Además del sol y la arena, Río de Janeiro despliega una agenda turística que combina miradores icónicos, cultura, gastronomía y experiencias ligadas al carnaval. Un recorrido que revela la esencia de la “Cidade Maravilhosa” desde otra perspectiva.

Cuando hablamos de Río de Janeiro, uno de los destinos pre­feridos de los paraguayos a la hora de salir de vacacio­nes, lo primero que se nos viene a la mente es playa, arena tibia y un sol radiante típico del Atlántico. Pero durante cinco días, la “Cidade Maravilhosa” se mostró distinta, con cielo gris, lluvias intermiten­tes y el mar como telón de fondo más que como pro­tagonista.

Lejos de arruinar la expe­riencia, el clima terminó revelando la otra cara de la ciudad, una que se disfruta entre miradores, museos, gastronomía, música, baile y barrios llenos de historia. Bajo esa perspectiva, un grupo de periodistas de Paraguay realizó un tour por Río de Janeiro, que incluyó algunos de los sitios más representativos, com­binando paisajes icónicos, espacios culturales y expe­riencias ligadas a la histo­ria y la identidad carioca. El itinerario invita a mirar Río desde otro ángulo, más allá de la tradicional postal de playa. La Nación estuvo allí, captando toda esa experiencia.

El Pan de Azúcar ofrece vistas increíbles que ya se pueden apreciar incluso desde el teleférico.

ENTRE NUBES, SIGUE BRILLANDO

Aunque el cielo se presentó cubierto y la lluvia diaria­mente regaba la ciudad, Río no perdió su encanto, sim­plemente cambió de ritmo. Lejos del bullicio de la playa y el sol intenso, esta versión fue más introvertida, los paisajes resaltaban en su máximo esplendor y cada rincón invitaba a ser descubierto con otra mirada.

Además de sus playas mun­dialmente conocidas, Río de Janeiro también se pre­senta como una ciudad de contrastes, donde la natu­raleza y la urbanización conviven en perfecta armo­nía. Sus paisajes impo­nentes invitan a descubrir sitios que se destacan por su historia, la cultura y una geografía privilegiada.

El Jardín Botánico es un refugio natural que permite conectar con la biodiversidad en medio de la urbanización de Río de Janeiro

Uno de ellos es el Pan de Azúcar, con vistas pano­rámicas que ya se pueden apreciar incluso desde el teleférico. La experiencia se transforma en la cima, mirando el atardecer desde la Embaixada Carioca, saboreando sus tragos y menús mientras la tarde tiñe a la ciudad.

No podemos dejar atrás al emblemático Cristo Reden­tor. Llegar hasta él es apre­ciar, durante el viaje en tren, las magníficas posta­les que nos regala la selva, para finalmente verlo allí, abrazando la ciudad desde las alturas.

A esto se suma la calma del Jardín Botánico, un refugio natural que per­mite conectar con la bio­diversidad en medio de la urbanización, cada rincón ofrece una experiencia única e inolvidable. Reco­rrer estos lugares es aden­trarse en el alma de Río y aunque la lluvia se robe el protagonismo, sus playas son una verdadera joya que no podemos dejar de visitar. El Jeep Tour por las prin­cipales playas de Barra da Tijuca es la propuesta ideal para apreciar ese paisaje.

El Real Gabinete Portugues de Leitura, considerado una joya viva por su estructura arquitectónica

HISTORIA VIVA

Río de Janeiro también sor­prende en el ámbito cultu­ral. En el corazón del centro histórico, el Real Gabinete Portugues de Leitura, con­siderado una joya viva por su estructura arquitectó­nica, nos transporta a otra época. Sus amplias estante­rías invitan a perderse entre libros e historia, ya que es uno de esos espacios donde el tiempo parece detenerse.

Sin embargo, la experien­cia cultural también se proyecta hacia el futuro. En el Museu do Amanhã, la propuesta va más allá de lo tradicional. A través de instalaciones interactivas y recursos tecnológicos, el visitante se sumerge en un recorrido sensorial que invita a reflexionar sobre el futuro del planeta. Se trata de un viaje hacia un mundo posible, donde la ciencia, la innovación y la conciencia ambiental se combinan en una experiencia inmersiva verdaderamente sorpren­dente.

ENTRE SAMBA Y ESCENARIO

Río no baja el telón ni siquiera de día. La ciudad ofrece experiencias para todos los gustos y una de ellas es el Carnaval Expe­rience, una propuesta que nos lleva a descubrir el detrás de escena del carna­val más famoso del mundo. Entre trajes deslumbrantes, samba, carrosas y relatos, el visitante no solo observa, sino que se vuelve parte de ese universo donde se mez­clan el color y la pasión de las distintas escuelas.

Pero cuando el sol empieza a caer, la escena carioca se transforma, siempre mante­niendo su intensidad. Sobre­salen espacios como el Roxy Dinner Show, que ofrece gastronomía y un espectá­culo de primer nivel, que celebra la música y la iden­tidad brasileña. A su vez, el Río Scenarium derrocha su encanto en una casona llena de historia, donde cada rin­cón vibra con samba en vivo, objetos antiguos, mucho show y bailes; es el lugar perfecto para despedirse de la ciudad y quedarse con la mejor de las experiencias y confirmando que en Río la esencia festiva no entiende de horarios.

La ciudad ofrece experiencias para todos los gustos y una de ellas es el Carnaval Experience

CONEXIÓN DIRECTA

El viaje a Río de Janeiro empieza incluso antes de aterrizar. La posibilidad de volar de forma directa desde Paraguay a un precio ultra bajo y sin escalas, es posible con JetSMART, que cuenta con una flota regio­nal de más de 50 aviones y fue reconocida por Skytrax en 2025 como la mejor aero­línea low cost de Sudamé­rica y por ch-aviation como la compañía con la flota más joven de la región por tercer año consecutivo.

Esto cambia por com­pleto la experiencia, por­que combina lo accesi­ble con lo práctico, en un vuelo puntual y sin esca­las, trasladando al turista desde el Silvio Pettirossi hasta el aeropuerto Río Galeão, en menos de dos horas. Una puerta que se abre a escapadas más sim­ples, pero igual de memo­rables. Una vez llegado a destino, la estadía encuen­tra su equilibrio entre des­canso y ubicación. En Barra da Tijuca, el hotel Radisson Barra ofrece una propuesta moderna y relajada, ideal para quienes buscan ampli­tud y tranquilidad cerca del mar. Sin embargo, la ener­gía vibrante de Copacabana se vive de cerca en el hotel Windsor, donde cada jor­nada se siente parte de la postal carioca.

Detrás de cada experien­cia se encuentra Visit Río, que no solo invita a des­cubrir la ciudad, sino que la revela desde adentro, conectando al turista desde su propia esencia. En ese recorrido, nombres propios dejan huellas: como Gus­tavo, nuestro guía, que con conocimiento, calidez y un carisma contagioso trans­formó cada día en una his­toria viva. Río de Janeiro no se resume solo en sol y arena, incluso bajo el cielo gris, la ciudad despliega su magia en cada rincón, sabor y en cada encuentro. Es un destino que se reinventa, abraza y sorprende.

GASTRONOMÍA: EL ALMA DE UNA CIUDAD QUE SE DEGUSTA

Largas filas aguardando ingresar, confirman que la Confitería Colombo es una de las favoritas de los turistas

En estos cinco días, la gastronomía se convirtió en una de las grandes protagonistas del recorrido. En cada parada, Río de Janeiro propuso una experiencia donde los sabores iban de la mano con la historia, la mezcla cultural y la vida cotidiana. Desde platos tradicionales hasta contemporáneos, la cocina carioca refleja su propia identidad. Ingredientes locales, técnicas here­dadas y una marcada creatividad se combinan para dar forma a variadas propuestas.

La primera parada fue Assador, un restaurante de carnes que ofrece al público los mejores cortes seleccionados, directos desde el fuego a la mesa; además de tradicionales tragos como la caipiriña y los infaltables postres. Cada plato está pensado para complacer a los paladares más exigentes. Siguiendo el recorrido gastronómico, nos encontramos con un rincón que combina tra­dición y sofisticación con un aire más relajado: Trattoria Alloro, en el hotel Windsor Tower, de Barra da Tijuca.

El Roxy Dinner Show ofrece gastronomía y un espectáculo de primer nivel

El lugar invita a disfrutar de pastas artesanales y pizzas de fer­mentación natural, donde cada plato lo preparan con cuidado y creatividad, desde la frescura de una Caprese Alloro hasta el sabor intenso del tournedó de filete Rossini. Ir a Alloro, además del buen comer, es vivir una experiencia que celebra el sabor, la tradición y la innovación en cada detalle. Pero si lo que desean es compartir con amigos, saborear un delicioso menú acompa­ñado de tragos y una vista encantadora, Maguje es la propuesta ideal; propone un ambiente acogedor para que cada encuen­tro sea un momento especial.

Largas filas aguardando ingresar, confirman que la Confitaría Colombo es una de las favoritas de los turistas. Sus vitrales, espejos, el ascensor, la convierten en un lugar con glamour y elegancia, desde 1894. Sentarse allí es hacer una pausa y disfrutar de clásicos como el café con leche, acom­pañado de su ya tradicional pastelería artesanal, la preferida de quienes la visitan. Colombo es el tipo de lugar donde no hay cabida para el apuro.

Por otro lado, Sabores de Gabriela propone un recorrido com­pletamente distinto, pero igual de auténtico. Inspirado en la esencia de Bahía, este espacio celebra la cocina brasileña con platos tradicionales como moqueca, acarajé, mariscos y muchos otros ingredientes que conectan con las raíces afrobrasileñas. Más que una pausa entre actividades, cada comida fue una invi­tación a entender Río desde otro lugar: el de sus mesas, sus aro­mas y esa calidez tan característica que transforma cualquier plato en una experiencia compartida.

Dejanos tu comentario