Un informe proveído por la Dirección Nacional de Contrataciones Públicas confirmó el festín multimillonario en publicidad que llevó adelante el gobierno de Mario Abdo Benítez, principalmente con sus medios amigos que guardaron silencio y se desentendieron de sonados casos de corrupción que sacudieron al exmandatario.
- Por Rossana Escobar M.
- rossana.escobar@nacionmedia.com
No se precisa ser experto para entender que el expresidente de la República Mario Abdo Benítez compró su impunidad mediática. Los multimillonarios gastos de su gobierno en publicidad y propaganda consiguieron lealtades de grandes medios de comunicación, influencers, ONG que fueron los principales beneficiarios del banquete que se armó con dinero estatal.
La Dirección Nacional de Contrataciones Públicas (DNCP) terminó por confirmar el monstruoso monto de G. 210.129.987.027, unos USD 33.000.000 en gastos por publicidad y propaganda durante el período de gobierno de Abdo (agosto 2018/agosto/2023). La cifra equivale al triple del presupuesto del Ministerio de Industria y Comercio, ente que, en comercio, servicios y Mipymes maneja el 70 % de la economía paraguaya.
El detalle de adjudicaciones registra cerca de 400 contratos que cabe subrayar corresponden a instituciones de la administración central, es decir, dependientes del Poder Ejecutivo.
Si se incluyeran las contrataciones de publicidad y propaganda de todo el Estado, es decir municipalidades, gobernaciones, Poder Legislativo, Judicial, excepto las binacionales, los reportes de la DNCP indican adjudicaciones por valor de G. 261.596.371.084, equivalentes a unos USD 40, 2 millones.
La cifra para lavar la cara del anterior gobierno es astronómica, más aún considerando el contraste con la cruda realidad que sufría la gente y se agravaba por la pandemia del covid -19.
Sacrificaron instituciones en situación crítica como Copaco que, mientras era sacudida por protestas de funcionarios, multimillonarias deudas y los auditores diagnosticaban quiebra técnica sus autoridades despilfarraban dineral en contratos de publicidad. Esta empresa estatal ya en los primeros meses del gobierno de Abdo (2018) adjudicó contratos por G. 12.000.000.000, según la planilla entregada por la DNCP.
MITIC ERA BUENO
El Ministerio de Tecnologías de la Información y Comunicación (Mitic) era una institución buena y muy querida. Desparramaba publicidad en los medios amigos para “fortalecer la conexión entre el Gobierno y la ciudadanía”. Pese a que el desempleo aumentó en su administración las campañas apuntaban a generar información sobre “la generación de oportunidades”, según puede visualizarse en los resúmenes de las contrataciones.
Las campañas a través de los medios amigos también agendaban la narrativa de “lucha contra el crimen organizado”, cuando la narcoexportación se incrementaba de forma galopante y el país era noticia como ruta de los kilos de cocaíca decomisados en puertos europeos.
Un detalle no menor es la cargada agenda publicitaria de la Presidencia de la República, principalmente a través de la Secretaría Nacional de Turismo (Senatur) que en el 2019 sumó adjudicaciones por G. 19.731.956.138 y en el 2022 G. 17.562.820.439. Las especificaciones de los llamados y adjudicaciones están minadas de contrataciones de pautas en medios, influencers, coincidentemente con una campaña de persecución inmisericorde que arrasaba en 2022 con medios amigos y redes sociales donde brotaban perfiles falsos como hongos, fustigando a quienes denunciaban la corrupción en el gobierno de Abdo.
Los multimillonarios gastos en publicidad de Abdo a través de Contrataciones Públicas no fue el único frente que lo ayudó a blindarse de las críticas, los escraches, las persecuciones. No hay que olvidar el megacontrato que su gobierno firmó con la desmantelada agencia calificada de corrupta, Usaid.
El convenio con Usaid aseguró un presupuesto de USD 60.000.000 y a ello se prendieron opositores, periodistas, publicistas, identificados con varios grupos políticos muy bien remunerados con los fondos que se facilitó gracias al gobierno de Abdo. Emprendieron fuerte campaña que de fachada era anticorrupción, transparencia y contra la impunidad, pero en la práctica era una campaña de persecución muy bien dirigida a un sector del Partido Colorado y de la prensa.