En Vallemí, Concepción, la piedra es paisaje, es industria y es rutina. Los cerros calizos se imponen como gigantes inmóviles y el humo de los hornos marca el pulso diario de una región construida sobre roca. Pero debajo de esa superficie dura existe otro norte, uno que permanece oculto, silencioso, extraordinario.
- Por César Palacios
- @cespala
- Fotos César Palacios y Senatur
El norte del Paraguay exige tiempo. No se entrega a la primera mirada ni al ritmo apurado de los viajeros que buscan caminos fáciles. Para llegar hasta aquí hay que avanzar sin prisa, dejar atrás el asfalto ardiente, los pueblos espaciados y ese polvo blanco que anuncia que la piedra manda. Llegar a Vallemí y San Lázaro es ingresar a un territorio donde la roca domina no solo el horizonte sino la vida misma.
Más de veinte empresas caleras –incluida la histórica Industria Nacional del Cemento (INC), presente desde hace más de 77 años– sostienen la economía local. La agricultura es mínima y la ganadería se repliega hacia el río Apa. Todo parece girar en torno a la cantera, a la explosión controlada, a la trituración interminable y al fuego constante de los hornos.
Pero a pocos kilómetros de esa actividad intensa comienza otro universo: el subterráneo. Allí nos recibe Cinthia Carolina Rivas, espeleóloga, guía especializada en espeleoturismo y habilitada por la Secretaría Nacional de Turismo (Senatur). Con años de trabajo en la zona y propietaria de las agencias Paseomi Cicloaventurate e Ikatu Turismo Aventura, Cinthia conoce cada cavidad y cada pasadizo como si fuesen parte de su propia biografía.
Antes de ingresar a la Santa Caverna, explica la esencia de este paisaje oculto: todo está compuesto por rocas sedimentarias calcáreas formadas a lo largo de millones de años. En San Lázaro existen al menos trece cerros hechos de caliza, dolomita y mármol. La misma piedra que sostiene la economía es la que, gota a gota, fue esculpiendo salones subterráneos durante 65 millones de años.
DESCENDER A OTRO TIEMPO
El ingreso a la Santa Caverna exige técnica y respeto. Nada de improvisaciones. Bajo la guía de Cinthia, cada paso se vuelve más lento, más consciente. Una vez adentro, el tiempo cambia de escala: estalactitas y estalagmitas crecen apenas un centímetro cada cien o ciento cincuenta años. Algunas alcanzan tamaños monumentales; otras reproducen formas tan delicadas que parecen irreales.
Entre ellas destaca La Santa, una estalagmita cuya silueta recuerda una figura protectora que da nombre a la caverna. En la quietud absoluta del subsuelo, la imaginación encuentra un eco perfecto. Más abajo, la concentración de minerales se hace visible. Hierro en estado natural, calcita y otros compuestos permanecen intactos. Es un recordatorio contundente: el norte no solo produce cemento, también resguarda un patrimonio geológico y biológico invaluable.
El recorrido no es sencillo. Requiere gatear, avanzar por galerías estrechas, sortear zonas húmedas y, en época de lluvias, detenerse porque parte del sistema se inunda. Aquí no se toca nada, no se extrae nada. “Las únicas huellas permitidas son las del paso humano”, repite Cinthia. Las fotografías están permitidas, aunque sin flash, para proteger la fauna subterránea: murciélagos, tarántulas y especies adaptadas a la oscuridad absoluta.
DIVERSIDAD
En Vallemí, la Santa Caverna no está sola. Desde aquí se accede también a la Caverna 54, Kamba Hópo, experiencias de ecoturismo acuático y otros recorridos que forman parte de una oferta creciente de turismo de naturaleza y aventura. Estudios realizados por la Federación Espeleológica de América Latina en 2008 confirmaron la excepcional diversidad de este sistema subterráneo, con formaciones geológicas y biológicas únicas en la región.
Un tesoro del norte que espera ser descubierto. La Santa Caverna no es solo un destino turístico, es memoria pétrea. Es el encuentro entre pasado geológico, presente industrial y futuro ambiental. Descender a ella es comprender que, debajo de la piedra explotada, late un universo frágil y milenario.
LA MIRADA DEL TURISMO
Consultada sobre el potencial del Norte, la ministra de Turismo, Angie Duarte, destacó la importancia de esta región para el país: “El norte del Paraguay guarda maravillas que todavía estamos aprendiendo a dimensionar.
Es un territorio de naturaleza profunda, de gente trabajadora y de paisajes únicos. Queremos que más paraguayos y más visitantes del mundo se animen a descubrirlo”.
También Duarte subrayó el valor del espeleoturismo como una experiencia diferenciada: “No todos los países tienen cavernas de esta magnitud y antigüedad. Vallemí y San Lázaro son joyas geológicas que debemos cuidar y promover con responsabilidad”. Finalmente, invitó a explorar estas rutas que combinan industria, historia, aventura y naturaleza: “Quiero invitar a todos a conocer estas maravillas del norte. Cada viaje a Vallemí es una puerta a lo desconocido, un encuentro con un Paraguay que sorprende, emociona y enorgullece”. La Semana Santa es un tiempo ideal para conocer este destino y vivir una experiencia turística única.