Un juzgado administrativo de Bogotá, Colombia, admitió una demanda de reparación económica presentada por familiares del fiscal Marcelo Pecci, quien fue asesinado en las playas de Barú, Cartagena, el 10 de mayo de 2022, durante un atentado cometido por sicarios.
La acción fue interpuesta por Claudia Andrea Aguilera, viuda de Pecci, junto con su hijo, los padres, hermanos y sobrinos del fiscal. Los familiares solicitan una reparación económica por perjuicios morales, materiales, inmateriales y lucro cesante, tras el homicidio cometido por sicarios colombianos durante la luna de miel del fiscal.
La demanda se presentó hace siete meses ante la justicia colombiana, confirmó a La Nación/Nación Media, Maricel Albertini, madre del fiscal Pecci.
La acción judicial está dirigida contra el Estado colombiano, representado por el Ministerio de Defensa y la Policía Nacional, y también contra la cadena hotelera Decameron, lugar donde el fiscal y su esposa se hospedaban cuando ocurrió el ataque.
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En la demanda, la familia de la víctima sostiene que tanto los entes estatales como la empresa hotelera incurrieron en inacción negligente, lo que habría facilitado el desarrollo del hecho que terminó con la vida del funcionario judicial. Medios extranjeros señalan que la familia reclama una indemnización que supera los USD 2.000 millones.
La señora Albertini explicó que la demanda también va contra la cadena hotelera por no brindar la seguridad adecuada, motivo por el que acabó con el asesinato de su hijo hace tres años.
Al respecto, la madre sostuvo que hubo falla en el servicio de la Policía Nacional, al no adoptar medidas preventivas pese a los riesgos que enfrentaba el fiscal, reconocido por su trabajo contra el crimen organizado en Paraguay.
Explicó que en el proceso se establecen escalas de resarcimiento económico por daños materiales, morales y lucro cesante, aclarando que en primer lugar le corresponderá al hijo del fiscal Pecci y a su viuda, para luego proseguir el curso de las indemnizaciones con la madre, padre, hermanos, sobrinos.
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Elecciones presidenciales: colombianos eligen este domingo entre Espriella y Cepeda
Los colombianos eligen el domingo al nuevo presidente del país entre un ultraderechista respaldado por Donald Trump y un senador izquierdista afín al gobierno, en un balotaje clave para el tambaleante proceso de paz del país y de sus tensas relaciones con Washington.
Según las encuestas, Abelardo de la Espriella, un abogado millonario de 47 años que amasa apoyos por su discurso contra las guerrillas, se perfila favorito frente a lo que denomina como el “cáncer” de la izquierda, por primera vez en el poder con el actual presidente Gustavo Petro.
Por estrecho margen le sigue Iván Cepeda, de 63 años, veterano congresista y filósofo aliado del gobierno que recoge el apoyo de sectores populares favorecidos por la reducción de la pobreza, el aumento del salario mínimo y una baja del desempleo en uno de los países más desiguales del mundo.
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“Ninguno es capaz de solucionar el problema de la violencia”, dice a la AFP Hermes Ortega, un campesino y guía turístico de la selvática región de Putumayo, preocupado porque la guerra espantó a los visitantes.
La jornada electoral comenzará a las 8:00 locales (13:00 GMT) con el voto de Petro en Bogotá y se desarrollará hasta las 16:00 (21:00 GMT). La autoridad electoral espera tener resultados pocas horas después del cierre.
Visiones opuestas
La firma del acuerdo de paz con la guerrilla de las FARC en 2016 trajo unos años de calma. Pero una década después la campaña ha estado marcada por la violencia de actores armados con bombas, drones explosivos y el asesinato de un candidato presidencial. De la Espriella culpa a Petro, a quien llama “jefe de la mafia” y amenaza con llevarlo ante la justicia de Estados Unidos.
El abogado, que se hace llamar “El Tigre”, dijo a la AFP que buscará el respaldo de Trump e Israel para lanzar una ofensiva de 90 días contra la guerrilla con bombardeos y fumigación de narcocultivos en el mayor productor de cocaína del mundo.
De doble nacionalidad, colombiana y estadounidense, se opone a las políticas de paz con las que Petro intentó negociar con los grupos armados con escasos avances para enterrar décadas de conflicto armado. Según analistas, estas organizaciones aprovecharon para enriquecerse, ganar poder y expandirse.
Por su parte Cepeda, hijo de un político y senador de izquierda asesinado por agentes estatales y paramilitares en 1994, ha sido defensor de las víctimas del conflicto y fue uno de los artífices de la “paz total” de este gobierno, aunque en entrevista con la AFP se dijo dispuesto a revisarla. “Por el bien de Colombia primero los pobres”, dice en sus discursos.
“Soluciones de choque”
Sin posibilidad de reelección, Petro aspira a repetir la hazaña de llevar a la izquierda al poder en un país que ha estado gobernado por élites conservadoras a lo largo de 200 años. El mandatario cuenta con el respaldo de otros gobiernos de izquierda como México y Brasil, cuando la derecha apoyada por Trump planea con fuerza en países como Argentina, Chile, El Salvador y Ecuador.
De la Espriella, detrás de una urna de cristal antibalas y con saludo militar se ha convertido en un fenómeno político con una campaña que adopta símbolos que aluden a la identidad nacional, como la camiseta de la selección en pleno Mundial de fútbol, y entrevistas donde alardea de cantante o de la vida de lujos que llevaba en Italia antes de su campaña.
“Conecta con un electorado que ya está muy cansado de la inseguridad y necesita soluciones de choque” pero también encarna un modelo “aspiracional” del “empresario que construyó su fortuna”, dice Luisa Lozano, experta de la Universidad de La Sabana.
Defiende el porte de armas, la construcción de megacárceles, la explotación de petróleo con fracking, recortar un 40% el Estado y ha dicho que lo “ideal” sería dolarizar la economía.
Sin experiencia política, sus detractores lo critican por sus frecuentes comentarios machistas y homofóbicos y por que en su carrera como abogado ha defendido a paramilitares y narcotraficantes.
Polarización
Colombia ha sido históricamente el socio más cercano de Estados Unidos en Sudamérica, y Washington ha invertido miles de millones de dólares en las fuerzas armadas y los servicios de inteligencia del país. Pero las relaciones se deterioraron desde que Trump entró en conflicto con Petro. Trump ha calificado a Cepeda de “marxista de izquierda radical” y este a su vez ha dicho que el país no será su “colonia”.
El senador es conocido por llevar ante los tribunales al popular expresidente de derecha Álvaro Uribe por sus presuntos nexos con los paramilitares. Tengo “miedo”, “es un día decisivo para el país”, dice Juan Alberto Martínez, un asesor financiero de 51 años en la caribeña Barranquilla, en medio de la polarización entre los dos bandos.
Fuente: AFP
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Educar es más ejemplo que discurso
Por: Adelaida Alcaraz
En un ecosistema empresarial que suele medir el éxito en términos de crecimiento, rentabilidad y expansión, Pedro Ayala propone una lectura más profunda: la del legado. Miembro de la comisión directiva de la Cámara de Comercio Paraguayo-Argentina y líder de CPA Ferrere en Paraguay, nuestro protagonista pertenece a esa generación de ejecutivos que ya no separa con nitidez la vida corporativa de la personal. En su caso, la paternidad no es un capítulo paralelo a su carrera, es el eje que reordena su forma de entender el liderazgo, el riesgo y el éxito.
“Construir una empresa tiene mucho que ver con la autorrealización”, afirma Pedro Ayala, pero rápidamente amplía la idea hacia un territorio más íntimo: la familia. Allí, sostiene, el legado deja de ser una marca o una estructura organizacional para convertirse en algo más difícil de cuantificar y que se define en personas, valores y vínculos.
Padre de cuatro hijos -Arami, Mauri, Agus y Ale, de apenas cuatro meses- Pedro reconoce que la experiencia no inmuniza frente a la paternidad. Cada hijo, dice, vuelve a inaugurar el proceso. “Cada llegada trae nuevas emociones… la paternidad no se domina, se aprende todos los días”, enfatiza dejando entrever la idea de que la experiencia no elimina la incertidumbre, pero sí afina la sensibilidad.
En su recorrido, Pedro retoma una idea filosófica para describir la paternidad y la resumen en la idea de que nadie entra dos veces al mismo río. Así como las personas cambian, también lo hacen los padres. En ese marco, cada hijo encuentra una versión distinta de su padre, moldeada por la experiencia, pero también por las propias transformaciones internas.
Ese mismo principio, sostiene, se traslada al mundo corporativo. La estabilidad es más una ilusión que una condición. Equipos, contextos y decisiones están en permanente movimiento. En ese flujo, el liderazgo no puede ser rígido.
La paternidad, en ese sentido, opera como un entrenamiento emocional involuntario. Desarrolla paciencia, empatía, escucha y coherencia. “Las personas observan mucho más lo que uno hace que lo que uno dice”, resume.
El éxito más allá de los indicadores. Quizás uno de los desplazamientos más significativos en la mirada de Pedro tiene que ver con la noción de éxito. En el mundo empresarial, admite, suele medirse en resultados. Pero la paternidad introduce una métrica alternativa, menos visible y más persistente: la calidad de los vínculos.
“El éxito empieza a tener más que ver con la tranquilidad de conciencia”, asegura. No se trata de abandonar los resultados, sino de integrarlos en una visión más amplia, donde también importan las personas que se forman dentro de una organización y el impacto que esta genera en sus entornos familiares.
En esa línea, introduce una idea que tensiona la separación clásica entre lo profesional y lo personal, no existen compartimentos estancos. “Somos una sola persona durante todo el día”, afirma. Lo que ocurre en la casa influye en la empresa, y viceversa. El liderazgo, entonces, también se construye desde el equilibrio interno.
Riesgo, protección y responsabilidad. Si algo modifica la paternidad, según nuestro protagonista, es la relación con el riesgo. No lo elimina, pero lo reconfigura. La ambición sigue presente, pero aparece filtrada por una capa adicional de responsabilidad.
“No desde el miedo, sino desde la responsabilidad”, aclara. La diferencia está en que no se trata de volverse conservador, sino de entender que cada decisión tiene efectos que trascienden lo individual.
Esa conciencia introduce una nueva pregunta en la toma de decisiones. No solo qué es posible hacer, sino para qué y con qué impacto. El riesgo deja de ser un gesto individual para convertirse en una decisión con consecuencias extendidas.
Liderar personas, no solo equipos. En su rol profesional, Pedro reconoce una enseñanza directa de la vida familiar. Y es que detrás de cada persona hay una historia completa. Padres, hijos, preocupaciones, aspiraciones.
Esa mirada, lejos de suavizar el liderazgo, lo complejiza. Obliga a pensar en la empresa no solo como una estructura de objetivos, sino como un espacio de desarrollo humano. “Liderar no es solamente resolver problemas, sino formar y acompañar procesos”, señala.
En ese punto, la paternidad y el liderazgo convergen, pues ambos implican educar desde el ejemplo, no desde el discurso.
El legado. Cuando piensa en el futuro de sus hijos, él no habla de herencias materiales ni de trayectorias predeterminadas. Su idea de legado es más abierta. Consiste en dar herramientas, no caminos.
“Quiero que sean mejores que yo”, dice sin matices. La frase, que podría parecer simple, encierra una lógica potente. Y es que el éxito del padre se mide, en parte, por la capacidad de los hijos de superarlo.
Ese mismo criterio lo traslada a su rol profesional. El verdadero impacto de una organización no está solo en su desempeño presente, sino en lo que deja instalado para el futuro: cultura, talento y oportunidades.
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Colombia: Espriella se perfila favorito en el balotaje con discurso de mano de hierro
En vísperas de las presidenciales de Colombia, el ascenso electoral de la ultraderecha inquieta a una buena parte del país, dividido por el conflicto armado. Su promesa: una implacable ofensiva militar para doblegar guerrillas y narcos con el respaldado de Donald Trump. El abogado Abelardo de la Espriella se convirtió en favorito para la presidencia según encuestas con un discurso de mano de hierro contra los grupos armados que imponen un régimen de terror en el país.
La AFP consultó a militares en retiro y pobladores de regiones conflictivas sobre lo que puede ocurrir si De la Espriella gana y cumple su promesa de intensificar los bombardeos a golpe de decreto con apoyo de Estados Unidos e Israel. Planea expedir 90 en sus primeras 16 horas de gobierno. “No creo que sea viable una solución únicamente por vía de confrontación armada”, dice el exalmirante de la Armada Pablo Romero.
Inspirado por Trump y el presidente salvadoreño, Nayib Bukele, De la Espriella también defiende el porte de armas y la construcción de megacárceles. Las medidas calan en una parte del país cansado de la inseguridad y descontento con el primer gobierno de izquierda del presidente Gustavo Petro.
El mandatario intentó sin éxito negociar el desarme de las organizaciones ilegales en los últimos cuatro años. Lejos de firmar la paz, las organizaciones aprovecharon los diálogos para fortalecer sus filas, según analistas. De la Espriella quiere el fin de cualquier diálogo y promete dos opciones para los “bandidos”: la “cárcel” o terminar en “una bolsa de plástico”.
En medio de una creciente polarización, el candidato antisistema y sin experiencia política se medirá en balotaje el domingo con el senador izquierdista Iván Cepeda, que apuesta por continuar las negociaciones.
Los sondeos vaticinan un resultado ajustado.
“Extremos”
Políticos y artífices del histórico acuerdo de paz de 2016 que logró desarmar a la extinta guerrilla de las FARC se desmarcan del ultraderechista.
“Voy a votar por quien defienda el proceso de paz”, dijo desde Washington el expresidente Juan Manuel Santos (2010-2018), ganador del Nobel de paz.
Aunque crítico con la “paz total” de Petro, Santos asegura que defenderá su “legado”.
Militares en retiro que lo ayudaron a construir el acuerdo ven “compleja” la situación de seguridad actual en el país que más cocaína produce del mundo.
“Tenemos que analizar qué ha pasado y por qué (los diálogos actuales) no han dado resultado”, dice Ricardo Gómez, excomandante del Ejército.
Para su excolega Romero, los “extremos” no acabarán con los grupos ilegales, financiados con narcotráfico y minería ilegal.
Defiende que, tanto De la Espriella como Cepeda, tendrán que “recoger sus palabras” en la presidencia y usar una estrategia combinada de confrontación y diálogo.
En los pasillos de las instalaciones militares se escuchan opiniones divididas, dijo una fuente militar a la AFP: los más jóvenes prefieren el diálogo y apoyan al gobierno que aumentó en cifras récord su salario, mientras la vieja guardia defiende una ofensiva a muerte con los grupos armados.
La Constitución les impide votar y deliberar, pero en voz baja varios esperan mayor cooperación militar con Estados Unidos y más armamento con De la Espriella.
“Tanto la guerra como la paz” son decisiones “que hacen y toman los políticos”, sostiene Gómez.
“Más guerra”
De la Espriella, que se hace llamar El Tigre, concentra gran parte de su apoyo en zonas urbanas, mientras Cepeda gana en regiones remotas y atravesadas por la violencia.
Leonora Ibarra, campesina de 62 años, es desplazada y víctima de la desaparición forzada de dos de sus hijos en el Guaviare (sureste). A uno se lo llevó la entonces guerrilla de las FARC en el 2000 y al otro los paramilitares en 2004.
Amenazada por grupos armados, dice tener “miedo” y estar “preocupada” ante una eventual ofensiva.
El poderoso expresidente Álvaro Uribe (2002-2010) doblegó a los guerrilleros con metralla y emboscadas durante su mandato, pero los pobladores rurales como Ibarra sintieron las consecuencias.
“Murieron muchos familiares, gente que no tenía nada que ver con la guerra”, dice.
Si gana De la Espriella, “volveremos a estar igual”, agrega.
En el Cauca (suroeste), muy golpeado por atentados y asesinatos de las disidencias de las FARC, también temen un “retroceso”.
“La guerra trae más guerra en los territorios y las víctimas en su mayoría son población civil”, dice Eduin Capaz, del poderoso movimiento indígena CRIC.
De la Espriella también propone acabar con el tribunal surgido del acuerdo de paz que ofrece penas alternativas a la cárcel para quienes confiesen crímenes cometidos durante el conflicto a cambio de reparación a las víctimas. “Uno no crió hijos para la guerra, sino para darles vida”, sentencia Ibarra.
Fuente: AFP.
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“El mayor legado que quiero dejarle es mi ejemplo”
Por: Adelaida Alcaraz
Acostumbrado a asumir riesgos y construir proyectos, Paulo Duarte enfrenta hoy el desafío más importante de su vida: formar a un hijo. En esta entrevista, el CEO de Broterra reflexiona sobre el legado, la familia y el Paraguay que espera ver florecer junto a una nueva generación.
Hace apenas una semana nació Octavio. Todavía es demasiado pequeño para entender el mundo que lo rodea. No sabe qué es una empresa, qué significa emprender o por qué su padre pasa horas pensando en proyectos, fábricas y futuros posibles, pero sin saberlo, ya cambió la vida de un hombre acostumbrado a convivir con los desafíos.
Paulo Duarte, CEO de Broterra, lleva años tomando decisiones difíciles. Como emprendedor aprendió a caminar sobre terrenos inciertos, a apostar cuando otros dudaban y a convertir ideas en realidades. Sin embargo, reconoce que ninguna experiencia se compara con la que vive hoy.
“Siento que toda la vida tuve que aprender a disfrutar de lo que me genera incertidumbre y emociones al mismo tiempo”, reflexionó. “Probablemente no tenga todas las respuestas para las preguntas que se me van a presentar como padre, pero el entusiasmo, la emoción y el amor que me generan son muy superiores a cualquier duda”, afirmó el CEO.
Y cuánta verdad hay en todo esto. Detrás del empresario que proyecta triplicar la capacidad industrial de Broterra para 2027, hay un hombre que acaba de descubrir que el desafío más importante de su vida no se mide en facturación, metros cuadrados ni balances; se mide en ejemplo.
La llegada de Octavio cambió su forma de entender el éxito. “Hace mucho tiempo aprendí que el éxito no es sinónimo de cosas materiales ni de cuentas bancarias llenas de dinero. El éxito es libertad, bienestar emocional, bienestar físico y poder compartir la vida con las personas que queremos”, aseguró.
Pero hay una enseñanza que desea transmitirle por encima de todas. “El éxito está en no abandonar, en continuar a pesar de que muchas veces no queremos o sentimos que ya no damos más”, sostuvo enseñando su filosofía de vida.
En un tiempo donde el mundo premia los resultados rápidos, Paulo apuesta por valores menos visibles, pero mucho más duraderos: disciplina, resiliencia, coherencia y humildad. “El mayor legado que quiero dejarle a Octavio es mi ejemplo. Que vea a una persona honesta, íntegra, coherente, que se juega por lo que sueña y por lo que cree”, confesó.
Con esto, Paulo no habla de herencias materiales sino más bien de carácter, valores y enseñanzas con valor real, aquellas que sobreviven a cualquier éxito empresarial.
Como padre reciente, también reconoce que la paternidad modifica la manera de liderar. “Nos obliga a convertirnos en mejores personas y mejores líderes. Me genera más hambre, más ganas de crecer y de ofrecerle todo lo mejor. Y no me refiero solamente a lo material, sino al tiempo, la reputación y el legado”, reflexionó.
Quizás por eso la llegada de un hijo también amplía la mirada sobre el país, ya que cuando Paulo habla de Paraguay, tras haber sido presidente de UIP Joven y de liderar proyectos de gran envergadura, imagina que el Paraguay que recibirá Octavio, no mostrará únicamente crecimiento económico. Significará orgullo, identidad y futuro.
“Espero que él encuentre un Paraguay integrado a la economía mundial, competitivo, prestigioso y del que pueda sentirse orgulloso. Un país que le genere autoestima por ser paraguayo y donde sienta la necesidad de ser protagonista de su construcción”, afirmó.
Su optimismo forma parte de una generación de empresarios que ve al Paraguay atravesando uno de los momentos más prometedores de su historia. Un país que atrae inversiones, desarrolla industrias, genera empleo y comienza a ocupar un lugar cada vez más relevante en los mercados internacionales.
Y mientras Octavio da sus primeros días de vida, Broterra también se prepara para una nueva etapa. La empresa acaba de regresar de un viaje por Asia y avanza en un ambicioso plan de expansión que contempla casi triplicar su capacidad industrial para 2027.
Pero incluso frente a semejante desafío, Paulo tiene claro cuál es el proyecto más importante. No está en una fábrica ni en una inversión, está en su casa, durmiendo en una cuna.
Para Paulo Duarte, la mayor obra que comienza hoy no es la próxima expansión de Broterra, es ayudar a formar a un niño que algún día pueda sentirse orgulloso del país que heredó y del ejemplo que recibió.