- Por Luis Irala
- Periodista
- Nación Media
- Fotos: Pánfilo Leguizamón
La noche del domingo 17 de octubre de 1976, casi 50 años atrás, Libertad rompió el embrujo que abarcó 21 años sin ganar campeonatos venciendo a Cerro Porteño, en polémica final, por 2-0. Para la opinión pública, los liberteños lograron la conquista “por decreto” debido a que el entonces presidente de la República, el dictador Alfredo Stroessner, era hincha confeso del Gumarelo.
Albinegros y azulgranas llegaron a la última fecha igualados en 36 puntos y debían enfrentarse entre sí para definir el título de campeón. La desastrosa actuación del arquero cerrista, el argentino Marcelo Spessot, quien facilitó los dos tantos del rival, dio pie para todo tipo de comentarios maliciosos, pero la verdad fue que Libertad logró amalgamar un gran plantel ese año 76, donde sobresalían el capitán Ricardo Tavarelli (padre del Mono), el arquero Alcides Báez, Carlos Huespe, Eugenio Morel (progenitor del mundialista Claudio Morel Rodríguez), Alberto Benítez, Juan Ramón Ocampos, Apolinar Paniagua, un goleador de raza que fue el artillero liberteño en la temporada con 10 conquistas y escolta del riverista Arsenio Meza, el goleador de 1976, con 11 tantos y los canteranos Arecio Colmán, Emigdio dos Santos, Pedro Nelson Fleitas, Juan Espínola, Eduardo Villalba, Braulio Bernal, Justo Pastor Ledesma y el delantero Cristóbal Maldonado, quien se había consagrado goleador en 1971, luego de ganar en forma invicta el cetro del Quinto Campeonato Juventud de América que se disputó en nuestro país, una constelación de estrellas para la época.
Al término de la primera rueda de aquel campeonato el entrenador Juan Alberto Pino fue cambiado por Ramón “Moncho” Rodríguez, quien había realizado una gran campaña con River Plate dos temporadas atrás, en 1974.
Hasta la anteúltima ronda Cerro Porteño iba delante de Libertad con dos puntos de ventaja. Sin embargo, en esa jornada los cerristas cayeron estrepitosamente ante Olimpia por 4-0, aprovechando Libertad con su éxito ante Rubio Ñu, 3-1, para alcanzar a los azulgranas.
Un mes antes de que concluyera el campeonato, el titular Nicolás Leoz pidió permiso por motivos de salud, siendo sustituido por Alfredo Stroessner (h), el hijo del dictador y eran famosas sus visitas a la concentración, cada fin de semana, para incentivar al plantel tanto moral como económicamente.
Así ambos conjuntos llegaron a la última fecha igualados en 36 puntos y durante la semana previa a la definición se tejieron todo tipo de especulaciones. El mundo futbolístico local estuvo convulsionado. Los hinchas del Ciclón decían que Libertad sería campeón “por decreto”, mientras que los seguidores del Gumarelo aseguraban que Cerro había ganado varios partidos recurriendo al soborno. El partido definitorio dejó en boletería la suma de 5.861.900 guaraníes por 36.147 boletos vendidos, aunque en el estadio había más de 40.000 aficionados.
A los cinco minutos de juego, un centro desde la derecha ejecutado por Emigdio dos Santos se le escapó increíblemente al golero Marcelo Spessot, que fue aprovechado por Apolinar Paniagua para anotar el primer tanto y cerca del final se produjo otra monumental falla del golero rosarino, al cometer un penal innecesario ante Paniagua, posibilitando al Gumarelo la segunda conquista. La pena máxima fue ejecutada por el mismo Paniagua, estableciendo el definitivo 2-0, para que Libertad rompa el hechizo sin títulos que tuvo 21 años de duración. El Gumarelo, desde 1955, cuando formó uno de los mejores conjuntos de su historia, no conocía la satisfacción de dar una vuelta olímpica.