El artista plantea una búsqueda narrativa en lo visual, echando mano a un pasado personal.
“En esta exposición pretendo abordar temas como la melancolía, la ausencia y la contemplación mediante la representación de objetos, escenas y gestos cotidianos. Sin embargo, estas imágenes no solo evocan la fragilidad de la memoria, sino que también proyectan una mirada optimista hacia el futuro, entendiendo el recuerdo como una fuerza capaz de generar nuevos significados”, explica en diálogo con La Nación el artista visual Guille Sanabria, respecto a su muestra “Caprichos de la memoria”, habilitada el jueves pasado en la galería De La Paz Art & Co (Cruz del Chaco 552).
Con curaduría de Patricia del Puerto Bonín, la exposición propone un recorrido íntimo por los recuerdos, las raíces y el universo personal del artista, explorando esa particular manera en que la memoria selecciona, transforma y devuelve fragmentos de nuestra propia historia.
REALIDAD Y FANTASÍA
“Mi práctica artística se centra en la construcción de narrativas y en la capacidad de la imagen para activar relatos que transitan entre la realidad y la fantasía. En ese ejercicio de exploración del pasado, emergen imágenes, formas y huellas visuales que se resisten a permanecer únicamente en el territorio del recuerdo y encuentran, en la obra gráfica, una posibilidad de permanencia”, comentó.
Sanabria está aferrado al dibujo desde muy pequeño, su imaginario se construyó entre libros, historietas, relatos familiares y escenas de la vida cotidiana. Su obra nació vinculada al paisaje urbano, los mercaderes, los oficios y los barrios de Asunción, para luego evolucionar hacia un lenguaje propio que transita entre la abstracción figurativa, el realismo mágico y lo onírico.
“Me interesa observar cómo las historias pueden ser reinterpretadas, resignificadas y reapropiadas con el paso del tiempo, convirtiéndose en espacios de reflexión, reconocimiento y conexión con el otro”, explicó el artista que invita con esta nueva exposición a mirar hacia atrás desde el presente y a preguntarnos: ¿qué queda cuando la memoria decide, por su cuenta, qué conservar? ¿Cómo miramos aquello que ya no está, pero que insiste en volver?
en cada casa que habitaba, y los gatos, que con su independencia y movimiento le daban la sensación de normalidad a su propio cambio”, detalla.
RECORRIDO ÍNTIMO
Por su parte, la curadora de la muestra, Patricia del Puerto Bonín, observa que “Caprichos de la memoria” es un recorrido íntimo desde la mirada onírica de Guille Sanabria.
“Es, ante todo, un homenaje a sus raíces, a sus recuerdos y a la influencia de su familia. Por un lado, las mujeres de su familia, su madre, su abuela Ladislada y su tía. Mujeres hechas de la misma valía silenciosa que sostiene a un barrio entero”, dice. “Por el otro, sus abuelos, y las figuras masculinas de su familia, que fueron el cimiento del árbol sobre el cual se construyen sus historias y recuerdos. Y por último, los animales, los perros, mascotas de la familia, los pájaros del paisaje urbano que le sostuvieron con sus cantos y le dieron la sensación de hogar en cada casa que habitaba, y los gatos, que con su independencia y movimiento le daban la sensación de normalidad a su propio cambio”, detalla.