En proceso para ser considerado patrimonio mundial de la humanidad, la iglesia, ejemplo del barroco hispano-guaraní, tiene en su estructura de madera una impronta única, según destacan especialistas que trabajan en su puesta en valor. En estos días se desmontaron los arcos, popularmente conocidos como costillas de ballena, en una ceremonia especial para quienes asistieron. Aquí un repaso de las tareas.

“El templo es absoluta­mente el todo dentro de la comu­nidad cristiana católica, sobre todo y también de la comunidad cultural, por qué no decirlo”, apunta Fernando Díaz, museólogo y gestor cultural de Yagua­rón. “Toda la festividad, los actos solemnes, las fiestas, los acontecimientos cívicos como las colaciones, las gra­duaciones de tercer año de la Media se desarrollan allí porque es un sitio muy vivo y arraigado en la comunidad y también puede albergar gran cantidad de público”, recuerda.

Lo hace celebrando las tareas de restauración del emblemático templo San Buenaventura por un equipo técnico multidisci­plinario de profesionales de Paraguay, Argentina, Boli­via y España, que procedie­ron en estos días a desmon­tar los arcos de la bóveda de la sacristía.

“La verdad que fue un privi­legio haber podido ver des­montados los arcos aquí en la nave central de la iglesia y recibir un poquito de infor­mación técnica de parte de los restauradores que estu­vieron contestando pregun­tas y también haciéndonos un poco entender cómo fun­ciona la estructura de este artefacto”, expone Díaz.

COSTILLAS DE BALLENA

Los arcos de madera, algu­nos bastante deteriorados por la acción de los kupi’i (termitas), serán reparados y vueltos a colocar.

La actividad ayuda tam­bién a dejar aclaradas algunas confusiones provocadas por un mito local: “En una publicación antigua sobre la iglesia, se decía que la bóveda del altar mayor simula la forma de las cos­tillas de ballena, pero la ver­sión popular entendió que los arcos se hicieron con costillas reales, lo que ahora queda claro que no es así”, apunta.

Javier Mendoza, el arqui­tecto estructuralista, explicó que de acuerdo a lo que fueron viendo los arcos fueron construidos en dife­rentes etapas y con métodos diversos también, cuestión que puede verificarse en los ensambles y encastres de las piezas que los conforman.

La tarea alcanzó un rango histórico, ya que fue la pri­mera vez que estos elemen­tos estructurales se des­montan en totalidad para su estudio y reparación a nuevo.

Enmarcadas en el Programa Tekorenda, las obras ten­drán 11 meses de duración para la restauración integral de la sacristía, el antepresbi­terio y los depósitos.

También se restaurarán tallas, las policromías que adornan columnas y techo y el retablo.

JOYA DEL BARROCO HISPANO-GUARANÍ

“Como monumento arqui­tectónico es nuestra joya, nuestra puerta de entrada al mundo del barroco hispa­no-guaraní, como lo llama Josefina Plá”, recuerda Díaz. Edificado entre los siglos XVII y XVIII y asentado en las colinas de Yaguarón, en Paraguarí, el templo es un ejemplo claro de la fusión guaraní y española.

“Aquí también se están haciendo estudios arqueo­lógicos a cargo de la doctora Victoria Roca, que está tra­bajando intensamente en ello estudiando los sopor­tes y las fundaciones de los horcones dentro y fuera de las paredes del templo con apoyo de expertos en geo­rradar”, comenta. “Se busca ver si existen cimientos arqueológicos, si se pueden hacer excavaciones o pros­pecciones, para luego pro­ceder a intervenir directa­mente los muros, los pisos, los cimientos”, explica.

El templo fascina por las tallas de indígenas guara­níes concebidas entre 1755 y 1772. Diseñadas por el maestro escultor portu­gués José de Sousa Cavadas, la decoración del templo fue celosamente custodiada por los franciscanos. El templo San Buenaventura ya forma parte de la Lista Indicativa de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco, su sigla en inglés), un inventario preli­minar de bienes que podrían ser considerados en la Lista de Patrimonio Mundial en un futuro cercano.

Los arcos de madera, algunos bastante deteriorados por la acción de los kupi’i, serán reparados y vueltos a colocar

María José Diez, coordina­dora del equipo de exper­tos de la Agencia Española de Cooperación (AECID), que asiste técnicamente a la obra, consideró que la estructura de madera de la edificación se trata de un caso único “no solo en Para­guay, sino posiblemente en el mundo”. El templo de Yaguarón forma parte de los ocho sitios priorizados en la primera etapa del Programa Tekorenda para la salva­guarda urgente del patri­monio cultural material del Paraguay. Este proyecto también lo impulsan, ade­más del Estado paraguayo y la AECID, la Itaipú Bina­cional, el Parque Tecnoló­gico de Itaipú, CAF- Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe (CAF) y el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

UNA TAREA EJEMPLAR

Díaz celebró la presencia de “profesionales paragua­yos formados en el exterior, conservadores, restaurado­res, arquitectos, expertos en policromía y pigmentación”, como así también de “bió­logas que están trabajando el proceso del control de los animales con los que con­vivimos en el templo regu­larmente como golondri­nas, murciélagos, palomas, perros, gatos y ¡los seres humanos, por supuesto!”, señala. “Por otro lado, tam­bién una contención y una barrera química casi per­manente en contra de los de los insectos xilófagos (que comen madera), los famo­sos kupi’i”, agrega.

Señala también que se está haciendo el control del dre­naje del agua, la revisión y la verificación de todo lo que representa el flujo y caudal para evitar filtraciones que socaven muros y apoyos.

“Esa mirada integral sobre el patrimonio es lo que a nosotros nos pone conten­tos. Primero porque tene­mos una gran cantidad de gente local trabajando que se mostró muy abierta, diná­mica, que hace participar a la comunidad, responde las preguntas, genera condicio­nes de diálogo para que uno entienda el momento que se está viviendo”, destaca.

“Se puede aprender lo que representan los instrumen­tos, los aparatos, te llevan a los talleres, o sea, está muy abierto para que la gente vea la restauración y sea tam­bién una gran escuela para la gestión, la protección y la salvaguarda de nues­tro riquísimo patrimonio cultural. Es muy bueno que esto sirva para que la gente sepa por qué tiene que conservar y que por naturaleza el poblador, el yaguaronino lo haga y lo haga bien”, concluye.

MANO DE OBRA LOCAL

“Para nosotros es muy gratificante ver encararse este proceso con las puertas abiertas a la comunidad, prácticamente el 60 % de toda la mano de obra es de Yaguarón”, recuerda el museólogo y gestor cultural Fernando Díaz para recordar que “la gente fue capacitada en una serie de talleres de formación”.

La coordinadora de la actividad, María José Diez, dijo que tuvie­ron más de 70 inscriptos para poco más de media docena de vacantes, lo que alegró al equipo de expertos y les dio tranquili­dad en torno al cuidado posterior del templo San Buenaventura.

“Todos los que estamos aquí tenemos la tranquilidad de que esto no va acabar con una restauración, sino que vamos a dejar la capacidad técnica instalada, ellos ya tienen las ganas y el entusiasmo para que a futuro esto pueda mantenerse en el tiempo”, expuso la experta.

EL SUEÑO DE LA REPARACIÓN INTEGRAL

“Deberíamos estar recibiendo la obra concluida probablemente en la Semana Santa de 2027”, anticipa Fernando Díaz, que sueña se pueda llevar a cabo la reparación integral del templo.

“Creemos en la factibilidad de un convenio entre el directorio de Itaipú, la Presidencia de la Repú­blica, la Secretaría Nacional de Cultura (SNC) y el Parque Tec­nológico de Itaipú, con el que se podría lograr el desembolso total del dinero que se necesita para la restauración integral”, explica. “De darse esa condición, nosotros estaríamos asistiendo a más o menos 3 a 4 años de trabajo con este equipo interdisciplina­rio y con los fondos administrados por la oficina de arquitectura OCA”, apunta.

Díaz cuenta que la alternativa “está todavía en estudio, en planifi­cación” y explica que con esos fondos “se podría ejecutar la obra de todo el altar mayor, los laterales, el púlpito, el altar del pueblo, los confesionarios, el coro, la sillería de coro y arriba todo el techo, tirantes, vigas, alfajías, horcones, toda la estructura en todo un trabajo integral. También se prevén obras complementarias que prevén el cuidado del paisajismo y la jardinería del patio del templo al igual que la restauración del campanario”, concluye.

PASEO TURÍSTICO Y CULTURAL

Conocida como la ciudad de los mitos y leyendas, la Municipalidad viene proponiendo con gran éxito de público el “City tour Yaguarón de ensueño”, un paseo turístico y cultural. “Este circuito es parte de las actividades que vamos a tener en la Semana Santa 2026 en la ciudad”, contó Milciades Larroza, del área de Cultura del municipio local.

Tendrá lugar los días viernes 27 y sábado 28 de marzo a partir de las 19:30 en una versión redu­cida y sin costo.

Según explicó, el recorrido combina historia, fe, naturaleza y tradición “para relajarse en una noche llena de encanto y memoria colectiva. Se busca transportar a los visitantes a las vivencias de la época colonial y a las creencias populares que forman parte de nuestra identidad”, explicó.

La versión completa del tour se brindará el martes 31 de marzo a partir de las 19:30 con un costo de G. 50 mil.

Se parte desde el local de Turista Róga, vecino al templo de San Buenaventura de Yaguarón, y después se visita la casa de la bruja Micaela Yaharí; una parada en el Museo Gaspar Rodrí­guez de Francia, donde se presenta un momento especial con el relato de “Ñande revolución”.

Después se asiste a la tradicional misa guarayo, ejecutada por una importante orquesta en el templo. También se sube al cerro Yaguarón y se prevé la visita al Museo Táva Jaguaru, un reco­rrido por el laberinto Jasy Jatere y actividades de astronomía para niños y adultos.

Para quienes desean pernoctar en la ciudad, se ofrece alojamiento en camping, posadas o casa­quintas exclusivas para familias. Los interesados pueden realizar sus reservas al (0974) 729-958.

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