Cada invierno, cientos de ballenas francas australes llegan al Golfo Nuevo para parir y criar a sus pequeños. En este rincón de la Patagonia argentina es posible observarlas desde la propia playa, a pocos metros de distancia.
- Por César Palacios
- @cespala Especial para La Nación Finde
- Fotos Secretaría de Turismo de Puerto Madryn
Siempre vuelven. Como las ballenas que cada invierno regresan a las costas de Chubut para cumplir el ciclo más importante de sus vidas, nosotros también volvimos a Puerto Madryn. Después de recorrer la Patagonia argentina durante el verano, regresamos en plena temporada de ballenas para vivir una experiencia que convierte a esta ciudad en uno de los destinos naturales más fascinantes de Sudamérica.
Apenas llegamos a Puerto Madryn, poco después de las diez de la mañana, el mar nos regaló una postal inesperada. Frente a la costanera, una ballena emergió a la superficie y levantó su enorme cola en un movimiento que parecía una bienvenida. Minutos después aparecieron otras. Era una señal inequívoca de que habíamos llegado en el momento adecuado. La temporada de ballenas estaba en pleno apogeo y la ciudad parecía girar en torno a ellas.
Aquella primera imagen terminó anticipando lo que viviríamos durante los días siguientes. En Puerto Madryn las ballenas no son simplemente una atracción turística; forman parte del paisaje cotidiano. Los habitantes hablan de ellas con la misma naturalidad con la que otros hablan del clima o del tránsito. Aquí, los gigantes del océano son vecinos temporales que cada año regresan al Golfo Nuevo para dar continuidad a uno de los ciclos naturales más extraordinarios del planeta.
LA GUARDERÍA
A 16 kilómetros al norte de Puerto Madryn se encuentra el Área Natural Protegida El Doradillo, conocida internacionalmente como “la guardería de las ballenas”. El nombre no es casualidad. Cada año, cientos de hembras de ballena franca austral llegan hasta las aguas del Golfo Nuevo para parir, amamantar y acompañar a sus crías durante los primeros meses de vida. En 2024, BeachAtlas incluyó a El Doradillo entre las 100 mejores playas del mundo, destacando su biodiversidad y la posibilidad única de observar ballenas desde la costa. Resulta llamativo que, teniendo Argentina más de 2.700 kilómetros de costa atlántica, estos gigantes marinos elijan precisamente este sector de la Patagonia para reproducirse.
La explicación radica en las características del Golfo Nuevo, cuyas aguas tranquilas ofrecen protección frente al océano abierto y generan condiciones ideales para que las madres puedan desarrollar un vínculo seguro con sus ballenatos. Acompañados por Valeria, nuestra guía local, recorrimos la costa de El Doradillo mientras nos explicaba que las ballenas buscan tranquilidad para completr este ciclo biológico.
Aquí encuentran un entorno protegido, con profundidades adecuadas y un nivel de resguardo difícil de encontrar en otros puntos del Atlántico Sur.
La particularidad de este lugar es que no es necesario embarcarse para observarlas. Gracias a la profundidad de la costa y al comportamiento de las mareas, las ballenas se acercan sorprendentemente a la playa. Muchas veces pueden verse a apenas 15 o 20 metros de la orilla, ofreciendo un espectáculo difícil de igualar en cualquier otro destino turístico del mundo.
CUANDO EL VIENTO MARCA LAS REGLAS
“En la Patagonia todo depende del viento”, nos dice Valeria apenas comenzamos el recorrido hacia El Doradillo. Durante los días siguientes comprobaríamos que no se trataba de una metáfora. Aquí el viento define excursiones, horarios, navegaciones, actividades deportivas y buena parte de la rutina diaria de quienes viven frente al mar.
El viento es tan determinante que muchas excursiones de snorkel o avistamiento pueden reprogramarse para el día siguiente si las condiciones no son favorables. En esta parte del mundo la naturaleza sigue marcando las reglas y el turismo se adapta a ellas. Pero además del viento existe otro factor clave: las mareas. En El Doradillo cambian aproximadamente cada seis horas y marcan el momento ideal para observar a las ballenas. Las excursiones suelen planificarse durante los períodos de pleamar, cuando las madres y sus crías se acercan aún más a la costa. Comprender este comportamiento permite entender por qué este santuario natural ofrece algunas de las mejores experiencias de avistamiento del planeta.
FRENTE A FRENTE CON GIGANTES DE 18 METROS
Las ballenas francas australes son animales verdaderamente imponentes. Los ejemplares adultos pueden alcanzar entre 14 y 18 metros de longitud, superar las 40 toneladas de peso y medir prácticamente lo mismo que un autobús urbano. Sin embargo, al observarlas desde la playa sorprenden por la suavidad de sus movimientos y por la serenidad que transmiten. Durante más de una hora observamos madres acompañadas de sus crías desplazándose lentamente frente a la costa. En varios momentos se acercaron tanto que el grupo de visitantes guardó silencio espontáneamente. Nadie hablaba. Todos seguíamos con la mirada a los enormes cetáceos mientras respiraban, mostraban sus lomos oscuros y desaparecían nuevamente bajo la superficie para reaparecer segundos después, unos metros más adelante.
Uno de los aspectos más emocionantes es observar el vínculo entre la madre y su cría. Es precisamente para proteger ese período crítico de la crianza que las hembras eligen las aguas tranquilas del Golfo Nuevo. Allí encuentran seguridad, condiciones favorables y un entorno que les permite amamantar y acompañar el desarrollo de los ballenatos durante sus primeros meses de vida. Los registros de la temporada muestran que en octubre de 2025 se observaron más de 2.400 ballenas en la región, una cifra que confirma la relevancia internacional de Puerto Madryn como santuario de fauna marina. Su encanto radica justamente en la sencillez. No existen grandes desarrollos urbanos ni infraestructuras invasivas. El protagonista es el paisaje patagónico, donde el sonido del viento, el mar y la presencia de los cetáceos generan una experiencia auténtica y difícil de olvidar.
LA CIUDAD QUE MIRA AL MAR
Aunque la temporada de ballenas atrae a visitantes de todo el mundo, Puerto Madryn tiene mucho más para ofrecer. Su costanera es uno de los puntos más agradables para caminar y contemplar el Golfo Nuevo, especialmente al amanecer o al atardecer. La ciudad también funciona como puerta de entrada a otros grandes atractivos de la provincia de Chubut, como Península Valdés, declarada Patrimonio Mundial por la Unesco, y Punta Tombo, hogar de una de las mayores colonias de pingüinos de Magallanes del mundo.
Aquí la naturaleza no es un complemento del viaje. Es el motivo principal. Mientras dejábamos atrás la costanera y el Golfo Nuevo comenzaba a perderse en el horizonte, resultaba fácil entender por qué las ballenas regresan cada invierno a estas aguas. Aquí encuentran tranquilidad, protección y las condiciones ideales para criar a sus pequeños.
Los viajeros, en cambio, regresamos por otra razón: porque pocos lugares logran combinar naturaleza, aventura y emoción con la autenticidad que todavía conserva Puerto Madryn. Nuestra aventura continúa en una próxima entrega rumbo a Península Valdés, donde nos prometen acercarnos aún más a estos gigantes del océano.
EN LA ESPERA A MESSI
Puerto Madryn mantiene una campaña para invitar a Lionel Messi a conocer la Península Valdés y sus famosas ballenas francas australes. Vecinos y operadores turísticos sueñan con recibir al capitán argentino en este rincón de la Patagonia. Después de contemplar este espectáculo natural, resulta fácil entender la insistencia de los madrynenses. Estamos seguros de que Lionel y familia se merecen estas vacaciones luego del estrés del Mundial 2026.
DATOS ÚTILES PARA EL VIAJERO PARAGUAYO
Por tierra, hay aproximadamente 2.466 kilómetros entre Asunción y Puerto Madryn. Sin embargo, la opción más práctica es viajar por vía aérea. JetSMART opera vuelos diarios entre Asunción y Buenos Aires. Desde la capital argentina, un vuelo de aproximadamente dos horas permite llegar hasta Trelew, la principal puerta de entrada aérea a la región. Trelew se encuentra a unos 65 kilómetros de Puerto Madryn y también merece una parada durante el viaje, especialmente por su historia vinculada a la inmigración galesa y por su importancia dentro del circuito turístico patagónico.
En verano, Puerto Madryn ofrece playas, pingüinos y extensas jornadas para disfrutar de la costa patagónica. En invierno, la ballenas llegan y transforman el paisaje en un escenario único. Para más información: Instagram @madryn.travel | WhatsApp +54 9 280 466 5688.