realizar visitas guiadas al lugar, pero desde hace casi tres años la zona permanece cerrada a los turistas. Sin presencia humana, la región se ha convertido prácticamente en una vasta reserva natural, donde en 1998 se reintrodujo el caballo de Przewalski, una especie rara y en peligro de extinción.
Fuente: AFP.