El empresario Jorge Mendelzon padece una condición física desde hace tres décadas y comparte en este su segundo libro, “De pie. Palabras para sostener el alma”, su dura historia, que se plasma en un transitar entre vulnerabilidades, momentos oscuros y aprendizajes.
- Por Jimmy Peralta
- Fotos Gentileza
“Mi historia con los problemas de salud arranca hace demasiado tiempo, cuando tenía solo 29 años, en lo que parecía ser solamente una lesión deportiva, pero fue el inicio de la transformación de mi vida”, refiere Jorge Mendelzon sobre el momento bisagra de su vida. Reconocida figura del ambiente empresarial, hace pocas semanas publicó el libro “De pie. Palabras para sostener el alma”, una colección de cartas personales que hoy comparte con el mundo.
Casi tres décadas después de aquel evento que pondría a ese partido de pádel como uno de los hitos más importantes de su vida, Jorge tiene hoy no solo cambiada su forma desde lo físico, sino que la transformación se dio en cómo hoy él ve la vida, la felicidad, cómo entiende eso que él llama propósito, cómo se ve a sí mismo y a los demás.
Se trata de su segundo libro, el sucesor de “La sabiduría del dolor”; ambas publicaciones plantean a través de breves capítulos una mirada personal e íntima de Mendelzon sobre su experiencia de años transitando diagnósticos y tratamientos fallidos, sosteniendo su vida entre el dolor físico y el psíquico, al que él llama momentos de oscuridad.
RODILLA Y ACEPTACIÓN
“Era una inflamación y un dolor brutal en la rodilla que terminó en 2 cirugías de menisco, las cuales no trajeron absolutamente ninguna mejoría. Esto implicó el inicio de un recorrido muy largo hasta que, finalmente, después de muchos años logré teó nuevas perspectivas. “Demasiado tiempo me costó hacer el click y entender que no era la solución preguntarme una y otra vez el por qué a mí”, cuenta.
“Esta pregunta me hice gritando, llorando, criticándole a Dios, molesto con el mundo, lleno de amargura. Realmente me llevó demasiado tiempo entender que esto era necesariamente una transformación que debía yo hacer en mi vida, y cambiar la pregunta del ‘por qué a mí’, al ‘para qué a mí’”, explica.
“Este, no es otra cosa que justamente el proceso de aceptación que para mí fue excesivamente traumático, me significó procesos de horrible depresión, viví en la oscuridad mucho tiempo, necesité y sigo necesitando, sigo recurriendo a tratamientos psicológicos, justamente para tratar de no solamente entender, sino de seguir disfrutando la vida, conviviendo con esto. Lo interesante es que el miedo, la incertidumbre, no desaparecen, lo importante es que no nos paralicen, y que podamos seguir adelante, y que podamos seguir cumpliendo los fines para los cuales vinimos a esta vida”, agrega.
ESCRIBIR Y ENCONTRAR
“De pie. Palabras para sostener el alma” fue escrito durante los 15 meses que duró un proceso de recuperación en el que Jorge mantuvo su pierna inmovilizada, tiempos de nueva convalecencia que sirvieron de conversación interna, canalizada a través de una práctica que ya lleva unos años, la escritura en formato epistolar. “Me di cuenta de que escribiendo yo lograba hacer una introspección profunda y sacarme lo que tenía en el fondo de mi ser que me estaba hiriendo y conseguía liberarme”, explica.
“Estos libros no tienen otro fin que dejar un testimonio de lo que fue mi vida y que ese testimonio le pueda ser de inspiración y de esperanza a personas que estén pasando por momentos de extrema oscuridad. A mí me llena de energía, me dan ganas de seguir adelante cuando veo que con lo que hago, le hago bien a alguien, le inyecto energía, le doy esperanza, y eso siento con mis libros. Justamente sentí que, en nombre de tanta gente que a mí me ayudó en forma totalmente desinteresada, yo también me siento obligado a devolver a la sociedad, y por eso estoy procurando justamente todo eso”, expresa.
Con 30 años de lucha y resignificación del dolor y de la vida misma, después de 34 cirugías, años en procesos de recuperación, incertidumbres y malas noticias, Jorge comprende su sentido desde otro lugar, y lo comparte desde la humildad de la experiencia personalísima.

