Cometió abuso sexual en el 2012, cuando tenía 14 años. Dejó secuelas físicas y emocionales de por vida en su víctima. En el 2017, Rodrigo Renaut fue juzgado y condenado a 5 años y 6 meses de prisión. Apeló y, mientras duró el proceso, estuvo bajo arresto domiciliario.

Tras ratificarse la sentencia en el 2019, desapareció. Se mantuvo prófugo de la Justicia hasta este 2026. Vivió en absoluta libertad durante 7 años. En este tiempo, en cambio, la víctima siguió sin una resolución definitiva.

Tras su captura, la jueza que tiene la causa aclaró que deberá pasar 3 años y 9 meses preso. A la condena se le descontó el tiempo que estuvo recluido en su domicilio. Además, haber estado prófugo no implica necesariamente un aumento de la pena.

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Actualmente, Renaut está recluido en la Unidad Penitenciaria Industrial Esperanza, un centro de seguridad media con poco más de 200 internos y enfoque en reinserción social mediante trabajo, capacitación y educación.

Su traslado a este penal también generó cuestionamientos, ya que se esperaba que fuera derivado a la Penitenciaría Nacional de Tacumbú.

El contraste es el que alimenta la indignación: años en libertad, una condena reducida y condiciones de reclusión distintas a las que muchos esperaban. El caso vuelve a poner en debate el alcance de la sanción y la percepción de impunidad en delitos graves.

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