El comunicador Carlos Turrini, figura de las plataformas de Nación Media, sorprendió a todos en 2020 cuando decidió convertirse en cervecero artesanal. A cuatro años de iniciar este camino, su emprendimiento va viento en popa y vende sus productos en sus locales de Birrini Bar ubicados en dos puntos estratégicos de Asunción. Desde el 2023, comparte la apasionante aventura de hacer cerveza con su socio Mauricio Cáceres.
Conductor de radio y televisión, hacedor de cerveza casera, amante de las carreras y la bicicleta, coleccionista de música. Tal es la carta de presentación en las redes sociales de Carlos Amado Turrini Pizurno, figura de Nación Media. Inició su carrera en los medios en el año 2003 con el programa radial “Animales” junto a su dupla Mazizo Torres. Desde entonces, la figura se ha destacado en diferentes escenarios de la comunicación, desde la conducción en TV hasta la redacción para revistas.
Pese a su éxito en la comunicación, la pandemia llegó a dar un cambio de 180 grados a su vida, quedando sin trabajo en los medios. Pero esto no lo limitó, sino que le dio la oportunidad de emprender y hoy ser un exitoso empresario, con una marca de cerveza artesanal que está creciendo día a día.
Birrini produce cinco estilos de cerveza: la Golden Ale, la Pale Ale, la Doble Ipa, la Black Ipa y la Hoppy Lager
–¿Cómo nació la idea de crear tu propia cerveza artesanal?
–Nace en plena pandemia. Yo en el 2020 estaba a la mañana haciendo un programa de radio en la Rock & Pop y a la tarde en Unicanal, en un programa que se llamaba “Buenas tardes”. Llega la pandemia y quedo desvinculado, y la palabra reinventarse sonaba muy fuerte en mi cabeza en un momento de mucha incertidumbre. Y en unos de esos días de pandemia encontré un kit para hacer cerveza y ahí nace, primeramente como hobby, pero siempre con la idea de poder proyectar eso en la línea del tiempo y convertirlo en una empresa que es 100 % autosuficiente.
–¿Cuánto tiempo te llevó pasar de la idea a la producción de la marca?
–Fue rápido, porque una vez que me decidí, me empecé a capacitar, empecé a ver videos en YouTube, a hablar con amigos que también hacen cerveza. El hecho de hacer cerveza no me tomó tanto, pero sí, desde que empecé a hacer cerveza hasta que salió la primera lata que vendí, pasaron 11 meses. Fueron 11 meses de mucho aprendizaje, mucha prueba y error, iba cocinando mis lotes de cerveza, hasta que finalmente cierro la receta de mi primera cerveza, mi primer estilo Golden Ale y en febrero de 2021 vendo mi primera lata.
El proyecto demandó mucha paciencia al comienzo. “Desde que empecé a hacer cerveza hasta que salió la primera lata que vendí pasaron 11 meses”, contó Turri a La Nación del Finde
–¿Qué significa el nombre de tu marca y cómo lo eligieron?
–Birrini es un juego de palabras entre mi apellido y birra, que significa cerveza, entonces de ahí surge la idea. A mí me pareció interesante, por que lo artesanal siempre está ligado a la persona que elabora, ¿verdad? En ese sentido me pareció una idea interesante hacer un juego de palabras y como quedaba bien, quedé con ese nombre.
–¿Cuál es el proceso de producción que siguen para crear la cerveza?
–Es muy complejo, tiene varios procesos que incluyen la maceración; después de macerar, se deben lavar los granos, luego se deben hervir, cuando hierve el mosto se adicionan los lúpulos y una vez que termina el hervor se debe enfriar. Pasar de 100 grados a 20 grados, y una vez que entre a los 20 grados, tirar la levadura y ahí inicia el proceso de fermentación. En total, el proceso para elaborar cerveza dura aproximadamente un mes. Porque hay que darle tiempo a las levaduras, hay que darle tiempo a la fermentación, para que las levaduras hagan su magia y saquen una buena cerveza.
“Cada uno de los estilos fueron recetas elaboradas por nosotros mismos, por Mauri Cáceres y por mí”,
destacó Carlos Turrini
–¿Qué tipo de ingredientes utilizan y cómo seleccionan a sus proveedores?
–La cerveza lleva cuatro ingredientes que son agua, malta, lúpulo y levadura. Por aquí por Paraguay ya conseguimos muy buenos proveedores de estos insumos, así es que hoy día, eso ya no es un problema.
–¿Tienen alguna receta o técnica especial que los diferencie de otras cervecerías artesanales?
–Nosotros en Birrini tenemos cinco estilos de cerveza: la Golden Ale, la Pale Ale, la Doble Ipa, la Black Ipa y la Hoppy Lager. Cada uno de los estilos fueron recetas hechas por nosotros mismos, por Mauri Cáceres y por mí.
–¿Cuáles han sido los mayores desafíos que han enfrentado desde que comenzaron con el emprendimiento?
–Son muchos los desafíos, pero realmente los principales tienen que ver con el líquido de Birrini y con todo lo que es la comunicación que manejamos, ya que eso está finamente pensado, porque cada una de las cinco recetas fueron ideadas por Mauri y por mí. Entonces, los desafíos siempre están y siempre son motivantes, porque con los desafíos intentamos mejorar y también crecer.
Carlos Turrini junto con Mauricio Cáceres, su dupla en la fascinante aventura de producir cerveza artesanal. El emprendimiento del conocido conductor de radio y TV nació como hobby en plena pandemia; hoy, el proyecto está consolidado por la excelente aceptación de la gente
–¿Cuántas personas forman parte de tu equipo y cómo es el ambiente de trabajo?
–En Birrini están trabajando cinco personas, es un ambiente muy ameno, donde prima mucho la confianza, donde también priman mucho las responsabilidades. Las personas que tienen un buen compromiso con el trabajo siempre van a encontrar un espacio en Birrini, con un espacio completamente distendido pero también serio.
El tiempo de elaboración de una buena cerveza artesanal como la Birrini es de un mes
–¿Qué proyectos tienen para los siguientes meses del año?
–Estamos abriendo el tercer lugar de Birrini Bar. Los Birrini Bar se encuentran en food parks. Estamos en Los Laureles, Mburucuyá y próximamente, a mediados de julio, vamos a estar en Lambaré. Así que ese es el proyecto para este 2024, seguir afianzándonos como bares dentro de food parks.
La historia de la cerveza es mucho más extensa y atrapante que reseñar datos de consumo. De hecho, quienes todo lo investigan verifican que desde unos 4 mil años antes de Nuestra Era –7 mil años atrás– en la Mesopotamia del Medio Oriente, entre los ríos Tigris y Éufrates –en llamas desde los últimos veinte días– se tomaba cerveza.
Por Ricardo Rivas
Periodista
X: @RtrivasRivas
El martes pasado, en las cervecerías de Buenos Aires, NYC, Dublin y muchos otros lugares se celebró San Patricio. Con más o menos intensidad que otros años, por cierto, pero hubo celebración. Estoy tentado de decir que en la Argentina fue “de baja intensidad”. El costo de vida no pocas veces conspira contra los deseos de brindar con amigos y amigas. Pero, aun así, muchas y muchos (me incluyo) celebramos. Rubia, negra, roja... celebramos. Brindamos en amistad y deseándonos reiteradamente salud. “Cheers, sköll, gānbēi, prosit, À ta santé, salute, chin...” no faltaron lenguas en ese atardecer. Tampoco el verde en todas sus gamas. Soy cervecero. Parte de mi formación educativa la hice en una escuela alemana. Prefiero la stout. Pero no discrimino cuando de birra se trata. Mis amigos-hermanos y colegas periodistas y escritores lo saben. En mi querida Asunción, Augusto, Arturo, Paulo, JM, Vivian, Silvia, Claudio, Pepe, por solo mencionar a algunos y algunas, no se quedan atrás... ni me dejan solo cuando coincidimos en torno de una mesa o sobre la barra de un bar. La stout Guineness me puede. La Pilsen, también.
Alguien me comentó, tiempo atrás en Nueva York, que un 17 de marzo en 1914 fue allí donde se inició la costumbre de teñir de verde la birra para adherir a la efeméride. Al parecer fue idea e iniciativa de un forense nacido y criado en NYC, Thomas H. Curtin. Puede ser que haya sido así y me encanta que se haya multiplicado esa práctica celebrativa. También es un buen negocio, más allá (y más acá) del santísimo Patricio. De hecho, cuando recién se iniciaba febrero en este año, Kirin Holdings reportó que, en 2025, “el consumo mundial de cerveza ha alcanzado más de 194.000 millones de litros”. República Checa lidera con un promedio de 143 litros por año y por persona. Detrás se ubica Alemania (110 litros); Austria (108); Polonia (105); Irlanda (103); Rumanía (101); Estonia (99); Lituania (98); Bélgica (95); y España (94). En mi querido Paraguay, ubicado en el puesto 3 del ranking latinoamericano, cuando finalizó 2024, el consumo cervecero se ubicó en poco más de 74 litros por persona. Argentina, bastante más atrás, en la onceava posición, se acerca a los 44 litros.
El verde, color de Irlanda, también se simboliza en la cerveza que, en NYC –desde el 17 de marzo de 1914– por iniciativa de un forense neoyorquino, Thomas H. Curtin, deja atrás los colores tradicionales
7 MIL AÑOS ATRÁS
Aunque –hay que decirlo– la historia de la cerveza es mucho más extensa y atrapante que reseñar datos de consumo. De hecho, quienes todo lo investigan verifican que desde unos 4 mil años antes de Nuestra Era (aNE) –7 mil años atrás– en la Mesopotamia del Medio Oriente, entre los ríos Tigris y Éufrates –en llamas desde los últimos veinte días– se tomaba cerveza. Y quienes lo hacían la compartían en un mismo recipiente. “¿El sabor del encuentro” desde siempre? ¿Por qué no? No eran tiempos de estabilidad los del 370 de Nuestra Era (dNE). El Imperio Romano trepidaba. Los hunos –luego de cruzar el Volga– presionaban a los germanos que dejaban atrás el Danubio y sus tierras ancestrales en procura de paz y mejores condiciones de habitabilidad. Migraban. Huían de la guerra. Escapaban de las violencias. Se desplazaban. Eran vulnerables.
Los visigodos viajaron (avanzaron) hacia el este. Sin embargo, las fronteras romanas obstaculizaban muchos de aquellos desplazamientos. El emperador Valente va contra los germánicos. Quiere evitar que los bárbaros invadan y arrasen. En aquel contexto nació Maewyn Succat, en Britania. En Gales o en Escocia. Algunos historiadores sostienen que dejó la vida intrauterina en el 385, año más año menos. ¿Importa acaso esta precisión? Era hijo de un diácono cristiano que también ejercía como decurión, un cargo militar. Su padre se llamó Calpurino. Su abuelo, Potito, también religioso y, según algunos historiadores, alcanzó el grado de presbítero. Su mamá, al parecer, era Concessa. Pero todos coinciden en que en su adolescencia (tal vez a los 16) fue capturado por traficantes de esclavos (quizás piratas escotos) que en poco tiempo lo vendieron a terratenientes para que trabajara en el campo. Por su juventud y fortaleza física era valioso. Esclavizado y en cautiverio en Irlanda aseguran que comenzó a tener visiones en las que se le indujo a predicar el cristianismo. Media docena de años fue cautivo. Aun así, comenzó a evangelizar. Esa fue su misión. Y justamente por ella, escapó. Aunque perseguido logró cruzar el Oceanus Britannicus –también mencionado como Mare Britannicum– hoy mencionado como canal de la Mancha, para llegar a la Galia y esconderse en un monasterio donde comenzó a estudiar en procura de convertirse en sacerdote. Las visiones no lo abandonaban. La oración y las lecturas sagradas eran su única razón de ser hasta el momento de peregrinar para misionar y evangelizar en su pueblo natal. Fue creado en el sacerdocio como Padrig, Pádraig, “padre del pueblo” para que, con el paso del tiempo, fuera conocido y mencionado como Patrick.
Desde hace unos 7 mil años, en la Mesopotamia de Medio Oriente, entre los ríos Tigris y Éufrates, se bebía cerveza que se producía en Egipto
Eran tiempos de ignorancias. Quienes eran llamados nobles o plebeyos coincidían, mayoritariamente, en el desconocimiento de la lectura y la escritura. Con un poco más de 20 años trashumó entre Britania y las Galias. Se sabe de su paso por Tours, Lerins y Auxerre, donde formalmente fue cura. Las visiones continuaban. Se dice que cuando estaba a poco de partir en busca de nuevos horizontes, en una de esas apariciones, recibió el mandato de permanecer en el pueblo donde había nacido. Canceló su partida. Desde entonces comenzó a mencionárselo como el apóstol de Irlanda donde permaneció para siempre. Con las cosas de todos los días que encontraba a su paso y al alcance de su mano predicaba el cristianismo y aleccionaba para producir sentido común... y religiosidad. Religare. “Volver a ligar”, “reunir”, “vincular estrechamente” a la humanidad con la trascendencia. Ese era el deseo (su deseo) y la misión divina de Maewyn... que también era Patrig, Pátraic y que hasta nuestros días –aunque escasamente se lo recuerde– también es Patrick que se multiplicaba en acciones para catequizar y popularizar su fe.
EL TRÉBOL
De hecho, para celebrar cada año la Pascua de Resurrección, encendía hogueras para empatizar con las prácticas ancestrales de las y los Tuatha Dé Danann (“el pueblo de la diosa Danu”), como se conocía por entonces a las y los irlandeses. El sincretismo de Patrick hizo que con cada hoguera popular para homenajear a El Dagda (el “dios bueno” y padre protector); a Lugh (“dios de las habilidades múltiples y la luz”); a Morrigan (“diosa de la guerra y la muerte”); y, a Brigid (“diosa de la poesía, de la curación y portadora del fuego sagrado”) –deidades anteriores a la presencia humana sobre la Tierra– el pueblo de Irlanda, por su intercesión, se religara al Dios del catolicismo. Al Dios del “acontecimiento”, como gustan decir los biblistas por estos tiempos.
Pero Pádraic no se quedó allí con su misión. No. Caminante de las campiñas irlandesas descubrió y adoptó los tréboles de tres hojas para ejemplificar la idea conceptual de la Santísima Trinidad. Su catequesis prendió fuerte en el espíritu irlandés. Cada una de las hojas de aquellos tréboles simbolizaba al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, me dijo enfáticamente un parroquiano en un PUB de Dublin, allá por los años 90. “El cristianismo triunfó sobre el paganismo”, añadió un bebedor cercano que no bebía con nosotros cuando los relojes marcaron las 10 de la noche. No finalizaba un día más. Era 17 de marzo. Habría juerga hasta tarde. Muy tarde. Supe luego que ese día, en procesión cientos de peregrinos y peregrinas, en Donegal, condado donde se asegura que Patricio tuvo una visión, marcharon a Station Island.
Peregriné con ellos y ellas.
La fe popular sostiene que Dios le dijo a San Patrick “todo aquel que llegue hasta aquí, estará libre de pecado”. La tradición se mantiene a pesar del paso del tiempo. El cine la ha mostrado una y otra vez. En el transcurso de la trilogía de “El padrino”, Francis Ford Coppola recrea una procesión que las y los migrantes irlandés realizan en Boston, Estados Unidos desde 1737. En Peaky Blinders, el director Tom Harper le marca al clan Shelby y al mismísimo Tommy Shelby (Cillian Morphy) esa enraizada tradición. Patrick da para todo en las creencias populares. Hasta se asegura –como hazaña y leyenda– que en su tiempo condujo a todas las serpientes que habitaban la isla hasta el mar para que se ahoguen. Mito. Cientos de publicaciones prestigiosas especializadas consignan que “en Irlanda nunca hubo serpientes” desde que finalizó la última glaciación. De esto también se trata la fe. Y la cerveza, ¿por qué?, ¿qué tiene que ver con todo esto?, pregunté una y otra vez hasta que alguien –después de intentar repetidamente saber– una de aquellas personas de las que quise tener respuestas fue tan clara como sintética. “Cuando niños, durante la Cuaresma, no podíamos comer dulces, pero durante el Día de San Patricio nos indultaban y podíamos hacerlo. Los adultos, por su parte, (como nosotros con los dulces) no podían beber cerveza en el mismo período. De allí que, nuestros mayores, nuestros padres y abuelos, en la misma efeméride, homologaron aquello que nos beneficiaba a las y los pequeños y, como anuencia de los obispos fueron dispensados y, desde entonces, la Cuaresma no les impide tomar cerveza”.
Daimiel, Ciudad Real, comunidad autónoma de Castilla-La Mancha. Cada primer viernes de agosto, desde el inicio del milenio que corre, es el epicentro del Día Internacional de la Cerveza. Con apenas 17.722 habitantes, a la alegría de beber entre amigos y amigas, se le agrega debatir sobre texturas, sabores, colores, aromas y matices
VÍNCULO CON LA CERVEZA
Nada dice la historia de que San Patricio tuviera vinculación alguna con la cerveza. Algunos y algunas, sin embargo, insisten y aseguran que fue el santo quien enseñó a fermentar y destilar malta para producirla. Ninguna investigación sólida que pueda mencionarse va en ese sentido. “Es una tradición popular”, me explicaron en Dublin. ¿Y la cerveza verde?, pregunté con insistencia. “No es nuestra. Se inició en los Estados Unidos. Es marketing”. De hecho, en poco más de medio centenar de países el Día Internacional de la Cerveza se celebra el primer viernes de cada mes de agosto año tras año desde el inicio del milenio que corre.
Todo se inició en Daimiel, Ciudad Real, en la comunidad autónoma de Castilla-La Mancha, a unos 170 kilómetros de Madrid, donde habitan –según se verificó en 2025– 17.722 personas. Allí, en 2000, un grupo de buenos amigos festejaron por vez primera. Una y otra vez brindaron con “cañitas”, como llaman en España a la cerveza. Y, desde entonces, acordaron que repetirían ese encuentro en los años siguientes cada primer fin de semana de agosto. ¡Es una gran fiesta! Circulan y se degustan cervezas de todo tipo y procedencia. Temas para debatir: texturas, aromas, colores y transparencias. Preside el “maestro Birrote”, coronado con una jarra. Su mandato se extiende hasta el año siguiente. En 2007, cuatro amigos –Jesse Avshalomov, Evan Hamilton, Aaron Araki y Richard Hernández– instituyeron aquella creciente reunión de amistad manchega celebrada con cerveza en efeméride global. De allí que junto con los “cheers, sköll, gānbēi, prosit, À ta santé, salute y chin chin” ya mencionados se añaden otras lenguas y, con cada brindis, se desea “Osasuna… salut… saúde…” con cerveza.
Un camión perdió más de 1000 packs de cerveza al intentar esquivar un bache en Fernando de la Mora
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Un camión transportador de bebidas perdió al menos 1.000 packs de cerveza y gaseosas cuando el conductor hizo una maniobra para intentar eludir caer en un bache y perdió el control del rodado que terminó volcado.
El accidente vial se produjo en las inmediaciones de un conocido supermercado, ubicado sobre la ruta Mariscal Estigarribia y Pitiantuta, Fernando de la Mora. Lo curioso es que en vez de ayudar, la gente acudió en masa a rapiñar la carga.
Tras perder el equilibrio, cae gran parte de la carga sobre el asfalto y el camión termina cruzando al sentido contrario de la ruta. Pero afortunadamente no involucró a otros rodados y no se reportaron heridos, solo un perjuicio material evaluado en unos G. 40 millones.
La carga se esparció a lo largo de unos doscientos metros e inmediatamente aparecieron los avivados para juntar en bolsas y surtirse, aprovechando la oportunidad para alzarse con los packs de cerveza.
“Queremos tomar un poquitito también en Año Nuevo”, dijo un hombre al canal NPY, mientras cargaba en un bolso las cervezas.
En tanto, un empleado de la distribuidora de bebidas confirmó que cayeron alrededor de cuatro palets, equivalentes a más de 1.000 packs de cerveza. “Como 40 millones de guaraníes es la pérdida. Lo que se pueda vamos a rescatar”, expresó.
Muchas de las latas explotaron a raíz del fuerte impacto, mientras otras quedaron intactas, que fueron recogidas por los trabajadores para volver a cargar al camión.
Las tradicionales 12 uvas de los buenos deseos tienen competencia. Una conocida marca de cerveza las convirtió en esferas para brindar por el año que llega. Conocé la historia detrás de esta idea.
Diciembre es un mes clave para las marcas de cerveza que pujan por ser las número 1 en los rituales de sus seguidores, en festividades, reencuentros y celebraciones propias de esta temporada.
En muchas culturas, la tradición de comer 12 uvas al compás de las campanadas de Año Nuevo simboliza la esperanza de un nuevo año lleno de prosperidad y felicidad, otorgando un deseo por cada mes que se avecina. Y fue justamente esa costumbre tan arraigada la que inspiró una idea curiosa este año.
En México, una conocida marca de cerveza estadounidense, Miller High Life, decidió reinterpretar ese clásico ritual con un toque creativo y contemporáneo. En lugar de las clásicas uvas, la marca lanzó una propuesta original: esferas comestibles hechas con cerveza, pensadas para sustituir simbólicamente a las uvas en la noche del 31 de diciembre.
Bautizada como The Golden Ritual, esta iniciativa no busca convertirse en un nuevo producto masivo, sino generar conversación y sumarse a los gestos que hacen especiales las celebraciones de este mes. Más que promover una compra, la idea es transformar un rito tradicional en una experiencia diferente, que invite a reunirse con amigos y seres queridos, un deseo que, según estudios sobre conexiones sociales, es más importante que nunca en tiempos de agendas apretadas y encuentros ocasionales.
Las esferas doradas, con textura suave y evocando la forma de una uva, invitan a brindar por la amistad y la cercanía, simbolizando esa intención de ver más seguido a las personas que más importan. La campaña aprovecha así la temporada alta de consumo y celebración para insertarse en los rituales de fin de año con un gesto simpático y lleno de significado, sin centrarse únicamente en la venta del producto.
Este giro curioso a una tradición tan conocida demuestra cómo, incluso en épocas saturadas de mensajes y promociones, las marcas pueden encontrar formas creativas y memorables de dialogar con la cultura y las celebraciones populares.
Crean la botella de cerveza más diminuta del mundo
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Una cervecería danesa creó la botella de cerveza más pequeña del mundo para concienciar sobre el consumo responsable de alcohol: Se trata de un envase tan pequeño como un grano de arroz y en su interior, 0,005 centilitros de cerveza sin alcohol.
“La presentamos en el centro de Estocolmo el viernes pasado y fueron muchas personas, curiosas por verla porque es súper pequeña y adorable, y nos permitió iniciar una conversación sobre la importancia del consumo responsable" de alcohol, dijo a AFP Casper Danielsson, portavoz de la cervecería Carlsberg Suecia.
La botella, que mide 12 milímetros, fue creada por la artista Asa Strand, especializada en miniaturas. “Es la cerveza más pequeña del mundo, no solo la más pequeña de Suecia”, insistió Danielsson. Carlsberg, que también comercializa otras marcas, adquirió recientemente al fabricante británico de bebidas sin alcohol Britvic, ampliando su cartera de productos de este tipo.
“Es un mensaje difícil de transmitir a nuestros consumidores”, admitió Danielsson. Pero el segmento de las cervezas sin alcohol ha aumentado en el país escandinavo, hasta 12 % durante el primer semestre. Según la Organización Mundial de la Salud, una de cada 11 muertes en Europa está relacionada con el consumo de alcohol.