Los partidos del Mundial de Qatar (20 de noviembre al 18 de diciembre) se repartirán en ocho estadios, de los que solo uno existía cuando el pequeño emirato fue elegido como sede de la Copa del Mundo.
Estos son los estadios que albergarán el mayor evento futbolístico del planeta:
- Lusail Iconic Stadium de Lusail (80.000 plazas)
El mayor de los estadios construidos acogerá la final de la competición, el 18 de diciembre, además de otros partidos. Está situado en Lusail, una ciudad especialmente creada para el evento. Fue oficialmente inaugurado a principios de setiembre, durante la Lusail Super Cup entre los equipos campeones de Arabia Saudita y Egipto, Al Hilal y Zamalek.
- Khalifa International Stadium de Doha (45.416 plazas)
Construido en 1976, es el único estadio que existía antes de la designación en el 2010 del país como anfitrión del Mundial. El recinto fue renovado en el 2017 y sus dos nuevos arcos lo hacen mucho más moderno. Ya ha albergado numerosas competiciones, como los Juegos Asiáticos, cinco partidos de la Copa del Mundo de Clubes (2019), entre ellos la final entre Liverpool y Flamengo, y la Copa de Asia de la AFC.
- Al Bayt Stadium de Al Khor (60.000 plazas)
Este estadio de difícil acceso para los aficionados (solamente mediante autocar o taxi) fue construido en la costa del nordeste del país, a unos 50 km de la capital, siguiendo la forma de las tiendas de los beduinos. En este recinto debutará la selección anfitriona contra Ecuador el 20 de noviembre a las 13:00 en el partido inaugural del torneo y también albergará uno de los partidos más atractivos de la primera fase, el de España-Alemania.
- Al Janoub Stadium de Al-Wakrah (40.000 plazas)
Las formas de este estadio están inspiradas en los cascos de los barcos de pesca de perlas, durante mucho tiempo presentes en las costas de la península arábiga. El recinto fue inaugurado con la victoria del Al Duhail contra Al-Sadd en la final de la Copa del Emir en el 2019.
- Education City Stadium de Doha (40.000 plazas)
De muy fácil acceso por metro y situado en medio de campus universitarios, su silueta tiene la forma de un diamante. La capacidad del recinto se reducirá a la mitad tras el evento mundialista, algo que ocurrirá también con otros estadios.
- Ahmad Bin Ali Stadium de Al Rayyan (60.000 plazas)
Una línea de metro se ha creado especialmente para unir Doha con este estadio situado en una de las ciudades más históricas del país, no lejos del desierto.
- Al Thumama Stadium de Doha (40.000 plazas)
Su diseño se inspira en la taqiyah, el tocado tradicional de los hombres de la región. Tras la competición, el estadio pasará de 40.000 a 20.000 plazas y debería albergar también una clínica del deporte y un hotel.
- 974 Stadium de Doha (40.000 plazas)
Este recinto ha sido fabricado a partir de contenedores y otros materiales reutilizados. Será totalmente desmantelado después del torneo. El número 974 corresponde al prefijo telefónico internacional de Qatar, pero también al número de contenedores usados en la construcción del estadio.
El canciller Rubén Ramírez gestiona contactos diplomáticos con sus pares de Medio Oriente ante escalada tensión por los ataques de Irán. Foto: Gentileza
Paraguay expresa solidaridad a países árabes ante escalada regional
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El Ministerio de Relaciones Exteriores, informó que el canciller Rubén Ramírez Lezcano, mantuvo conversaciones telefónicas con sus homólogos de los Emiratos Árabes Unidos, su Alteza el jeque Abdullah bin Zayed Al Nahyan; del Estado de Kuwait, el jeque Jarrah Jaber Al-Ahmad Al-Sabah; del Reino de Arabia Saudita, Adel Aljubeir; y del Estado de Qatar, Soltan bin Saad Al-Muraikhi, con quienes abordó la delicada situación que atraviesan sus respectivos países.
En la ocasión, el canciller paraguayo reafirmó la enérgica condena de Paraguay a la agresión iraní contra estos países y transmitió la solidaridad del Gobierno con cada uno de ellos. Igualmente, ha comprometido todo el esfuerzo a nivel multilateral para erradicar el terrorismo y los regímenes que lo apoyan.
En otra comunicación, que mantuvo este domingo, igualmente, conversó con su homólogo el Canciller de Israel, Gideon Sa’ar, a quien transmitió todo el apoyo y solidaridad del Gobierno paraguayo. Ambos cancilleres comprometieron esfuerzos a nivel multilateral para erradicar el flagelo del terrorismo y de regímenes que lo amparan.
En tanto, durante toda la jornada de este domingo se han registrado constantes ataques de Irán que ha lanzado misiles y drones artillados hacia los territorios de los países árabes, así como contra varias zonas de Israel, en represalia del ejército iraní en respuesta al ataque de Israel y Estados Unidos en el país, ordenado pese a unas conversaciones sobre el programa nuclear iraní entre Teherán y Washington, destinadas a evitar un conflicto.
Paraguay condena agresión iraní y expresa solidaridad con países árabes
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El Ministerio de Relaciones Exteriores emitió un pronunciamiento en nombre del Gobierno de la República del Paraguay, mediante el cual condena enérgicamente la agresión iraní a los Emiratos Árabes Unidos, al Estado de Qatar, al Reino de Bahréin, al Estado de Kuwait y al Reino Hachemita de Jordania.
En el mismo sentido, la Cancillería Nacional reafirma su solidaridad con los Gobiernos y pueblos mencionados, en medio de un ataque de represalia que realiza el ejército iraní en respuesta al ataque de Israel y Estados Unidos en el país, ordenado pese a unas conversaciones sobre el programa nuclear iraní entre Teherán y Washington, destinadas a evitar un conflicto.
En tanto, la Embajada de Paraguay en Qatar exhortó a la máxima precaución a los compatriotas residentes en este país. El embajador José Agüero, que igualmente es concurrente ante Kuwait, Omán y Egipto, instó a todos los compatriotas a no salir de sus casas bajo ninguna circunstancia.
A través de las redes sociales, igualmente se emitieron sendos comunicados, de diversas representaciones diplomáticas de varios países, en los que insta a sus connacionales a tomar máximas medidas de seguridad, y procurar el resguardo correspondiente.
Cabe señalar que este sábado, Qatar fue objetivo de ataques iraníes en respuesta al bombardeo conjunto de Estados Unidos e Israel contra Irán. Irán lanzó misiles balísticos y drones dirigidos principalmente a la base aérea Al Udeid.
No obstante, el ministerio de Defensa de Qatar confirmó que interceptó múltiples oleadas de misiles iraníes antes de que impactaran en territorio qatarí, según un plan de seguridad coordinado.
Bajo el cielo claro del Katara Cultural Village de Doha, ha comenzado un momento esperado por muchos: la primera edición del Doha Film Festival (DFF 2025), del 20 al 28 de noviembre, que aspira a convertirse en un epicentro internacional del cine. Entre las 97 películas seleccionadas de 62 países, resuena con especial fuerza "The President’s Cake", del cineasta iraquí Hasan Hadi, quien se encuentra en Doha para presentar su obra a un público árabe por primera vez.
Hadi, modesto pero con firme convicción y un excelente inglés gracias a sus dotes de autodidacta, se confesó “muy orgulloso, porque es muy especial tener tanta curiosidad por tu filme”. Para él, la importancia no radica únicamente en el reconocimiento internacional —su película ganó en Cannes la Caméra d’Or y el premio del público—, sino en abrir una ventana nueva: “El filme nos ha dado la plataforma para alcanzar tantos públicos que antes no podíamos”.
Un nuevo rostro de Irak
Durante su intervención, el director subrayó que muchas personas solo conocen Irak por los titulares noticiosos. En cambio, su película ofrece otra narrativa: “Algunas personas nunca han visto Irak, excepto en las noticias… es la primera vez que lo ven en un gran escenario”. Esa es, según Hadi, la gran promesa del cine: ofrecer una mirada diferente, más humana, más compleja.
Para él, el valor de esos premios no está tanto en los trofeos, sino en la voz que le dan a un país poco visto en el mapa cultural global: “Ser honrados con la Caméra d’Or o el premio del público nos permite tener nuestras voces representadas en muchos lugares”.
Hasan Hadi en el Festival de cine de Doha. Foto David Sánchez
Sembrando una industria, no solo un filme
El impacto de The President’s Cake trasciende la sala de cine. Hadi cuenta que desde su triunfo en Cannes ha recibido docenas de mensajes de artistas iraquíes con ganas de narrar sus propias historias: “Creo que hay un efecto dominó: muchos artistas iraquíes ahora quieren explorar su infancia y sus memorias”. Es, dice, “un gran honor abrir un camino para que tantos otros artistas puedan avanzar y contar sus propias historias”.
En un contexto donde la industria cinematográfica en Irak aún es frágil, su propuesta abre posibilidades reales. Hadi apuesta por una producción local más fuerte: “Espero que podamos hacer filmes sobre nuestro país, sobre nuestras propias historias… eso requiere inversión del gobierno y del sector privado.”
La dignidad de lo auténtico
Al hablar sobre el rodaje, el director fue contundente: “Prefería correr el riesgo de no grabar la película que filmarla en una localidad falsa.” Para él, las historias tienen “identidad, raíces y ADN”; y en su lugar, no funcionaban sustitutos. Por eso decidió filmar en Irak, con su gente, su tierra.
La apuesta fue arriesgada: combinar logística, precariedad técnica y un entorno complejo. En palabras de Hadi, “tuvimos que traer un equipo extranjero”, pero nunca dejó que aquello desplazara al talento local. “Cuando traíamos un equipo extranjero, siempre trabajaba junto a talento local para sembrar una industria más internacional en Irak.”
Así, su película se convirtió no solo en una obra artística, sino en una semilla para un cine más ambicioso, diverso e impulsado desde dentro del país.
Que The President’s Cake se rodara con personas reales, no profesionales, fue una decisión consciente. Hadi cuenta: “Fue más sobre su voluntad de estar en cámara… fue una decisión de instinto.” Muchos de ellos no sabían leer ni escribir, así que las líneas se adaptaban: “A veces los actores no podían leer o escribir, así que adaptábamos las líneas a lo que ellos dirían en esa situación.” El resultado, dice, es un cine sin artificios, habitado por rostros genuinos.
Reivindicar una nación a través del arte
Para Hadi, el cine es también una herramienta de memoria y orgullo cultural: “Irak es un país rico con historia, cultura y arte. Me asusta cuando la gente tiene una imagen tan específica del país.” Con The President’s Cake, su ambición es clara: que Irak no sea solo sinónimo de conflicto, sino de creatividad, de humanidad.
“Quiero que cuando piensen en Irak, piensen en el arte que presentó Irak: el primer épico humano es el de Gilgamesh.” En esa frase late una verdad: el cine no es solo entretenimiento, sino puente entre pasado y presente, identidad y universalidad.
Un nuevo comienzo en Doha
Para Hasan Hadi, estar en Doha representa algo simbólico: “Nunca había mostrado el filme ante un público árabe en una sala llena. Escuchar todas esas voces de diferentes países fue increíble.” Doha fue también “el primer instituto que apoyó el filme desde Oriente Medio, y volver aquí con esta respuesta es un gran honor.”
Así, mientras las luces del festival iluminan la sala principal del Katara Cultural Village, The President’s Cake se estrena no solo como película —sino como declaración: la de un cine iraquí que reclama su lugar, su dignidad y su voz.
* David Sánchez es un periodista franco español afincado en Toulouse, centrado especialmente en cine iberoamericano, miembro de la crítica internacional Fipresci. Sitio: https://www.tegustamuchoelcine.com.
En el Festival Internacional de Cine de Doha (DFF), que del 20 al 28 de noviembre convierte a la capital catarí en un inesperado laboratorio de autorías desobedientes, Ali Asgari presentó "Divine Comedy", su película más arriesgada y paradójicamente más ligera. El filme —un retrato del absurdo burocrático y de la censura que atraviesa el cine iraní— usa el humor para desmantelar un sistema que, según confiesa el director, “convierte el simple hecho de querer proyectar una película en tu propio infierno”.
Asgari habla despacio, pero con una lucidez que parece afilada por años de lidiar con administraciones opacas, prohibiciones silenciosas y castigos arbitrarios. “Mi protagonista también es director; intenta proyectar su película y cada paso se vuelve un tormento. Para él, ese proceso es su infierno personal”, explica. La referencia no es casual: la película dialoga explícitamente con La Divina Comedia, y él mismo buscó ese paralelismo desde el inicio del proyecto. “En Dante, alguien sale de la oscuridad hacia la luz. En mi película sucede algo parecido: un creador atrapado por un sistema opresivo intenta avanzar hacia un espacio donde pueda existir”.
El tono de la obra es, sin embargo, sorprendentemente ligero. Una decisión deliberada. “Hay que reírse de un sistema para quitarle poder —defiende—. Cuando te ríes, lo vuelves insignificante”. Asgari recuerda que durante años el cine iraní se refugió en la metáfora para esquivar la censura, y que la nueva generación ha optado por una frontalidad que a menudo desemboca en películas durísimas. “No quería victimizarme. No quería repetir el mismo lenguaje del dolor. La comedia es un arma muy poderosa”.
Ali Asgari en el festival de cine de Doha. Foto David Sánchez
La cámara como sistema
Uno de los rasgos formales más llamativos del filme es la elección del rostro invisible que registra los movimientos del protagonista. La cámara no es un “personaje” al uso, sino un símbolo. “La cámara es el sistema, es el Gobierno. Por eso jamás muestro quién está detrás. Si enseñara a un individuo, el público juzgaría a esa persona. Pero yo quería que se entendiera como un mecanismo, una estructura impersonal”, explica.
Esa decisión quiere dejar claro que el enemigo no es una figura concreta, sino una red de poderes anónimos. En Divine Comedy la vigilancia es constante, pero nunca tiene ojos, nunca tiene nombre. Asgari rechaza cualquier lectura simplista: no es cine de buenos contra malos, sino una reflexión sobre el carácter inhumano de las administraciones convertidas en entes autosuficientes.
Lengua, identidad y sospecha
El protagonista de la película —también director en la vida real— comparte un conflicto que atraviesa hoy la política cultural iraní: la disputa en torno al uso de las lenguas minoritarias. En su caso, el turco. “Lleva años intentando rodar en su lengua materna, pero las autoridades lo miran con recelo, casi como si fuera separatismo”, cuenta Asgari. Esa presión no es ficción. “Quise mezclar nuestras experiencias reales. En Irán, filmar en ciertas lenguas es una batalla”.
La actriz de la película —actriz también en la vida real— arrastra un pasado similar: trabajó sin hiyab en varios proyectos independientes y fue sancionada durante un año sin poder actuar. “Las historias del filme vienen directamente de nuestras vidas”, reconoce el director.
Influencias: Roma, Moretti y Almodóvar
Aunque su obra nace del contexto iraní, Asgari reclama con entusiasmo una tradición más amplia. Estudió cine en Roma y vivió rodeado de la sombra de Nanni Moretti, cuya presencia impregna Divine Comedy. “Me marcó su forma de hablar de asuntos serios con una ligereza casi musical”, comenta. El casco de Vespa que lleva el personaje en la película es un guiño explícito.
También reivindica el cine hispano y latinoamericano. Cita a Almodóvar como una figura esencial “por su capacidad de mezclar lo trágico y lo cómico sin perder identidad”, y menciona una cercanía estética con ciertos autores brasileños y argentinos que han explorado la sátira política desde un prisma intimista. Asgari no pretende imitar; observa y respira. Pero la genealogía es clara: su cine se abre al mundo.
Ali Asgari en el festival de cine de Doha. Foto David Sánchez
El perro como oráculo
Uno de los elementos más inesperados —y más celebrados en Doha— es el perro que aparece envarias secuencias clave del filme. Su presencia, lejos de ser anecdótica, activa el tono simbólico. “El perro debía comportarse como un actor. Si no funcionaba, la película entera peligraba”, admite. La escena final, en la que el animal mira directamente a cámara, surgió de un milagro casi doméstico: “El entrenador habló con él y de inmediato miró fijo al objetivo. Era justo lo que necesitaba: que el perro observara a los humanos como preguntándose qué locura estaban haciendo”.
El cine iraní, aunque marcado por múltiples restricciones, se ha servido a menudo de gestos mínimos para producir alegorías profundas. Durante la proyección en el DFF, la atención sobre el perro generó una mezcla de risa y desasosiego que encaja perfectamente con la propuesta del filme.
Doha como espacio de resistencia
El Festival de Doha se ha convertido en los últimos años en una plataforma relevante para autores procedentes de regiones en crisis, donde el cine atraviesa dificultades materiales o represivas. Asgari lo sabe: “Me alegra estar en una sección competitiva que apoya a nuevos cineastas y a un tipo de cine que necesita espacio para existir”. Catar, inesperadamente, se está transformando en un refugio cultural para obras que no encuentran cabida en sus países de origen.
El director sabe que su película difícilmente se estrenará en Irán, pero confía en que circulará, como siempre, por vías paralelas. “Mis películas siempre acaban viéndose por métodos informales. Así como las hacemos, así se ven”, confiesa entre risas.
En Doha, Divine Comedy ha encontrado un público dispuesto a abrazar una película que denuncia sin desesperar, que mira al poder sin solemnidad y que convierte la resistencia en un acto de humor. Sin violencia, sin gritos, sin heroicidades grandilocuentes: solo un director, una cámara que es un sistema, un perro que mira fijamente a los humanos y un país que se filtra entero a través de una comedia tan dulce como demoledora.
* David Sánchez es un periodista franco español afincado en Toulouse, centrado especialmente en cine iberoamericano, miembro de la crítica internacional Fipresci. Sitio: https://www.tegustamuchoelcine.com.