• Jimmi Peralta
  • Fotos: Gentileza

Se trata de un proyecto gestado desde Uruguay, donde el cantautor paraguayo vive desde hace unos años, en el que reúne a figuras de la música regional.

La canción es una forma explícita de la expresión artística, donde las metáforas y los signos tienen formas definidas que sirven de insumo reflexivo y sensitivo para aquellos que logran llegar hasta ella.

En algún sentido, la canción es el fragmento de un diálogo con un otro ausente, es una conversación que para el oyente es solo un monólogo, pero que para el compositor tiene un interlocutor ante quien se confiesa, se responde, se muestra o se oculta.

Invitación al canal de WhatsApp de La Nación PY

Ese otro, para quien se hace el arte, ese espectador de primera fila, ese oyente privilegiado, ese lector anhelado, cambia todo el tiempo para el artista. Para Hugo Ferreira primero fueron sus amores, sus pares, sus ídolos, su generación, y ahora comienzan a ser sus hijos.

El reconocido cantautor paraguayo presentó en la última semana “Carrusel”, su último trabajo discográfico que cuenta con la colaboración de artistas internacionales Hugo Fattoruso, Fernando Cabrera, Nicolás Ibarburu, Popo Romano, Juan Carlos Baglietto, Litto Vitale, Alex Mesquita y Thiago Rabello.

Fiel a su forma, Hugo se centra para este disco en el respeto que siempre le ha tenido a la palabra, la forma y la fuerza que se plantea en ella, dentro del oficio de cantautor.

La Nación conversó en el músico que sigue dialogando, desde Uruguay, con el Paraguay, con su Asunción, con la gente de su tierra y ahora también con sus hijos.

–¿Qué te motiva hoy por hoy a la hora de iniciar un nuevo proyecto como este?

–Hacer un disco completo de canciones inéditas, melódicas y con mucha letra, hoy por hoy resulta un tanto desafiante, quizás delirante, dado que lo que se consume es otra cosa, al menos mayormente. Sin embargo, este material lo trabajé mucho desde la introspección y resultó catártico para una etapa de mi vida en donde hubo mucha reflexión y cambios.

La motivación principal de continuar haciendo música propia luego de casi 30 años e invertir tiempo y recursos en grabarlas, es principalmente eso, continuar caminando y creo yo, empezar a dejar un pequeño legado en la cultura paraguaya. No obstante, también creo que en este disco nuevo, “Carrousel”, hay canciones que pueden reflejar lo que muchas personas sienten en el mundo actual.

Es un disco que encara temas muy presentes en la vorágine que vivimos: la soledad, el repensarse, el volver a empezar, el no rendirse, el seguir creyendo en el “todos”, contra esa constante loa al “yo primero” que está haciendo mucho daño, a mi entender.

Siempre se encuentran cómplices que validan lo que a veces parece un desatino, no toda la música debe ser para “alegrar”, hay veces que se necesita parar, pensar, llorar, y ahí es donde entramos los cancionistas, cantores o cantautores.

CREACIÓN Y VIDA

–Tu obra transita una parte de tus propios procesos internos, ¿cómo se articula creación y vida así?

–Sí, muchas de mis canciones nuevas hablan de mi yo más profundo, de los conflictos que uno tiene, de los fracasos o pequeñas conquistas, del día a día, de cosas más simples pero a la vez contundentes. Ya quizás no es tanto esa discursiva que intenta encarar las grandes ideas desde grandes consigas, sino desde los pequeños detalles del vivir.

Es un desafío también, porque yo suelo tender a llenar mis canciones de lemas grandilocuentes, algo medio común en los cantautores quizás.Yo creo que creación y vida, para un cantautor en edad difícil, diría el cubano Frank Delgado (demasiado viejo para ser una revelación y demasiado joven para que me hagan homenajes) es lo más común, ya que no existe la presión de escribir algo específico, sino que vas componiendo sobre lo que te pasa cotidianamente, sin pensar en crear algún hit, solo reflejarte en la música, como antídoto, o elixir renovador de vida.

Algunas canciones incluso nacieron solas, como espasmos creativos podría decirse, así de la nada, caminando por la calle, y se hacen en una hora o dos… como si algo inexplicable me susurrara al oído los versos. De hecho son las canciones que más me gustan, porque son como esos regalos inesperados que te da la vida.

–¿Qué imaginario sentís que te aportó tu residencia en Uruguay y qué parte de tu mirada sobre el Paraguay o lo paraguayo se amplió?

–Uruguay ha sido un viaje muy complejo en lo personal, una aventura agridulce, muy difícil desde la distancia y la soledad, de mis hijos, de mis amigos más cercanos, de la familia, pero así también, el descubrimiento de un país con enorme cultura, con mucha inquietud social, con mucho arte, por todos lados, con gente fascinante.

Mirar al Paraguay desde el Uruguay me mostró que hay mucho tramo, nos falta como país cultural, es decir, ese tesoro que es Paraguay en su riqueza cultural todavía necesita mucho apoyo para que deje de ser solamente un detalle de nuestra identidad en el exterior.

Que no solo sirva para adornar un evento protocolar, sino que empiece a ser un lenguaje cotidiano y una marca país genuina, que reditúe no solo aplausos sino ganancias materiales y mejor vida para los artistas, como lo es aquí en Uruguay, que también tiene sus dificultades como toda vida por el arte, pero tienen mucho desarrollo en estructuras, sistemas, gremios, apoyos, y principalmente conciencia del potencial de la cultura como generadora de valor.

Desde Uruguay, y quizás desde cualquier otro país desde donde uno mire al Paraguay, como paraguayo, puede darse cuenta que existe un potencial enorme en sus características culturales para erigirse como referente de la amalgama de culturas autóctonas y foráneas, y de cómo desde ahí, desde ese “arte paraguayo” creaciones de todos los géneros artísticos pueden consolidarse y multiplicar beneficios.

PROCESO

–¿Cómo se da el proceso de producción en tiempos de la virtualidad? ¿Con quién lo fuiste llevando?

–Es un mundo distinto. Anteriormente era todo un tema juntar la banda en el estudio y hasta grabar por separado. Luego de la pandemia y los avances de la tecnología casi que se hace natural a veces trabajar a distancia. La capacidad tecnológica hace que prácticamente todo pueda hacerse por separado y con la mejor calidad.

Recuerdo que mi primera colaboración a distancia fue con Drexler, en el 2003, cuando su grabación me vino en un CD por correo postal, porque no existía capacidad de red que soporte el tamaño de un archivo de voz. Hoy, hay invitados que grabaron su voz en un teléfono, y con la tecnología quedaron impecables en la mezcla.

Este disco “Carrousel” fue un aprendizaje hermoso de cómo construir consenso a partir de la idea de la canción, viendo cómo los que formaban parte, desde su lugar, Brasil, Paraguay, Argentina, Estados Unidos, Perú, Cuba, hicieron que pareciera cercana la distancia.

El comando en jefe del disco estuvo a cargo de Willy Suchar, desde Asunción, por donde pasaban todas las ideas que yo pergeñaba desde Montevideo, en Asunción se pulían y ensamblaban los aportes que fui recibiendo de los músicos y arreglistas con los que grabé.

En Asunción, Willy Suchar y César Da Costa se sumaron al proyecto de Hugo Ferreira

–¿Pensás en la imagen de tus hijos interpretando y hablando con tu obra?

–Y ese creo, básicamente, es la razón por la que sigo escribiendo canciones, para que alguna vez ellos las tengan como suyas. Te hablaba del legado, a la cultura paraguaya, sí, pero primordialmente es el legado para mis hijos, una forma de seguir con ellos cuando ya no esté. ¡Mi hija ahora está empezando a aporrear el piano y mi hijito canta cuando escucha cualquier música… la sangre no es agua dicen! Veremos.

COLABORACIONES

–¿Podrías hablarnos un poco de las colaboraciones que lograste en este proyecto?

–Creo que es lo lindo de este disco, cuando hablábamos de virtualidad y de la capacidad que te da la tecnología de acercarte a personas que antes hubiera sido muy difícil. Pero, igualmente, creo que no solo se trata de la posibilidad de grabar con una leyenda, sino que esa leyenda quiera hacerlo.

Creo que esto último me llena como artista, el poder compartir con estos músicos que grabé, no por obra de alguna compañía o productora, sino por voluntad propia, porque no se sintieron incómodos al hacerlo.

Grabé en Uruguay con Hugo Fattoruso, Fernando Cabrera, Nicolás Ibarburu y Popo Romano; en Argentina con Juan Carlos Baglietto y Litto Vitale. Después están los músicos de Brasil, de Campo Grande, Alex Mesquita en bajo y Thiago Rabello en batería.

Dani Cortaza desde Estados Unidos puso algunas guitarras, Aldo Mesa grabó una voz aquí, en Montevideo; Juanma, mi hermano, y Susana Zaldívar también pusieron voces en el estudio de César da Costa, en Sajonia; Willy Suchar, por supuesto, el gran maestro Óscar Fadlala piano y arreglos de la canción que da nombre al disco: “Carrousel”. Mezcla y mastering de Ricardo “Rapái” Zucarelli.

Y así, realmente, un puzle fantástico, un dream team y un honor haber grabado con todos ellos.

El artista paraguayo también trabajó con los emblemáticos músicos argentinos Juan Carlos Baglietto y Lito Vitale