La serie documental internacional “Hijas de la arcilla” recorre historias de mujeres que convierten la tierra en arte, identidad y memoria. A través de la artesana paraguaya Carolina Noguera y de ceramistas chinas, la producción descubre un inesperado vínculo entre dos culturas separadas por miles de kilómetros, pero unidas por la transmisión de saberes de madres a hijas y por el desafío de mantener viva una tradición ancestral.
- Fotos: Gentileza
La historia de Carolina Noguera, artesana de la compañía 21 de Julio de Tobatí y heredera de una tradición alfarera transmitida de madres a hijas, es una de las protagonistas de “Hijas de la arcilla”, una serie documental internacional.
La producción retrata el ñai’ũpo (técnica tradicional paraguaya de cerámica modelada a mano), desde la extracción del barro hasta la cocción de las piezas.
En la compañía 21 de Julio de Tobatí, departamento de Cordillera, Carolina Noguera transforma con sus manos el mismo barro que aprendió a trabajar de su madre y cuyo conocimiento transmite hoy a sus hijas.
Su historia, atravesada por cuatro décadas dedicadas a la cerámica, es una de las protagonistas paraguayas de “Hijas de la arcilla”, serie documental de tres capítulos producida por CGTN Español que pone la mirada sobre las mujeres que mantienen vivo el ñai’ũpo.
La producción parte de una pregunta sencilla: ¿cómo puede un pedazo de tierra convertirse en memoria, identidad y cultura? En Paraguay, la respuesta comienza en Tobatí.
UNA HISTORIA QUE PASA DE MADRES A HIJAS
Carolina pertenece a una familia con una extensa tradición alfarera. Ella y sus hermanas aprendieron el oficio de su madre, Mercedes Noguera, reconocida ceramista que dedicó su vida a la alfarería y continuó trabajando incluso durante los embarazos de sus 15 hijos.
Hoy, Carolina lleva alrededor de 40 años dedicada al oficio y la historia vuelve a repetirse una generación después: trabaja junto a su hija, a quien transmitió los conocimientos y técnicas que ella misma recibió de su madre.
Ese recorrido familiar permite al documental mostrar que detrás de cada pieza existe algo que no puede separarse del objeto terminado: un conocimiento que ha sobrevivido porque fue transmitido de una mujer a otra durante generaciones.
Carolina participa, además, en todas las etapas del proceso artesanal. Su trabajo comienza con la extracción del ñai’û (barro negro) y del caolín (barro blanco) y continúa con el traslado y preparación de los materiales, el modelado, el pulido, la cocción y, finalmente, la comercialización de las obras.
Entre sus creaciones se destacan sus característicos ángeles negros, cuya tonalidad se obtiene mediante técnicas tradicionales de ahumado durante el proceso de cocción.
Su trayectoria trascendió Tobatí: sus piezas integran la colección permanente del Museo del Barro y su obra llegó a exposiciones internacionales, entre ellas una muestra realizada en París.
DESDE LOS HUMEDALES HASTA EL HORNO
El documental muestra de cerca el ñai’ũpo (técnica tradicional paraguaya de cerámica modelada a mano), un proceso artesanal que comienza con la recolección y preparación del barro y continúa con el modelado, el pulido y la cocción de las piezas en hornos de leña.
Más que una técnica, el ñai’ũpo reúne saberes vinculados a la tierra, la comunidad y la identidad cultural paraguaya, transmitidos de generación en generación principalmente por mujeres.
DESAFÍOS
“Hijas de la arcilla” también pone el foco en los desafíos que enfrentan las artesanas para mantener vivo este legado. Uno de los principales es el acceso al barro: los humedales de donde tradicionalmente se obtiene la materia prima se están reduciendo y muchos se encuentran dentro de propiedades privadas, lo que dificulta y encarece su obtención. A esto se suma la falta de relevo generacional. Las limitadas oportunidades económicas vinculadas al oficio hacen que cada vez menos jóvenes se interesen por continuarlo, poniendo en riesgo la transmisión de conocimientos y técnicas que han pasado de generación en generación.
PREGUNTAS SIMILARES
A partir de la historia paraguaya, el documental abre su mirada hacia Jingdezhen, conocida como la “capital mundial de la porcelana”, y encuentra allí una realidad geográfica, histórica y culturalmente muy diferente, pero atravesada por preguntas similares.
Entre ellas aparece también la historia de una madre y una hija pertenecientes a una familia de artistas de la cerámica. Sus diferentes filosofías creativas generaron inicialmente desacuerdos, hasta que el interés compartido por perfeccionar su arte terminó acercándolas y llevándolas a colaborar. El paralelismo con Paraguay surge entonces de manera natural: en ambos extremos del mundo son las personas y las nuevas generaciones quienes deben decidir cómo recibir una tradición, conservarla y al mismo tiempo hacerla propia.
Así, “Hijas de la arcilla” pone en paralelo dos culturas que encuentran un punto en común en algo elemental: la tierra transformada por las manos de sus mujeres.