Situada a 4.202 kilómetros de Asunción y a 3.804 kilómetros de Buenos Aires, la capital de la provincia de Tierra del Fuego regala una de las experiencias más fascinantes en el confín del mundo, donde los paisajes encantan por sus casas y sus flores multicolores que desafían a los vientos helados que llegan desde la Antártida.
- Por César Palacios
- @cespala
- Fotos César Palacios y Secretaría de Turismo de Ushuaia
Febrero en Ushuaia no se parece a ningún febrero del mundo. Mientras el calendario insiste en llamarlo verano, las calles se visten de primavera: lupinos en flor al borde de los caminos, rosas que desafían el viento y un aire que sopla con la voz helada de la Antártida. Aquí, en la ciudad más austral, cada color es un acto de resistencia y cada ráfaga es un recordatorio de que estamos en la antesala del fin del mundo, ubicada a 4.202 kilómetros de Asunción y a 3.804 kilómetros de Buenos Aires. Cuatro horas de vuelo desde Buenos Aires bastan para sentir que uno se aleja de lo conocido y se acerca a lo remoto. A medida que el avión avanza hacia el sur, la sensación es clara: estamos viajando al fin del mundo. Aterrizar allí es una experiencia única: los pilotos deben maniobrar entre montañas, la niebla y vientos fuertes que casi nunca dan tregua.
REINO DEL VIENTO
El viento es protagonista. No acaricia, sentencia. Su fuerza constante parece testificar que la Antártida vigila desde el horizonte, incluso cuando el sol se extiende generosamente sobre los días largos del verano austral. El sol aparece a las 4:30 de la mañana y se oculta recién a las 22:30, mientras la claridad se resiste a desaparecer incluso hasta medianoche. Sin embargo, esa abundancia de luz no es sinónimo de calor: las temperaturas rondan los 10 grados en promedio y la ciudad recuerda a cada visitante que el abrigo es indispensable.
Caminar por sus calles es descubrir un mosaico pintoresco: casas de colores, cafés cálidos y turistas de todas partes del mundo que llegan atraídos por la promesa de aventura.
Ushuaia es un umbral. No es solo un destino, es un punto de partida. Los barcos que parten hacia la Antártida convierten la ciudad en un puerto de sueños y despedidas. Y mientras tanto, quienes se quedan descubren que aquí, en el confín del mapa, la vida florece con intensidad, como si cada día fuera un desafío al clima y una celebración de estar vivos.
DE VISITA OBLIGADA
La capital de la provincia argentina de Tierra del Fuego es una puerta de entrada a la Antártida, pero también un escenario de experiencias únicas:
1. Paseo en catamarán por el Canal Beagle: navegar por las mismas aguas donde Charles Darwin realizó sus investigaciones a bordo del HMS Beagle, el barco que dio nombre al canal. La travesía permite observar lobos marinos, cormoranes y la inmensidad de un paisaje que parece intacto desde tiempos remotos.
2. Caminata al Glaciar Martial: unos 5 km desde el centro, por una ruta asfaltada o por un sendero que combina ejercicio y contemplación. A medida que se asciende, se admiran las casas de montaña, los bosques de pinos y, finalmente, la vista imponente de la ciudad recostada sobre el mar.
3. Isla Martillo y pingüineras: un encuentro cercano con colonias de pingüinos magallánicos y papúa, que convierten la excursión en una experiencia inolvidable de vida silvestre.
4. Aventurarse hasta Puerto Williams, Chile:
cruzar el canal y llegar al poblado más austral del planeta, en la isla Navarino, es sentir que se ha ido aun más allá del fin del mundo.
5. El Faro del Fin del Mundo: En la inhóspita Isla de los Estados, frente a las costas de Tierra del Fuego, se levantó en 1884 el Faro de San Juan de Salvamento, conocido como el Faro del Fin del Mundo e inmortalizado por Julio Verne en su novela homónima. Aunque hoy ya no funciona, su legado vive en el cercano Faro Les Éclaireurs, en el Canal Beagle, que se ha convertido en un símbolo turístico de Ushuaia. Ambos faros representan la idea de frontera: más allá de sus destellos comienza la inmensidad de los mares australes y la ruta hacia la Antártida.
6. Otros lugares: el Parque Nacional Tierra del Fuego, con sus senderos entre bosques y lagos; el Museo del Fin del Mundo, que guarda la memoria de los pueblos originarios y de los primeros exploradores; y las estaciones de esquí que, incluso en verano, recuerdan que aquí la nieve nunca está demasiado lejos. El viaje hasta aquí es parte de la experiencia.
SIEMPRE VALE VOLVER
Ushuaia es más que un destino: es un umbral, una frontera entre la primavera que florece en sus calles y el hielo eterno que vigila desde la Antártida. Es viento que sentencia, luz que se prolonga hasta medianoche, sabores que reconfortan y paisajes que invitan a la aventura. Caminarla, navegarla, saborearla es descubrir que en el confín del mapa la vida se celebra con intensidad. Y cuando uno parte, queda la certeza de que el fin del mundo no es un lugar para visitar una sola vez, sino un rincón al que siempre vale la pena volver. Más información en https://www.instagram.com/turismoushuaia/ Whatsaap: +54 9 2901 535070.
GASTRONOMÍA FUEGUINA
Ushuaia no solo se recorre con los ojos y los pies, sino también con el paladar. La ciudad es famosa por sus mariscos frescos (centolla, merluza negra, mejillones) y por las comidas patagónicas como el cordero al asador, que se convierte en un ritual de encuentro. A esto se suma la creciente tradición de las cervezas artesanales, elaboradas con agua pura de montaña y servidas en bares que se llenan de viajeros y locales al caer la tarde.
Pero la experiencia gastronómica no se limita a los restaurantes. En el puerto, justo donde parten los catamaranes hacia el Canal Beagle, hay puestos de comida rápida que ofrecen delicias inesperadas. Entre ellas, mi recomendación es el choripán doble con pan ciabatta de masa madre: una combinación simple pero contundente, que mezcla la rusticidad del chorizo con la suavidad y el sabor profundo del pan artesanal. Es un bocado que acompaña el viento y a la vista de los barcos, y que se convierte en un recuerdo tan auténtico como cualquier excursión.
Comer en Ushuaia es, en definitiva, otra forma de sentir que estamos en el fin del mundo: sabores intensos, platos que reconfortan frente al frío y un abanico que va desde la alta cocina patagónica hasta la comida callejera, que sorprende por su calidad.
UNIDA AL PAÍS POR RADIO NACIONAL
La Plaza República del Paraguay recuerda la huella de los migrantes guaraníes en Tierra del Fuego, y entre ellos se destaca la vida de Mónica Antonia Benítez Martínez, nacida en Itauguá en 1942, enfermera que, tras recorrer Argentina, decidió quedarse en Ushuaia, donde ejerció su profesión y formó familia. Hoy, a sus 84 años, cultiva hortalizas en su invernadero y mantiene viva su identidad escuchando cada mañana Radio Nacional del Paraguay a través de internet, conectándose con su tierra natal mientras observa desde la ventana los picos nevados de los Andes. Su historia es testimonio de cómo los paraguayos, incluso en el confín austral, conservan su acento, su guaraní y sus raíces, tendiendo puentes culturales que hacen de Ushuaia un lugar diverso y profundamente humano.
PARAGUAY EN TIERRA DEL FUEGO
Camino al Glaciar Martial, entre casas de montaña y el aire frío que baja desde las cumbres, aparece una pequeña plaza ovalada: la Plaza República del Paraguay. Inaugurado el 8 de diciembre de 2005 por la Asociación de Residentes Paraguayos Argentinos, este espacio rinde homenaje a la Virgen de Caacupé y a la comunidad paraguaya que encontró en Ushuaia un nuevo hogar. En sus mástiles flamean las banderas de Paraguay y Argentina, recordando que incluso en el confín del mundo las raíces viajan y se siembran lejos de casa. La plaza es sencilla, pero su simbolismo es profundo: habla de la diversidad que caracteriza a Ushuaia, donde conviven culturas, memorias y tradiciones en un paisaje que parece hecho solo de viento, mar y montañas.
Para el caminante, detenerse allí es descubrir que la ciudad más austral no es únicamente un umbral hacia la Antártida, sino también un cruce de historias humanas. La presencia paraguaya en Tierra del Fuego es un testimonio de cómo la identidad se expande y se adapta, floreciendo incluso en los lugares más remotos. Según un informe publicado por Infofueguina el 28 de octubre de 2021, en esta provincia residen más de 6.000 paraguayos. Esto surge de estadísticas demográficas mencionadas por el Consulado del Paraguay en Argentina.